miércoles, 19 de junio de 2019

RESCATE AL AMANECER

En 1965 poca gente creía que el aún limitado conflicto en Vietnam se convertiría en una guerra a gran escala. Uno de los primero síntomas de lo que sucedería, fueron los bombardeos norteamericanos en misiones calificadas como secretas, a blancos en territorio de Laos. En una de esas misiones,  mientras bombardeaba la jungla, el avión A-1 Skyraider, del piloto de la Marina, Dieter Dengler (Christian Bale), un alemán nacionalizado estadounidense, cuyo avión despegó del portaaviones USS Ranger, estacionado en el Golfo de Tonkin, es alcanzado y se ve obligado a intentar un aterrizaje de emergencia en la jungla. Dieter sobrevive al impacto, pero es perseguido, capturado y torturado por el Pathet Lao (movimiento afín a sus vecinos vietnamitas del Vietcong), ya que se niega a denunciar a su propio gobierno, y enviado a un campo de prisioneros, donde se encuentra con otros cinco prisioneros (dos norteamericanos, y tres tailandeses), algunos de los cuales padecen trastornos mentales, debido a la tortura psicológica a que se han visto sometidos y al largo periodo de tiempo que llevan prisioneros. Junto a Duane W. Martin (Steve Zahn), comienza la planificación de una fuga ante la incredulidad de sus compañeros de cautiverio, plan al que se opone Gene DeBruin (Jeremy Davies). Además, cuando descubren que no hay más comida debido a los constantes bombardeos estadounidenses en el área, sospechan que sus guardianes intentan matarlos y es entonces cuando Dieter pone en marcha su plan, que consiste en desarmar a los guardias e internarse en la jungla coincidiendo con el comienzo de la temporada de lluvias.
Sin embargo, una indecisión inesperada divide al grupo y Dieter y Duane descubren que la jungla es su verdadera prisión, aún así tratarán de llegar al río Mekong para cruzar a Tailandia.


Se trata de la segunda aproximación del realizador alemán Werner Herzog a la figura de Dengler, al que ya retrató en su documental ‘Little Dieter Needs to Fly’ (1997).


Película que, inexplicablemente, no llegó a estrenarse en nuestro país, siendo distribuida directamente en DVD y con un retraso considerable a pesar de contar con un protagonista con tanto tirón como Christian Bale.
Pienso que las actuaciones, empezando por la del mencionado Bale, están bastante conseguidas y el film está muy bien ambientado y acompañado de una espléndida fotografía que sabe sacar buen partido de la exuberancia del paisaje selvático.
Herzog siempre ha tratado en su cine con personajes atormentados, recordemos, por ejemplo Aguirre, la cólera de dios, y aquí nos sumerge en un mundo de gente desquiciada, víctimas de un entorno natural tan bello como, en ocasiones, hostil y siempre agobiante y, además, en medio de una guerra cruel que se lleva por delante todo lo que encuentra sin distinguir entre niños, mujeres, civiles o combatientes. Personajes que bordean la locura, lo mismo los presos que sus custodios y cuya estancia en el campo de prisioneros ocupa gran parte del metraje de la película, con situaciones que pueden incluso resultar repetitivas, pero que no vienen sino a subrayar la idea que el realizador germano quiere transmitir.


Aunque no rehuye plasmar la dureza, incluso la injusticia de esta guerra, la trama no va ni sobre la guerra del Vietnam, ni sobre el accidente de avión, ni sobre el rescate, va de la voluntad de sobrevivir de un soldado y de no traicionar nunca sus principios pase lo que pase. Él tenía un sueño: volar, y su lealtad, cuando sus captores le presentan, para que lo firme, un documento en el que declara que los EE.UU. mantienen una guerra injusta, no son para el país que le ha adoptado, ni siquiera es una cuestión de patriotismo, lo que él argumenta para no firmar es que ellos le dieron las alas, es decir, le dejaron cumplir su sueño.
La última media hora se convierte en una frenética huida por la selva en busca de una salida casi imposible, pero el espectador se ve contagiado por la fuerza y la esperanza de Dieter en conseguir su objetivo y, sobre todo en su determinación de no rendirse.
El final, muy criticado, incluso algunos dicen que estropea la película, creo que ni siquiera molesta después de lo que hemos visto, aunque es una especie de traca yankee, el entretenimiento que nos ha proporcionado el film hace que algunos, al menos yo, apenas veamos eso que otros dicen de que Herzog se ha entregado a dar coba al público americano.
Una buena película de este subgénero de fugas dentro del cine bélico que a mí me ha resultado muy entretenida.




martes, 18 de junio de 2019

LOS ESTRAGOS DE SHARPE

Corre el año 1809 cuando encontramos al teniente Sharpe con su pequeño grupo de hombres en una situación bastante precaria en tierras del norte de Portugal.
Sharpe es enviado al rescate de Kate Savage, de 19 años, hija de un rico bodeguero inglés ya fallecido, que vive con su madre y que ha escapado a la casa de verano de la familia justo cuando las tropas del mariscal Soult se disponen a conquistar Oporto y toda la población huye del ejército francés.
Sharpe deberá por tanto, atravesar las líneas enemigas y dirigirse hacia la retaguardia francesa, pero tiene al sargento Patrick Harper y a sus fusileros y cuenta con la ayuda de un joven portugués un tanto idealista, el teniente Jorge Vicente, al frente de un pequeño destacamento del ejército portugués. Juntos, tienen que encontrar a la chica desaparecida y librarse de los enredos del coronel Christopher, un misterioso inglés que trabaja para el ministerio de exteriores y que tiene sus propias ideas sobre cómo los franceses pueden ser expulsados ​​de Portugal. Esas ideas son tan fantásticas como peligrosas, pero los franceses están desenfrenados, Lisboa está amenazada y Christopher ve a Sharpe y sus fusileros como los únicos obstáculos para sus sutiles planes.
Cuando el avance de Soult parece imparable, un nuevo comandante del ejército británico llega a Lisboa, Sir Arthur Wellesley, y justo cuando Sharpe y sus hombres parecen condenados, Sir Arthur organiza su propio contraataque, una operación que enviará al ejército francés a las montañas del norte. Sharpe se convierte en cazador en vez de cazado y ejercerá una terrible venganza contra los hombres que han estado a punto de acabar con su vida a base de traiciones. Los estragos de Sharpe es una historia clásica del famoso personaje inventado por Bernard Corwell, un recorrido por el norte de Portugal en compañía del Sargento Patrick Harper, el Capitán Hogan y sus queridos Greenjackets, los fusileros del 95º de rifles.
De nuevo el autor británico, con su habilidad para mezclar ficción y hechos históricos, nos deleita con su prosa y con su peculiar manera de contarnos la historia que nos obliga a ir pasando las páginas del libro sin darnos apenas tregua, llevándonos del desastre del hundimiento del puente de barcas en Oporto, que supuso la muerte de cientos de personas, la mayoría civiles, como atestigua la placa, en el muelle cercano a donde el magnífico puente de hierro de Eiffel cruza hoy el Duero, que rinde cuenta de los horrores del 29 de marzo, cuando los refugiados portugueses se agolparon en el mencionado puente de barcas, hasta la respuesta de Wellington, que reconquistó la capital del norte portugués, gracias a que un barbero local, cruzó el río en un esquife y avisó a los británicos de que los franceses habían olvidado hundir tres barcazas en el lado norte del río, en las que fueron cruzando las tropas inglesas, un hecho que Cornwell hace protagonizar a Sharpe y los suyos, cambiando un poco la historia, en la que también relata la conquista del seminario, en una brillante recreación de lo que debió ser aquella ardorosa batalla.
Sharpe y los suyos, avanzarán por delante de las tropas británicas, hasta llegar a los puentes de Ponte Nova y El Saltador, en pos de rescatar a la joven británica, mientras las tropas francesas tratan de huir hacia el norte.
En definitiva, otra aventura más de Sharpe, llena de tensión, acción y sus gotas de humor, que hará las delicias no solo de los aficionados a la novela histórica.



