martes, 24 de enero de 2017

FALCÓ

A estas alturas, son muchos los que han visto en el protagonista de esta nueva novela del prolífico académico de la Real, un Alatriste redivivo, puesto al día, más cercano a los tiempos actuales, pero en la línea del capitán de los tercios, el personaje más conocido de Don Arturo hasta el momento.
Falcó es una novela de acción, que mezcla los típicos argumentos de la literatura de espías con un toque de noir y todo ello envuelto en unos hechos históricos que, como se advierte previamente al lector, no son respetados de manera literal, sino que el autor novela sobre esa base de personajes y hechos reales, modificando situaciones o dando por buenas otras que no se sabe si fueron así o no, hasta dar con el relato que pretende.
Pérez-Reverte se desenvuelve bien en este panorama, con un protagonista que tiene ese aire canalla que es lo que le aleja de algunos de los prototipos del género (el más conocido, James Bond) y le acerca a otros que pueblan algunas novelas que no son de espías, sino policiacas, como algunos de los relatos más conocidos de las series negras norteamericanas.
Lorenzo Falcó es un buscavidas que se mete en líos pero que tiene suerte para salir de ellos, en parte gracias a su instinto y en parte porque cae bien a cierto tipo de gente, a su jefe, que le sacó de una situación comprometida y le reclutó para los servicios de inteligencia de los golpistas que derribaron la República. Falcó también tiene éxito entre las mujeres, quizá esta parte de mujeriego, casi chuloputas, es la que menos me ha convencido por el abuso que, a mi juicio, hace de esta faceta el autor, parece que Falcó se va acostando con la primera que se pone a tiro y que hay una abundancia de este tipo de mujeres que a mí me pareció un poco exagerado.
A diferencia de Alatriste, que está amargado porque ha visto sus ideales traicionados, Falcó no tiene ideales, es un oportunista que, como mucho, obedece a cierto tipo de lealtades, esas que se dan entre quienes no las tienen (hampones, mafiosos, asesinos, trileros...), es decir que, como mucho, es leal a quien le ayuda, todo dentro de unos límites, pero no le importa dejar tirado a cualquiera cuando se lo ordenan o cuando hay que elegir entre su pellejo y el de otros.
La novela del autor cartagenero se desarrolla en los primeros meses de la Guerra Civil, cuando el cuartel general de Franco está establecido en Salamanca y por presiones de sus partidarios, desde los servicios secretos se organiza el rescate del líder de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, encarcelado por el gobierno legítimo en la prisión provincial de Alicante.
Falcó es enviado hasta allí, atravesando las líneas del frente, para coordinar el operativo en el que intervendrán tres falangistas de Cartagena, los hermanos Montero (Ginés y Caridad) y Eva Rengel. Cuando todo esté preparado y en día y hora convenidos, un pequeño grupo de falangistas, será desembarcado desde un submarino alemán y se unirá a los de tierra, reforzados por unos pocos más falangistas que serán los encargados de llevar los medios de transporte.
Pérez-Reverte, como queda dicho, mezcla realidad y ficción, se basa en los intentos reales que existieron de liberar a José Antonio, quizá el más conocido el protagonizado por los falangistas de la Vega Baja del Segura que, procedentes de los pueblos de Rafal, Orihuela, Callosa del Segura y Huerta de Orihuela, fracasaron y fueron detenidos o lograron escapar para ir cayendo la mayoría de ellos gracias a las listas de afiliados requisadas por el Frente Popular.
También hay otra cosa real que aparece en la novela, el comentario del poco interés de Franco por rescatar a José Antonio y es que entonces (y después de acabada la guerra), en ciertos sectores de Falange, se comentaba sotto voce, que al Caudillo le convenía más que José Antonio fuera fusilado.
Pérez-Reverte deja ver en la novela su preferencia, tantas veces demostrada en sus artículos periodísticos, por ese tipo de hombre bragado e idealista que se mueve por principios y no por intereses, en las páginas del libro, una vez y otra, se ensalza a los falangistas que están en el frente y se denigra a los emboscados de Salamanca que se dedican a conspiraciones de salón; a"limpiar" de elementos afectos afectos a la República, la nueva España que pretenden construír; y a lucir uniformes, camisas azules de encargo y botas bien lustradas en las reuniones sociales. Y lo mismo hace con los del otro lado, por un lado los que se la están jugando en el frente defendiendo los valores de una democracia que ven amenazada y, por otro, la sarta de aprovechados que se han quedado a 300 kilómetros de la línea de fuego, ajustando cuentas personales, saqueando o pavoneándose con el mauser en bandolera, como lo que son, matones de barrio disfrazados de anarquista, comunista o lo que convenga.
Buenas descripciones, como nos tiene acostumbrados el autor, acción trepidante y alguna sorpresa final (que no lo es tanto), para una novela entretenida en la línea de lo que nos tiene acostumbrados Pérez-Reverte.



