martes, 17 de marzo de 2020

ANZIO (LA VÍSPERA DEL DESEMBARCO)

Para el 22 de enero de 1944, estaba previsto el desembarco de tropas aliadas en Anzio, era la llamada Operación Shingle y había sido llevada con el máximo sigilo posible, el efecto sorpresa en el enemigo, siempre es un punto a favor del atacante.
El día antes, en el Puerto de Puzzeoli, a 190 kilómetros de Anzio, la actividad era frenética, 47.000 hombre y 5.500 vehiculos iban a embarcarse para participar en la operación. A los soldados se les había dicho que extendieran el rumor de que regresaban a casa y muchas de sus "novias" italianas, habían ido a despedirles, recordándoles que no se olvidaran de enviarlas el visado cuando estuvieran en EE.UU. Lo cierto es que muchos de ellos no sabían exactamente a dónde los llevaban y algunos de los generales sólo sabían que debían afianzar una cabeza de playa, en definitiva, muy poca gente estaba al tanto del destino final de la operación.
Pululaban en los fondeaderos algunos botes de aprovisionamiento que vendían naranjas a los soldados de la Armada británica. Un aviador escribió en su diario: "Los italianos se afanaban por llegar remando hasta nuestro barco y vender de todo, desde frutos secos y manzanas, hasta licores".
En tierra, vendedores italianos pregonaban desde sus esquinas el producto que ofrecían, sobre todo fruta y vino y otro material que hacía dudar del secreto de la operación y causó consternación entre los agentes de seguridad: Postales de Anzio.



lunes, 16 de marzo de 2020

VAMPIRESAS 1933

Barney Hopkins (Ned Sparks) es un productor teatral que está a punto de estrenar un nuevo espectáculo en Broadway, pero el día antes del estreno, mientras realizan el ensayo general, se presentan los agentes de la oficina del sheriff y embargan el vestuario y todos los decorados por falta de pago de las factura que debe.
Todos quedan en la calle y debido al momento de recesión que vive el país, con muchos teatros cerrados, no hay posibilidades de trabajo para las tres coristas Carol King (Joan Blondell), Trixie Lorraine (Aline MacMahon) y Polly Parker (Ruby Keeler).
Sin embargo, Barney promete a las chicas que todas ellas tendrán trabajo en el nuevo espectáculo que prepara, ya que ha convencido a Brad Roberts (Dick Powell), un compositor desconocido para que participe en el mismo y resulta que Roberts es un tipo rico que pondrá el dinero del que Hopkins carece.
Roberts escribe la música y las canciones del nuevo musical, pero no quiere aparecer en él, a pesar de que el productor le insta a que haga el papel protagonista. Pertenece a una acomodada familia bostoniana de clase alta y quiere mantener el anonimato para que su familia no se entere de sus actividades artísticas. Sin embargo, el día del estreno, el protagonista se siente indispuesto y, para que las chicas no se queden de nuevo en la calle, Brad accede a actuar, su foto sale en los periódicos haciéndose eco del triunfo de la obra, pero su familia, en cuanto se entera de lo que está haciendo, se opone y, no solo eso, sino que su hermano Lawrence (Warren William) y su abogado Peabody (Guy Kibbee), viajan a Nueva York para poner fin de inmediato a la relación de Brad con Polly, ya que están convencidos de que esta, solo busca su dinero.
Pero el presuntuoso hermano de Brad confunde a Carol con Polly, error que la chica intenta corregir, pero Lawrence no la deja hablar, así que entre ella y Trixie, deciden jugar con el equívoco y, mientras se divierten a su costa, dar una lección a Lawrence.


Basada en una obra escrita por Avery Hopwood, que el productor David Belasco presentó en Broadway en 1919, con Ina Claire en el papel principal. La obra fue todo un éxito estando dos temporadas en cartel antes de salir de gira por todo el país.
El título original era The Gold Diggers, algo así como "buscadores de oro", para referirse a las mujeres que buscan como pareja a un hombre adinerado, contraponiéndolo a la anterior acepción del término que se refería a los mineros que buscaban la veta de oro en sus concesiones.