lunes, 17 de junio de 2019

FELIZ NAVIDAD MR. LAWRENCE

En 1942, durante la II Guerra Mundial, el oficial británico Jack Celliers (David Bowie) llega a un campo de prisioneros de guerra en Java, hambriento y torturado, la estructura social del campo se verá afectada por su presencia y su actitud de rebeldía.
El oficial de enlace entre los prisioneros y los japoneses encargados de vigilar el campo es el coronel John Lawrence (Tom Conti), que vivió durante años en Japón y se encuentra atrapado entre los dos bandos, luchando por hacer que cada lado comprenda al otro, esforzándose en que los británicos traten de entender la manera de pensar de los japoneses, actitud que le trae la animadversión de muchos de los prisioneros y del oficial al mando, el capitán Hicksley (Jack Thompson), que le considera poco menos que un traidor. La situación se complica aún más por la atracción homoerótica que el capitán Yonoi (Ryuichi Sakamoto) siente hacia Celliers, lo que provoca un conflicto personal, que se ve reforzado por la visión que los guardias tienen de Celliers como el diablo.
Para encontrar la paz interior y restablecer el orden en el campamento, Celliers debe recibir un castigo ejemplar, ya que Yonoi pretende ocultar sus sentimientos bajo una capa de dureza, infligiendo castigos a los prisioneros occidentales a los que considera, a todos, unos cobardes por haber preferido rendirse antes que morir, una actitud que resulta incomprensible para él, firmemente imbuido de los sentimientos de disciplina honor y gloria que conforman el código samurai.


El guión se basa en la novela autobiográfica The Seed and The Sower (La Semilla y el Sembrador), del sudafricano Sir Lawrence Van Der Post, publicada en 1963 y que, a su vez reúne tres relatos.
En la adaptación se nos narran los dos primeros relatos, por cierto, muy bien conjugados, y el tercero, una historia de amor imposible entre Lawrence y una desconocida, se lo cuenta Lawrence a Cellier cuando son encerrados como castigo, acusados de haber introducido un aparato de radio camuflado como una cantimplora en los barracones de los presos.
Si Nagisa Ôshima parte de los relatos de un occidental, su película está narrada con la mirada de un oriental, tanto en su puesta en escena y en su ritmo, como en la forma de contar la historia, así como en el modo de verter su simbolismo a lo largo del film.


La película es el retrato del choque entre dos culturas diferentes que, aunque parezca una contradicción, tienen muchos puntos en común. Si aún hoy, las diferencias culturales entre oriente y occidente son evidentes, lo eran mucho más en 1983, año del estreno del film y, ni te cuento en los años cuarenta durante la II Gran Guerra.
Lawrence es un hombre atrapado entre esos dos mundos, admirador de la cultura japonesa, sus guardianes le respetan, pero solo ven en él a un prisionero y sus camaradas británicos, a un traidor que trata de acercarles a la comprensión de ese mundo tan distinto, el de sus enemigos que, en ocasiones, les tratan con brutalidad y desprecio.
Por si fuera poco, la llegada de Celliers, sus actos de rebeldía y el hecho de que el comandante del campo se vea cautivado por él, lo trastoca todo.
La película es también un canto a la amistad, pues, a pesar de todo, la convivencia entre los hombres, estrecha estos lazos y cuando la vida da un giro a veces se producen estas situaciones que todos hemos experimentado alguna vez con algún compañero de trabajo o algún amigo, que nos metía en problemas, o nos caía mal y cuando lo hemos encontrado en otro entorno, sobre todo con el paso de los años, aquello queda olvidado y solo recordamos lo que nos une y no lo que nos enfrenta.


Amistad, honor y rebeldía, pero también está el asunto de la homosexualidad que, si el cine de los últimos años ha tratado reiteradamente, en aquella época era un asunto aún poco o prácticamente nada habitual. Ya la escena de apertura tiene que ver con este asunto que cobra mayor relevancia cuando nos habla de la atracción que siente el capitán Yonoi por Cellier, que no es recíproca, aún cuando Cellier es consciente del sentimiento que despierta en el otro,  recibiendo un tratamiento sumamente delicado, incluso poético y simbólico, una más de las metáforas de las que está plagada la película que seguramente en algunos casos, no captamos los espectadores occidentales o, al menos, no interpretamos de la misma manera que los orientales.
La película está muy bien interpretada, con dos protagonistas, el coronel Lawrence, al que da vida, en una buena actuación que sabe captar perfectamente la esencia del personaje, Tom Conti y un magnifico Takeshi Kitano, dando vida al cuadriculado y borrachín sargento japonés en una notable interpretación, seguramente el personaje que más evoluciona a lo largo del film, de odioso a cercano. Lawrence y él representan esos lazos de camaradería de los que he hablado. Además, David Bowie y Ryuichi Sakamoto, que eran, en aquel momento, dos iconos de la canción, uno en occidente y otro en Japón, a los que también acercaba su aspecto andrógino y su peculiar belleza, resaltada en el caso de este último por un maquillaje que se hace evidente en el film, sobre todo en la sombra de ojos y el resalte de los pómulos.
Ryuichi Sakamoto es también, en un caso probablemente único en el cine, autor de la música, una partitura muy conseguida y con una melodía, Forbidden colours, que acompaña la magnífica escena inicial de la caminata del sargento Takeshi y el señor Lawrence, además de volver a sonar de forma recurrente a lo largo del film, para mí, una de las mejores melodías de la historia del cine.
Para el recuerdo la escena que supone el punto de inflexión del film, el beso de Cellier a Yonoi, sugerente, perturbadora y que encierra varias interpretaciones. Escena de esas que pasan a la historia del cine.




