jueves, 11 de octubre de 2012

CUESTIÓN DE CONFIANZA

Todos recordamos, o hemos oído hablar, de aquellos tiempos en que los pactos se sellaban con un apretón de manos, no hacía falta más, aquello iba a misa y no hacían falta ni siquiera testigos. Es evidente que, incluso en esas épocas, había incumplidores, pero a esos les esperaba aquello de "una y no más", perdían su crédito moral de por vida.
La clase política, pero no sólo ella, sino buena parte de los dirigentes, incluso de la empresa privada, han perdido el crédito que la sociedad les concedía. En medio de esta época desconcertante, sin que conozcamos dónde está el fallo, cuando empiezan a producirse graves problemas sociales, es justo que los ciudadanos pidan a quienes les dirigen compromiso, pero también resultados. Ellos no hacen sino repetirnos que para salir de esta, los mercados necesitan que les transmitamos confianza, pero ¿quién nos las transmite a nosotros?
Con un estado gravemente desorganizado, convertido en un nido de oportunistas y vividores, de pícaros del siglo XXI, de gente que está sacando tajada de la crisis mientras miles de familias empiezan a malvivir, muchas veces el ciudadano percibe que la clase dirigente sigue siendo una herida sangrante y que su actitud es provocadora. Algunos de ellos se sorprenden de que haya manifestaciones, ¡parece increíble!
Y es que la gente ya está harta de una crisis tan mal gestionada y con los poderosos sacando tajada de un pueblo acechado por graves problemas, con la sensación cada vez más patente de tener a la zorra guardando el gallinero.



miércoles, 10 de octubre de 2012

MY FAIR LADY

La acción transcurre, en Londres, Inglaterra. En una lluviosa noche de 1912, Eliza Doolittle (Audrey Hepburn), una florista callejera y bastante mal hablada, deambula frente al Teatro de la Ópera del Covent Garden, ofreciendo sus violetas a los viandantes sin percatarse de que, oculto tras una columna, un caballero anota en su bloc todo lo que ella dice. Se trata del profesor Henry Higgins (Rex Harrison), experto en fonética y prestigioso lingüista, un maduro solterón de carácter irascible, solitario y bastante misógino, quien queda impresionado por el pronunciado acento cockney de Eliza. Higgins asegura que tras sólo séis meses de lecciones de pronunciación y buenos modales, sería capaz de hacer pasar a la joven florista por una duquesa en el baile de una embajada sin que nadie sospeche de dónde procede.
Higgins lo toma como un experimento, como un simple juego en el cual hará trabajar muy duramente a su alumna a todas horas, olvidando que es un ser humano y que tiene sentimientos. Además su amigo y colega de profesión, el Coronel Pickering (Wilfrid Hyde-White), que es un experto en dialectos coloniales y que ha hecho un reciente viaje a la India, le apuesta todos los gastos de las lecciones a que no es capaz de conseguir su propósito.


Yo creo que el film no es de lo mejor cinematográficamente hablando, el corset teatral es evidente y el larguíiiiisimo epílogo que no aporta nada relevante en un film ya de por sí largo. Sin embargo, My fair lady tiene otras virtudes, muchas, que hacen de la película uno de esos productos que nos hacen añorar cómo se hacían antes las cosas cuando se hacían bien.
Cukor sabe sacarle todo el partido al plantel de actores que se pone a su disposición, en el que aparte del trío protagonista, destaca Stanley Holloway, el padre de Eliza en la ficción.
Una lograda puesta en escena, una buena fotografía y un magnífico vestuario, además de la banda sonora de la que muchas de las canciones han sobrevido al paso del tiempo, como las dos que me permito incluír a continuación: "With a little bit of luck" y "The rain in Spain".





La película, aparte de las consistentes actuaciones, se apoya en un guión con un buen armazón humorístico, buena parte de cuyo encanto y brillantez se pierde, no sólo en la traducción, sino que quien la vea en versión original y no tenga buenos conocimientos de inglés, no conseguirá sacar todo el jugo a los juegos de palabras, aunque sí a las peleas que se zanjan con buenos golpes dialécticos o a las divertidas puestas en escena.
Razones para verla y disfrutarla sobran, desde la elegancia de Rex Harrison o el encanto de Audrey, hasta las puestas en escena de la carrera en Ascot o el baile de gala en la embajada de Transilvania, pasando por las memorables canciones, que hacen de ella una inolvidable y deliciosa película.