lunes, 23 de enero de 2017

EL PACIENTE INGLÉS

Finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Un hombre herido viaja en un convoy sanitario por una carretera italiana, pero su estado es tan grave que tiene que quedarse en un monasterio deshabitado y semiderruido, donde se encarga de cuidarlo Hana (Juliette Binoche), una enfermera canadiense. Aunque su cuerpo está totalmente quemado a consecuencia de un accidente sufrido en África, tiene todavía ánimo para contarle a Hana la trágica historia de su vida.
Hasta allí llegarán también un canadiense pintoresco llamado David Caravaggio (Willem Dafoe) -amigo del padre de Hana, ladrón y espía- y un joven sij, voluntario en el ejército inglés, especializado en la espeluznante tarea de desactivar minas y bombas que no han estallado.
La narración va arrojando luces sobre el pasado de sus personajes. Son débiles y sumarias en cuanto respecta a Hana, a Caravaggio y a "Kip" (Naveen Andrews), apodo con que se conoce al muchacho; son más ricas en lo tocante al inglés . Del teniente sij, lo principal es el aprendizaje de su arriesgada y heroica tarea; del inglés, en cambio, se averigua su pasado de explorador y de científico, de miembro de una especie de fraternidad que en los años veinte y treinta se dedicaba a explorar los desiertos del norte de África y a seguir la búsqueda de los lugares mencionados en su Historia por Herodoto. Pero -la duda la plantea, con su mentalidad de espía, Caravaggio- ¿es inglés el "inglés"? ¿No será acaso un viajero húngaro que se educó en Inglaterra y hablaba el inglés a la perfección, pero que en la guerra se había puesto del lado de los alemanes y le había servido de guía al propio mariscal Rommel?


El guión adapta la novela del mismo título del canadiense de origen cingalés, Michael Ondaatje, publicada en 1992. El propio realizador, Anthony Minghella, pasó dos años elaborándolo.


La banda sonora de Gabriel Yared, trata de ilustrar la complejidad de la trama, con la guerra de por medio, pero también historias de amor y una variedad absoluta de personajes y el origen de los mismos (ingleses, norteamericanos, un húngaro, un indio, canadienses...), incluye melodías húngaras, cantadas por Márta Sébestyén; algunos solos de piano como el aria de las “Variaciones Goldberg” de J.S.Bach, que vemos interpretar en una inolvidable escena a Juliette Binoche (en realidad la interpretaba la pianista Julie Steinberg); las dos versiones de “Cheek to cheek” (la de Fred Astaire y la de Ella Fitzgerald), o las “Wang Wang Blues” y “One o’clock jump” de Benny Goodman, pequeñas joyas del momento, que hacían olvidar por unos minutos el terror que se vivía en esos años de guerra.


La bellísima fotografía de John Seale, con espectaculares imágenes del desierto, remarca los dos ambientes distintos que se viven en la película, el de los recuerdos en Egipto, con colores cálidos, y el del presente en el monasterio italiano, con colores más fríos.
El elenco interpretativo es casi perfecto, no hay ninguno que desentone, consiguiendo cada cual una brillante interpretación. Ralph Fiennes es Laszlo de Almásy, el paciente desfigurado en fase terminal que rememora su historia de amor. El actor inglés está perfecto como el personaje, creando un galán en su memoria para luego pasar a ser un ser torturado por la perdida de su amada. La bella Juliette Binoche consigue conquistarnos con su Hana, la enfermera. Kristin Scott Thomas es Katherine, la amada del protagonista, una mujer casada que vive un adulterio. Scott Thomas consigue crear un personaje algo frió, ideal para conseguir cierta dualidad con el de Hana y conquistar al inconquistable Almásy. El gran Willem Dafoe es Caravaggio, el espía marcado por la tortura física y psicológica a la que le sometieron los alemanes que le obliga tomar drogas para soportar el dolor y que llega al convento en busca de venganza. Colin Firth es Geoffrey Clifton, el esposo de Katherine, un hombre que sirve a Inglaterra fielmente y que ama a su mujer, en quien descubre la marca de la traición. Naveen Andrews es Kip, el zapador que vive con Hana un breve romance.