viernes, 14 de junio de 2019

LEBANON

Junio de 1982, primer día de la conocida como Guerra del Líbano, el día en que Israel entra en territorio libanés. Un solitario tanque y un pelotón de infantería, son enviados a reconocer un pueblo hostil que ha sido bombardeado por la fuerza aérea israelí. Lo que parece una misión sencilla se va escapando poco a poco de las manos y acaba convirtiéndose en una trampa mortal, en una pesadilla sobrecogedora.
Shmulik (Yoav Donat), el artillero, Assi (Itay Tiran) el comandante, Hertzel (Oshri Cohen), cargador, y Yigal (Michael Moshonov), el conductor, son la tripulación del tanque, el vehículo que en la operación recibe el nombre clave de "Rinoceronte".
Cuatro chicos muy jóvenes manejando una máquina de matar. Nunca se habían visto envueltos en una situación violenta antes, ahora ya no se trata de disparar contra barriles o contra blancos artificiales como durante la instrucción, ahora se trata de matar personas. No son luchadores impacientes por la batalla, la conquista o el sacrificio personal. Están atrapados en las redes absurdas e injustas de la guerra y aterrorizados por sus propios miedos. Son chicos valientes que pierden su inocencia de la forma más brutal, y que son destruidos mentalmente. Un instinto primario les llevará hasta el límite mientras luchan por sobrevivir a una situación que no pueden controlar por más tiempo, intentando desesperadamente, a su vez, no perder su humanidad entre el caos de la guerra.


El realizador, Samuel Maoz, veterano de guerra de Israel, reconstruye su propia historia en el frente del Líbano, en 1982.


Prácticamente todo el film transcurre en el interior del tanque, aunque de forma constante, nos asomamos fuera a través del visor que nos permite ver a los soldados que avanzan junto al vehículo, a los combatientes enemigos y toda la destrucción y el horror que la guerra está causando entre los civiles.
Hay quien ve un mensaje antibelicista, que yo, como tal, no hallo en ninguna parte del film, al menos de forma explícita. Lo que ocurre es que Maoz nos cuenta la guerra, así, tal cual, sin adornos, sin heroísmos y, al hacerlo de forma realista, vemos lo que ocurre en realidad. La guerra es sucia, cruel y fea, pero además de peligrosa, resulta incómoda, eso de las acciones heroicas queda muy bien, pero no es lo normal.
Allí vemos a los soldaditos del tanque rodeados de mierda (perdón por la expresión), meando en una lata, pisando una densa capa de fuel y viendo como el aceite lubricante se desliza por las paredes interiores del vehículo que se llena de humo cada vez que arranca. Mientras, ellos, están literalmente acojonados, no atinan a obedecer las órdenes, se muestran pusilánimes a la hora de disparar contra blancos dudosos, temiendo matar inocentes... Y es que si la guerra siempre ha sido cruel, la guerra moderna lleva esa crueldad a la sofisticación y en ella combaten, muchas veces, personas que no están preparadas para soportar la crueldad del momento, porque su vida civil nada tenía de dura, al contrario de lo ocurría en tiempos pretéritos.
Se acusa a la película de recurrir de forma reiterada al sentimentalismo fácil, y no es del todo incierto, como tampoco lo es que, a pesar de contar la vida en un tanque, no transmite sensación de agobio, aunque tal vez tampoco lo pretendía.
El caso es que el film, técnicamente está muy bien hecho y que nos ofrece una imagen bastante real de lo que es una guerra en la actualidad, otra cosa es si se considera que el mensaje de fondo es más o menos maniqueo, eso queda a la interpretación de cada espectador.
Un buen film bélico, con una mirada distinta de la guerra.




jueves, 13 de junio de 2019

PINK STRING AND SEALING WAX

Brighton, 1890. Un joven, hijo de un médico puritano, intenta escapar del represivo ambiente familiar y, sobre todo, de las restricciones que le impone su riguroso padre. Busca refugio en una taberna, donde se siente inmediatamente atraído por la sordidez de los bebedores y por los encantos de la tabernera.
La película tiene lugar en la Inglaterra victoriana y gira alrededor de los Sutton, una familia de clase media dominada por el patriarcal y pedante Edward Sutton (Mervyn Johns).
Somos testigos de la actitud áspera y conservadora de Edward hacia sus hijos, Peggy (Sally Ann Howes), Victoria (Jean Ireland) y David (Gordon Jackson). Edward acusa a David de escribir poemas y cartas románticas; obliga a Victoria a dar lecciones de canto a los hijos de sus clientes, en lugar de perseguir su sueño de convertirse en cantante profesional y priva a Peggy de dinero para alimentar a sus conejillos de indias que él emplea en sus experimentos científicos ante el horror de sus hijos.
Pearl Bond (Googie Withers), es la promiscua esposa del propietario de un pub de la que se enamora el único hijo de la familia Sutton, David  y Pearl decide aprovechar la información que sobre ciertos productos farmacéuticos y químicos le ha proporcionado el joven un día en que la lleva a la farmacia para curarle un corte en una mano. Aprovechando un descuido del muchacho roba unos polvos de uno de los frascos con los que pretende librarse de su marido envenenándole.


El guión se basa en una obra teatral en tres actos, escrita por Roland Pertwee.
Esta base teatral se nota en ciertas fases de la película, no solamente en las que transcurren en interiores, ya que algunas veces adopta algunas técnicas típicamente teatrales en la narración y en las transiciones.
Esto produce un efecto contradictorio en el espectador, por un lado, es probable que pudiera haber sido mejor adaptada al medio cinematográfico, pero, por otra parte, te hace sentir nostalgia por estas películas clásicas que empleaban este tipo de narración muy raramente utilizado en el cine moderno.
El título hace referencia a la forma de empaquetar algunos de los preparados y productos farmacéuticos en aquella época, envueltos en una especie de papel de estraza y atados con una cuerda similar a la que se utiliza actualmente en las pastelerías, cuyo nudo final se sellaba con lacre: Cuerda rosa y cera de sellar.


