miércoles, 20 de noviembre de 2019

UN PROFETA

Malik El Djebena (Tahar Rahim), un francés de origen árabe, ingresa en la prisión de Brécourt para cumplir una pena de seis años por haber agredido a unos agentes de policía con un arma blanca. Aunque ha pasado la mayor parte de su vida en centros de detención juvenil, este es su primer periodo en una prisión para adultos.
Al principio la vida en la cárcel le resulta muy dura porque está completamente solo y desprotegido en un ambiente de corrupción y violencia en medio del enfrentamiento entre corsos y árabes, aunque él no tiene ni amigos, ni enemigos dentro y solo aspira a pasar su tiempo en paz, aún cuando no tiene perspectiva alguna de vida cuando salga, ya que es analfabeto y carece de apoyos fuera del presidio, pues no tiene familia. Sin embargo, un asunto de ajuste de cuentas, hace que la mafia corsa que, con sus conexiones entre los guardias, maneja todo lo que sucede en la prisión, se fije en él. El jefe de los corsos, un sádico llamado César Luciani (Niels Arestrup), le recluta y el inocente Malik, no ve otra salida que aceptar cooperar y cumplir el encargo de Luciani de matar al árabe Reyeb (Hichem Yacoubi). Al hacerlo bajo la protección del poderoso mafioso, contará con el apoyo del clan corso, aunque estos solo ven a Malik como un árabe al que tratan como a un criado, mientras los musulmanes ahora desconfían de él.
Malik se hace amigo de Ryad (Adel Bencherif) que le enseña a leer y escribir y se convierte en su mejor amigo. Mientras tanto, César utiliza a Malik para ayudarlo fuera de la prisión en su sucio negocio con los casinos. Malik también aprende a traficar con drogas y escala posiciones en la jerarquía de la mafia de Luciani.


Historia de evolución y aprendizaje del protagonista, lo que no quiere decir que esto se produzca por el camino considerado correcto, eso no le interesa al realizador que se limita a exponer esta circunstancia dentro de un entorno nada propicio para que las cosas vayan por el buen camino.
Un joven al que la vida ha llevado por determinados derroteros, que ha de pasar de la adolescencia a la juventud en un ambiente duro y hostil, incluso cruel y despiadado y no tiene más remedio que aprender a marchas forzadas para salir adelante. Claro, la cosa es de quién aprende, pues de quienes tiene cerca: delincuentes, algunos muy peligrosos.
Malik se nos revela como un tipo inteligente no exento de recursos, que se las apaña para navegar por este mar proceloso del presidio, consiguiendo nadar y salvar la ropa, aunque en ocasiones, sea después de sufrir reveses física y moralmente dolorosos.


Buen guión y una soberbia dirección de actores que ayuda a las buenas interpretaciones que consiguen, pero sobre todo, lo que más ha llamado mi atención es que casi siempre parece real y, desde luego, creíble. Te sientes dentro de la cárcel y sientes el peligro y los agobios a que están sometidos quienes están allí dentro, por momentos resulta muy natural, como si no estuvieran actuando y estuvieras presenciado la vida real del recinto carcelario.
A ello se une que la película sabe mantener una buena dosis de intriga por conocer cómo se van a ir resolviendo los problemas que van jalonando la vida de Malik en la cárcel y fuera de ella.
En cierto sentido es también un estudio sociológico del estado de las prisiones francesas, retrata bastante bien el posible ambiente que se puede vivir en ellas, cada vez más pobladas de extranjeros o descendientes de ellos, un buen número de los cuales son musulmanes.
No hay valoraciones morales, simple retrato de los hechos y cada cual que saque sus propias consecuencias de un film que resulta muy interesante a mi modo de ver, entretenido, a pesar de sus dos horas y media de duración y de notable calidad en general.




martes, 19 de noviembre de 2019

BAILÉN

Gabriel Araceli, repuesto de las heridas recibidas en la jornada madrileña del 2 de Mayo, es llevado por la trama novelesca a Andalucía, donde tiene ocasión de tomar parte en esta famosa batalla de la Guerra de la Independencia en la que los improvisados ejércitos de Castaños y los «garrochistas» andaluces derrotaron e hicieron capitular a los ejércitos franceses del general Dupont.
A pesar del protagonismo del conflicto bélico, Galdós no se despreocupa de sus protagonistas y así seguimos los asunto del joven Araceli y sus amores con Inés.
Tras sobrevivir al fusilamiento a que fue sometido en Madrid, se recupera en casa de doña Gregoria y su marido, Santiago Fernández —conocido en su barrio como el «Gran Capitán»—. Ellos serán los encargados, entre toques irónicos y humorísticos, de ponernos al día de los últimos lances en el enfrentamiento entre las tropas francesas y quienes les hacen frente. Sin embargo, el principal interés de la escena doméstica es la participación en la charla de Santorcaz, figura enigmática que alcanzará un peso importante en el desarrollo posterior de la novela. Con él viajará Gabriel a tierras jiennenses, un trayecto que Galdós convierte en una especie de homenaje a Cervantes y su Don Quijote, pues Santorcaz, como atrapado y enajenado por el paisaje manchego, cree verse en Austerlitz, batalla en la que, según él, participó. El viaje seguirá en compañía del muchacho Andresillo Marijuán y del Mayorazgo don Diego, heredero de la Condesa de Rumblar, mediante los que Galdós enlaza con la antigua trama.
Al tiempo, el autor intercala de cuando en cuando breves retazos de lo que está suponiendo el enfrentamiento entre el antiguo y el nuevo régimen, quienes defienden las ideas tradicionales y aquellos que aspiran a unirse a la modernidad de los tiempos y que constituirá alguna de las líneas temáticas de futuras entregas de esta magna obra.
En esta cuarta novela de los Episodios Nacionales, se rememora pues, con detalle, la derrota del bloque enemigo ante un ejército que logró imponer su sentir patriótico frente a la amenaza foránea, la considerada como primera gran derrota de los ejércitos napoleónicos en campo abierto. El rigor histórico y la ficción literaria vuelven a crear una combinación única que continúa dando respuesta a las inquietudes de los lectores deseosos de ver los vaivenes de los enamorados dentro de un contexto beligerante como telón de fondo.



