martes, 17 de julio de 2018

OLYMPE DE GOUGES

Nacida en el seno de una familia burguesa, fue casada por su padre con un hombre mayor que ella al que no amaba y con el que no fue feliz. Pronto enviudó y quedó al cargo de su único hijo, con el firme propósito de no volver a contraer matrimonio, institución a la que consideraba como la tumba de la confianza y el amor.
Nacida como Marie Gouze, una vez instalada en París, adoptó el nombre de Olympe de Gouges. Escribió una obra de teatro de carácter abolicionista, Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage (Zamore y Mirza, o el feliz naufragio), que hasta unos cuantos años más tarde no se representó, bajo el título de La esclavitud de los negros, ya que los actores de Comédie Française, se negaron a hacerlo, pues dependían económicamente de la Corte de Versalles donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. Por otro lado, el comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50% del comercio exterior del país. Olympe fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet (un documento mediante el cual, el Rey hacía valer antiguas prerrogativas y privaba de libertad a una persona sin juicio previo), pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos.
En 1791, apenas dos años después del inicio de la Revolución, publicó La declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, ya que en la Declaración de los derechos del hombre, no se hacía mención alguna a la mujer.
Alejada de jacobinos y montañeses, sus posturas estaban más cerca de los girondinos. Se opuso a la ejecuón de Luis XVI y atacó a Marat (aborto de la naturaleza) y Robespierre (animal anfibio). No solo no se hizo caso de sus reivindicaciones que hoy llamaríamos feministas (se prohibió toda actividad política a las mujeres), sino que la encarcelaron acusada de haber defendido la monarquía.
El 3 de noviembre de 1793, tras haber sido condenada por un tribunal revolucionario, Olympe de Gouges fue guillotinada. Entre sus pensamientos, dejó este para la posteridad:

Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna.



lunes, 16 de julio de 2018

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

El hombre de las mil caras es la historia del hombre que engañó a todo un país. Francisco Paesa (Eduard Fernández) es uno de los hombres más intrigantes de las últimas décadas, que a finales de los años sesenta, protagoniza una osada estafa en la recién independizada República de Guinea: huye con los fondos recaudados para un imaginario Banco Nacional de Guinea y se refugia en Suiza. Durante su azarosa vida, ha sido hombre de negocios, banquero en Suiza, traficante internacional de armas, gigoló, playboy, diplomático, aventurero, estafador y agente secreto: un espía. En un momento dado, Paesa es traicionado por el gobierno español y se ve obligado a huir del país. Cuando regresa al cabo de los años, todo ha cambiado: está arruinado, es incapaz de poner en marcha cualquier negocio -su fama de timador le precede- y su relación con Gloria (Mireia Portas), su pareja en los últimos quince años, parece que toca a su fin. En estas circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), y su mujer, quienes le ofrecen un millón de dólares a cambio de ayudarles a salvar 1.500 millones de pesetas, sustraídos de las arcas públicas durante su etapa como Director General de la Guardia Civil. Una oportunidad idónea para que Paesa pueda vengarse y mejorar su situación económica, traicionando a su cliente. Con la ayuda de Jesús Camoes (José Coronado), su inseparable socio, orquestará una intrincada y magistral operación dónde la verdad y la mentira tienen límites difusos. Una farsa digna de los mejores espías y reflejo del ocaso de una época.


El guión se basa en el libro "Paesa. El espía de las mil caras", del periodista Manuel Cerdán.


