viernes, 17 de agosto de 2018

POLICÍAS SIN ESPOSAS

David Collins (David Rollins), un joven trabajador de panadería, se compromete con Mary Coronelli (Nancy Drexel), que proviene de una familia adinerada. Su presuntuosa tía, se lleva a Mary a Europa, con la esperanza de separar a la pareja, pero Joe usa sus ahorros para seguirla hasta allí. Las cosas se complican cuando el muchacho es acusado falsamente de malversar dinero de la panadería para el viaje, y el oficial Riley (J. Farrell MacDonald), un policía local muy querido, recibe el encargo de viajar a Alemania y, tras ejecutar la orden de extadicción que lleva consigo, hacerse cargo de Joe y traerlo de regreso a EE.UU, donde será juzgado. Una vez en Europa, Riley sucumbe a la vida más desinhibida del viejo continente, y todo su afán es demorar el viaje de regreso, más aún, tras haber conocido a Lena (Louise Fazenda) una joven alemana que trabaja en una cervecería, de la que se enamora.
El realizador norteamericano demuestra su habilidad en una de las pocas ocasiones en que se adentra de lleno en la comedia genuina y no mezclada con otros géneros, cual hace en muchas otras de sus películas. Aquí toda la historia es puro divertimento, por más que se le puedan sacar segundas lecturas.
Un secundario habitual en las películas de Ford, J. Farrell MacDonald (aparece en nada menos que 24 de sus películas), tiene un bonito papel protagonista, sobre un viejo policía amable y divertido al que todos quieren en el barrio, con una primera parte que es una crónica de un barrio tipo en una gran urbe americana, en la que vemos a un policía que se lleva bien con los golfillos, con los alcohólicos o con los vendedores ambulantes. Cierto que no parece demasiado y que Ford pinta un mundo que tiene algo de idílico dentro de una vida diaria en la que se ve a gente que no está demasiado sobrada de recursos, pero que vive feliz. Y una segunda mitad, que transcurre en Europa, en la que visita cervecerías alemanas y cabarets parisinos.


Hay algunos momentos que muestran el original estilo de Ford, algunos de ellos visualmente inventivos en los que la cámara enfoca la cara de algunos de los personajes tras un escaparate, mientras vemos las acciones de otros reflejadas en el cristal.
Probablemente no es ningún menosprecio considerarla una obra menor de Ford, pero tal vez ha sido inmerecidamente olvidada, pues sigue siendo una comedia ligera gratamente entretenida.
Para acabar, una frase extraída de la filosofía del policía Riley que aparece en el intertítulo inicial de la película: "Puedes hablar de un buen poli por los arrestos que no hace".




jueves, 16 de agosto de 2018

EL LEGADO TRÁGICO

Denis Hogan (Victor McLaglen), es un patriota irlandés que se ve obligado a exiliarse precisamente por sus actividades en pro de la independencia de su país, para lo que se enrola en la Legión Extranjera francesa, sirviendo como oficial en Argel, donde llega a ser muy respetado por sus compañeros de armas.
El juez James O'Brien (Hobart Bosworth), un tipo aficionado a los ahorcamientos, recibe con pesar el diagnóstico de los médicos: Le queda poco tiempo de vida y, en su afán por asegurar el futuro de su hija Connaught (June Collyer), la hace prometer que renunciará a su amor por el virtuoso pero pobre Dermot McDermot (Larry Kent), para casarse con el despreciable y falto de escrúpulos, pero aparentemente opulento, John D'Arcy (Earle Foxe), un cazadotes que se convirtió en informador de los británicos.
Tras recibir un telegrama, Denis Hogan solicita permiso para regresar a Irlanda, poniendo en peligro su vida, pues se ha puesto precio a su cabeza, a fin de solucionar un asunto que atañe al honor de su familia, ya que D'Arcy se casó en París con su hermana, a la que abandonó, muriendo esta poco después.
D'Arcy hace gala de su condición de bribón al matar al caballo de Connaught y robarle literalmente su fortuna, que se ha jugado apostando y perdiendo, pero al final se las tendrá que ver cara a cara con Hogan que ha regresado para saldar su deuda.
El guión se basa en una novela del irlandés Brian Oswald Donn-Byrne.