lunes, 18 de noviembre de 2019

MOTHER

En la provincia de Pusan, en Corea del Sur, vive el joven Yoon Do-joon (Won Bin), tan ingenuo e inmaduro, a pesar de que tiene 27, que su madre (Kim Hye-ja), que lo tuvo de soltera, sigue cuidando de él. La conducta del muchacho es estúpida cuando no, sencillamente peligrosa y constituye una fuente de constante preocupación para todos.
Cuando un automóvil golpea a Do-joon, él y su amigo Jin-tae (Goo Jin), corren tras el auto, encontrándolo estacionado en un club de golf, en el que Do-joon se entretiene recogiendo pelotas perdidas. Más tarde avistan al conductor y los pasajeros del Mercedes en uno de los carritos del campo y comienzan una pelea con ellos, acabando todos en la comisaría de policía.
Al caer la noche, Do-joon se encamina hacia el bar Manhattan para encontrarse con Jin-tae que no llega; cuando Do-joon regresa a casa, ve a Moon Ah-jung (Hee-ra Mun), una muchacha de las consideradas fáciles, caminando sola por un callejón y entrando en una casa abandonada. A la mañana siguiente, Ah-jung es encontrada muerta en la terraza de la casa. Los detectives encuentran una pelota de golf con el nombre de Do-joon escrito a rotulador cerca de su cuerpo y concluyen que el muchacho es el asesino, procediendo a su arresto, firma una confesión y es acusado de asesinato. Sin embargo, su madre sigue sus instintos creyendo que su hijo es inocente y el chivo expiatorio del incompetente departamento de policía y busca la verdad poniendo al descubierto una realidad terrible.


Que yo sepa esta película no llegó a estrenarse en España, siendo distribuída directamente en DVD.
Mantiene algunas constantes del cine de Bong Joon-Ho, un cierto humor negro, una policía algo inepta y que no duda en acudir a la brutalidad para obtener confesiones, una técnica cinematográfica depurada, con algunas secuencias que son pequeñas joyas por sí mismas y un magnífico estudio de los personajes.


Quizá este film no tiene giros tan bruscos como algunas otras películas del mismo autor, siendo su relato más fluído, lo que no obsta para que la resolución de la historia resulte sorprendente y trágica.
Mezcla de géneros, algo que tan bien sabe hacer el realizador coreano, junto a la trama policial del asesinato y búsqueda del culpable, asistimos a una historia de amor que raya en lo enfermizo entre madre e hijo, un amor que va más allá de lo razonable hasta hacerse incondicional, por encima de cualquier evidencia en contra.
Los personajes, que desprenden ternura y coraje en el caso de la madre, están muy bien interpretados, sobre todo en el de esta, una conocida actriz coreana de televisión, por la que estuvo esperando el realizador hasta cinco años para poder trabajar con ella y, contemplando los resultados, no me extraña que tuviera esa paciencia para lograrlo.




viernes, 15 de noviembre de 2019

EL SECRETO DE SUS OJOS

Benjamín Espósito (Ricardo Darín) es oficial de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires recién retirado. Obsesionado por un brutal asesinato ocurrido veinticinco años antes, en 1974, decide escribir una novela sobre el caso, del cual fue testigo y protagonista. Reviviendo el pasado, viene también a su memoria el recuerdo de una mujer, a quien ha amado en silencio durante todos esos años.
Ese caso es la brutal violación y asesinato de Liliana Coloto (Carla Quevedo). Además del dolor extremo del esposo de la víctima, Ricardo Morales (Pablo Rago), Benjamín, su asistente Pablo Sandoval (Guillermo Francella) y la entonces recién contratada jefa del departamento Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil) se vieron personalmente afectados por el caso, ya que Benjamín y Pablo investigaron al asesino, de ahí la razón por la cual el insatisfactorio cierre del caso siempre les ha molestado. A pesar de que el departamento ya tenía otros dos sospechosos, Benjamín y Pablo finalmente estaban seguros de que un hombre llamado Isidoro Gómez (Javier Godino) es el verdadero asesino.
Intenta hablar con los actores clave del caso, más específicamente con Irene, que todavía trabaja en el departamento de justicia y a quien siempre le atrajo pero nunca lo manifestó debido a las diferencias en sus edades y clases sociales. El otro problema es que Gómez todavía está en libertad, nadie sabe si está vivo o muerto.


El guión se basa en la novela "La pegunta de sus ojos", de Eduardo Sacheri, también coguionista del film junto a Juan José Campanella.
Entre los muchos premios que obtuvo la película, destaca el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.


Estupendo film del argentino Juan José Campanella que se soporta en un sólido guión y en un estupendo trabajo de actores, con diálogos sobresalientes y salpicado de algunas gotas de humor que ayudan a distender un poco la tensión de la historia que, a su vez, merced a giros, casi siempre procedentes del pasado que se nos muestra a través de flashbacks, mantiene muy bien la intriga que marca uno de los principales intereses del film.
El otro es la historia de amor peculiar que viven Benjamín e Irene, un amor latente que siempre queda en el estadio inmediatamente anterior a su eclosión debido a los miedos del protagonista masculino, no queda muy claro si es por miedo al compromiso o por las diferencias de clase y edad que existe entre ambos.
En el trasfondo, la situación de la Argentina del momento (1974) cuando se produce el crimen, que no aparece en primer plano en la narración, pero siempre está latente y es la que explica algunos de los acontecimientos que dan lugar a que la historia tome los derroteros que toma, entre ellos, los más evidentes, la corrupción y la manipulación de la justicia en favor de determinados intereses.
Para acabar de redondear el resultado final, está muy bien realizada, con planos realmente maravillosos y bien estudiados de gran nivel artístico y técnico. Por señalar un par de ellos, el espectacular plano secuencia del estadio de fútbol, cuando Benjamín y su amigo y compañero Sandoval, localizan y persiguen al criminal; y otro, lleno de poesía, técnicamente perfecto y que sabe emplear de modo artístico algunos de los recursos que ofrece el cine, es el momento final de la despedida en la estación, no el que se ve al comienzo del film (que también está muy bien hecho), sino el que aparece a los 95 minutos, con Darín mirando desde el último vagón e Irene reflejada en los cristales, sobre el andén con sus sueños de futuro rotos.
Gran película, buena historia, interpretaciones de alto nivel y estupenda realización. Para disfrutar.




jueves, 14 de noviembre de 2019

LA CONDICIÓN HUMANA I (NO HAY AMOR MÁS GRANDE)