Película pionera del cine musical, una historia amable que en el primer tercio de la misma, contiene una buena carga de crítica social referida a las dificultades de los pobres para abrirse camino en los momentos de dificultades económicas, todo ello en un tono distendido y con mucho sentido del humor, para centrarse después en un argumento típico de comedia de enredo. La crítica social volverá a aparecer de nuevo en el número musical que cierra el film, una denuncia sobre el olvido a que se ven relegados los soldados que retornan a su patria desde el frente de combate tras haber luchado por ella.
El film tiene unas magníficas coreografías de Busby Berkeley que aprovecha muy bien las posibilidades que le ofrece el medio, con tomas laterales; aéreas, mediante la cámara suspendida; composiciones caleidoscópicas y algunos números muy modernos, como el baile de los violines, una maravilla visual.
Buen trabajo de dirección del inolvidable Mervyn LeRoy que sabe mantener el pulso del film incluso en la fase en que la historia entra en momentos en que se deja llevar por los clichés de la comedia facilona.
La película se salvó por unos pocos meses de la aplicación del moralista Código Hayes y ello permitió que las actrices mostraran más centímetros de piel de los que les hubieran permitido con el pacato Código en vigor. Incluso hay una coreografía que juega muy bien con las luces y las sombras que permite adivinar el momento en que las chicas se cambian de ropa, que para el momento debió de suponer un número de alto contenido erótico y que dudo mucho que les hubieran permitido mostrar unos meses después.
Una película muy entretenida, con cuyos gags, chistes y el tono general de la misma se disfruta de momentos muy divertidos.




viernes, 13 de marzo de 2020

QUE DIFÍCIL ES SER UN DIOS


Un grupo de científicos es enviado al planeta Arkanar, donde la civilización se ha quedado estancada en plena Edad Media, con el objetivo de ayudarles a encontrar el camino correcto para alcanzar el progreso.
Su tarea es complicada, ya que bajo ningún concepto deben interferir con actos violentos, ni mucho menos matando a nadie.
El científico Don Rumata (Leonid Yarmolnik), tomado por los nativos como el hijo ilégitimo de un dios pagano, intenta salvar a los intelectuales locales de su castigo y no puede evitar tomar una posición en el conflicto que vive el planeta.


El guión se basa en una novela de los hermanos Arkadiy y Boris Strugatskiy. La novela contiene una crítica evidente al régimen soviético que la miopía de los censores pasó por alto, quizá porque los hermanos Strugatskiy, escondieron sus trucos donde lo hacen los grandes magos, a la vista de todo el público. Hay un par de párrafos en la novela que son demoledores y evidentes: “no necesitamos personas inteligentes, sino fieles”, dice una de las autoridades del planeta y, también se dice: “¡Lo esencial del nuevo Estado serán sus propias instituciones, en las cuales se fundamentará!”
Aleksey German decidió rodar la película en 1968, 4 años después de la publicación del libro. Junto con Boris Strugatsky escribieron la primera versión del guión. En agosto, German recibió permiso para filmar, pero pronto comenzó la Operación "Danubio", nombre con que se bautizó la invasión de Checoslovaquia por tropas de la URSS y otros países del Pacto de Varsovia, por lo que no se permitió al director filmar la película.
La filmación definitiva comenzó en 2000 y se prolongó hasta 2006, periodo al que hay que añadir otros seis años de postproducción. Desafortunadamente, Aleksey German falleció en febrero de 2013, antes de acabar la película. Su hijo Alexei German Jr. y Svetlana Karmalita completaron el trabajo tratando de seguir escrupulosamente las notas de rodaje de su padre.


