martes, 8 de agosto de 2017

NORMAN BETHUNE

En febrero de 1937, Málaga cae en poder de las tropas nacionales practicamente sin resistencia. Miles de personas huyen de la ciudad por la carretera de Almería. En pleno éxodo, un médico canadiense, Norman Bethune, que se había desplazado desde Barcelona al enterarse del inicio de la ofensiva, se encuentra con un desolador panorama, pues entre la riada de gente, muchos estaban enfermos o heridos y decidió descargar los aparatos de la furgoneta que hacía las veces de ambulancia para hacer hueco a los niños más graves y llevarlos con prontitud a Almería.
Bethune había llegado a España el 3 de noviembre del 36, como médico del Batallón Mackenzie-Papineau, que estaba integrado por comunistas de Canadá y otros izquierdistas. Este hombre, que había ejercido como médico en Montreal durante los años de la Gran Depresión, auxiliando con frecuencia a los más desfavorecidos, a los que dio atención médica gratuita, presionó, sin éxito, para que el gobierno realizara reformas radicales de atención médica y servicios de salud en Canadá, convirtiéndose en uno de los primeros defensores de la medicina socializada. En 1935, viajó a la Unión Soviética para observar de primera mano su sistema de atención de salud. Durante ese año se hizo comunista y se unió al Partido Comunista de Canadá. No obstante, y debido a su falta de convicción de que el comunismo fuera la solución a los problemas del mundo, declinó la oferta de ser líder del partido.
Bethune había observado que una causa frecuente de muerte en el campo de batalla era el llamado shock circulatorio, que se produce en las primeras etapas de la herida y que puede causar la muerte instantánea de un combatiente cuyas heridas no parecían graves. Así que puso en marcha un sistema nunca antes puesto en práctica: llevar la sangre hasta los frentes de guerra con una unidad móvil de transfusión. Planteó su propuesta a los servicios médicos republicanos, y el propio Bethune decidió asumir la organización y la financiación de la misma. "Siempre tuvimos presente la idea de la movilidad, por ello, todos los aparatos que compramos, refrigeradores, autoclave, incubadoras, etc. podían funcionar con gasolina o queroseno, sin necesidad de corriente eléctrica", concretó el propio Bethune. De esta manera, el cirujano canadiense se sumó a los servicios médicos de las Brigadas Internacionales, y comenzó una labor inédita con la que salvó vidas primero en Madrid, después en Guadalajara, Valencia y Barcelona y, también, durante el mencionado éxodo en la carretera de Málaga a Almería.
Al parecer, tuvo diferencias con el gobierno de la República y con los propios comunistas, por su inhumanidad, por lo que regresó a Canadá, donde se dedicó a recaudar fondos para la causa republicana, enviando el dinero, pero ya no volvió.
En 1938, marchó a China para unirse a los comunistas de Mao en la Segunda Guerra Chino-japonesa. Tras las batallas atendía a los heridos y fue proverbial que atendía a las víctimas de ambos ejércitos sin hacer distingos de ningún tipo. A finales de 1939, se produjo una herida en un dedo mientras llevaba a cabo una operación de urgencia, lo que le provocó una infección en la sangre que se propagó por todo el cuerpo y produjo su muerte, víctima de sepsis.
Prácticamente desconocido en su patria durante su vida (y en España hasta hace poco más de una década), Bethune recibido el reconocimiento internacional cuando Mao Zedong publicó su ensayo titulado "En memoria de Norman Bethune".




lunes, 7 de agosto de 2017

LA VENTANA SECRETA

La vida de Mort Rainey (Johnny Depp), un escritor de éxito, no pasa por sus mejores momentos que digamos. Está atravesando un doloroso divorcio que ha degenerado en un asunto sucio y desagradable. Esta situación le sume en una grave crisis que le hace perder toda su energía y creatividad, al tiempo que bloquea su capacidad para escribir. Aún sabiendo que debería estar sentado ante la pantalla del ordenador intentando escribir algo o, en su defecto, haciendo algún tipo de ejercicio que le devuelva la inspiración, se pasa el día en su sofá favorito durmiendo mucho más tiempo del que está despierto.
Por si todo esto fuera poco, ante su puerta se presenta John Shooter (John Turturro), un psicótico que asegura que Rainey le ha plagiado y exige una satisfacción. A pesar de los esfuerzos de Rainey para calmarle, Shooter se vuelve cada vez más insistente y hostil, insinuando una forma de justicia que podría incluir el asesinato a sangre fría.
Obligado a jugar al gato y el ratón, Rainey descubre que posee más astucia y determinación de lo que nunca hubiera imaginado. Al final, parece que el escurridizo Shooter parece conocerlo mejor de lo que él mismo se conoce.