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Kaji (Tatsuya Nakadai), un japonés pacifista, se ve a punto de ser convocado a filas, lo que le llena de desasosiego y frustración. Está comprometido con Michiko (Michiyo Aratama), sin embargo, se resiste a casarse porque no sabe si volverá con vida del frente.
Sin embargo, un informe que escribió tiempo atrás sobre el trato justo a los trabajadores de las minas que podría redundar en un aumento de la producción, es tenido en cuenta por la compañía para la que trabaja y su director le propone llevar a la realidad lo que ha planteado sobre el papel, para lo que le ofrece un puesto como supervisor laboral en la alejada y pequeña población de Loh Hu Liong, en Manchuria, entonces ocupada por los japoneses. Aceptar el puesto le supondría la exención del servicio militar, por lo que Kaji acepta y, tras casarse, se dirige hacia allí para incorporarse a su nuevo puesto.
Apenas llega, es consciente de las duras condiciones en que desarrollan su labor los trabajadores locales contratados, mal alimentados y mal pagados, lo que ocasiona que muchos de ellos abandonen el trabajo para no volver, algo que dificulta conseguir los objetivos de producción. Por iniciativa de Kaji, varios capataces son despedidos debido a sus métodos de control, mientras él trata de mejorar las condiciones de vida de los obreros.
La situación se complica con la llegada de 650 prisioneros chinos a la mina. El temido KEMPETAI (la policía militar), amenaza con duras represalias a los encargados de la mina si alguno de los prisioneros escapa, para evitar lo cual, obligan a separarlos del resto de trabajadores y a cercar el lugar en que se instalan con alambre electrificado.
Por su parte,Kaji tratará de equiparar el trato a los prisioneros con el del resto de trabajadores, sin embargo, aquellos a quienes despidió y alguno de los que continúan, ven la ocasión de tomar venganza urdiendo un plan para facilitar la fuga de los prisioneros y desprestigiar así al nuevo supervisor
El odio acumulado acaba estallando y ello tendrá dramáticas consecuencias.


El guión se basa en una novela escrita en seis volúmenes, de Jumpei Gomikawa. Aunque había sido un éxito de ventas, ningún estudio se atrevía a producir su traslado a la pantalla, por la extensión del texto y por tratar un tema tan delicado (estamos a finales del los años 50), como el de la II Guerra Mundial y los crímenes cometidos por los japoneses durante la misma. Sin embargo, al final se llevó a efecto. Aunque son tres películas, divididas cada una en dos partes, los expertos y muchos críticos, consideran esta producción como una unidad, lo que la convierte en la película de ficción más larga de la historia, con nueve horas y media de duración.
Lo cierto es que las películas alcanzaron gran éxito de público y, al parecer, en Japón se realiza una vez al año, una especie de marathón, con la proyección de los tres films y las entradas se agotan.


Kaji es un humanista con la desgracia de haber nacido en el momento y lugar equivocados. En un instante de la historia reciente en que el mundo está dividido en dos partes enfrentadas, el planeta incendiado por una guerra y los nacionalismos, el racismo y todos esos "ismos" que son la peor plaga de la humanidad, en pleno apogeo, un hombre pretende estar por encima de banderas, ideologías y territorios y ver en los demás únicamente a sus semejantes.
Salvo algunos que, a modo de apóstoles de esta especie de redentor que lucha contra la corrupción y la injusticia, saben apreciar su esfuerzo, la gran mayoría le mira con recelo. Sus compatriotas ven en él a un traidor y los enemigos de su país, desconfían de él precisamente por ser Japonés. Como dice Kaji: "Yo no tengo la culpa de ser japonés y, sin embargo, ese es mi mayor pecado".
Al final, salvo esos pocos que reconocen la lucha de ese hombre por sus semejantes, todos le volverán la espalda y las consecuencias serán terribles.
Una película dura y con un tono de cierto pesimismo, sin embargo cargada de poesía, de belleza visual, de planos que subliman la narración y cuidada hasta el último detalle. Es cierto que cae en el mismo pecado (o virtud, depende de los gustos del espectador) que otras películas orientales y quizá se exceda en su metraje, pero es que Masaki Kobayashi, no quiere hurtarnos un solo segundo de la historia y, no solo nos cuenta todo, sino que lo hace con detalle.
Un magnífico film, para ver con calma y sosiego y disfrutar de cine de gran nivel.




miércoles, 13 de noviembre de 2019

THE CHASER

Eom Joong-ho (Kim Yoon-seok), un ex detective convertido en proxeneta, desde que, al parecer, fue expulsado de la policía, tiene problemas financieros y se encuentra en dificultades para pagar lo que debe a sus acreedores, sus ingresos han disminuido drásticamente porque dos de sus chicas han desaparecido. Una noche envía a Mi-Jin (Seo Yeong-hie), una de las pocas chicas que le restan, a un cliente. Pero enseguida se da cuenta de que esta es la misma persona que pidió la última en ver a sus chicas desaparecidas. Creyendo que este hombre está revendiendo a sus mujeres, va a buscar a Mi-Jin. En el camino se pone en contacto con sus antiguos compañeros de trabajo policial para pedirles ayuda, algo que no podrán hacer porque el alcalde de Seúl, a quien están vigilando, acaba de ser atacado durante un paseo. La policía ahora está preocupada por la tormenta mediática y la humillación que sufre por no haber sabido proteger al alcalde.
Joong-ho comienza la búsqueda del cliente sospechoso por su cuenta. Quiere la casualidad, que éste, un tal Yeong-min (Ha Jung-woo), choque contra el auto de su perseguidor cuando intenta deshacerse del coche de un matrimonio de ancianos a los que ha asesinado. Aunque desconoce que la persona que conduce el otro vehículo es la que está buscando, las sospechas de Joong-Ho se disparan al ver que Yeong-mi tiene sangre en su camisa y se niega a facilitarle su número de teléfono. Al proxeneta se le ocurre entonces marcar el número de su cliente y suena el teléfono de Yeong-mi, que emprende una veloz huída mientras el otro le persigue y acaba atrapándole y golpeándole. Ambos acaban siendo arrestados por la policía y, en la comisaría, Yeong-mi acaba confesándose autor de varios asesinatos. Pero a pesar de contar con su confesión, la policía carece de pruebas que convenzan al fiscal y si no las encuentran, tendrán que acabar poniendo en libertad al sospechoso.


Lo de que una película coreana alcance ciertos niveles de perfección técnica y que los guiones estén bien trabajados, cada vez sorprende menos, ya son demasiados casos en los últimos años como para considerarlo algo pasajero.
En esta película, si hay algo que llama la atención es que se trata del debut de su realizador, Na Hong-jin y, a pesar de ello, apenas se nota que sea un director novel.