martes, 9 de octubre de 2012

LA PUTA DE BABILONIA

Si existe un libro incendiario, despiadado, irreverente, provocativo, escandaloso, es este que escribió hace unos años el colombiano, naturalizado mexicano, Fernando Vallejo.
El título lo toma de un pasaje del Apocalipsis y, al parecer, así era como como calificaban los albigenses a la Iglesia Católica.
El autor va desgranando todos los pecados cometidos por la Iglesia a lo largo de los siglos, algunos de ellos reconocidos por ella misma y llega a hacerla responsable incluso de la superpoblación mundial. Pero Vallejo no limita su acerva crítica a la estructura eclesial, sino que niega la existencia de Dios o del propio Jesucristo a quien califica de invento interesado. También pone en tela de juicio la veracidad de los Evangelios y afirma que el peor enemigo de la Biblia es la Biblia misma, libro al que califica como sarta de contradicciones y fábulas que, según él, la Iglesia mantuvo a buen recaudo mientras sólo se publicaba en latín y que Lutero destapó la caja de Pandora cuando la tradujo al alemán, dejando al descubierto para los fieles la cantidad de imposturas que, a su juicio, contiene.
Si el autor se despacha a gusto con la Iglesia Católica, con quien salda cuentas pendientes (son palabras suyas), lanzá también sus diatribas contra el resto de las religiones cristianas, contra los judíos y contra los mahometanos, contra quienes también lanza sus dardos.
Escrito sin conmiseración alguna, con un lenguaje duro y agresivo, es un libro destinado a la polémica que despierta incluso el escándalo, algo buscado por el autor, para quien estas religiones suponen una vuelta al oscurantismo medieval.



lunes, 8 de octubre de 2012

MARY POPPINS

Jane (Karen Dotrice) y Michael Banks (Matthew Garber) son hermanos y han desaparecido de su casa como forma de llamar la atención a sus padres que apenas se ocupan de ellos. La niñera no quiere saber nada, está harta de aguantar a los niños y se despide de su empleo, así que Mr. Banks (David Tomlinson), decide tomar cartas en el asunto y encargarse personalmente de contratar a una nueva niñera, algo que hasta el momento era responsabilidad de la Sra. Banks (Glynis Johns), pero con resultados penosos, pues han despedido a unas cuantas. El puesto es para la extravagante Mary Poppins (Julie Andrews), los niños vivirán un verdadero cuento de hadas a su lado, pues ella resuelve todos los problemas como si fuera un juego. Además se verán transportados a un mundo de fantasía y aventura y, acompañados de su amigo Bert (Dick Van Dyke), se introducirán en un cuadro y vivirán una apacible tarde de domingo; reirán flotando en el aire con el tío Albert (Ed Wynn) o contemplarán las chimeneas de Londres con los desollinadores.
Gracias a Mary Poppins, el severo padre de los chicos, comprenderá que no ha sido un buen padre para sus hijos, a partir de entonces participará en sus juegos y les prestará la atención que se merecen. Mary Poppins consigue de nuevo su propósito: Hacer feliz a una familia.


La película, producida por la factoría Disney en 1964, se llevó 5 premios Oscar, entre ellos el de mejor actriz para Julie Andrews, una recién llegada que no pudo aterrizar con mejor pie. Está basada en los libros que sobre el personaje escribió la australiana Pamela Lyndon Travers.


¿Que la película puede ser una cursilada vista con los ojos de un adulto? Seguramente, pero que levante la mano el que no se haya emocionado en algún instante de su vida con Mary Poppins cuando nos ha abierto la puerta de ese maravilloso mundo imaginario. Y si hemos tenido la suerte de verla por primera vez siendo niños, jamás se nos podrá olvidar la emoción que sentimos.


Porque el film es quizá la película más perfecta que se ha hecho para el público al que va dirigida: Los niños. Pero es que, quizá porque resulta claramente infantil, pero también alegre y risueña, gusta sobremanera a tantos y tantos adultos.


Con una banda sonora muy conseguida y unas canciones que perduran después de tantos años y alguno de cuyos pasajes nos sabemos de memoria, siendo capaces de tararear muchas de sus melodías que no se nos olvidan con el paso del tiempo. Aunque en este apartado musical, no es especialmente relevante por sus coreografías, sí que hay un par de ellas que destacan, al menos en mi recuerdo: El baile de Dick Van Dyke con los pingüinos y quizá la más llamativa y conseguida de los desollinadores bailando en los tejados.