He estado echando cuentas y me salen 45 los años que este hombre esperó para que su película fuera estrenada y, encima, fue unos meses después de morir. Hay que tener mucho empeño para estar tanto tiempo luchando contra viento y marea para ver cumplido un objetivo, sin duda, en este caso, sí que se puede decir aquello de que fue la película de su vida, pues toda una vida trabajó en ella.
He de advertirles que no se fíen mucho de la sinopsis, el argumento llega a parecer, si no atractivo, al menos, prometedor, pero lo cierto es que eso de que un grupo de científicos son enviados como observadores a un planeta que vive así como 800 años atrás de nuestra era, lo sabemos porque una voz en off nos lo dice, no por que se deduzca de lo que vemos, que no es otra cosa que directamente la vida en esa sociedad durante todo el film, sin que se note que el protagonista viene de otro mundo mas que porque nos lo han adelantado.
Lo primero que llama la atención del film es la influencia artística que observamos en él, desde la primera imagen nos da la sensación de estar observando un cuadro de Brueghel o de El Bosco, aquello podría ser perfectamente El jardín de las delicias o El triunfo de la muerte, pero en blanco y negro.
Esta sensación desaparece cuando la cámara se acerca y reaparece de forma recurrente en determinados momentos de la película.
Aleksey German nos pinta un mundo asqueroso, permítaseme la expresión, calles embarradas, malolientes, llenas de detritus de todo tipo y unos interiores sombríos, recargados de cachivaches que son auténticas porquerías, habitado por personas andrajosas que tienen pulgas y chinches.
Ese es el film, cargado de planos secuencia en que me imagino a la cámara esquivando estorbos y salpicaduras, no sólo de barro o la lluvia que acompaña casi siempre el deambular exterior de los personajes, sino sus escupitajos, vómitos, etc.
Mi mayor admiración es para los decoradores, diseñadores, ambientadores, escenógrafos, maquilladores y demás que consiguen crear este ambiente nauseabundo y desagradable y para los actores que debieron sumergirse en el lodo y la mierda (perdón de nuevo) cada día.
Es evidente que debe ser difícil ser un dios en ese ambiente, si eso era lo que quería transmitirnos el director, lo ha conseguido, porque estar tres horas contemplado ese mundo es agotador, claro que para el dios será peor, pues ha de estar viéndolo toda la eternidad.
No sé si valía la pena esperar tantos años, pero al final, German logró hacer realidad su sueño, aunque no lo viera.




jueves, 12 de marzo de 2020

EL HIJO DE SAÚL

Saúl Ausländer (Géza Röhrig) forma parte de una brigada de judíos que ha sido seleccionada por sus carceleros para hacer el trabajo sucio del campo, los llamados Sonderkommando. Su tarea consiste en conducir a los prisioneros a las cámaras de gas y a las fosas comunes, hacer que se desnuden, recoger sus pertenencias y ayudar a clasificarlas, sacar los cuerpos y llevarlos a las cámaras de incineración, operar los hornos y limpiarlos de cenizas. A cambio de este triste trabajo, a la brigada se le concede una incierta prolongación de la vida para sus integrantes y unas limitadas posibilidades comunitarias.
Haciendo su trabajo, se encuentra Saúl con un joven prisionero que, desmayado y sin sentido, ha salido todavía con vida, luego de pasar por una cámara de gasificación. No dura mucho el joven, de ello se encargan sus carceleros. Pero para Saúl, en un momento de quiebra moral, decide hacer todo lo que sea necesario para darle un entierro digno, celebrando el rito tradicional que estipula la religión, lo que incluye la presencia de un rabino.
Para cumplir la misión que se ha autoimpuesto, necesitará la ayuda de muchos de sus compañeros de prisión, lo que significa decirles qué está haciendo. Es entonces cuando Saúl se entera de que algunos de los otros trabajadores prisioneros están tratando de sacar información para mostrar al mundo las atrocidades del campo, mientras que pasan de contrabando elementos que ayudarán en un levantamiento contra sus captores.