Protagonizada por Victor McLaglen, habitual en las películas de John Ford, en algunos pasajes, el film sigue viviendo de la influencia de Murnau, aunque Ford va dejando a un lado todo eso, para resultar más reconocible.
Otra de esas películas en las que muestra su amor por el país de sus antepasados, con algunas escenas realmente brillantes, como todas las relacionadas con la carrera de caballos y sus prolegómenos en los que vemos a la gente llegando en carros en un desfile de tipos variopintos, con algún guiño a ese humor tan característico que, imagino, provocaba la carcajada en la sala, como las escenas en las que el asno sube y baja, quedando colgado de las varas del carro que tira, por el excesivo pero de la gente que está subida en el, como si lo estuvieran columpiando.
Final feliz y el héroe que regresa al desierto rodeado de un halo romántico, quedando en las gentes su recuerdo y la esperanza de que algún día no lejano, retorne para guiarles en la lucha contra los británicos.
Como curiosidad, señalar que John Wayne debuta en el papel de un espectador que, llevado por su entusiasmo, destroza la valla que separa al público de donde corren los caballos. La silueta del ahorcado que aparece en las sombras de la chimenea del juez, es también la suya (Por cierto, esta escena es también muy curiosa y con esos rastros de Murnau que señalábamos al principio).




miércoles, 15 de agosto de 2018

CUATRO HIJOS

En Burgendorf, un pequeño y tranquilo pueblo de Baviera, viven la señora Bernle (Margaret Mann) y sus cuatro hijos. Franz (Francis X. Bushman Jr.) está en el ejército, Johann (Charles Morton) trabaja en la forja, Andreas (George Meeker) cuida las ovejas. Joseph (James Hall) viaja en un carro de heno con una chica guapa cuando parte del heno cae, aterrizando sobre el temible comandante Von Stomm (Earle Foxe) y Joseph recibe una bofetada del oficial.
El jovial cartero (Albert Gran) ha traído una carta de Estados Unidos que anuncia a Joseph una oferta de trabajo en aquel país, pero no es fácil llegar hasta allí, el viaje resulta muy caro. Es el cumpleaños de la madre Bernle y la mayor parte de la ciudad se reúne para bailar. La madre le da a Joseph el dinero que ha estado ahorrando durante toda su vida para que pueda hacer el viaje hasta el otro lado del mar. Es "Der Tag", el día en que se declara la guerra. Franz y Johann están entusiasmados con sus nuevos uniformes. Pero Estados Unidos sigue siendo neutral. Joseph ya en el país que le acoge, trabaja en el Delicatessen alemán-estadounidense con su esposa Annabelle (June Collyer). Los informes de las primeras batallas alemanas con los rusos son buenas. Entonces, ¿por qué el cartero lleva una carta de bordes negros para Mother Bernle? Cuando Estados Unidos entra en la guerra, Joseph se alista. Los tiempos son muy malos en Burgendorf. Von Stomm acusa a la madre Bernle de ser la "madre de un traidor" ...


El guión se basa en una historia de I.A.R. Wylie titulada "Grandma Bernle learns her letters" ("La abuela Bernle se aprende sus cartas de memoria"), publicada por primera vez en el Saturday Evening Post.


La película es todo un homenaje al cine de Murnau, que había estado trabajando un año para la Fox y en muchos tramos de ella, los expertos ven una descarada imitación (en el mejor sentido del término) del cine que hacía el maestro alemán. Ford experimenta con la cámara y lleva a cabo planos que no estamos acostumbrados a ver en sus films. El director se fue de viaje a Alemania, junto a su esposa, a costa de Fox, en teoría para rodar exteriores para esta película, no se ve ni uno, pero todo el film parece una imitación inadvertida del estilo de Murnau, al que Ford visitó, quedando muy impresionado por sus bocetos, diseños y métodos de producción.
En general, los actores tienen muchos tics del cine mudo, exagerando los gestos y, en ocasiones, demasiado acartonados, en busca de transmitir con su expresividad los sentimientos al público, salvo en el caso de Margaret Mann, que consigue una actuación muy espontánea, haciéndonos llegar sentimientos de amor, dolor, pena o alegría, sin necesidad de caer en amaneramientos. Es el personaje más entrañable de la película.
Gran parte de la historia transcurre en Baviera y el hilo conductor de la misma es el cartero del pueblo, un simpático Albert Gran que en las primeras escenas del film, nos va presentando a algunos de los personajes con los que se encuentra en su recorrido por las calles cuando se dirige a casa de Frau Bernle, en unas secuencias muy divertidas en las que se va saludando con inacabables y aparatosas reverencias con el alcalde, el maestro...
Del mismo modo que algunas otras películas de Ford, nos pinta un mundo rural idílico y vista hoy, contiene muchas cosas que remarcan de manera exagerada la actitud acogedora de los norteamericanos, con varios sinsentidos que no se explican, dando saltos argumentales que quedan bastante inadecuados, pero en su momento fue todo un éxito y la revista Photoplay la eligió mejor película del año.