La película que lanzó al estrellato a Julie Andrews y que explotó sus dotes no sólo como actriz, sino como cantante gracias a su estupenda voz y a la que rodea aquí un plantel de secundarios que lo hacen muy bien. Por cierto que en la versión española, estrenada en diciembre de 1965, las canciones fueron dobladas y la voz de la Andrews era de una cantante llamada Teresa María, que lo hizo muy dignamente y mira por dónde esta mujer es la madre de Macaco (sí ese de "Moving, all the people moving...")


Una película amable, con la dulce y magnética Julie Andrews interpretando a uno de los mitos del cine infantil, con una magnífica ambientación y que nos transporta a un mundo donde cualquier fantasía es posible.
Un clásico maravilloso del cine infantil que disfrutamos todos.




viernes, 5 de octubre de 2012

EL HIPNOTISTA




Estocolmo (Suecia), primeros días de diciembre, una familia aparece brutalmente asesinada. El único superviviente de la masacre es Josef, el hijo de la familia que tiene sólo 15 años y que ha sobrevido milagrosamente, pese a las graves heridas recibidas, sin duda los asesinos le dieron por muerto. También sobrevive Evelyn, su hermana mayor, que se ha salvado porque vive en una casa en el campo.
El comisario Joona Linna, encargado de la investigación, requiere la ayuda de Erik Maria Bark, un médico que tiempo atrás práctico la hipnosis como terapia, pretende que someta a Josef a una sesión de hipnotismo en el hospital de Estocolmo, donde está ingresado.
Unos días más tarde el hijo de Erik Maria Bark, Benjamin, es secuestrado de su propia cama. Erik emprenderá la búsqueda de su hijo junto a Linna, Simone, su mujer y su suegro Kennet Sträng... Juntos intentarán resolver estos dos misterios...
El ritmo narrativo general de la novela, es bueno, salvo en una especie de flashback a mitad del relato que se hace por momentos algo pesado y más teniendo en cuenta que ocupa nada menos que 120 páginas. Contiene bastantes elementos de crítica social, sobre las desigualdades entre sexos, la asistencia social, el mundo de los inadaptados, la inmigración... Algunas de las veces, parece como si estas cosas las hubieran metido en la novela porque hay que hablar de ellas, como si toda novela sueca que se precie, debiera hacer hincapié en estos aspectos, vamos, un poco porque sí. Además presenta cierta incoherencia en la gestión policial. Es como si se saltaran ciertos pasos para conseguir que la trama vaya por donde quieren. En general, se hace amena y su lectura resulta agradable y entretenida.
La novela ha sido escrita por el matrimonio que forman Alexandra Coelho y Alexander Ahndoril, que para esta serie que, al parecer constará de siete títulos, de los que van publicados tres, eligieron este seudónimo.

 
 

jueves, 4 de octubre de 2012

WEST SIDE STORY

Nueva York, principios de los 60. Dos pandillas, los Jets, hijos de inmigrantes europeos liderados por Riff (Russ Tamblyn), y los Tiburones, con Bernardo (George Chakiris) como cabecilla de un grupo de adolescentes de origen puertorriqueño, mantienen un enfrentamiento constante, buscando hacerse los dueños del barrio en el que ambos grupos conviven.
Tony (Richard Beymer), formó parte tiempo atrás de los Jets, pero ahora tiene un trabajo y no está en la pandilla, aunque Riff le convence, apelando a su antigua amistad, para que esté presente en el desafío que van a lanzar a la banda rival.
Durante un baile al que acuden ambos grupos, Tony se enamorará de Maria (Natalie Wood), la hermana de Bernardo. Éste se opone rotundamente a la relación, mientras Tony hará todo lo posible por evitar el enfrentamiento entre ambos grupos. Los hechos se suceden como guiados por la fatalidad.
 
 
Es claro que la historia de amor imposible entre Tony y María, esta moderna recreación del drama de Romeo y Julieta, es el eje de la película, pero no es menos cierto que a este, se superpone un asunto recurrente durante el film como es el enfrentamiento entre las dos bandas juveniles y todo lo que ello conlleva de odio, violencia e incomprensión. De hecho, el asunto más relevante del guión es este, con su alegoría sobre la violencia urbana, su génesis y sus letales derivaciones, con atisbos de crítica a la xenofobia, al racismo, al trato al inmigrante, al condicionamiento familiar y grupal sobre el comportamiento violento, determinado por un contexto propicio al mismo, estableciendo también una mirada al distanciamiento generacional y a la entidad del joven en la pandilla y al margen de ésta. Las vinculaciones afectivas y románticas, al final, hay que encuadrarlas en este marco más amplio.
 