¿Cómo retratar el horror? El realizador húngaro László Nemes tuvo claro desde el principio que no podía hacerlo, ni siquiera lo iba a intentar, así que en vez de retratar la barbarie de los campos de exterminio, iba a acercarse a la vida de un personaje, uno muy particular, aquel que en medio de la muerte seguía con vida formando parte de un colectivo doblemente despreciado: Los Sonderkommando, humillados por los nazis, igual que el resto de internos del campo y odiados por sus compañeros de infortunio, por la labor que ejercían y el modo cruel en que la llevaban a cabo.
Un par de cosas técnicamente llamativas ejercen gran influencia en el desarrollo de la historia. Por un lado la estrechez del campo visual, rodada con una lente de 40 mm., sólo vemos lo que ve Saúl, incluso a veces, esto mismo, está deliberadamente desenfocado, lo que crea una sensación de desasosiego en el espectador por la falta de información visual de lo que está ocurriendo, aunque sabemos lo que es. Nemes reproduce de esta forma tan peculiar el arma defensiva de Saúl: Se abstrae, no quiere ver lo que ocurre, cumple su trabajo como un autómata sin detenerse en detalles y sirve, al tiempo, al realizador para subrayar situaciones cuando le interesa transmitir claramente al público determinadas circunstancias, como ocurre en la escena en que el protagonista ve como asesinan al niño que ha sobrevivido al gas letal o, al final de la película, cuando Saúl ve al niño polaco que les observa, a él y a sus compañeros de fuga y sonríe. Aquí no hay desenfoque y la impresión que tiene el espectador es que el campo de visión se abre ligeramente.
El otro aspecto es el sonido. Si apenas vemos más que lo que ve Saúl y, a veces, ni siquiera se nos muestra con claridad, no ocurre así con el sonido que nos penetra durante toda la película. Los gritos, los lamentos, el ruido de los hornos, las paletadas de carbón, el ladrido de los perros, el trajín incesante del campo de la muerte... Todo, absolutamente todo se oye. No en vano, si el film tardó 28 días en rodarse, el diseño de sonido, que incluye voces humanas en ocho idiomas, les llevó cinco meses. Es el contrapunto a la falta de información visual.


La película tiene más connotaciones, es un film húngaro, como lo es su realizador y en Hungría, una gran parte de la población, niega la colaboración con los nazis, cuando entre el 15 de mayo y el 9 de julio de 1.944, aproximadamente 437.000 ciudadanos húngaros de etnia judía fueron deportados en 147 trenes, principalmente al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, la mayoría de ellos no aptos para el trabajo: personas mayores y discapacitadas, mujeres y más de 100.000 niños que por ese motivo de no poder ser utilizados como esclavos, eran asesinados en cámaras de gas inmediatamente después de llegar, mientras que sus posesiones (incluidos los dientes de oro) fueron robadas por los alemanes. Muchos más murieron en el campo en los meses siguientes. La deportación fue principalmente organizada y ejecutada por las propias autoridades húngaras. Hungría estableció un triste record al deportar la citada cantidad de personas y enviarlas a una muerte segura en solo ocho semanas. La devoción de los gendarmes húngaros por esta causa sorprendió incluso al organizador nazi de las deportaciones Adolf Eichmann, quien solo necesitaba supervisar la operación con 20 oficiales y un personal de 100 hombres, incluidos conductores y cocineros.
Quizá la mayor virtud, al menos lo más llamativo de la película, sea al tiempo su mayor handicap para muchos de quienes la vean, esa forma de rodaje exige una constante atención del espectador, ya que ciertas situaciones ocurren fuera de campo y no todo el mundo está dispuesto a afrontar el esfuerzo que esto supone.
Cuando parecía que nada de los que nos contaran sobre el Holocausto podía sorprender, más allá de que nos siga horrorizando, Nemes consigue llevarnos a ese infierno a través de la desesperanzada visión de un hombre que vive inmerso en él.