martes, 14 de agosto de 2018

LA Xª FLOTTIGLIA MAS

El prestigio de ejército italiano se ve envuelto en chascarrillos, sobre todo aquí en España, donde se recuerda su participación bastante decepcionante en la Batalla del Jarama, olvidando sus actuaciones en las operaciones del norte. Algo parecido ocurre con sus acciones en la II Guerra Mundial, su fracaso en Grecia, que obligó a Hitler a destacar tropas al frente sur e incluso a considerar a los italianos más como un estorbo que como aliados.
Poco conocidos, sin embargo, son episodios como los protagonizados por los integrantes de la Decima Flottiglia MAS (Decima Flottiglia Mezzi d’Assalto, también conocida como La Decima o Xª MAS), un grupo de comandos buceadores de la Regia Marina italiana.
Sus orígenes han de buscarse durante la Primera Guerra Mundial, cuando el astillero veneciano SVAN (Società Veneziana Automobili Navali) entregó a la Regia Marina sus primeros medios, denominados MAS (Motobarca Armata SVAN). Las dos primeras unidades, MAS 1 y MAS 2 fueron completadas en Junio de 1915. Entre las incursiones mas sorprendentes, se recuerdan las misiones de Luigi Rizzo, que en Diciembre de 1917 hundió en Trieste el acorazado austriaco Wien y en Junio de 1918 cerca de Premuda atacó y hundió el acorazado Santo Stefano. Fueron los dos sucesos mas importantes de la Regia Marina en la Primera Guerra Mundial.
En la II Gran Guerra, estas unidades operaron en Gibraltar, atacando sobre todo barcos de suministros, pero también en otros lugares del Mediterráneo, especialmente relevante fue la operación llevada a cabo en el puerto de Alejandría, donde a bordo de tres torpedos tripulados trasladados a la zona por el submarino Scire, un comando de seis hombres al mando del teniente Luigi Durand de la Penne, franquearon la red antisubmarina que protegía el puerto y dejaron fuera de combate al HSM Valiant y al HSM Queen Elisabeth, que pudieron ser reflotados pero estuvieron muchos meses en reparación y al petrolero Sagona, que perdió la popa bajo el agua, además de dañar a otra nave, el HMS Jervis, que estaba repostando junto al petrolero.
El conjunto de las operaciones, siempre muy peligrosas, de los comandos de la Xª MAS, no significó demasiado en el marco de una guerra que abarcó tanto territorio e implicó a tantas naciones, pero es innegable el aura de heroísmo que envolvía todas sus misiones.




lunes, 13 de agosto de 2018

BASADA EN HECHOS REALES

Delphine Dayrieux (Emmanuelle Seigner) es una escritora que ha pasado del éxito apabullante que la puso bajo todos los focos al vértigo íntimo de la página en blanco, mientras la editorial presiona para que entregue algo nuevo. Aunque vacía a nivel creativo, está con el hombre al que ama aunque su trabajo lo absorbe, tiene dos hijos con un pie en la universidad y muchas amistades, pero atrincheradas en sus rutinas… A medida que intenta escribir y no puede, esas otras carencias (pareja, hijos, amigos) en apariencia naturales e inocuas, disparan su vulnerabilidad. Y es entonces cuando se cruza en su camino Elle (Eva Green), una mujer sofisticada y seductora, que trabaja como negra literaria redactando memorias de famosos. Comparten gustos e intiman. Elle insiste a su nueva amiga en que debe abandonar el proyecto novelesco sobre la telerrealidad que tiene entre manos y volver a utilizar su propia vida como material literario.
Elle comprende a Delphine mejor que nadie, y pronto se convierte en su confidente. Delphine confía en Elle y le abre las puertas de su vida.
Y mientras Delphine recibe unas amenazantes cartas anónimas que la acusan de haberse aprovechado de las historias de su familia para triunfar como escritora, Elle, con sus crecientes intromisiones, se va adueñando de su vida hasta bordear la vampirización.
Pero ¿quién es Elle en realidad, esa joven encantadora, inteligente e intuitiva?, ¿qué pretende? ¿Ha venido para darle un nuevo impulso a la vida de Delphine o para arrebatársela?.