Si bien el film trabaja con algunas de las constantes que ya se han convertido en arquetípicas de estas películas coreanas tipo thriller, como el protagonismo de un antihéroe que acaba mostrando un fondo honesto, la presencia de un asesino terrible y amoral y la ineptitud de la policía, hay algo que nos resulta, si no novedoso, si diferente en la trama y su forma de tratar la historia que se apoya en un magnífico guión, que va dosificando los pequeños giros que contiene a fin de mantener el interés del espectador. Algunas casualidades que se hacen creíbles, son las que ayudan al avance de la historia que no busca el recurso de llamativos cambios, todo resulta bastante natural, cercano a lo cotidiano, pero que, por momentos, alcanza grandes niveles de tensión y suspense.
Salpicado de gotas de humor negro y con una subtrama que le da un punto entrañable y que tiene su importancia en el conjunto, la película, que está muy bien conseguida en general, destaca en la estupenda planificación de sus secuencias, con algunas realmente llamativas y brillantes como las persecuciones por las callejuelas de los barrios marginales de Seúl.
Un film entretenido, bien construído y que merece la pena ver.




martes, 12 de noviembre de 2019

EL 19 DE MARZO Y EL 2 DE MAYO

Como continuación de la anterior (La corte de Carlos IV), Pérez Galdós escribió esta novela que sigue ahondando en las intrigas palaciegas protagonizadas por el príncipe Fernando, el futuro rey Fernando VII. Si en la anterior entrega se había relatado la conspiración de El Escorial, en esta se narra la caída de Godoy tras el motín de Aranjuez.
Por boca del mismo protagonista, Gabriel Araceli, prosigue narrando con una extrema agilidad los acontecimientos que se vivían día a día en un Madrid ocupado por miles de soldados franceses. Unos soldados franceses que el 2 de mayo, cuando el pueblo se levantó en armas contra ellos, reprimieron con dureza aquella revuelta popular.
Araceli participa en este episodio como testigo privilegiado de las diversiones, rivalidades e intrigas que enfrentan a los partidarios y enemigos tanto del favorito Godoy, como del príncipe Fernando, y que preludian la invasión francesa y la Guerra de la Independencia. El 19 de marzo y el 2 de mayo, es una de las grandes novelas históricas del Madrid del siglo XXI, es la tercera entrega de los Episodios Nacionales de Galdós, y donde mejor representó la fuerza moral del pueblo español. La obra invita a conocer de la mano del protagonista habitual de los diez primeros Episodios, lo ocurrido en torno a una fecha clave: 1808. En este texto, muy decimonónico, deambulan personajes sencillos en su forma de hablar y pensar, asemejándose a los diálogos entresacados de la literatura clásica española.



lunes, 11 de noviembre de 2019

ZODIAC

El 4 de julio de 1969 un individuo sin identificar ataca a Darlene Ferrin (Ciara Moriarty) y Mike Mageau (Lee Norris) con un arma de fuego en un descampado en Vallejo (California). Mageau sobrevive.
Un mes después el San Francisco Chronicle recibe notas cifradas escritas por el asesino haciéndose llamar «Zodiac» y burlándose de la policía.
Cuando el periódico publica las cartas, un matrimonio descifra una de ellas. En septiembre el asesino ataca a los estudiantes de derecho Bryan Hartnell (Patrick Scott Lewis) y Cecelia Shepard (Pell James) en Lake Berryessa en el condado de Napa; Shepard muere dos días después.
El caricaturista del Chronicle, Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), se interesa por el caso, pero no es tomado en serio por el periodista de sucesos Paul Avery (Robert Downey Jr.), ni por los editores, que le excluyen de los informes iniciales sobre los homicidios. Avery, incluso se burla de su colega, sin embargo ambos acabarán teniendo cierta amistad debido a su interés común por el llamado asesino del zodiaco y Avery acaba compartiendo alguna información con Graysmith.
La investigación de Graysmith le pone en el camino de David Toschi (Mark Ruffalo), un inspector de policía que hasta ahora no ha logrado atrapar a su hombre; Sherwood Morrill (Philip Baker Hall), un experto en escritura a mano; Linda del Buono (Clea DuVall), una convicta que conocía a una de las víctimas del zodiaco; y otros.
Una de las idea de Graysmith sobre las cartas es que la frase de Zodiac refiriéndose al hombre como «el animal más peligroso de todos» es una referencia a la película The Most Dangerous Game, donde el personaje del conde Zaroff caza seres humanos.


El guión adapta los libros de Robert Graysmith, Zodiac y Zodiac Unmasked. En la vida real, Avery y Graysmith no eran amigos, esta fue una licencia que se tomó la adaptación cinematográfica.


Aunque en muchos momentos de la película parece que sigue los parámetros del género, David Fincher se aleja de lo que podríamos considerar el típico thriller para convertir la película en un drama sobre la investigación periodística y policial sobre esta serie de asesinatos que ocurrieron en la realidad y que jamás fueron resueltos hasta el día de hoy.
Sospechas, pruebas endebles, convencimiento moral de la culpabilidad de alguno de los sospechosos pero sin lograr evidencias que lo corroboren, pistas que resultan fallidas y un tremendo estrés para los investigadores que acaba repercutiendo en su vida privada. Estos son los ingredientes del film muy bien realizado e interpretado con solvencia. Este tipo de películas que no alcanzan una resolución final, al estilo de lo que ocurría en Memories of murder, del coreano Bong Joon-ho, en ocasiones encuentran dificultades para llegar a todo el público, que lo que quiere son historias que concluyan revelando quién es el culpable, de hecho la película encontró dificultades de producción por este motivo, sin embargo, ya digo que a Fincher le interesan más los personajes, en este caso el policía y el periodista que investigan el caso, que la propia historia en sí que no es sino una disculpa para abordar la tensión, el miedo y el drama a que se ven sometidos, no solo ellos, sino la población en general, ante un peligro de origen desconocido y aleatorio, que no sigue un patrón definido, lo que hace que resulte más perturbador y amenazante. Ante la falta de resolución, la policía es víctima de críticas y vituperios por no ser capaz de llevar a término su trabajo y su fracaso se convierte en el fracaso de todo el sistema.
Una película interesante que, a pesar de su larga duración, quizá un poco excesiva, no se hace especialmente larga y la aparición de nuevas circunstancias y posibles pistas la va dotando del dinamismo requerido para que no decaiga el interés.