La película retrata las diferencias de clases, con los Sutton, una familia de clase media acomodada, por un lado y los Bond, un matrimonio de clase baja, por otro. Diferencia que se refleja no solo en el aspecto económico, sino, sobre todo, en su educación, los diferentes conceptos morales y, en general, sus respectivas actitudes ante la vida. También nos habla del conflicto entre generaciones, con los hijos de la familia Sutton que no entienden las actitudes de su padre con respecto a ellos que consideran anticuadas y restrictivas. Por último hay una cuestión de moralidad, alrededor de los manejos de Pearl y del intento de chantaje que hace con Edward Sutton, que invita a la reflexión. Lo mismo que el partido que toma hacia la conducta estricta de Edward para con sus hijos que, aunque no perfecta. considera más adecuada que la que tienen los Bond. El contraste entre las historias hace que la película no pierda el ritmo y mantenga el interés del espectador.
El film, más apoyado en los diálogos que en las imágenes y bastante bien interpretado, tiene algunos destellos de humor en sus diálogos.
La película, estrenada en 1945, supuso el debut como director de cine de Robert Hamer.




miércoles, 12 de junio de 2019

LAZOS DE GUERRA

Un grupo de arqueólogos coreanos encuentra un esqueleto y lo identifican como Lee Jin-seok (Won Bin). Pero Lee Jin-seok sigue vivo y ahora es un hombre mayor. Es su hermano Jin-tae (Jang Dong-gun) quien desapareció en la Guerra de Corea.
Viajamos a Seúl desde el presente hasta 1950, ciudad en la que Jin-tae Lee y su hermano estudiante de 18 años, Jin-seok Lee, forman una familia pobre pero feliz, con su madre, la prometida de Jin-tae, Young-shin Kim (Lee Eun-ju), y sus jóvenes hermanas. Jin-tae y su madre trabajan duramente y se sacrifican para enviar a Jin-seok a la universidad.
Cuando Corea del Norte invade el Sur, la familia escapa con idea de refugiarse en casa de un pariente, pero antes de emprender el largo viaje, Jin-seok se ve obligado a unirse al ejército para luchar en el frente, y Jin-tae, cuando trata de que dejen regresar a su hermano, también es reclutado forzosamente. El comandante le promete a Jin-tae que si puede ganar el premio más alto para un soldado surcoreano que es el cordón de Taeguk de la Orden del Mérito Militar, liberará a su hermano, y Jin-tae se convierte en el soldado más valiente de la compañía. Durante la batalla de Pyongyang, Jin-tae captura a un importante capitán norcoreano y finalmente recibe la medalla
Pero a medida que avanza la guerra, comienza a envenenar la mente de Jin-tae. Jin-seok ya no le reconoce y abomina de él, es entonces cuando regresa para ver a su madre enferma y se encuentra con el desorden y la venganza contra todo sospechoso de comunismo que reina en la retaguardia.


El conflicto entre las dos Coreas, que tuvo lugar en los años cincuenta y que, normalmente conocemos a través de la visión del cine de Hollywood, es retratado aquí por Kang Je-gyu de forma diferente a los estereotipos que la cinematografía estadounidense nos ha mostrado. De hecho, apenas se hace una breve mención a la llegada del ejército estadounidense a la península y prácticamente ninguna a las tropas de la ONU que tuvieron una intervención muy importante en esta guerra.
Aunque la relación, que se torna conflictiva, entre los dos hermanos es el eje de la película, todo transcurre de manera paralela a la acción bélica, con el trasfondo político que la originó y sus horribles consecuencias sobre la población civil.
Se retrata también el panorama de venganza y purgas que se vivió en la retaguardia, con fusilamientos masivos fundados en simples sospechas y queda patente el absurdo en que muchos hombres se vieron metidos sin tener demasiada idea de porqué estaban combatiendo en determinado bando. Hay una frase que resume este sinsentido, cuando un oficial superior le dice a Jin-seok que su hermano se ha pasado de bando y combate con los comunistas, y él responde: mi hermano no sabe lo que es comunismo, ni lo que es democracia.


Hacia el final de la película, cuando el ejército del norte parece derrotado, se nos habla también de la decisiva intervención china en el conflicto que sería lo que, a la postre, daría lugar a que Corea siga siendo un país dividido, al ayudar con su intervención a recuperar el terreno perdido por el régimen de Pyongyang, de manera que la frontera quedó prácticamente donde estaba antes del ataque del Corea del Norte, en el famoso Paralelo 38.
La historia, en algunos pasajes, resulta un tanto increíble, en parte porque en occidente no sabemos de la fuerza que tienen los lazos familiares en los países orientales y además hay que tener en cuenta que aquello sucedió hace setenta años, con las tradiciones mucho más presentes en la vida diaria.
Lo mejor del film son las secuencias de enfrentamiento armado, rodadas con gran realismo y que son reconocidas como de las mejores rodadas nunca en el cine bélico.
En la primera parte de la película se nos acerca a la situación de la familia Lee que, aunque no demasiado holgada económicamente, les permite vivir de su trabajo y pensar en enviar al hermano menor a la universidad. Su armoniosa vida, queda patente en la escena del arroyo, en la que toda la familia se baña y disfruta del frescor del agua en la cálida noche de Seúl, mientra se hacen bromas y ríen felices. A partir de ahí, el caos llega a la familia, como a tantas otras en sus circunstancias.
Una película que gracias a todas estas escenas, tanto las familiares como las bélicas y a un ritmo narrativo bastante bien llevado, aunque en algún momento se resienta un poco, se hace muy entretenida a pesar de sus dos horas y media de duración.




martes, 11 de junio de 2019

VIDA DEL EMPERADOR CARLOMAGNO (VITA KAROLI MAGNI IMPERATORIS)

Eginardo (770-840) fue un alto funcionario de la corte de Carlomagno. De origen germánico, se educa en la abadía de Fulda, desde donde pronto pasa a la denominada escuela palatina de Aquisgrán (que acabará dirigiendo). Muy joven entró en la corte de Carlomagno, el cual le encomendó algún asunto de importancia. Tuvo ocasión, pues, de conocer íntimamente y de tratar con asiduidad al famoso emperador, cuya fisonomía desfigurarán, engrandeciéndola y casi convirtiéndola en un mito, las tradiciones posteriores. Su Vita Karoli Magni Imperatoris, escrita originalmente en latín, es un documento que, si bien en algunos trechos no ofrece una garantía segura, tiene el gran valor de constituír la biografía de una persona perfectamente conocida por el biógrafo, en la que son constantes las reminiscencias de la biografías de los emperadores romanos escritas por Suetonio.
La obra está compuesta, además de por el prólogo, por una introducción y cinco libros. En la introducción, Einhard presenta su trabajo y sus objetivos. En el libro I habla de la caída de la dinastía merovingia y de los primeros carolingios, anteriores a Carlomagno. El libro II trata de las campañas militares y los problemas políticos de Carlomagno. El libro III describe la vida del emperador y de su familia. El libro IV se centra en los últimos años de su reinado y el libro V recoge una transcripción del testamento de Carlomagno y un elogio de Luis el Piadoso.
Hacia 828, cuando comienzan los graves enfrentamientos entre los nietos de Carlomagno que darán lugar a la división del Imperio (e indirectamente al nacimiento de lo que con el tiempo serán Francia y Alemania), Eginardo se retira a la vida privada y es entonces cuando escribe el libro sobre Carlomagno, en el que, además de los acontecimientos históricos más importantes de su reinado, se nos proporciona información muy precisa acerca de sus hábitos personales y sus gustos, sobre los que el autor tenía información directa.
A lo largo del libro, da otros detalles sobre su comportamiento, gustos, educación, aficiones, estudios, incluso su forma de vestir. Reproduzco aquí unos párrafos en los que Eginardo traza el retrato del Emperador:
De ancha y robusta complexión, era de estatura elevada, sin nada que le fuese, por otra parte, excesivo, pues media siete pies de alto, la cabeza, redondeada por su parte superior, grandes ojos vivos, la nariz un poco más larga que el término medio de los demás, hermosos cabellos blancos, fisonomía alegre y abierta. Daba también, exteriormente, sentado o de pie, una fuerte impresión de autoridad y dignidad, con lo que apenas se notaba que su cuello era grueso y su vientre un poco demasiado abultado, tan armoniosas eran las proporciones de su cuerpo. Sus gestos eran seguros y en conjunto, viriles. La voz era clara, sin concordar, no obstante, enteramente, con su aspecto físico. Dotado de buena salud, solo estuvo enfermo los cuatro últimos años de su vida, en que fue sorprendido por frecuentes accesos de fiebre y acabó incluso por cojear. Pero seguía todavía en sus trece, en vez de escuchar el consejo de sus médicos, a los que había aborrecido porque le aconsejaban renunciase a las carnes asadas, que le gustaban, sustituyéndolas por carnes hervidas.