El guión se basa en la novela homónima de la francesa Delphine de Vigan.


Con una buena factura técnica y una banda sonora de Alexandre Desplat que subraya perfectamente lo que vemos en pantalla, no opino lo mismo del guión, para mí bastante decepcionante.
Tras un arranque que pronostica una interesante historia, la película va perdiendo pulso y el interés va decayendo, hasta llegar a un final que, a mí, me ha hecho añorar El sexto sentido, película en la que toda cuadra y se le iluminan a uno todas las luces, cuando se llega a su espléndido y explicativo final. Aquí, sin que la historia tenga exactamente mucho que ver con aquella, sí que tiene algún punto en común, pero ese final, que podría haber sido tan luminoso, en el sentido de que de repente lo entiendes todo, puede haber a quien ni siquiera le sirva para entender lo más mínimo de una historia que podría haber dado bastante más de sí.




miércoles, 8 de agosto de 2018

CALL ME BY YOUR NAME

Es el verano de 1983 en un lugar cualquiera del norte de Italia y Elio Perlman (Timothée Chamalet), un precoz muchacho ítalo-estadounidense de 17 años, pasa los días en la villa familiar del siglo XVII transcribiendo y tocando música clásica, leyendo y flirteando con su amiga Marzia (Esther Garrel).
Elio tiene una estrecha relación con su padre (Michael Stuhlbarg), un ilustre profesor especializado en cultura grecorromana, y con su madre Annella (Amira Casar), una traductora, y entre ambos le han dotado de una amplia cultura en un entorno que rebosa de encantos naturales. Aunque la sofisticación y formación intelectual de Elio podrían sugerir que es un adulto hecho y derecho, todavía tiene cierta inocencia y asuntos en los que apenas tiene experiencia o conocimiento, especialmente en los del corazón.
Un día, Oliver (Armie Hammer), un cautivador investigador americano que trabaja en su doctorado, llega para ayudar al padre de Elio como becario durante el verano.
Oliver es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa.
En medio del soleado esplendor de este marco, Elio y Oliver descubrirán la embriagadora belleza del despertar sexual a lo largo de un verano que cambiará sus vidas para siempre.


La película está basada en la aclamada primera novela de André Aciman, publicada en 2007.
Las escenas de sexo más explícito que se encuentran tanto en el libro, como en el guión de James Ivory, fueron eliminadas, Luca Guadagnino quería más sugerir que mostrar, siempre ha manifestado que el sexo puede ser muy aburrido para ver en pantalla.
La banda sonora incluye canciones de John Adams (secuencia de títulos y descubrimiento de la estatua, creadas ex profeso para el film), así como piezas de Ryuichi Sakamoto, Satie, Ravel y el "Capriccio Sopre la Lontananza de il Fratro Dilettissimo" de Bach, que Timothée Chamalet toca en directo en guitarra y piano. Como la película está ambientada en los 80, Guadagnino eligió muchas canciones pop italianas de la radio de ese periodo (como "Lay Lady Lay" de Giorgio Moroder), pero particularmente el himno "Love My Way" de The Psychedelic Furs, la mítica banda británica de post-punk.


La película es básicamente un relato sobre el amor de verano de una persona que se despide de su juventud y otra que apenas entra a formar parte de ese periodo de la vida. La originalidad de un asunto nada novedoso, está en que se trata de un romance homosexual y que la elegancia y la elipsis dominan la historia, alejándose del morbo y apostando por la naturalidad y la sencillez, sin buscar motivos de provocación o escándalo para determinados sectores.
Por lo demás, el mundo en que se desenvuelven los protagonistas, es un tanto ideal, un entorno de cierta sofisticación, sin problemas económicos, sociales o de trato con sus mayores por parte del protagonista, lo que libera de problemática añadida a las no siempre bien comprendidas relaciones entre personas del mismo sexo, aunque bien es cierto que reflexiona sobre la liberalidad y comprensión de los padres.
Muchas imágenes bellas que sacan provecho del esplendoroso entorno natural, aunque no aporten demasiado a la narración, pero sí contribuyen a crear un determinado clima y, desde luego, desde el punto de vista técnico y artístico, están muy conseguidas.
Lo mejor, el final, con el monólogo del padre de Oliver y esa escena del protagonista ante la chimenea como fondo de los títulos de crédito, auténticas joyas, en un caso sobre lo que deberían ser los comportamientos de quienes nos rodean sobre nuestras conductas sexuales y, en otro, por el ejercicio interpretativo que aporta Timothée Chamalet, soportando un largo primer plano lleno de ternura y expresividad.