La película acabó siendo un éxito y arrasó en los Oscars de 1996 al llevarse nueve estatuillas (Mejor Película, Dirección, Actriz Secundaria -Binoche- Música, Fotografía, Dirección Artística, Montaje, Vestuario y Sonido), aunque a algunos les pareció excesivo y es que este film no es calibrado igual por todos, para algunos es aburrido lo que para otros es el lento discurrir de la película, como si fuera poesía en imágenes que nos acerca a estas vidas ruinosas de amores trágicos.
Hay en sus imágenes una poesía viva, un lirismo cinematográfico inolvidable. Es innegable que Anthony Minghella creó con este film una verdadera obra de arte.




viernes, 20 de enero de 2017

BWANA

Antonio (Andrés Pajares) es un hombre sencillo que se gana la vida como taxista. Para salir de la rutina, decide marcharse a una playa de Almería con su mujer, Dori (María Barranco), y sus dos hijos. Su intención es pasar un día agradable y recoger coquinas. Sin embargo, en su tranquilo paseo irrumpe un personaje muy distinto a ellos. Se llama Ombasi (Emilio Buale) y es africano. Como tantos otros, ha cruzado el Estrecho en patera huyendo de la miseria de su país, pero en el difícil trayecto el amigo que le acompañaba ha perdido la vida. Cuando el matrimonio descubre el cuerpo sin vida del joven se alarma y, aunque los dos tienen muchos prejuicios raciales, las circunstancias les impulsan a ayudar al indefenso inmigrante, que ni siquiera habla español. Las cosas no pueden ir peor: el coche de la pareja no arranca, pues Antonio ha perdido la bujía que le quitó para que no se lo robaran, así que no les queda más remedio que pasar la noche junto a Ombasi que, mucho más experimentado que ellos en la supervivencia, ha logrado encender un fuego que les preserva del frío nocturno. A la mañana siguiente, el encuentro con una banda de skinheads y unos contrabandistas darán un vuelco a la vida del grupo.
El guión adapta la obra teatral "La Mirada del Hombre Oscuro" de Ignacio del Moral.


Es una lástima que una buena idea esté absolutamente mal desarrollada y peor presentada.
Nadie con un mínimo de conciencia solidaria va a poner en duda el drama de esta gente, seres humanos como nosotros, que recorre kilómetros y kilómetros en su África natal y acaba cruzando el estrecho en patera, bien muriendo en el intento, bien llegando a unas costas donde van a ser recibidos con recelo.
Pero ya lo hemos indicado al comentar algún otro film, no vale hablar de estas cosas, por muy trascendentales que sean, a cualquier precio bajo el argumento de que hay que concienciar al personal y difundir estas trágicas historias. Hay que ser un poco serios y aquí nos presentan a unos españoles de un nivel cultural, no ya bajo, sino inexistente. No creo que haya nadie por ahí que piense que un negro africano recién llegado, no sabe hablar español porque los africanos son muy brutos, y algo así es lo que dice María Barranco en una de las escenas.
Es solo un ejemplo de las tonterías que va enlazando la película, una tras otra, con diálogos pésimos y situaciones delirantes por lo mal traídas que están, todo ello para llegar a un final que es un compendio de torpezas. Esta escena última, es de lo peor que he visto en la pantalla.