lunes, 10 de junio de 2019

LA INFANCIA DE IVÁN

En la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial, Ivan Bondarev (Nikolay Burlyaev), un niño de fuertes convicciones que ha quedado huérfano, realiza trabajos de espionaje a favor del Ejército Rojo. Debido a su pequeño tamaño, es capaz de pasar por sitios que a un adulto le resultarían infranqueables y, además su condición de niño, hace que nadie sospeche.
A pesar de la aparente dureza de carácter, a menudo recuerda los momentos felices pasados al lado de su madre que, junto a su hermana, murió en la guerra, sueños que, por otra parte, siempre terminan de forma violenta.
Tras obtener y transmitir información del avance de una tropa alemana, su oficial superior, Gryaznov (Nikolay Grinko), quiere enviarlo a la escuela militar, porque piensa que el frente no es lugar para un niño, pero Iván le jura que si lo hace, escapará y se unirá a los partisanos. Tras un intento de darse a la fuga, Iván es finalmente autorizado a seguir con su trabajo.
La estancia de Iván en el frente, no es la única que está en cuestión, también la de Masha (Valentina Malyavina), una teniente de los servicios médicos, que algunos creen que no es lo suficientemente fuerte mental y físicamente para soportar los horrores de la guerra, mientras otros la anhelan románticamente.
Los superiores y camaradas de Iván, muchos de los cuales le ven como a un hijo, reflexionan sobre qué va ser de sus vidas si logran sobrevivir a la guerra.


El guión se basa en el cuento "Ivan" de Vladimir Bogomolov, que figura como coguionista en los créditos. Andrei Tarkovsky escribió en su libro "Sculpting in Time" (Esculpir el tiempo o Esculpir en el tiempo), en el que hace un recorrido por sus películas, que no encontraba el libro demasiado bueno, pero las historias que no están bien escritas le resultan más fáciles de adaptar al cine.


La narración tiene dos tramas que transcurren paralelas, una en tiempo presente y la otra, los recuerdos de Iván mientras duerme. En una se nos muestra la realidad en un frente cualquiera, en este caso a orillas del Dnieper. Ivan sueña con su madre, a la que recuerda con amor y con su hermana, a la que ve sonriente y, casi siempre, jugando con ella.
Las transiciones entre un tiempo y otro son de lo más conseguido de la película, recuerdo ahora la maravillosa escena del pozo al que Iván se asoma con su madre para ver reflejada una estrella en su fondo.
El film, que transcurre a ritmo pausado en general, está plagado de planos y secuencias que rozan lo poético y de gran fuerza visual, para el recuerdo el beso con la teniente suspendida en el aire en medio del bosque de sauces, las tensas imágenes del cruce del río cuando tratan de llevar a Iván tras las líneas enemigas, o la escena en que el anciano cierra la puerta de su casa sin muros, de la que solo ha sobrevivido el horno y que muestra esa irrealidad demencial en que caen algunos de los afectados por los conflictos bélicos.
La película apenas narra acciones bélicas, centrándose más en los personajes, combatientes anónimos y en las consecuencias de la guerra sobre quienes la padecen, pero es, sobre todo, el retrato de la inocencia perdida de un muchacho que, bajo la capa de dureza y determinación, esconde al niño que reaparece en los sueños, cuya infancia y todo lo que ella significa, le ha sido arrebatada para siempre.




viernes, 7 de junio de 2019

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO

En la noche de los tiempos, antes de la aparición del "homo sapiens", una tribu de primates lucha por su supervivencia en un entorno sumamente hostil, la presencia de un enigmático monolito, liso y de color negro, provoca en este grupo el descubrimiento de las armas y las herramientas con las que el hombre dominará el mundo. Una elipsis nos traslada desde la era prehistórica hasta la era espacial.
Millones de años después, otro monolito, enterrado en una luna, despierta el interés de los científicos.
Un transbordador de la Agencia Espacial viaja a la luna para estudiar el hallazgo de este monolito negro de origen extraterrestre, que ha permanecido enterrado desde hace millones de años. Este monolito emite la señal que guía a la nave Discovery rumbo a Júpiter. A bordo de esta nave viajan cinco astronautas, tres de ellos en hibernación. Allí conoceremos a los astronautas Dave Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood), además de al ordenador de a bordo, Hal 9000, dotado de inteligencia artificial, emociones y sentimientos.
En última instancia, Bowman y Poole creen que Hal no está funcionando bien, no saben que el comportamiento de Hal se debe al conocimiento de la información clasificada que tiene sobre los eventos en Clavius, un puesto de avanzada lunar. Sin embargo, el problema entre los astronautas y Hal se convierte en una lucha por la supervivencia. La misión en su totalidad tiene profundas consecuencias para la raza humana.
Pero, lo que los humanos desconocen es que en la memoria de la computadora hay una serie de instrucciones destinadas a cumplir una misión, y Hal no parará hasta llevarla a cabo.


Basada en la novela "Una odisea espacial", de Arthur C. Clarke, coguionista del film junto a su realizador Stanley Kubrick. Esta novela, a su vez, desarrolla el relato corto El centinela del propio Arthur C. Clarke.
La novela fue desarrollada paralelamente a la película y se publicó con posterioridad al estreno de esta.
El film no siempre sigue el argumento de la novela, incluso resulta más enigmático que el libro respecto al motivo del error de Hal.


¿Un film soporífero o una obra maestra? Esta es una de las controversias que se mantienen alrededor de la película 50 años después de su estreno.
Es claro que para mucha gente resulta un producto aburrido por los motivos de casi siempre en este tipo de películas, carencia de diálogos durante muchos minutos, largas secuencias en las que aparentemente nada ocurre y porque deja en manos del espectador la interpretación de lo que está viendo, solo da pistas que ha de saber interpretar quien la ve, porque a la postre es una película más de preguntas que de respuestas.