miércoles, 11 de marzo de 2020

YOYO

Un hombre muy rico, lo tiene todo, docenas de sirvientes, un palacio, vastos bosques, jardines, un inmenso estanque, juguetes mecánicos, un grupo privado de entretenimiento compuesto por músicos y bailarines..., pero se aburre mortalmente y le falta el cariño, el amor.
Cuando se queda solo, se sienta ante su escritorio, suspirando y mirando la fotografía de una hermosa mujer, su único gran amor, de la que ignora su actual paradero.
Un día, un circo pasa ante su palacio, y lo contrata para que le ofrezca una función privada, en medio de toda la diversión que trae, reconoce a la amazona que evoluciona sobre un caballo blanco, es la chica de la fotografía.
La joven es ahora la madre de un niño pequeño, Yoyo (Philippe Dionnet). El muchacho, hijo del millonario, del que este desconocía su existencia, recorre fascinado las estancias del palacio asombrado ante tanta riqueza y las numerosas estancias que conforman la mansión.
Tras el colapso bursátil de 1929, el hombre pierde su inmensa fortuna y se ve libre de unirse a su amada y al hijo al que adora, para recorrer el mundo con el nuevo espectáculo que montan.
El tiempo pasa, y un día Yoyo (Pierre Étaix), ya convertido en un joven, será el dueño del palacio de su padre que sueña con reconstruír. Comenzando desde cero, lo remozará tras haberse convertido en un cómico y empresario de gran fama que triunfa en la televisión y que ha logrado amasar una gran fortuna. Sin embargo, algo no acaba de ir del todo bien...


Un homenaje al mundo del circo, al que el realizador, coguionista y protagonista del film, Pierre Étaix siempre ha estado muy vinculado y también al mundo audiovisual, desde el cine mudo, hasta la televisión, pero con especial interés por el cine y concretamente por el su etapa muda a la que homenajea en la primera parte del film, rodada como un film anterior a la llegada del sonoro.
La película está repleta de homenajes a los grandes del cine cómico de la primera época (Buster Keaton, Harold Lloyd, Laurel y Hardy, Chaplin), pero no sólo remeda sus gestos y su forma de actuar o de hacer humor, sino que penetra en el espíritu de su trabajo.


Un sinnúmero de gags salpican el film que, de forma reconocida por el propio realizador, se inspira en algunos tramos en Fellini y, como decimos, en los grandes clásicos del cine cómico, a veces solo con breves referencias que quizá no todo el mundo capte, pero sí los cinéfilos que las reconocerán inmediatamente.
La primera parte de la película alcanza un nivel realmente majestuoso y las escenas de humor están conseguidísimas, algunas de ellas resultan inolvidables.
Una película que no desata la carcajada, pero que nos invita a mantener la sonrisa a lo largo de toda ella. Film diferente, inteligente, muy bien planificado, con un a estética y una creatividad digna de un gran realizador, por más que su trabajo resulte poco conocido, incluso olvidado.




martes, 10 de marzo de 2020

PRISIONEROS ITALIANOS EN SICILIA (OPERACIÓN HUSKY)

Entre los problemas más acuciantes con los que se enfrentaba el II Cuerpo de Ejército norteamericano durante los primeros días de la invasión de Sicilia, estaba la marea de prisioneros italianos: Habían sido apresados más soldados enemigos en una semana que los capturados por el ejército norteamericano en toda la I Guerra Mundial. Venían huyendo de las aldeas de dos en dos, o en camiones robados, o en largas y vocingleras columnas que bajaban de las colinas, mirando a lo lejos con nerviosismo, por si veían algún fogonazo de los granaderos alemanes de la División Hermann Göring, que desaprobaban su conducta. Se rendían con la alegría propia de una fiesta, con sus efectos personales colgando, llenando el aire de risas y canciones, según narraba un soldado. Algunas unidades estadounidenses estaban tan saturadas que pusieron carteles en italiano: "Aquí no se admiten prisioneros", o bien aconsejaban a las tropas enemigas que se rendían que volvieran otro día.
El dibujante Bill Mauldin, ganador de dos premios Pulitzer, que se hizo famoso con dos personajes (Willie y Joe), que representaban a dos cansados y desaliñados soldados de infantería que aguantan estoicamente las dificultades y peligros de servicio en el campo, estuvo allí como sargento del cuerpo de prensa de la 45ª División, y dijo de aquella situación tan pintoresca: No se puede desarrollar un odio como es debido hacia unos soldados que se rinden ante uno tan deprisa que para capturarlos hay que darles cita con antelación.