viernes, 8 de noviembre de 2019

ADIÓS PEQUEÑA, ADIÓS

Patrick Kenzie (Casey Affleck), de 31 años, creció en Dorchester, un barrio de clase trabajadora de Boston, donde los apellidos siguen siendo los mismos durante generaciones. Todavía vive allí con su compañera sentimental y profesional Angie Gennaro (Michelle Monaghan), ambos detectives privados especializados en casos de personas desaparecidas.
La policía está trabajando en un caso de perfil prioritario sobre el secuestro de una niña de cuatro años llamada Amanda McCready (Madeline O'Brien). El Departamento de Policía de Boston se toma especialmente en serio los casos de secuestro de niños desde que la hija de Jack Doyle (Morgan Freeman), el jefe del departamento encargado de personas desaparecidas, fue secuestrada y finalmente asesinada años antes. Tres días después del secuestro de Amanda, Patrick y Angie son contratados por Lionel (Titus Welliver) y Bea McCready (Amy Madigan), tío y tía maternos de Amanda, para complementar la investigación policial. A pesar de que este caso está fuera del perfil de los casos habituales en que trabajan Patrick y Angie, los McCready esperan que el conocimiento que tiene Patrick sobre el vecindario y su gente ayude, especialmente para hablar con aquellas personas que muestran reticencias a hablar con la policía. Patrick y Angie se enteran rápidamente de que la madre soltera de Amanda, Helene McCready (Amy Ryan), no es precisamente una santa, sino una traficante de drogas y está involucrada en el robo de dinero procedente de este tráfico. Patrick, Angie y la policía creen que su historial criminal tiene algo que ver con el secuestro. A medida que Patrick y Angie avanzan en la investigación junto a la policía, se preocupan colectivamente de si los medios justifican los fines y si el objetivo final es moralmente lo correcto.


El guión se basa en la novela homónima, que en España apareció con el título de "Despareció una noche", de Dennis Lehane, autor de otras novelas de éxito trasladadas también a la gran pantalla, como Mystic River, dirigida por Clint Eastwood o Shutter Island, que lo fue por Martin Scorcese.
Supuso el debut como realizador del actor Ben Affleck.


Si la carrera como actor de Ben Affleck es controvertida y no bien recibida en todos sus trabajos, sin embargo la crítica fue casi unánime a la hora de juzgar su labor tras la cámara, reconocida como un buen debut.
La historia resulta algo truculenta y el espectador va asistiendo a una sucesión de falsos finales que, sin embargo, no cansan, todo lo contrario, los inesperados giros de guión van haciendo coger altura a la trama para conducirnos a un final que va más allá del siempre escabroso tema del secuestro de niños y nos plantea varios dilemas morales que implican al espectador a la hora de juzgar lo que está moralmente bien o mal.
Aunque en algunos momentos parezca que el director se pierde en sus planteamientos, todo toma sentido al final para el mensaje que desea transmitir.
Una película cuya intriga y giros, te atrapan de modo que se hace amena y resulta muy entretenida.




jueves, 7 de noviembre de 2019

CIELO AMARILLO

Estamos en 1867, un grupo de hombres dirigidos por James "Stretch" Dawson (Gregory Peck) y formado por Dude (Richard Widmark), Bull Run (Robert Arthur), Lengthy (John Russell), Half Pint (Harry Morgan), Walrus (Charles Kemper) y Jed (Robert Adler) llega a un pueblo, se meten en el saloon, toman una bebida y admiran sorprendidos un cuadro.
A continuación, los hombres se dirigen al banco, cometen un atraco y huyen a galope del lugar siendo perseguidos por el ejército hasta los límites de un desierto de sal, resultando muerto Jed en la persecución. A partir de ese momento comenzará la pesadilla para el grupo protagonista.
Tras sufrir penalidades sin cuento, consiguen escapar de una muerte casi segura cuando llegan a un pueblo fantasma llamado Yellow Sky en el que viven una mujer, Constance "Mike" Mae (Anne Baxter) y su abuelo, que poseen una cantidad de oro importante, enterrada en un mina que antaño fue el principal elemento de prosperidad de un pueblo ahora olvidado en el mundo de los vivos.
El grupo presiona a Mike y a su abuelo que acaban llegando a un trato con Stretch, por el que los bandidos se llevarán solamente la mitad del oro.
Pero la codicia y la lujuria dividen a la pandilla y Stretch, que se ha enamorado de Mike, tiene que tomar una decisión y elegir un bando.


El guión, de Lamar Trotti, se basa en una historia de W.R. Burnett, un nombre mítico en Hollywood, donde trabajó como guionista con directores como John Huston, John Ford, Howard Hawks, Nicholas Ray o Michael Cimino y cuyos personajes han sido interpretados, entre otros, por Humphrey Bogart, Ida Lupino, Paul Muni, Edward G. Robinson, Frank Sinatra, Marilyn Monroe, Steve McQueen o Clint Eastwood. Entre sus textos más conocidos, La jungla de asfalto o Scarface.


No busquen este título en la panoplia de las grandes películas del oeste, es difícil que figure allí. Sin embargo estamos hablando de una magnífica película que, teniendo todos los elementos típicos del western (el saloon, los indios, tiroteos, galopadas intensas...), los utiliza de una manera que se aparta de lo convencional dando al film un aire diferente y, en cierto modo, renovador.
Comenzando por la mujer, una Anne Baxter inmensa, a la que pinta como un personaje fuerte, diestra en el manejo de las armas y que no se amedrenta en el enfrentamiento directo con los hombres, al tiempo que mantiene su femineidad y pasando por el resto de los personajes, si bien algunos también arquetípicos. Unos malos desalmados, sin el más mínimo sentimiento de solidaridad con quienes, como ellos, han tenido que luchar duro contra las circunstancias de la vida, pero a los que justifica, en cierto modo, como fruto de la reciente guerra civil que, como dice el abuelo de Mike, ha descarriado a muchos jóvenes.
William A. Wellman compone un cuadro que tiene intensidad y que nos ofrece, además del interés y la tensión de la historia, una espléndida fotografía, con muchas imágenes nocturnas en las que juega de maravilla con los contrastes entre luces y sombras y las tomadas en el desierto de sal, con algunos planos brillantes, como aquellos en que se ve en la lejanía a los seis hombres como si de los fantasmas surgidos de un espejismo se tratara.
Más que brillantes, salvo el caso de la protagonista que está espléndida, los actores son efectivos, alguno de ellos, como el caso de Peck o Widmark, muy conocidos y otros que sonaran como grandes secundarios a los aficionados.
Sin olvidar el magnífico acompañamiento que supone la banda sonora de otro clásico, Alfred Newman, sobre todo la composición que pone fondo a la apertura y al cierre del film, con un tono épico que suena muy a western, de las que nos ponen en situación.
Un mundo sórdido y duro que no evita que haya escenas entrañables que desembocan en un tiroteo fuera de campo en el que toda la sangre que vemos es a través de una sensacional metáfora con el polvo de oro derramándose sobre el suelo.
Una de esas películas que, como digo, no suelen figurar en esas listas que tanto pululan ahora por ahí y que sin embargo supone un buen intento de innovar algunas cosas, no solo en el género, sino en el cine en general.