Con un presupuesto muy ajustado, Alberto Rodríguez saca adelante un film entretenido que nos acerca a una de las historias más rocambolescas de la democracia española, en la que la corrupción toma papel preponderante, el final de una etapa y el principio de otra que aún estamos viviendo.
Los que ya tenemos cierta edad, recordamos perfectamente la conmoción que supuso que el Director General de la Guardia Civil (nada menos), se viera en la picota por haber robado un buen pedazo de los ingentes fondos que el Estado ponía a su disposición. Dinero de todos, se supone que para protegernos de gentes como él y que al final, presuntamente, fueron a parar, al menos en parte, a manos del más listo de la clase, un Francisco Paesa que es la la actualización mejorada y a lo grande, de los clásicos pícaros de la historia española.
Es probable que si se le hubiera dado otro enfoque, cercano por ejemplo a El Golpe, la película quizá hubiera sacado más partido de la historia que cuenta, pero de cualquier modo, hay que reconocer que Alberto Rodríguez lo hace muy bien, manteniendo la atención del espectador sobre una historia conocida (algo nada sencillo en principio), a la que sabe dotar de dinamismo y agilidad y que, aunque con algunos momentos en que parece que se toma cierto respiro, mantiene un ritmo que concita la atención del espectador, aunque pienso que quizá, las generaciones más jóvenes no disfrutarán lo mismo de la película, ya que nosotros revivimos ciertos recuerdos que ellos no tienen y tal vez se puedan perder un poco en la narración e incluso carezca del interés que tiene para quienes vivimos aquellos tiempos no tan lejanos.
Bien interpretada, con una buena banda sonora y una adecuada ambientación, nos tiene que quedar claro que, aunque bien documentada y tomando muchas cosas de la realidad, estamos ante una obra de ficción y no ante una película documental, eso sí, los que vivieron los tiempos lo recordarán de sobra, por increíble que nos parezca la historia, la realidad fue mucho más sucia y patética.
Creo que fue el autor de la novela el que comentaba que Paesa no era un reflejo de las alcantarillas del estado, sino que era la tapadera de ellas, que si salta, deja salir toda la mierda (con perdón) que circula por las mismas.
La película, además, echa mano de un sutil sentido del humor, que arrancará más de una sonrisa, las referencias a los motes de alguno de los protagonistas es típica de la picaresca nacional y además les iban como anillo al dedo a los mentados: "El Algarrobo", para referirse a Roldán, o "El chófer de Drácula", para el ministro Belloch (Luis Callejo). Además de esto, tiene otros golpes muy logrados que como digo, harán sonreír a más de uno.
Con este film y tras el éxito de La Isla Mínima, Rodríguez nos demuestra el dominio que tiene del thriller nacional, un cine de calidad que merece la pena disfrutar.

viernes, 13 de julio de 2018

VIENTOS DE LA HABANA

Mientras los cálidos vientos azotan las noches de La Habana, el teniente de policía Mario Conde (Jorge Perugorría) conoce a Karina (Juana Acosta), una enigmática mujer por la cual se siente profundamente atraído desde que la conoce, una noche cualquiera en que soplan los vientos de cuaresma y la ayuda a cambiar la rueda pinchada de su auto típicamente cubano, uno de aquellos modelos de los años 40-50 que han sido reparados una y mil veces. Al mismo tiempo le asignan a un policía tan poco ortodoxo como él la investigación del asesinato de Lissette Núñez (Mariam Hernández), profesora del instituto preuniversitario La Vívora, el mismo donde el propio Conde estudió, cuyo cadáver ha aparecido tras ser violada y salvajemente golpeada y que deberá investigar contra reloj.
Conforme comienza una intensa relación con Karina, Conde va construyendo un retrato de la vida oculta de Lissette que le permita dar con el asesino y descubrir que el escenario de sus antiguos recuerdos de estudiante ha cambiado demasiado, como ha cambiado la indescifrable y contradictoria ciudad de La Habana.
Félix Viscarret lleva por primera vez a la gran pantalla al detective Conde, personaje principal de las novelas policíacas del escritor cubano Leonardo Padura. Para ello, el realizador se basa en "Vientos de Cuaresma", tercera entrega de la saga "Cuatro estaciones" de Padura, donde presenta a este policía de La Habana de métodos y estilo de vida poco ortodoxos.


Película de correcta factura técnica, bien interpretada y con una atractiva banda sonora.
Sin embargo, el guión, en el que colabora el propio autor de la novela, creo que deja bastante que desear, aunque la historia es buena y se sigue con interés, no acaba de recoger todo el potencial que encierra el texto original.


Se plantean dos historias paralelas, por un lado la relación romántica que mantienen Conde y Karina y que acaba tan abruptamente como empieza y, por otro, el tráfico de substancias prohibidas en Cuba y el trapicheo al que se dedican algunos para sobrevivir. Esto aderezado con notas sobre la vida habitual del policía, tanto en la comisaría y sus relaciones desiguales con los compañeros, como en su vida civil, rodeado de sus amigos de siempre que representan el desencanto de toda una generación con el devenir político y económico de la isla.
Viscarret no acaba de profundizar, su mirada es superficial, el resultado nos recuerda a esos telefilms típicos de sobremesa, con una trama simple de la que no saca todo el provecho que uno espera.
Lo mejor de la película, las excelentes imágenes de La Habana, lejos de la postal turística, nos introducen de lleno en una ciudad desconocida para el gran público, pero tremendamente real, en todo el esplendor de su decadencia y en la digna miseria de sus barrios menos favorecidos, con algunos planos aéreos muy conseguidos.
A pesar de todos los pesares, mi opinión es que merece la pena verla.