Basada en un relato de Stephen King titulado "Secret window, secret garden" ("Ventana secreta, jardín secreto").
Como en algunos otros de sus relatos, el gran creador de historias de misterio y terror, nos pinta a un protagonista que es recurrente ya en sus relatos: el escritor al que le cuesta encontrar la inspiración; recuerden la que quizá sea la adaptación más conocida de Stephen King, El resplandor, en la que el protagonista se va a un solitario hotel con su familia, precisamente porque espera que la tranquilidad que se respira allí, le ayude a escribir su próxima novela en la que no puede concentrarse. Pero entre los relatos del gran escritor, hay más ejemplos, a King debía resultarle divertido presentar al escritor con el síndrome de la página en blanco.


Por las críticas del film, uno se enfrenta a él con bajas expectativas, ya que no son demasiado halagüeñas, sin embargo ya adelanto que a mí, en líneas generales, me ha gustado.
Bien interpretada, con un John Turturro tan fiable como de costumbre y Johnny Depp que se desenvuelve sin demasiado esfuerzo aparente en su papel.
La película sabe mantener la tensión suficiente como para atrapar al espectador y quizá, por ponerle algún pero, declina un tanto en los cinco últimos minutos. Si hacemos caso a una frase que el protagonista le dice al sheriff: "En un cuento lo importante es el final", pues aquí fracasa, pero durante casi hora y media, creo que está a un buen nivel y es que los relatos del maestro son casi garantía de éxito, eso sí, hay que saber adaptarlos y pienso que, en líneas generales, el guión acierta en esta ocasión.
Muy entretenida.




viernes, 4 de agosto de 2017

EL DIARIO DE NOA

Duke (James Garner), lee todos los días unas páginas de un viejo y descolorido cuaderno a Allie Calhoun (Gena Rowlands), a la que visita regularmente en la residencia de ancianos donde ambos viven.
Aunque los recuerdos de ella se han desvanecido, le fascina la emotiva historia de Allie Hamilton (Rachel McAdams) y Noah (Ryan Gosling) y durante unos momentos es capaz de revivir la época apasionada y turbulenta en la que juraron pasar el resto de su vida juntos.
Décadas atrás, una adolescente Allie había llegado a la ciudad costera de Seabrook (Carolina del Norte) para pasar el verano con su familia. En la feria conoce a Noah Calhoun, este, nada más verla, sabe que ambos están hechos para vivir juntos, aunque ella es de una familia adinerada y él un humilde trabajador de un aserradero, a lo largo del verano, se enamoran profundamente.
Las circunstancias -y la entrada de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial- les separan, pero ambos conservan vivo el recuerdo del otro. Cuando años después Noah regresa de la guerra, Allie ha salido irremisiblemente de su vida pero no de su corazón.
Aunque Noah lo ignora, Allie ha vuelto a Seabrook, el lugar donde se enamoraron. Pero está comprometida con Lon Hammond (James Marsden), un soldado de su misma clase social que conoció mientras hacía trabajos como voluntaria en un hospital militar.


Basada en la novela "The Notebook" de Nicholas Sparks.


El film es, ante todo, una película romántica con todos los aditamentos del género que harán las delicias de un cierto público, sobre todo femenino. Estamos ante lo que se conoce como un drama romántico que explota con talento cada uno de los estereotipos de este tipo de obras.
Además del alegato a favor del amor eterno, hay una reflexión sobre uno de los males que aquejan a nuestra sociedad, cual es el de las enfermedades que tienen que ver con la pérdida de la memoria, enfermedades que han existido desde siempre, pero que al aumentar la esperanza de vida, afectan cada vez a un mayor número de personas. La paciencia, el amor y la compañía son presentados como las mejores recetas para acompañar en su soledad a las personas que las padecen.