miércoles, 6 de noviembre de 2019

LOS CRONOCRÍMENES

Héctor (Karra Elejalde) es un hombre común de mediana edad que acaba de mudarse a una casa solitaria con su esposa Clara (Candela Fernández).
Llevan una vida tranquila. Recibe una llamada telefónica, pero la persona no dice nada. Héctor vuelve a llamar a esa persona, pero nadie responde.
Esa tarde, cuando está mirando a través de sus prismáticos, cree descubrir a una preciosa joven que parece estarse desnudando tras unos árboles e intenta encontrarla, para lo que se interna en solitario en la profundidad del bosque. Cuando la halla, aparece tendida apoyada en una roca, se acerca torpemente y, al principio, le parece muerta, aunque se da cuenta de que respira. De repente, un individuo armado con unas tijeras y la cara cubierta con una venda manchada de sangre, le ataca por la espalda, y le hiere en un brazo, a pesar de lo cual consigue huir y llegar a una casa aislada, tras recorrerla, descubre unas dependencias que parecen ser un laboratorio, con muchos diagramas y un sin número de ecuaciones escritas sobre pizarras.
Encuentra un walkie-talkie a través del cual habla con alguien que está en un edificio cercano y cuya voz, tras advertirle que el hombre que le persigue está cerca y sabe donde se esconde, le invita a seguir un camino balizado con luces que le conducirá hasta otro edificio. Allí, el joven con el que ha hablado, le invita a que se esconda en una máquina que contiene un líquido blanquecino para que el otro no le encuentre. En realidad es una máquina que le proporcionará la oportunidad de realizar un viaje extraordinario, un viaje en el que la posibilidad de encontrarse a sí mismo en el pasado, será la primera de una serie de catástrofes de consecuencias imprevisibles.


Debut en la pantalla grande del cántabro Nacho Vigalondo tras una amplia experiencia en el mundo del corto. De hecho, en 2004, había estado nominado en los Oscar por uno de sus cortometrajes.
Con esta película, de aceptable acogida entre la crítica, ganó algunos premios en festivales considerados menores como el de Austin (Texas), o el de Trieste (Italia).


El film resulta algo confuso y hasta embarullado al principio, aunque todo quede quede más o menos claro al final de la película. Es cierto que tiene algunas cosas que quedan en el aire, por ejemplo, cómo empezó todo, pues la primera, llamémosle aventura de Héctor, es consecuencia de algo que ya había ocurrido y que, cómo digo, no queda explicado, y tuvo que haber una primera vez que no aparece en el film. Ello no obsta para que resulte una trama bien construída, si obviamos licencias como esta, al fin y al cabo estamos hablando de ciencia ficción, historias que muchas veces narran acontecimientos inverosímiles o totalmente fantásticos cuando no directamente imposibles.
Cinco años estuvo Nacho con su proyecto en la mochila dando vueltas por aquí y por allá sin conseguir verlo hecho realidad por falta de financiación y es que al ingenuo y entonces joven realizador, no se le ocurre otra cosa que hacer una película de ciencia ficción en España. Pero Nacho, hombre, que aquí lo que mola, y por lo que te sueltan las subvenciones, sobre todo las autonómicas, es por hablar de conflictos sociales, o cualquier cosa que hable de la Guerra Civil, de lo malos que eran unos y lo buenos que fueron los otros, o por hacer una peli en la lengua vernácula en alguna de las regiones con idioma propio, aunque la película sea una mierda (con perdón).
Además de que consigue mantener nuestro interés hasta el final, de que la resolución de la historia no está mal y de la buena actuación de Karra Elejalde, con algún que otro altibajo, pero creciendo a lo largo del film, hay que agradecer a Vigalondo su valentía y haberse atrevido a apostar por algo diferente y no traernos lo de siempre, la españolada modernizada cargada de sal gorda o alguno de esos productos de los que hablaba antes, con temas demasiado manidos que parece que siempre cuentan lo mismo y hacerlo, como tantas veces les ocurre a nuestros realizadores, con poco más de cuatro perras.




martes, 5 de noviembre de 2019

MAYORES DE 65

A finales de septiembre de 2016, se publicó un estudio patrocinado por la Fundación Línea Directa, en el que quedaba claro que lo de que los mayores de 65 años al volante son un peligro, es un mito, algo así como lo relativo a la peligrosa conducción de las mujeres. En este caso, las frías estadísticas demostraban que la tasa de accidentalidad de los mayores de 65, es 4 veces menor que la de los menores de 25 años y menos de la mitad que la de los conductores entre 35 y 44 años.
Pero lo que más llamó mi atención es lo que considero una curiosa contradicción, pues mientras por un lado, se está, no ya tratando, sino poniendo en práctica con las últimas reformas, la ampliación más allá de los 65 de la vida laboral, edad a la que ahora ya no se jubila nadie, salvo que reúna un montón de requisitos que las nuevas generaciones tienen imposible cumplir y que lleva al grueso de la población al umbral de los sesenta y siete años y medio de edad para poder cobrar el 100% de su pensión; por otro en el estudio antes mencionado, entre otros datos, indica que el 17% de los encuestados (una cifra nada desdeñable), retirarían el carné a sus propios familiares mayores.
¡Tócate los cataplines! O sea, que están bien para trabajar, pero no para conducir. Pues algo no me cuadra. Si un tipo puede trabajar, puede hacerlo con todas las consecuencias, creo yo, o es que al que viva lejos de su trabajo se le va a obligar, si no tiene transporte público disponible, a ir caminando todos los días 10 o 12 kilómetros (o más) de ida y otros tantos de vuelta. ¿Y los que trabajan como repartidores, representantes comerciales, conductores de taxi, autobús, etc., etc. A esos, ¿qué les decimos?, ¿que se vayan al paro, porque están en edad de trabajar, pero no de conducir y por tanto se quedan sin poder ejercer su trabajo habitual?
Supongo que habrá gente de 65 años que no es recomendable que conduzca, al igual que le sucede a gente de 35, de 21 o de 18, pero creo que eso de generalizar así por las buenas, siempre ha sido peligroso. Otra cosa, y pienso que por ahí deberían ir los tiros, es que los psicotécnicos sean mínimamente rigurosos.
¡Ah!, ya que estamos, yo propondría que estos exámenes, que sólo miden capacidades físicas, incluyesen también las capacidades mentales, porque entonces, tal vez nos quitáramos de encima a alguno de los borricos y energúmenos con los que todos los días nos cruzamos por la carretera, ¡esos sí que son peligrosos!



