miércoles, 2 de marzo de 2016

BLADE RUNNER

A principios del siglo XXI, la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus, un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como replicante.
Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad y al menos iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon. En el espacio exterior, los replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas.
Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus 6, en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la Tierra bajo pena de muerte.
Brigadas de policía especiales con el nombre de unidades de Blade Runners, tenían órdenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor.
A esto no se le llamó ejecución.
Se le llamó retiro.
La acción se desarrolla en Los Ángeles en noviembre de 2019. Rick Deckard (Harrison Ford) es un Blade Runner ya retirado, pero su antiguo jefe le llama para que se encargue de retirar a un grupo de cuatro replicantes que han llegado a la Tierra desde el mundo exterior, uno de los cuales logró infiltrarse en la Tyrrell Corporation y fue descubierto.


El guión se basa en una novela de Philip Kindred Dick publicada en 1968 con el título de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.
Lo cierto es que la película cambia algunas de las cosas que contiene la novela, incluso manteniendo el espíritu de la misma, altera la percepción que Dick nos expone en su novela sobre algunos aspectos, como por ejemplo la visión que tiene de los replicantes, término que, por cierto, no se emplea en la novela y que la película hace que el espectador sienta empatía con ellos, mientras la novela los presenta como seres fríos y violentos incapaces de sentir emociones.


Bien interpretada, la película se desenvuelve en una atmósfera oscura y agobiante, trasmitiendo una constante sensación de peligro y decadencia en las calles, bien estén desiertas o atestadas de gente y siempre bajo una especie de lluvia ácida.
Estupenda partitura de Vangelis y unos escenarios que constituyen en si mismo uno de los aspectos más interesantes y logrados de la película hasta el punto de crear una estética de ambientación y una atmósfera muchas veces imitadas en otras producciones posteriores.


De hecho, algunos escenarios han quedado ya grabados en la retina del espectador y forman parte de la misma historia del cine, pero me voy a detener en el que quizá resume uno de los aspectos más importantes que trata el film, me estoy refiriendo al viejo edificio abandonado donde vive J.F. Sebastian (William Sanderson). En este recinto tiene lugar el clímax y la mayor parte del final de la película. Se trata de los restos de lo que en otros años era lo que se puede considerar todo un símbolo de la sociedad occidental contemporánea: un centro comercial. Un lugar con sabor a viejo, que no antiguo, al igual que su único habitante: el ingeniero genético J.F. Sebastian, un ser prematuramente avejentado debido a una rara enfermedad, que vive en una total soledad que le hace sentirse seguro y a la que, no obstante, trata de engañar creando pequeñas criaturas que le hacen caer en la ilusión de que alguien piensa en él y desea que vuelva a lo que podría llamar "casa".
Por una parte, este espacio encierra el simbolismo de la decadencia arquitectónica, pero también social. Por último es el escenario en que tendrá lugar el combate entre Deckard y Roy Batty (Rutger Hauer), el líder del grupo de replicantes proscritos. A su vez, el momento culminante de dicha lucha tendrá lugar en la azotea del edificio, en medio de una intensa lluvia, con ese monólogo final que es una de las más sugerentes y perturbadoras escenas jamás rodadas: I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die. 
(Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir).


Somo seres pensantes, eso es lo que nos distingue de otras especies, eso y los sentimientos que somos capaces de sentir (valga la redundancia) ¿Pero qué ocurriría si somos capaces de crear nuestras propias réplicas y esos seres artificiales llegan a sentir pena, rabia, dolor o son capaces de amar? ¿Tendríamos entonces la capacidad moral de decidir sobre su vida y su muerte sólo porque son creaciones nuestras y porque alguno de ellos sale torcido y es peligroso? ¿Quiénes somos los humanos para arrogarnos esta potestad?
Más allá de si el protagonista es también un replicante (algo que en el libro ni se plantea) o no, creo que este es el mensaje central que nos traslada el film y alrededor del cual gira el resto de la trama.
Por su estética, por lo que supuso de renovación del género de ciencia ficción, añadiendo esos toque de cine negro y por su mensaje sobre un futuro decadente, Blade Runner se ha convertido en una película de culto y se sigue viendo hoy día sin que el paso de tiempo la haya perjudicado en absoluto.




6 comentarios:

  1. (Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir). Este párrafo me parece genial, y como tu apuntas, creo que es una parte fundamental y clave en la película.

    Salud Trecce.

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    1. Una escena tan perturbadora como magnética.

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  2. Muy buena, aunque no es mi favorita del género, tengo que volverla a ver...

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