A uno le puede gustar o no la película y la historia que narra, pero hay cosas que, a mi modo de ver, están muy conseguidas, empezando por la espléndida fotografía que denota un gusto especial por los contraluces y acabando por que está muy bien contada y excelentemente interpretada.
De lo demás, allá cada cual con sus gustos y con la capacidad o no de dejarse llevar por la historia de Allie y Noah que a muchos hará derramar alguna lagrimilla.




jueves, 3 de agosto de 2017

EN TIERRA HOSTIL

Bagdad, 2004. Un equipo de tres artificieros del ejército estadounidense que se dedican a la desactivación de explosivos, está estudiando, ayudado por un robot manejado a distancia, la composición de un artefacto que se halla en el interior de un saco.
El sargento Matt Thompson (Guy Pearce), decide que se puede detonar el explosivo sin que vaya a causar demasiados daños materiales y sin peligro aparente para las personas. La operación se llevará a cabo haciendo estallar junto al artefacto encontrado, una carga preparada por los soldados, que será llevada hasta allí en un carrito remolcado por un robot. Cuando está a punto de alcanzar su objetivo, el remolque pierde una rueda. El sargento, protegido por un voluminoso traje de seguridad, se aproxima al pequeño vehículo averiado y coloca manualmente la carga encima del objetivo, pero cuando está regresando junto a sus compañeros para detonar el artefacto, un hombre acciona una secuencia de números en su teléfono móvil, sin que los compañeros de Thompson logren impedirlo. El artefacto explota y el sargento muere.
Mientras los compañeros de Thompson están tremendamente afectados, no tanto por su muerte, sino por no haberse decido a disparar contra el hombre que accionó el explosivo a distancia, un nuevo líder llega al grupo, se trata del sargento William James (Jeremy Renner), su comportamiento imprudente, hará que sus compañeros se planteen seriamente el riesgo que corren.


La acción tiene lugar durante la ocupación de Irak, en aquella guerra que su promotor, George W. Bush, llamó de liberación y que también se conoce como Segunda Guerra del Golfo. La justificación fue que el régimen iraquí tenía y estaba desarrollando, armas de destrucción masiva que, por lo visto posteriormente, aún deben estar buscando, porque jamás se encontró nada que confirmase tal afirmación.


A mí me ha recordado mucho a estas películas que, cíclicamente, produce Hollywood sobre colectivos concretos: bomberos, sanitarios, aviadores, cooperantes, camioneros..., en este caso dedicado a los desactivadores de explosivos del ejército. La verdad es que todo el rato nos está contando la misma historia, son episodios diversos en los que se repite el mismo esquema con ligeras variaciones, pero que te dejan la sensación de que te están contando lo mismo de manera reiterativa.
Se pretende dar al film un aire de documental, para lo que se recurre mucho a las tomas cámara en mano, tratando de crear ese ambiente tan típico de los reportajes televisivos, en los que la cámara se mueve constantemente. A ello contribuye también la buena ambientación, con paisajes que reproducen el entorno al que se refiere la narración, ya que los exteriores se rodaron en la vecina Jordania.


Lo cierto es que no deja de sorprenderme la cantidad de premios que tuvo este film, saca uno la conclusión de que es una de esas ocasiones en las que los norteamericanos se miran al ombligo, porque yo no acabo de verle el interés a una mala historia a la que acompaña un guión mediocre y unos diálogos muy pobres, sin apenas tensión, porque para tratar de trasmitirla al espectador recurre constantemente a los mismos recursos que acaban cansando por ya vistos y reiterativos.
Además, lo que se cuenta resulta poco menos que increíble, con un descerebrado como líder de un equipo de desactivación que se salta los protocolos constantemente. Esto resulta poco menos que increíble y más increíbles son las acciones que llevan a cabo, pero no porque suenen a falsas, sino por absurdas. Un par de ejemplos: Una calle con los edificios medio arruinados, los soldados han conseguido desalojar a la población y el especialista se pone a desmontar el artefacto. Supongo que un caso así, se le hace explotar mediante un cebo y santas pascuas. Otro caso es el del árabe que va con un cinturón de explosivos y cuando dicen que se lo han puesto encima y que él no quiere morir, se acercan a intentar desactivarlo, cuando en la primera escena del film hemos visto cómo accionan los explosivos mediante un teléfono móvil. Hay unos cuantos ejemplos más, pero tampoco voy a desmontar aquí toda la trama.
A mí no me ha parecido que merezca mucho la pena, de hecho, antes que esta, recomendaría otras sobre las intervenciones recientes de EE.UU. en el extranjero.