martes, 7 de agosto de 2018

ARCHIPIÉLAGO GULAG

Aleksandr Isayevich Solzhenitsyn, nació un 11 de diciembre de 1918 en Moscú, hijo de un terrateniente cosaco y de una maestra, pero pasó su infancia en Rostov del Don y estudió en la Universidad de esa ciudad matemáticas y física. Graduado en 1941 empezó a servir ese mismo año en el Ejército Rojo, hasta 1945, en el cuerpo de transportes primero y después de oficial artillero, y vino entonces a participar en la mayor batalla de tanques de la historia, en la Batalla de Kursk, siendo arrestado en febrero de 1945, en el frente de Prusia Oriental, poco antes de que empezara la ofensiva final del Ejército Rojo, y condenado a ocho años de trabajos forzados y a destierro perpetuo por opiniones antiestalinistas que había escrito en una carta a un amigo. El autor estuvo en varios campos de concentración hasta que, debido a sus conocimientos matemáticos, fue a parar a un centro de investigación científica para presos políticos.
En 1950, todavía en prisión, escribió Un día en la vida de Iván Denísovich, que se convirtió enseguida en un best seller dentro de la propia Unión Soviética, primero como publicación tolerada y, más adelante, ya prohibida, distribuída de manera clandestina.
En 1973 se publicó en París la primera edición en ruso de su libro Archipiélago Gulag (acrónimo de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni, es decir, Dirección General de Campos de Trabajo) y al poco tiempo se tradujo a otras muchas lenguas. Solzhenitsyn acabó siendo expulsado de la URSS y solo veinte años después regresaría a la ya ex Unión Soviética, donde vivió hasta el día de su muerte el 3 de agosto de 2008. El libro fue de las primeras pruebas documentadas que traspasaron las fronteras de la URSS para denunciar ante el mundo las tropelías de un régimen soviético que llegó a la conclusión de que necesitaba crear estructuras represoras como el GULAG para sobrevivir.
Las kátorgas, campos situados en regiones remotas y deshabitadas de Siberia a los que eran enviados los convictos para realizar trabajos forzados, era un sistema conocido en Rusia desde los tiempos de Pedro I, allá a finales del siglo XVII y es precisamente esto, que el sistema hubiera sido vilipendiado por la intelectualidad rusa y odiado por la población, lo que convierte al GULAG en más perverso, pues una de las armar arrojadizados de los soviets contra el zarismo fue el sometimiento de la población a trabajos forzados en condiciones precarias, algo que utilizaron ellos después, sin tasa alguna, corregido y mejorado en cuantos a perversión se refiere.
Y es que el fin principal del GULAG, no era el trabajo de los condenados en beneficio del estado, era el terror y así nos lo cuenta Solzhenitsyn en su libro. Si me dedicara aquí a enumerar las torturas, injusticias, vejaciones, abusos, etc. a que eran sometidos los allí internados, créanme que esto se convertiría en un larguísimo artículo.
El trabajo del Premio Nobel ruso (en 1970, le fue concedido el Nobel de Literatura), fue atacado de manera vergonzosa en occidente por los acólitos del comunismo, en España, Juan Benet, llegó a decir: "Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Solzhenitsin no puedan salir de ellos". Todo porque en su visita a nuestro país, en 1976, Solzhenitsyn comentó que le sorprendía que en la España de Franco se pudiera viajar libremente, leer la prensa extranjera o hacer fotocopias, cosas todas ellas impensables en la URSS. Los representantes de la izquierda vieron en este comentario una provocación contrarrevolucionaria e insultaron sin piedad al escritor ruso. Pocos, si es que hubo alguno, pidieron después perdón.
Según algunos cálculos, más de quince millones (Solzhenitsin aventurá la cifra de entre cuarenta y cincuenta millones) de personas pasaron por los campos soviéticos que, el autor no duda en calificar como campos de extermino, ya que, con cierto humor negro, que está presente a lo largo del texto, dice que para que hubiera cámaras de gas, a los soviéticos les faltó el gas, pues andaban escasos de recursos energéticos.