 
Además de la historia que se nos narra, está el producto artístico, en el que Jerome Robbins dirigiendo las partes coreografiadas y Robert Wise al frente de la parte dramática, logran ensamblar perfectamente ambas partes (si es que se puede hablar de dos partes), para ofrecernos un musical que se sale de lo clásico y que a pesar de su duración, logra concitar nuestra atención a base de las peleas convertidas en bailes, de la almibarada historia de amor con final trágico y, sobre todo, de la magnífica partitura del maestro Leonard Bernstein y las canciones, con letra de Stephen Sondheim, casi todas convertidas en clásicos que todos hemos escuchado, cuando no tarareado, en alguna ocasión: “America”, “Tonight”, “Maria”, “One hand, one herat”, “Cool”...
 
 
Una película que, en algunos aspectos, a mí me parece sobrevalorada, pero en la que todo, hasta el más mínimo detalle, está cuidado, con buenas actuaciones (no quiero dejar de mencionar a los oscarizados Rita Moreno, por su papel de Anita y George Chakiris, por su papel de Bernardo, de lo mejor del film), buen ritmo y que aún con sus más de cincuenta años a la espalda, sigue mantiendo su vigencia, gracias en parte a la fuerza de sus coreografías.
Me quedo con el mensaje que trata de transmitirnos: Mediante el uso de la violencia jamás se podrá lograr un objetivo que vaya más allá de esa propia actitud. Su vorágine, que termina atrapando hasta a la persona más sensata y calmada, convirtiendo sus ansias futuras de felicidad en una fuente de rencor, solamente puede conducir al dolor, la muerte y el odio.
 
 
 

martes, 2 de octubre de 2012

¡ALTO, POLICÍA!

¡Qué difícil me resulta escribir sobre esto! Y no porque no sepa qué decir, no. Tengo mis ideas bastante claras en este aspecto, pero no deseo que se malinterpreten mis comentarios, así que no voy a entrar en si estuvo bien o no lo que hizo la policía el otro día en Madrid, aunque repito, tengo mi propia tesis sobre el asunto.
Tampoco voy a decir nada sobre los demagogos que compararon a los manifestantes con golpistas o aprendices de golpistas, ¡claro, como Tejero!, sólo que ni eran guardias civiles, ni llevaban metralletas, ni secuestraron a nadie; ni sobre los demagogos del otro lado que se ponen a invocar comparaciones entre nazis y este u otros gobiernos democráticos, porque está claro que el que se lleva el mamporro se queda con él, pero también que hay periodistas para informar, que los detenidos tienen amparo judicial y que nadie les va enviar a un campo de concentración.
Me fastidian estas situaciones, porque nos meten en el tunel del tiempo, de épocas que creíamos superadas, cuando no olvidadas. Creo que el poder, al final, cuando se le acaban los argumentos, o cuando no le gusta lo que le dicen, tiene tendencia a tirar de porra y, repito, es el poder, independientemente de la ideología. Si no, que se lo digan a los manifestantes antibolonia catalanes, que se las tuvieron tiesas con los Mossos d'esquadra que les envió el comunista Saura, entonces metido a sheriff. Ahora ha sido el PP y sus leales los que mandan a la policía a repartir estopa, ellos no se atreven, para eso están lo lacayos. No quiero disculpar a los violentos, que conste, por eso digo que me resulta difícil escribir sobre esto, porque hay tanto que matizar, pero la reflexión que me queda es de tristeza, de mucha tristeza, que unos policías españoles, peguen a unos manifestantes españoles por oden de unos políticos españoles. Algo falla aquí y alguien tendrá que reflexionar sobre por qué se llega a situaciones como esta donde se sustituye la palabra por el porrazo y la sangre vuelve a correr por unas calles de éste país antes llamado España.
Al final, tantos siglos de civilización, de avances, para que la gente se siga muriendo de hambre, para que siga habiendo delincuentes que matan por dinero o por placer, que siga habiendo mujeres ultrajadas y que la última palabra del poder siga siendo la misma que en los albores del la sociedades civilizadas: O vas por donde yo digo, o atente a las consecuencias.