jueves, 19 de enero de 2017

EL GOLPE

Dos estafadores, uno joven y otro experimentado, trazan un plan para vengar a un amigo común asesinado por un capo mafioso. Un numeroso grupo de amigos del difunto, les ayudarán a conseguir su objetivo.
David S. Ward se inspiró para escribir el guión, en las hazañas reales de los hermanos Charley y Fred Gondorf, cuyas experiencias culminaron en una estafa similar a la que se muestra en la película. Marvin Hamlisch recibió el encargo de adaptar la música de Scott Joplin para la banda sonora de la película. Al principio, Hamlisch se mostró reticente, se consideraba un creador y nunca había hecho adaptaciones, pero enseguida se dio cuenta del potencial que encerraban las melodías de Joplin y aceptó.
A lo largo del film, se muestran una especie de tarjetas que anuncian los cambios de escena, estas tarjetas, con delicados dibujos, fueron creadas por Jaroslav Gebr y recordaban a las viejas ilustraciones del Saturday Evening Post, una publicación muy popular en los años 30.
La película, en general, está muy cuidada en cuanto a la ambientación y también en los detalles, Robert Surtees, el director de fotografía se inclinó por dar a los fotogramas tonos sepias y marrones para tratar de revivir el entorno de los 30.
El vestuario fue diseñado por Edith Head que, cuando recogió el último de los ocho Oscar de su carrera, ganado por este film, dijo: Imagínense lo que supone vestir a los dos hombres más guapos del mundo y que encima te den un premio.


El golpe siempre ha sido una de mis películas preferidas, podría estar viéndola cada poco, sin cansarme y es que es uno de esos pocos films que resultan perfectos, con un guión redondo, un ritmo sin demasiados altibajos que se ve animado por un par de persecuciones muy bien rodadas, un director que lleva la batuta con mano maestra, un final espléndido, una música de esas que recuerdas y un elenco de actores maravilloso, secundarios incluídos, pues muchos de ellos tienen su pequeño (o gran) momento en la película y lo hacen estupendamente.
George Roy Hill, volvió a reunir a Newman y Redford que lograron dos de sus mejores actuaciones y es que lo tenían todo, buenos intérpretes y además guapos.
Una película de esas que no se olvidan y que siempre vuelves a ver con agrado.




miércoles, 18 de enero de 2017

LA LA LAND

Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz que trabaja como camarera en Los Ángeles a donde ha ido a vivir con el objetivo de abrirse camino en su sueño profesional.
Sebastian (Ryan Gosling), es un músico de jazz que sobrevive gracias a actuaciones en cócteles y bares de poca categoría.
Para ella, el sueño de Hollywood, convertirse en una estrella de cine. Para él, el jazz más puro, mantener vivo un género agonizante. Ella es pizpireta, optimista y con un gran sentido del humor. Él es introvertido, quisquilloso, extremadamente talentoso pero también egocéntrico y engreído.
Ambos trabajan duro para conseguir esos objetivos, pero se ven obligados a tomar decisiones que amenazan con rasgar la frágil tela de su amor, y la ambición de ambos por llegar a la cima, supondrá un obstáculo para el futuro de su relación, ya que además, piensan que para llegar a la excelencia hay que volcarse plenamente, aunque suponga dejar de lado otros afectos y otros aspectos de la vida.
Todo ello aderezado con desencuentros y malentendidos tan típicos de este tipo de comedias románticas en el más puro estilo de los clásicos.


El género que deslumbró en el Hollywood de los 50, renace de sus cenizas y no es con una adaptación de un éxito de Broadway como había ocurrido en algunas ocasiones, sino un producto creado específicamente para el cine.
Damien Chazelle no es un recién llegado, ni un realizador que pretenda demostrar que sabe tocar todos los palos cinematográficos y para ello saque adelante este musical, sino que tiene una exitosa carrera previa (Guy and Madelaine on a park bench y Whiplash) y en esta ocasión vuelve a colaborar con Justin Hurwitz para acercarnos una historia sencilla, pero muy emotiva y bien trabajada, con unos protagonistas espléndidos en su trabajo, que transmiten emoción al espectador. El conjunto es un maravilloso trabajo que ha encandilado a público y crítica y que se postula a ser considerado como un clásico del género a tan poco tiempo de su estreno.