jueves, 12 de julio de 2018

LA HOJA DE TREBOL

Película muda de John Ford que, durante mucho tiempo se creyó perdida. Es una comedia romántica con el fondo, recurrente en el cine de Ford, de su amada Irlanda, cuna de sus padres, que le habían transmitido el amor por su tierra de origen.
Sir Miles O'Hara (Louis Payne) y su hija Sheila (Janet Gaynor), se ven obligados, para poder satisfacer las demandas de lo recaudadores de impuestos, a vender su cuadra de caballos a un comprador llamado Finch (Willard Louis), que trata de convencer al jinete de la familia, Neil Ross (Leslie Fenton), para que le acompañe a EE.UU. y convertirse en un jockey de éxito.
Para resolver los problemas económicos, los O'Hara viajan a Norteamérica e inscriben a la única yegua que les queda en el prestigioso Shamrock Handicap. El jinete será Neil Ross, a pesar de que sufrió una grave caída que le quedó casi paralítico, pues el jockey que habían contratado, se ha lesionado a última hora.
Una parte de la película está ambientada en EE.UU. y contiene escenas épicas de la carrera; otra se ambienta en Irlanda, con hermosas escenas que retratan paisajes naturales y composiciones de sombras y luces, que tienen cierto tono poético. La carrera es un verdadero espectáculo visual y no faltan el humor suave y la payasada usados en su justo término, en esta ocasión a cargo del ayuda de cámara del jockey americano, un negro llamado Virus Cakes (Ely Reynolds), y del peón de la finca de los O'Hara, Con O'Shea (J. Farrell MacDonald).
Muy llamativas también las escenas del mercado en la población irlandesa donde viven los protagonistas, con un desfile de tipos tradicionales, entre los que no faltan bailarines de danza "céilí".
Película sencilla, con un no menos sencillo argumento, pero en la que, una vez más, Ford nos va apuntando lo que será su cine futuro. Tampoco faltan escenas emblemáticas de sus films, aquí la puerta no enmarca a ningún personaje, ni sirve para acceder al interior de la casa, pero está presente a lo largo del film a modo de recurso cómico, es la puerta de la valla que circunda la propiedad de los O'Hara, que está totalmente desvencijada y se cae cada vez que la van a abrir, ocasiones en que el propietario de la casa, llama a gritos al viejo peón de la granja y le dice que se encargue de repararla, a lo que el otro, siempre contesta lo mismo: Ahora mismo me pongo a ello.




miércoles, 11 de julio de 2018

LA CHICA DEL TREN

En su viaje diario a Manhattan para ir a trabajar (aunque en realidad hace un año que la despidieron), Rachel Watson (Emily Blunt), ve desde la ventanilla del tren, a la pareja formada por Megan (Haley Bennett) y Scott (Luke Evans), en el jardín de su casa, son un matrimonio aparentemente feliz que habitan una vivienda cercana a la que ocuparon la propia Rachel y su ex-marido Tom (Justin Theroux).
Megan y Scott son ajenos a las miradas de Rachel, que lleva meses imaginando cómo es su vida, componiendo idílicas escenas cotidianas basadas en las furtivas imágenes que contempla de la pareja tomando café por la mañana o relajándose por la tarde charlando en el jardín. La joven representa todo lo que quiso ser Rachel durante su matrimonio con Tom, una relación de la que no consigue desengancharse, habiendo tomado al alcohol como compañero de fatigas.
Un día, de camino a New York, Rachel es testigo de un impactante suceso en el jardín de Megan y Scott. Megan desaparece poco tiempo después y Rachel acude a la policía para contar lo que cree haber visto. ¿Es un testigo fiable o está involucrada en el delito que ella misma ha revelado?
El guión se basa en el best-seller del mismo título, de la británica nacida en Zimbabwe, Paula Hawkins. Un libro que debutó en el nº 1 de la lista de éxitos del New York Times en 2015 y que se mantuvo durante 15 semanas en esa posición, habiendo vendido ya en junio de aquel aquel año, más de tres millones de ejemplares.
La película tiene algunas lejanas reminiscencias hitchcodianas (Marnie, la ladrona...) y otras no tan lejanas (La ventana indiscreta), claro está, salvando muchas distancias.
La novela está ambientada en Londres y su área metropolitana, mientras en el film, la acción se traslada a New York y alrededores.