Como ocurre en otras ocasiones en que la película fundamenta gran parte de su atractivo en la espectacularidad visual y técnica, hay que situarse en la época. Ya digo que han pasado la friolera de 50 años desde su estreno y, a pesar de ello, el film, al menos en mi opinión, sigue sorprendiendo visualmente, sobre todo en la pantalla grande, porque es cierto que visto en una pantalla de televisión doméstica, pierde buena parte de su encanto y casi toda la espectacularidad.
La película es una reflexión sobre la evolución, sobre la inteligencia humana y también sobre la inteligencia artificial, una maravillosa parábola sobre el devenir de la humanidad y de la ciencia, cargada de simbolismo y cuyos parámetros se van cumpliendo con el paso de los años.
Con una reconocible banda sonora a base de piezas de música clásica, la película de Kubrick, marcó un antes y un después en el género de la ciencia ficción y para muchos, incluso reconocidos cineastas, es la película definitiva del género.




jueves, 6 de junio de 2019

LA IMAGEN PERDIDA (L’IMAGE MANQUANTE)

“Durante muchos años he buscado una imagen perdida: una fotografía tomada entre 1975 y 1979 por los Jemeres Rojos cuando gobernaban en Camboya. Por supuesto que una imagen por sí sola no puede ser la prueba de un genocidio, pero nos hace pensar, nos fuerza a meditar, a registrar la Historia. La he buscado en vano en archivos, en viejos papeles, en las aldeas de Camboya. Hoy lo sé: esta imagen debe estar perdida. Así que la he creado. Lo que les ofrezco no es la búsqueda de una imagen única si no la imagen de una búsqueda; la búsqueda que permite el cine. Algunas imágenes están perdidas para siempre y son reemplazadas por otras. En este proceso hay vida, lucha, dificultad y belleza, la tristeza de los rostros perdidos, la comprensión de lo que pasó: algunas veces nobleza e incluso coraje, pero nunca olvido”

Así explica lo que ha intentado con este film, el realizador del mismo, Rithy Panh, el camboyano que con 16 años, llegó a Francia procedente de un campo de refugiados de Tailandia.
La película es la tercera parte de la trilogía del realizador sobre el genocidio camboyano y en ella adapta algunos pasajes autobiográficos de su libro La Eliminación.
“Busco mi infancia como una imagen perdida. O, más bien es ella quien me reclama. ¿Es porque tengo 50 años?”. Con estas últimas palabras del realizador comienza el magnífico documental.


La tranquila adolescencia de Rithy Panh, hijo de un profesor de Phnom Penh, se rompió el 17 de abril de 1975, cuando la guerrilla comunista de los Jemeres Rojos entró en la capital camboyana. Siguiendo las órdenes de Pol Pot, ideólogo de extrema izquierda seguidor de Mao y alzado al poder con el apoyo de un campesinado muy pobre, aquellos soldados fanáticos consiguieron en pocas horas vaciar las ciudades del país y enviar por la fuerza a sus habitantes a trabajar en los campos y los arrozales. En cuatro años, los Jemeres Rojos hicieron desaparecer una generación entera.
Para contar la historia de esta época, Panh buscó imágenes de este periodo atroz, pero no encontró nada, porque esas imágenes que a Panh le abrasan la memoria, las de los crímenes masivos que presenció, hoy son imposibles de encontrar, el régimen de Pol Pot se encargó de no dejar rastro. Entonces creó imágenes ausentes usando figuras de arcilla y dioramas. Con una belleza inusual, la narración retrata una pesadilla histórica, el trauma y la memoria de una sociedad.


El realizador pudo haber recurrido a las clásicas entrevistas con los supervivientes de la tragedia, sin embargo se decidió por esta original presentación que es cierto que en ocasiones puede resultar algo monótona, pero que logra transmitir toda la crudeza de aquella tragedia que despojó a quienes la padecieron de todo rastro de dignidad.
De paso, Rithy Panh trata de espantar sus fantasmas o, al menos, reconciliarse con ellos. Una tragedia que quedó grabada a fuego en su interior y que le hace sentirse culpable de haber sobrevivido y de no haber podido ayudar al resto de su familia y a otros a quienes vio padecer y morir. Esa es la verdadera tragedia que les ha quedado a quienes salvaron la vida.


En un mundo, como el nuestro, saturado de imágenes, a veces faltan las más importantes; porque no se filmaron en su día o porque se destruyeron después.
En un mundo donde las innovaciones en materia de transportes restan importancia a la distancia geográfica, el genocidio de Camboya ocurrió hace apenas cuarenta años a solo unas horas de vuelo de la puerta de nuestras casas; y, sin embargo, de todo aquello solo conocemos la breve noticia de los libros de historia y un puñado de escalofriantes imágenes posteriores de montañas de calaveras respetuosamente mostradas a los turistas.




miércoles, 5 de junio de 2019

CIUDADANO KANE

Un destacado magnate estadounidense, Charles Foster Kane (Orson Welles), dueño de una importante cadena de periódicos, de una red de emisoras, de dos sindicatos y de una inimaginable colección de obras de arte, muere en Xanadú, su fabuloso castillo de estilo oriental. La última palabra que pronuncia antes de expirar, ”Rosebud”, cuyo significado es un enigma, despierta una enorme curiosidad tanto en la prensa como entre la población. Así, un grupo de periodistas emprende una investigación para desentrañar el misterio de este hombre millonario, periodista, político, hombre influyente en su época y desafortunado en sus relaciones personales.
Al día siguiente de su fallecimiento, todos los medios se hacen eco de su figura:
"Charles Foster Kane, muerto tras una vida enteramente consagrada a la acción", titula un periódico. "Una carrera tempestuosa llega a su fin. Pocos lamentarán su muerte", publica el Chronicle. "Para 44 millones de lectores de diarios americanos, la reputación de Kane, el magnate más prestigioso de todos los tiempos, sobrepasaba la de todas las celebridades que figuraban en los titulares de sus periódicos", narra un noticiario. "Kane apoyó la entrada de su país en una guerra y se opuso a su participación en otro conflicto. Hizo elegir, por lo menos, a un presidente de los EEUU. Luchó a favor de millones de americanos y fue odiado por un número todavía mayor. Durante 40 años no hubo acontecimiento sobre el que no manifestara abiertamente su opinión. No hubo tampoco ningún hombre público a quien Kane no sostuviera personalmente o cuya acción no denunciara o a quien no defendiera para abatirle más tarde", continúa un locutor de radio.