La película es una combinación de aciertos, por un lado la sensacional interpretación de los dos protagonistas, por otro las melodías y la conseguida coreografía, con momentos realmente brillantes, como el espectacular arranque o las románticas escenas del observatorio y, para rematar el compendio de logros brillantes, la sabia mezcla del sabor clásico con el aire fresco que destila.
Plagada de homenajes cinéfilos a algunos de los clásicos del género, en los que se inspira sin tratar de ocultarlo, sino todo lo contrario. Los músicales de Rogers y Astaire, Kelly o Charisse, con número de claqué (o tap) incluído, están presentes en el film, pero también los hechos fuera de Hollywood, porque Chazelle es un enamorado de la música y le da igual dónde se haga, de hecho, queda patente esa fascinación que siente por la película de Demy Les parapluies de Cherbourg, no sólo por el colorido, sino por la propia historia en sí.
Y para acabar de rematar la brillantez de la película, ese final desgarrador, pero emocionante y romántico donde los haya, con uno de los más logrados planos finales que he visto en los últimos tiempos.




martes, 17 de enero de 2017

CONVERSACIONES CON FERNANDO FERNÁN GÓMEZ

Enrique Brasó sigue el esquema que marcó Truffaut en su famosa entrevista a Alfred Hitchcock, que se convirtió en libro.
Fernán Gómez habla de su dilatada experiencia como actor, director, escritor y guionista y, aunque también lo fue de teatro, aquí se centra en su carrera cinematográfica. Es claro que el protagonista de la entrevista es historia del género en España y este recorrido personal, se convierte en una panorámica del cine español de la segunda mitad del siglo pasado, prácticamente desde el final de la Guerra Civil.
Fernán Gómez hace gala de sinceridad y no se marca tantos a los que tan proclives resultan otros intelectuales de la época, que parece que siempre mantuvieron una lucha abierta con el sistema y enfrentados con el Régimen político y, desde luego, no le importa reconocer con naturalidad los fracasos que jalonaron su carrera y que se alternan con películas que obtuvieron el reconocimiento del público y la crítica y que todos recordamos.
Un libro magníficamente editado por Espasa, con muchas fotografías y en el que el aficionado ve desfilar a gran parte quienes fueron protagonistas de nuestro cine en esos años, en las diversas facetas del mismo.



lunes, 16 de enero de 2017

CACHITO

Una chiquilla vive con su abuela, perdidas en la sierra. Al morir la anciana, la cría emprende viaje en busca de su madre con la pista de una dirección en una añeja carta, que corresponde (esto lo descubre al llegar) a un club de alterne. La madre ya no está allí, pero el chulo propietario del garito, ve en la chica una mina de oro y quiere sacar provecho de su cara bonita, su cuerpo serrano y su virginidad, para disfrute propio y ajeno.
Irrumpe de nuevo en escena el camionero que la llevó hasta allí, como una suerte de príncipe azul que tratará de ayudar a la chica de sus sueños y arrancarla de las manos del malvado villano.
El film se basa en un relato de Arturo Pérez-Reverte ("Un asunto de honor") escrito pensando en el cine, aunque se publicó en forma de libro poco antes del estreno de la película.
Estamos ante una historia de buenos y malos en toda regla, incluso me atrevo a decir que, algunos buenos son ingenuos y los malos, bastante patéticos. Una historia que resulta increíble, a pesar de que todos sabemos que puede ocurrir perfectamente, pero es que el tratamiento que recibe, hace que la sintamos como irreal.
Los actores tampoco es que contribuyan mucho a elevar el nivel, algunos sobreactuando y otros, como en el caso de la protagonista, como pasmados de verse allí.
Las gracias o las escenas que pretenden tener algún toque de humor, dan pena y apenas hacen gracia, quizá el único que consigue dar con lo que requiere el papel es Luis Cuenca, en su breve intervención y algunos momentos muy contados de Jorge Perugorría.


La verdad es que da un poco de pena, porque la historia no es mala, Pérez-Reverte dice que la concibió como una especie de cuento de hadas con final feliz, pero aquí parece un relato de serie B o C.
Podría haberse convertido, al menos, en un testimonio con ciertos toques dramáticos e irónicos sobre lo que es el mundo de los clubs de carretera y en algunos momentos parece que lo va a conseguir, pero todo se queda en el intento.