Una correcta adaptación de una buena novela de entretenimiento, como lo es también la película. Técnicamente bien hecha, con una sensacional interpretación de Emily Blunt, dando vida a un personaje inestable y maltratado por la vida, la película saca ventaja interesada de algunos de los asuntos que va metiendo en el guión (eso ya estaba así en la novela, que conste) y quizá en la primera parte se haga un poco lenta e incluso liosa, pero a partir de cierto momento, parece como si cambiase el ritmo, haciéndolo más vivo y más interesante la narración y, aunque algo antes del final ya nos imaginamos el desenlace, lo cierto es que la resolución no está del todo mal, a pesar de haber sido tachada de previsible.
Película de marcado acento feminista, en la que los personajes de las tres mujeres que mayor incidencia tienen en la historia, se ven sometidas a una calculada manipulación que deviene en violencia, por sus parejas, de las que en un momento determinado tratan de escapar, sin lograrlo siempre y con consecuencias claramente desiguales.
No está nada mal para pasar un rato entretenido, aunque tampoco creo que sea recordada como una gran película.




martes, 10 de julio de 2018

GRANDES PRINCIPIOS DE NOVELA (CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA)

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

“Es mi mejor novela”, dijo en su momento Gabriel García Márquez, “la que mejor he podido controlar”.
Sin embargo el tan desorbitado como merecido éxito de "Cien años de soledad", ha ocultado la grandeza de esta novela.
Todo queda claro desde el principio, desde la muerte del protagonista, hasta el nombre de sus asesinos, sin embargo, ¿por qué seguimos leyéndola una vez comenzada? Es evidente, la prosa del colombiano, nos enreda con su magia.




lunes, 9 de julio de 2018

LA NOVIA

Un triángulo amoroso con tres personajes que son amigos desde la infancia.
Ella (Inma Cuesta), ha elegido a la persona con la que se va a casar (Asier Etxeandia), le tiene mucho cariño y es la elección más segura y fiable para su futuro.
Sin embargo, el amor apasionado, una conexión invisible, feroz, imposible de romper, lo comparte con el otro, Leonardo (Alex García), casado desde hace dos años y que tiene un hijo. Les une un hilo invisible que resultará imposible de romper, un amor y un deseo más fuerte que la ley, más salvaje, que la tierra que les rodea.
Pasan los años y ella, angustiada, se prepara para su boda con el Novio en medio del desierto blanco, de tierras yermas, donde vive con su padre. El día anterior a la ceremonia, a su puerta llama una Mendiga anciana que le ofrece un regalo y un consejo: "No te cases si no le amas", mientras le da dos puñales de cristal. Un escalofrío recorre el alma y el cuerpo de la Novia.
En la noche de bodas, la Novia se va con Leonardo y la historia de amor, se ve abocada a una tragedia que resulta ineludible para sus protagonistas, como si una fuerza superior a cualquier razonamiento les empujara a un abismo, a un camino sin retorno que les resulta imposible sortear y que acabará afectando y destruyendo las vidas de cuantos les rodean.


El guión, de la propia realizadora, Paula Ortiz y de Javier García Arredondo, adapta la tragedia “Bodas de sangre”, del escritor y poeta Federico García Lorca, estrenada en 1932. Como casi todo el teatro del genio granadino, a pesar de los casi cien años transcurridos, sigue siendo una obra muy moderna, pocos como Federico supieron explorar la tragedia de estas relaciones imposibles y concretamente del alma femenina tan atenazada por los convencionalismos de la época. Rodada en Capadoccia en Turquía y en las tierras áridas del desierto de los Monegros o de la comarca de las Cinco Villas en Aragón, los diálogos están entresacados de la obra de Lorca.


Arriesgada e innovadora apuesta de la realizadora aragonesa. Es cierto que, por un lado, explora nuevas vías de adaptación, apostando por un formato que da prioridad a lo visual, aspecto en el que la película es muy sugestiva y original.
A pesar de lo dicho y de las críticas casi unánimes que alabaron la propuesta, mi opinión personal es que la obra de Lorca queda algo desvirtuada, se pierde casi por completo el hermoso texto del poeta granadino y buena parte del mensaje queda apagado por esa apuesta tan personal de la autora, que algunos han calificado como caprichosa.
Yo creo que estos intentos son buenos para el cine, pero lo que me llama la atención son las declaraciones de algunos de quienes la valoran con afirmaciones tales, como "Lorca habría estado encantado con esta adaptación". Vete a saber lo que habría dicho, podría haber estado encantado o no.
Una cosa que me llamó la atención: Durante la pelea del ya marido y el amante de la Novia, suena de fondo el "Take this waltz" de Leonard Cohen, versionada por Carmen París. Además de que es una preciosidad de melodía y de la buena interpretación de la cantante criada en Aragón, saben que Leonard Cohen hizo esta canción como homenaje al poeta granadino, es una especie de versión en inglés del poema "Pequeño vals vienés", que se incluye en el poemario "Poeta en Nueva York".