miércoles, 2 de agosto de 2017

EL AÑO DEL DILUVIO

El verano especialmente caluroso  de 1953, Sor Consuelo (Fanny Ardant), la dinámica y valerosa superiora de una orden religiosa dedicada a la medicina caritativa, se plantea transformar el destartalado hospital del pueblo en un moderno asilo de ancianos dotado de todos los adelantos. Para financiar el proyecto, la monja visita a Augusto Aixelá (Darío Grandinetti), un terrateniente rico con fama de mujeriego que habita en las proximidades del pueblo. Así se inicia una relación pasional y tormentosa que contemplan con asombro, entre otros, Lastre (Francesc Orella), cabo de la guardia civil; Bartolo (Eloy Azorín), afectado de un retraso mental que trabaja como jardinero del convento y el apuesto Balaguer (Ginés García Millán), jefe de una pequeña partida de “maquis” que opera en las montañas y que anda también en busca de dinero, aparentemente para financiar la revolución. El destino y unas fuertes tormentas de verano complicarán aún más la cosa, poniendo en entredicho la estructura religiosa, política y social del lugar, y llevando a Sor Consuelo a un paroxismo romántico que no olvidará hasta el último día de su vida.
El guión, de Jaime Chávarri y Eduardo Mendoza, se basa en una novela del mismo título escrita por este último.


Ambientada en los años posteriores al final de la II Guerra Mundial, cuando el maquis español ya estaba dando sus últimos coletazos abandonado definitivamente a su suerte; tras la historia romántica y de perseverancia de la protagonista, se hace un estudio somero de la vida en zonas rurales de Cataluña (extensible a otras del resto de España).
La película tiene sus momentos, pero están inconexos y buena parte de ella transcurre a empujones, con unos diálogos que no son nada del otro mundo, a pesar de estar basada en la novela de un escritor del prestigio de Mendoza.
Curiosa, pero de resultados bastante pobres.