Archipiélago Gulag es una obra capital para entender la barbarie soviética, esa que desde la izquierda ha intentado siempre justificarse, como si fuera más legítimo el terror de la izquierda que el de la derecha. Aquí en nuestro país, sin ir más lejos, ahora que tanto se habla de memoria histórica, en su virtud se están cambiando nombres de destacados franquistas (yo no lo critico), por el de otras personas, como Dolores Ibárruri La Pasionaria, enlace de la NKVD, la Gestapo soviética, en la brutal depuración, no ya de sus contrincantes fascistas, sino de los que pelearon codo con codo en la Guerra Civil, como anarquistas, socialistas y comunistas del POUM. Pocos se han atrevido a reivindicar la memoria histórica de miles de leales republicanos y de valerosos combatientes soviéticos en las trincheras españolas que acabaron sus vidas en los pútridos gulag. Ni de las decenas de niños de la guerra abandonados a su suerte en zonas remotas de Rusia.
El escritor francés Albert Camus puede servir de símbolo de esa revisión crítica. Combatiente contra el nazismo y contra la represión colonial en Argelia, fue de los primeros que se atrevió a levantar la voz contra la dictadura soviética. El Partido Comunista Francés, con Jean Paul Sartre a la cabeza, le crucificó. Hoy, Camus es el más reputado novelista galo de la era moderna. Y de Sartre se valora, sobre todo, su labor de pornógrafo.
Un libro denso, arduo de leer, porque su prosa, todo hay que decirlo, tampoco es que sea una maravilla, sin embargo, yo creo que, además de su valor como testimonio de primera mano, Solzhenitsyn ha querido hacer con él, un homenaje a todas y cada una de las víctimas del GULAG, por eso, siempre que puede, a pesar del peligro de resultar aburrido y reiterativo, cita nombres, algunas veces son sabios o intelectuales, pero casi siempre es gente común y corriente, cuya memoria se hubiera perdido y lamenta no poder darlos todos, por eso en algunos párrafos los recuerda de forma colectiva y así pide a los lectores de su libro que si alguna vez navegan en lancha por el canal del Volga (hecho a pico y pala por los condenados en condiciones infrahumanas), tengan un recuerdo para quienes dejaron su vida en el fondo del mismo. También recuerda algunas veces a los carceleros, jueces, fiscales, torturadores... y se pregunta en ocasiones, qué será de fulanito o menganito que pegó un tiro a este o al otro, o le dejó morir de frío, o forzó a aquella pobre chica, seguramente será un venerable anciano que pasea apaciblemente por las calles de su ciudad y cobra una generosa pensión del estado.
Al leer el libro, uno no puede dejar de establecer comparaciones con ciertas situaciones actuales (el ser humano no escarmienta), cuando algunos de los propios condenados en los campos, justificaba la actuación del Partido en bien de los intereses estatales y ahora escuchamos a algunos que todavía establecen diferencias entre regímenes represores de izquierda y de derecha. Para mí, desde luego, van todos al mismo saco, estoy harto de mesías que quieren salvarnos y, por más que hemos visto, no deja de llamarnos la atención el sadismo con el que eran tratados aquellos seres humanos que caían bajo el yugo del GULAG, torturas y castigos que superan en refinamiento y barbarie a los métodos medievales.
Allí estuvieron miembros de la oposición, de la iglesia, intelectuales, cualquier vecino ‘sospechoso’, pero también gente del Partido, gente que participó en la lucha contra el zarismo, soldados que regresaban de los campos de prisioneros alemanes y eran acusados de colaborar con el enemigo (muchos se alistaron voluntarios), campesinos que robaban unas hojas de col para dar de comer a sus hijos... y todo para qué, para fomentar el abuso y el sadismo de chequistas y dirigentes de distinto rango, pues apenas hay indicios de la construcción de una sociedad libre, socialista, sino más bien un régimen represor y cruel además de corrupto.