lunes, 4 de noviembre de 2019

LA VIDA DE LOS OTROS

República Democrática Alemana, año 1984. El capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un hombre solitario, es un competente oficial del servicio de inteligencia y espionaje de la Stasi, la todopoderosa policía secreta del régimen comunista de la RDA.
Wiesler asiste a la representación de una obra escrita por Georg Dreyman (Sebastian Koch), quien es considerado por muchos como el mejor ejemplo de intelectual que es, al tiempo, un ciudadano leal. Wiesler tiene el presentimiento de que Dreyman no puede ser tan ideal como parece, y cree que se requiere vigilancia sobre él. El Ministro de Cultura está de acuerdo y le encomiendan que espíe a la pareja formada por el prestigioso escritor y una popular actriz, aunque más tarde Wiesler se entera de que el Ministro ve a Dreyman como un rival y desea a su compañera Christa-Maria (Martina Gedenk).
Cuanto más tiempo pasa escuchándolos, más se preocupa por ellos y el una vez rígido oficial de la Stasi, comienza a intervenir en sus vidas de manera positiva, protegiéndolos siempre que le resulta posible. Finalmente, la manera de actuar de Wiesler en el caso, acaba teniendo consecuencias para él y, aunque no hay pruebas de irregularidades, se ve postergado a realizar trabajos de baja categoría.
No puede ni siquiera imaginar hasta qué punto esa misión va a influir en su concepción de la vida y del mundo.


Multipremiada película, ópera prima del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, autor también del guión. Entre los numerosos premios recibidos, el Oscar a la Mejor película en habla no inglesa.


Se ven con cierta envidia producciones como esta desde un país como el nuestro, con un pasado, si no oscuro, al menos turbio. Películas que cuentan lo que ocurrió sin afán moralizante, historias corrientes, que le pudieron suceder a cualquiera en un régimen cuya policía política alcanzo niveles de perfección y refinamiento significativos. Presentes en el día a día de la vida de sus ciudadanos, se palpa el miedo en esas calles desiertas, vacías, de aspecto gris y geométrico, apartamentos con escaso mobiliario a cuya puerta podían llamar en cualquier momento, en ocasiones, sin que supieras exactamente por qué. Quizá algún vecino sospechoso, algo que había ocurrido en los alrededores o en tu trabajo y ya estabas involucrado en una pesadilla de la que no siempre era sencillo escapar. Tus amigos, tus compañeros... cualquiera podía ser informante de la temida Stasi, muchas veces de manera involuntaria, sencillamente callando o no diciéndote que le habían preguntado por ti o no contándote, como ocurre en la película, que han entrado en tu casa cuando estabas ausente. Se les obligaba a callar, a colaborar, con amenazas veladas, casi siempre dirigidas contra la familia cercana, mucho más efectivas que las sugeridas contra la propia persona.
Así vivían y así lo refleja muy bien el film, al fin y al cabo, Ulrich Mühe, que interpeta al capitán de la Stasi, verdadero protagonista del film, cuando le preguntaban en qué forma se había inspirado para interpretar su personaje, decía: "Simplemente, lo recordaba".
Así eran los regímenes comunistas europeos, regímenes totalitarios donde la corrupción de la clase dominante, se había vuelto el pan nuestro de cada día y quien se salía de la linde, pagaba, cuando menos, con el ostracismo si no con su vida.
Cuando os hablen de regímenes fascistas y engloben estos bajo ese paraguas, sabed que están tratando de banalizar lo que supuso el comunismo, no eran estados fascistas (sin que yo quiera hacer apología del fascismo, ni mucho menos), eran regímenes comunistas, llamemos a cada cosa por su nombre. Aunque hubieran ganado la guerra, eso no los convirtió en mejores, contra lo que alguna historiografía interesada nos quiere hacer creer y de eso de tapar las faltas y de decir que los malos fueron los otros y los nuestros unos santos, aquí sabemos un poco.
Una película que hay que ver, quienes vivimos en aquella época, para refrescar nuestra memoria y los jóvenes, para que sepan lo que fue y de dónde venimos, así quizá aprendan a valorar lo que tenemos y a no dejarse llevar por aquellos que, de manera partidista, deliberadamente egoísta y peligrosa, llaman a lo que tenemos ahora estados represores en los que no se garantizan las libertades. ¡Por favor!
Un homenaje también a tantos seres anónimos que vivieron y sufrieron aquellos años oscuros, bien que acabaran doblegando la cerviz (¿quienes somos nosotros para juzgarles desde la comodidad de nuestras vidas?), o bien que lograran mantener la cabeza alta, sabe Dios a cambio de qué humillaciones.
Buenas interpretaciones y magnífica ambientación para acabar con un final que me emocionó como hacía tiempo ninguna película lograba, brillante y emotivo, de esos que, cuando la ves en pantalla grande, te dejan un buen rato pegado a la butaca.




viernes, 1 de noviembre de 2019

INFILTRADOS

El Departamento de Policía de Massachussets se enfrenta a la mayor banda de crimen organizado de la ciudad de Boston, el sindicato mafioso de irlandeses-estadounidenses dirigido por Frank Costello (Jack Nicholson).
La estrategia consiste en acabar desde dentro con Costello, el poderoso capo mafioso. El encargado de infiltrarse en la banda es un joven novato, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio). Mientras Billy intenta, ganarse la confianza de Costello, otro joven policía, Colin Sullivan (Matt Damon), sube rápidamente de categoría y ocupa un puesto en la Unidad de Investigaciones Especiales, grupo de élite cuya misión también es acabar con Costello. Lo que nadie sabe es que Colin es un topo infiltrado en la policía por el propio Costello, que le conoce desde que era niño y le ha colocado, primero en la Academia de Policía y ahora en la Unidad de Investigaciones Especiales, para que le sirva de informante.
Cada uno de ellos en su ámbito, se ve profundamente consumido por su doble vida, recopilando información sobre los planes y contra-planes de las operaciones de las que han de informar a sus respectivos jefes. Pero cuando queda claro, tanto para la mafia, como para la policía, que hay un topo entre ellos, Billy y Colin corren repentinamente el peligro de ser atrapados y quedar expuestos ante el enemigo, y cada uno debe emprender una carrera contra reloj para descubrir la identidad del otro hombre, al tiempo que tratan de evitar que los otros les descubran a ellos. Ha sonado la hora de salvarse a sí mismos.