La soledad del dinero. Esto es algo que hemos visto y oído muchas veces, no solo en la ficción, también en la vida real. Esas vidas regaladas, sin preocupaciones económicas que sin embargo no satisfacen a quienes la viven. Rodeados de personas, se sienten más solos que un náufrago en una isla desierta. Esa es la vida del protagonista del film y esa soledad en medio de la multitud, esa falta de amistades verdaderas, de cariño, es lo que narra la película. Eso y algo más, claro, porque también refleja la vida de una persona que se cree por encima del bien y del mal y para quien resulta natural que sus deseos se cumplan y que los demás les tomen por infalibles en sus decisiones. Por eso se sorprende y contraría cada vez que aquello no resulta así y alguien le planta cara.


Regularmente incluida en el Top 10 de las mejores películas de todos los tiempos y, de forma recurrente, ocupando el primer lugar en esas listas, Ciudadano Kane es víctima de su propia fama, porque hay gente (más de la que pudiera parecer) a la que le resulta un tostón o, cuando menos, una película normal y corriente, larga y aburrida. Y es que ante tales expectativas, uno espera encontrarse ante el no va más del cine, incluído el entretenimiento.
Y eso no es así, porque los principales valores del film, lo que hace que los críticos consideren que hay un antes y un después de este film, son los técnicos y artísticos: La situación de la cámara, los encuadres, la genial utilización de la iluminación, la profundidad de campo... Y eso hecho por un joven que apenas tenía 25 años y que, en opinión de muchos, jamás volvió a superar lo que había logrado con esta película.
Por eso, porque no todo aficionado al cine entiende, ni tiene por qué, de estos aspectos, ni los valora, respeto mucho a aquellos a quienes no les gusta esta película y lo dicen, so pena de ser tachados de analfabetos cinematográficos.


Dicho todo esto y con respeto a todas las opiniones, esta historia de quien lo tiene todo, materialmente hablando, y que a la hora de su muerte lo que recuerda es su niñez sobre la nieve, cuando era poco menos que pobre, pero era feliz, me parece, no sólo por las cuestiones técnicas antes mencionadas (que también), sino por la manera en que, entre sombras y luces, picados y contrapicados y excelentes actuaciones, narra la oscura avaricia del alma humana, una película que, al menos, hay que ver una vez en la vida.




martes, 4 de junio de 2019

LA ÚLTIMA GUERRA DE ÁFRICA (CAMPAÑA DE IFNI-SÁHARA)

El 23 de noviembre de 1957, varios miles de guerrilleros marroquíes encuadrado en el llamado Ejército de Liberación Marroquí (ELM) se lanzan a la ofensiva contra los territorios españoles en Ifni y luego en el Sáhara. Fue el comienzo de un conflicto que los servicios de información españoles ya preveían, aunque, supongo que por razones sobre todo económicas, habían ido dejando pasar sin tomar todas las precauciones que hubieran sido deseables.
Un conflicto sometido a una férrea censura informativa, del que en la Península se tenían contadas noticias según conviniera al régimen de Franco.
El general Rafael Casas de la Vega, historiador además de militar, maneja multitud de datos, en algún caso casi abrumadores y que le hacen a uno perderse un poco, que le han permitido la redacción de esta interesante obra en la que lo más destacable es, precisamente eso, los numerosos y detallados datos que aporta y el testimonio de personas que estuvieron involucradas directamente en el conflicto, unas veces mediante entrevistas con el autor y otras, por testimonios escritos, como el jugoso diario que escribió el sargento de caballería Antonio Soto García, del Grupo Expedicionario del Regimiento de Santiago nº 1 de Caballería, con base en Alcalá de Henares, llegado a El Aaiún a finales de enero de 1958 y muerto en combate el 10 de febrero del mismo año.
El libro cuenta los antecedentes del conflicto, surgidos a partir de la independencia de Marruecos, cómo era la vida en las colonias, el desarrollo del conflicto y la resolución del mismo. Al mismo tiempo, unas veces de forma explícita y otras leyendo entre líneas, vemos la penuria que había de afrontar el ejército español, mal dotado, pobremente vestido, calzado con alpargatas y, en ocasiones, hasta mal alimentado, a pesar de lo cual, a base de bravura e ingenio, supieron hacer frente con éxito relativo, a esta guerra no declarada en la que una fuerza, con el convencional nombre de "Ejército de Liberación", pretendía expulsar a España de sus dominios en el África Occidental. Un enemigo aún peor armado que los españoles, pero que contaba con la ventaja de un conocimiento perfecto del terreno y una envidiable capacidad de blanco a cargo de sus tiradores, además de la colaboración del las Fuerzas Armadas de Marruecos, en cuyo territorio, tenía sus bases y sus centros de suministro y la más que probable anuencia de los EE.UU.
Solamente la mayor potencia del ejército español que, en su momento llegó a desplegar más de 7.000 efectivos y a contar con apoyo aéreo, pudo doblegar a las bandas insurrectas. Unidades de La Legión, de Tiradores de Ifni, de la Policía Indígena y las Banderas Paracaidistas, que recibieron aquí su bautismo de fuego, llevaron el peso de la acción, apoyadas por unidades de caballería, artillería, zapadores, intendencia, automovilismo, ingenieros, transmisiones, armada, aviación, etc, desplazadas en grupos expedicionarios
El 24 de febrero de 1958, tuvo lugar el último combate entre fuerzas rebeldes y el Batallón de Cabrerizas. Las armas dejaban sitio a la negociación política y acababa la guerra en unos territorios que España terminaría abandonando años después, a pesar de no haber sido derrotada en el campo de batalla.
Algo menos de mil bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos, es el triste balance para España de un conflicto, aún más tristemente desconocido y olvidado.



lunes, 3 de junio de 2019

SUSPIRIA

Suzy Bannion (Jessica Harper) es una estudiante de ballet estadounidense muy impresionable que viaja a Alemania para estudiar en una exclusiva academia de baile en la Selva Negra.
El día de su llegada, bajo un tremendo aguacero y ante su desesperación, se niegan a abrirle la puerta de la academia, por lo que ha de regresar en el taxi que la trajo, a la ciudad.
Al día siguiente es recibida por la Sra. Tanner (Alida Valli), instructora, y Madame Blanc (Joan Bennett), vicedirectora, que le piden disculpases y esta última se muestra muy amigable con Suzy, especialmente cuando se entera de que conoce a su tía. Los detectives están investigando el asesinato de Pat,  una alumna de la academia que ha muerto el día anterior y aunque la Sra. Tanner intenta apresurar a Suzy, esta ofrece algunos datos de forma voluntaria.
Esta situación y algunos otros detalles, como haber sido trasladada a los dormitorios del internado sin su consentimiento, cuando el día antes se la había alojado en un edificio exterior, la hacen darse cuenta de que ocurren cosas raras en la institución académica.
Después de que una de las estudiantes y su amiga son asesinadas horriblemente, Suzy descubre que la academia tiene una historia extraña y, a medida que aumenta el número de cuerpos, se ve envuelta en un espantoso laberinto de asesinatos, magia negra y locura. Aguantando una lluvia de gusanos, comida envenenada y otros sucesos desagradables, descubre que la escuela es un lugar de reunión secreto para un aquelarre de brujas.