lunes, 9 de marzo de 2020

MUÑECOS INFERNALES

Tras pasar diecisiete años en la prisión de la Isla del Diablo, condenado injustamente, al haber sido acusado de robo por sus socios, un delito que nunca cometió, el antes respetado banquero Paul Lavond (Lionel Barrymore), consigue huir del penal con su amigo, el científico lunático Marcel (Henry B. Walthall), que está investigando junto a su esposa Malita (Rafaela Ottiano) la forma de reducir de tamaño a los seres humanos. Según sus teorías, reducir el tamaño de los hombres hasta una sexta parte solucionaría muchos problemas al planeta, al necesitar únicamente la parte correspondiente para sobrevivir y consumir, de este modo, menos recursos naturales.
Muerto Marcel de forma repentina por un ataque al corazón, Malita convence al amigo de su esposo fallecido para que la ayude con el experimento.
Para evitar ser descubierto, Lavond se disfraza de anciana, haciéndose pasar por una tal Madame Mandlip , ya que sus antiguos socios, asustados con la noticia de su fuga, han ofrecido una fuerte recompensa por su captura, y abre, junto a Malita, una tienda de juguetes en París.
Lavond, amparado en su disfraz, visita a su hija Lorreine (Maureen O'Sullivan) que en realidad odia a su padre por todo lo que les ha hecho pasar, pues su madre acabó suicidándose y ella malvive de un penoso trabajo en una lavandería y como chica de alterne en un local nocturno.
El antiguo banquero traza un plan para vengarse de quienes lo enviaron a prisión y reivindicar la limpieza de su apellido, para que su hija no tenga que avergonzarse de él. Cuando sus objetivos se hagan realidad, pretende dejar de lado todo el asunto del experimento, pero Malita tiene otros planes bien diferentes.


El guion viene firmado por el grandísimo Eric von Stroheim, junto a Garret Fort y Guy Endore, basado en una historia del director, Tod Browning, sobre la novela Arde, bruja arde, de Abraham Merrit, uno de los grandes maestros y pionero del género fantástico del siglo XX.


Curiosa mezcla de géneros en que se amalgaman la historia de un fugado de presidio, junto al cine fantástico con unas pequeñas dosis de terror. En apenas 80 minutos, Tod Browning desarrolla un argumento atractivo para el espectador partiendo de las investigaciones de un científico lunático y su esposa, no menos perturbada (llamativas las expresiones de chiflada y paranoica de Rafaela Ottiano interpretando a Malita, con esos ojos que parece se van a salir de sus óbitas) que fundan sus investigaciones en un asunto que trata problemas a los que se adelanta en el tiempo, como son los derivados de la superpoblación. El film mezcla bastante bien este asunto fantástico de seres reducidos artificialmente, con la historia de venganza de Lavond, magníficamente interpretado por Lionle Barrymore en su doble papel de banquero venido a menos y la inquietante viejecita Madame Mandlip .
Son muy llamativos los efectos especiales para hacer interactuar a los seres empequeñecidos en un entorno de tamaño real teniendo en cuenta la época en que se rodó el film (1936) y el que suponemos sería ridículo presupuesto si nos fiamos de la ambientación de la película.
Una pequeña joya del cine fantástico que sorprenderá agradablemente a quien no la haya visto y que, junto a otras de la época y algunas anteriores, contribuyó a sentar las bases del género.