martes, 1 de agosto de 2017

LOS CRÍMENES DEL ABECEDARIO

Dos quinceañeras acaban de ser asesinadas en Madrid. El asesino había contactado con ellas a través de Twitter. La policía de Madrid anda de cabeza con este caso cuyo peso lleva la Brigada de Investigación Tecnológica. El asesinato ha sido extremadamente macabro. Las víctimas dos amigas cuyos nombres empezaban por la misma letra. La investigación abierta consigue relacionar este caso con otros sucedidos años atrás en Nimes (Francia) y Málaga. Por ahora lo único que creen saber es que el asesino contacta con sus víctimas a través de las redes sociales y busca chicas jóvenes cuyos nombres empiecen por la misma letra, porque el resto de las pistas no les conducen a ninguna parte, ya que el asesino o asesinos, va cambiando lo que parecen rutinas de actuación.
Diana Dávila entra en la Brigada de Investigación Tecnológica porque estos andan buscando un nuevo miembro con un perfil muy similar al de Diana. Así llegará a trabajar con Arancha Aranzana, inspectora de la unidad que lleva la investigación. Entre ambas se establece una relación que, más allá de lo profesional, no está exenta de cierta desconfianza.
La trama avanza a través de relatos paralelos, por un lado seguimos al autor de los crímenes, cuyo nombre no se nos desvela hasta el final, solamente vamos conociendo rasgos de su aspecto y comportamiento y, por otro, al desarrollo de la investigación, siendo esta la parte que tiene más peso, con constantes diálogos entre los personajes, cuyos pensamientos conocemos a través de un narrador omniscente.
El estilo no carece de dinamismo, aunque lastrado por algunas descripciones que resultan incluso repetitivas, como si el autor quisiera poner de relieve que conoce bien el funcionamiento interno de la policía, aunque hay muchas cosas que chirrían un poco, como que constantemente estén obsesionados por el sexo, parece como si una comisaría fuera un lugar de citas entre miembros del cuerpo de ambos sexos. Supongo que el autor quiere dar peso al papel de la mujer en esta nueva sociedad y a lo difícil que lo tienen en ciertos ámbitos como es de la policía, pero abusa, bajo mi punto de vista de las complicaciones relacionadas con el sexo, aunque seguramente él tiene más experiencia sobre esto y sabe por qué lo hace.
Tampoco me ha acabado de convencer la trama, que recurre con cierta reiteración a las trampas al lector y en la que parece que el autor hace un uso ventajista de los movimientos de los personajes, algunas cosas, realmente resultan poco convincentes.
Sin embargo hay unas cuantas cosas positivas, entre ellas, como ocurre tantas veces en este tipo de novelas, el interés del lector por conocer quién se esconde tras los crímenes y también detrás del intento de incriminar a un viejo policía con el que sus superiores parece que quieren saldar cuentas, aunque este aspecto está poco desarrollado en la novela.
Quizá la virtud principal está en la advertencia que se desprende del relato sobre el peligro de las redes sociales y hasta qué punto estamos absolutamente controlados por los poderes que tienen acceso a ellas y lo vulnerables que nos volvemos cuando operamos en las mismas sin precauciones.
Los conocimientos de Esteban Navarro (policía de profesión) permiten entrar en el corazón de la investigación, entender cómo se trabaja, qué programas informáticos están al servicio de determinadas brigadas, de qué forma en ocasiones se bordea la ley para poder localizar a un sospechoso o hasta comprobar que, como en cualquier grupo social, existen trapicheos, rencillas, corruptelas, venganzas... También se aprecia la colaboración o falta de ella entre cuerpos de la Guardia Civil, Policía Nacional, policías autonómicas… En este aspecto, si el lector inteligente sabe deslindar el grano de la abundante paja, también resulta interesante.



lunes, 31 de julio de 2017

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: EL RETORNO DEL REY

El Rey Théoden (Bernard Hill) es demasiado orgulloso para enviar a sus hombres a ayudar sin que se lo pidan, por lo que Gandalf (Ian McKellen) y Pippin (Billy Boyd) se dirigen a Minas Tirith con el fin de convencer a Denethor (John Noble), senescal de la ciudad y padre de Faramir (David Wenham) y el difunto Boromir (Sean Bean), para que solicite dicha ayuda, aunque se encuentran con su reticencia a hacerlo. La familia de Denethor ha actuado como guardianes temporales de Gondor durante siglos hasta que un miembro de la verdadera línea de reyes regrese. Este miembro no es otro que Aragorn (Viggo Mortensen), que debe superar las dudas sobre sí mismo antes de que poder asumir el papel que está destinado a cumplir. Mientras tanto, Frodo (Elijah Wood) y Sam (Sean Astin) continúan llevando el Anillo Único hacia Mordor, guiados por Gollum (Andy Serkis). Lo que no saben es que Gollum los está llevando a una trampa con el objetivo de quedarse el anillo para sí mismo. Aunque Sam sospecha su engaño, Frodo está comenzando a ser corrompido por el poder del Anillo. Ambas actitudes serán explotadas por Gollum. La única forma en que puede retornar la normalidad es que el Anillo sea destruido, algo que cada minuto que transcurre, se está volviendo más difícil para Frodo.
Tercera y última entrega de la adaptación para el cine de la magna obra "El señor de los anillos", del británico J.R.R. Tolkien.


Definitivamente, Peter Jackson opta por la épica en su particular adaptación de la obra de Tolkien, si bien es cierto que no renuncia a ciertos momentos en que la fantasía más poética aparece en pantalla, sobre todo en las escenas finales cuando se produce la despedida de la Compañía del Anillo o la partida definitiva de Frodo y Bilbo Bolsón (Ian Holm) hacia Valinor.
Espectaculares tomas digitales, lograda ambientación y grandes escenas de batalla, todo ello acompañado de la estupenda banda sonora de Howard Shore, sirven para que el talento de Jackson despliegue todo su buen hacer sobre este sólido guión para conseguir un film que tiene ya un lugar entre los clásicos.
Once Oscar de once nominaciones, avalan a una película grandiosa que convenció a público y crítica.