El guión se basa en una parte de unos textos autobiográficos que, bajo el título de Suspiria de profundis ("suspiros desde las profundidades"), publicó el ensayista inglés Thomas de Quincey en 1845, en forma de entregas en el Blackwood's Edinburgh Magazine.


Ciertamente, la trama es básica y el guión está plagado de lagunas, con unas actuaciones bastante mediocres (además las voces, como en la mayoría de las películas italianas, están dobladas). Sin embargo, técnicamente resulta impecable, utilizando sistemas complejos de iluminación, técnicas de procesamiento intenso de la película, cámaras guiadas por cable y grabación de música multicapa.
Los colores desbordantes, la música inquietante y los ángulos de cámara poco convencionales, contribuyen a transmitir la impresión al espectador de que está dentro de una pesadilla.
Aspectos también destacables son la escenografía de Giuseppe Bassan, que recrea espacios art nouveau y la banda sonora del mítico grupo Goblin, además de un reparto femenino que reúne a jóvenes promesas del momento como Jessica Harper y Stefania Casini, con viejas glorias como Alida Valli o Joan Bennett.
La película resulta excesiva y, vista hoy, un tanto inocente, en el empleo de efectos especiales, con una sangre que parece pintura sintética, un vino que también lo parece, ya que cuando Suzy lo vierte en el lavabo no hay manera de quitarlo y algunos giros de guión que no tienen explicación alguna, con personajes que aparecen y desaparecen por las buenas o cuando al realizador le conviene, de forma que, en ocasiones, el argumento pierde el norte, hasta que obliga al espectador a dejar de preguntarse cosas tales como por qué si la chica llega a Alemania, de repente estamos en Suiza y cosas así.


Un par de anécdotas para acabar:
La idea original del director Darío Argento era que la escuela de ballet acogería a niñas menores de doce años. Sin embargo, el estudio y el productor Salvatore Argento (su padre) rechazaron su solicitud debido a que una película que involucre a niños de forma violenta sería casi seguramente prohibida. Darío elevó la edad de las niñas a veinte años, pero no reescribió el guión, de ahí la ingenuidad de los personajes y el diálogo ocasionalmente infantil. También colocó todos los picaportes más altos de los habitual para que tuvieran que levantar los brazos para abrir las puertas, igual que los niños.
La segundo anécdota tiene que ver con nuestro Miguel Bosé, que tiene un papel en el film como uno de los alumnos de la academia que flirtea con la protagonista. En un par de secuencias se marca unos pasos de ballet clásico bastante apañaditos.




viernes, 31 de mayo de 2019

DÍAS DEL CIELO

Bill (Richard Gere), su novia Abby (Brooke Adams) y su joven hermana Linda (Linda Manz) se ven obligados a huir de Chicago cuando Bill mata accidentalmente al capataz de la fábrica de acero donde trabaja tras haber tenido un enfrentamiento con él. Esta circunstancia será una ocasión para huir de la pobreza y la dura vida de la ciudad.
Los tres suben a un tren y llegan a una plantación de cereales en el centro de Texas en la que los amantes se hacen pasar por hermanos para evitar habladurías. Bill asegura el trabajo para ellos como recolectores al mentirle al capataz (Robert J. Wilke) sobre su experiencia previa, de la que, por supuesto, carecen.
Están convencidos de que el dueño de la granja padece una enfermedad que acabará con su vida en el plazo de un año y Bill convence a Abby para que se case con el terrateniente, y aprovecharse así de su fortuna.
El capataz de la granja, sin embargo, no se fía de ellos, siempre ha estado descontento con la forma de trabajar de Bill y considera que los tres son unos estafadores, pero cuando se lo dice a su jefe, este le envía a sus tierras más al norte. Cuando el resto de trabajadores abandonan la granja al acabar la cosecha, el granjero (Sam Shepard), se casa con Abby.
Los cuatro pasan un año idílico en la granja, jugando en el río y en los campos y haciendo muchos picnics. La salud del granjero se recupera rápidamente, y ya no parece estar cerca de la muerte. Él trata a Bill como a un hermano, pero se da cuenta de que Bill ha comenzado a sentirse inquieto e irritable. Bill nota que Abby está empezando a enamorarse del granjero, aunque en realidad ella tiene su corazón dividido entre su amor por los dos hombres. Durante la visita de un circo italiano, el granjero comienza a sospechar que Bill y Abby son amantes. Cuando Abby le dice esto a Bill, él decide abandonar la granja con la troupe del circo.


Ambientada en 1916, la película fue premiada con un Oscar, el de mejor fotografía. Al frente de este apartado estaba el barcelonés Néstor Almendros. Formado en Cuba y habitual del cine francés, donde se le encuadró dentro de la llamada Nouvelle Vague, su primera impresión sobre Terrence Malick fue de agradable sorpresa por lo que este entendía de fotografía.
El trabajo del operador español no estuvo exento de polémica, por un lado no podía estar él mismo tras la cámara debido a problemas de sindicación. Daba las instrucciones y un operador norteamericano rodaba. Además, tanto él, como Malick, querían rodar en lo que se llama la hora mágica, el momento del atardecer o amanecer en el que el sol todavía no se ha ocultado o aún no ha salido en el horizonte, pero sus rayos iluminan tenuemente el cielo, proporcionando una luz muy suave y difusa, de colores muy cálidos y extraordinaria calidad. Esto permite rodar solamente durante 20 minutos si las condiciones son favorables. Los técnicos norteamericanos mostraron siempre su rechazo a este sistema, pero Almendros estaba apoyado por el director y siempre que pudo, empleó este tipo de luz, logrando imágenes de una gran naturalidad y de un gran atractivo.
Además, los últimos días de rodaje fueron fotografiados por el operador norteamericano Haskell Wexler, que se quejó amargamente de haber sido acreditado exclusivamente como autor de la fotografía adicional, lo que impidió que pudiera compartir el premio con Almendros.


El film nos cuenta los recuerdos de la hermana del protagonista, cuya voz en off es utilizada a veces en la narración, a pesar de que la historia está más apoyada en la imagen que en la palabra. Los diálogos son breves y rotundos y la imagen está impregnada de lirismo y belleza, con algunas escenas realmente memorables como la de la plaga de langostas o el incendio nocturno de los campos.
Las interpretaciones no son destacables, dando la impresión de que al realizador, no le importan tampoco demasiado y se centra más en la fuerza visual de su obra que es realmente una sinfonía de colores y paisajes con secuencias que recuerdan obras pictóricas y esa magia que consigue Malick al retratar el sutil movimiento de la vegetación, en este caso los campos de trigo.