Se trata del remake de una película hongkonesa (Juego sucio, se tituló en España) de 2002 de la que la Warner había comprado los derechos en 2003 por 1,75 millones de dólares.
Scorsese no conocía está circunstancia cuando se comprometió a rodar el film, aunque sí cuando comenzó el rodaje y, al parecer, no quiso ver el original antes de hacer esta película, para no verse influído en su trabajo.


No vamos a hablar de la maestría de Martín Scorsese, reconocida de manera casi unánime y considerado como uno de los grandes de la cinematografía moderna. Se da por hecho que cualquier película dirigida por él tiene calidad técnica y artística para regalar y así sucede en este caso, resultando un film agradable de ver y que consigue el disfrute del espectador.


Otro asunto es si estamos ante una gran película. La crítica la acogió con complacencia en líneas generales, aunque surgió alguna que otra voz discordante y entre los amantes del género y los seguidores del cineasta italo-norteamericano, hubo división de opiniones, desde quienes ven casi una obra maestra en la película, hasta los que quedaron profundamente decepcionados.
Y es que partimos de la base de que la idea no era original, hay, como hemos dicho, una película anterior en la que se basa, que, sin ser ninguna maravilla, está bastante bien. Ocurre que los medios con que cuenta el cine de Hollywood hacen que el salto de calidad se note y si, encima, tenemos a un realizador de gran prestigio y que conoce de sobra su trabajo, era previsible que esta nueva versión resultase más atractiva.
Además de ello, nos encontramos con un reparto plagado de figuras, no en vano, pagar los sueldos del elenco, se llevó la mitad del presupuesto del film.


En cualquier caso, es una película entretenida y bien hecha, con algún que otro pero que se le podría poner, más no es menos cierto que, a mi juicio, no está entre los mejores films del maestro neoyorkino y que los cuatro Oscar que se llevó parece uno de esos casos en que la Academia hollywoodense pretende saldar deudas pendientes y aprovechando que aquel año no había un claro favorito, reconocieron la labor de Scorsese premiando una película que no se si era para tanto.




jueves, 31 de octubre de 2019

BARTON FINK

Barton Fink (John Turturro) es un problemático dramaturgo neoyorquino obsesionado con llevar su nueva idea del "Teatro del hombre común" a los productores.
Después de su primer gran éxito en Broadway, su agente le convence para viajar a Los Ángeles con el fin de escribir un guión cinematográfico para la productora Capital Pictures. Cuando llega a la ciudad, se hospeda en el decadente Hotel Earle y se reúne con el presidente de Capital Pictures, Jack Lipnick (Michael Lerner), quien le cuenta sobre la película que quiere que escriba: una película sobre lucha libre de serie B para Wallace Beery. Fink regresa a su habitación de hotel para comenzar, pero cuando llega, escribe un párrafo y luego, con horror, cae en la cuenta de que está afectado del bloqueo del escritor, una especie de bloqueo mental conocido como síndrome de la página en blanco que impide que su cerebro desarrolle ideas para continuar escribiendo.
Intenta obtener ayuda de su vecino de la habitación de al lado, un "hombre común" llamado Charlie Meadows (John Goodman), un jovial vendedor de seguros; acude también al famoso escritor W.P. Mayhew (John Mahoney); a la secretaria personal y amante de Mayhew, Audrey Taylor (Judy Davis); y al productor Ben Geisler (Tony Shalhoub).
Pero una serie de circunstancias adversas hacen que se sienta cada vez más incapaz de afrontar su trabajo y, a medida que se aleja más de su guión, una serie de extraños sucesos comienzan a sucederse y, finalmente, dos detectives le esperan en el hall del hotel.


La película se llevó los tres premio principales del Festival de Cannes: La Palma de Oro (por unanimidad del jurado), Mejor director y Mejor actor.


Las películas de su primera época, son para algunos, las mejores de los hermanos Coen. Joel y Ethan Coen firman el guión de este film y aunque solo el primero aparece en los créditos como realizador, supongo que algo tendría que ver también Ethan en la dirección.
Una película sobre la peripecia de un escritor, en este caso un autor teatral al que la industria de Hollywood trata de atraer para que escriba guiones. La presión del encargo cae sobre él con todo su peso y asistimos a una de las primeras muestras de humor negro con que nos obsequia la película, pues no deja de tener su gracia que a un tipo que acaba de obtener un gran éxito teatral en Nueva York, le encarguen el guión para una película de lucha libre.
Además de la pericia técnica, con tomas que ya nos resultan habituales en el cine de los Coen (picados, encuadres muy bien planificados...) y de unos diálogos ingeniosos, la película opta por un entorno, por un lado decadente (el hotel), por otro luminoso (los espacios abiertos de California), pero siempre agobiante, en el que el protagonista no acaba de sentirse a gusto y se ve cada vez más metido en el pozo sin fondo de su incapacidad para seguir adelante con su trabajo. Solo un giro inesperado, del que no hablaremos para no destripar el momento álgido del film, logra sacarle del atolladero y hacer que se ponga a escribir frenéticamente, aunque el resultado, está por ver que sea el que le demandan sus patrones.
Una película que tiene algo de barroca y mucho de surrealista que esconde (bueno, en realidad no está nada escondida), una cierta crítica a los magnates de la industria a los que ridiculiza en la figura del dueño de la productora y una especie de reconocimiento a la labor, muchas veces oscura y poco valorada de quienes ponen la parte menos visible, en esta ocasión del guionista que se enfrenta a un trabajo no siempre gratificante.
Con un lenguaje metafórico que se puede hacer difícil, si no directamente incomprensible, habrá espectadores, quizá muchos, que la encuentren incongruente, con aires de intelectualidad y con poco sentido. La verdad es que no es un film para que lo disfrute cualquiera.
Magnífica la interpretación de John Turturro, muy bien secundado por el resto de actores.