viernes, 18 de enero de 2019

MULHOLLAND DRIVE

Betty (Naomi Watts), una rubia, bonita e ingenua, llega a Hollywood para comenzar su carrera de actriz, que según cree, la llevará a la fama y al éxito. En el viaje conoce a una pareja mayor, de apariencia simpática, protectora, pero que a solas revela su lado siniestro, terrible.
Ensaya con entusiasmo el guión para su primera audición en un estudio cinematográfico.
Pero en la entrevista ya se introduce un elemento discordante: Desempeña su rol no como lo había preparado (de manera natural) sino en forma sensual, erótica. El director Bob Brocker (Wayne Grace) parece ausente, no presta atención a la actuación y sus palabras finales son más una crítica que un elogio (Betty desempeña el rol equivocado).
Adam (Justin Theroux), representa el arquetipo del americano de clase media. Es un reconocido director cinematográfico, un hombre exitoso con una holgada posición económica.
Debe elegir a la actriz de su nueva película y sus productores de aspecto y conducta mafiosos, le imponen a Camila Rhodes (Laura Harring), una chica muy parecida a Betty en su aspecto físico, que canta para él una canción inocente, casi tonta.
Un accidente inesperado salva la vida de Camila.
Asustada, semiinconsciente se esconde, comparte un sueño con Betty y al darse cuenta de que corre peligro, decide cambiar su apariencia.
Betty para ayudarla intenta transformarla en su doble.
Camila con peluca rubia es la doble de Betty, pero cuando se la quita vuelve a ser ella misma, capaz de despertar el amor y la pasión de su amiga.


Supongo que no han entendido nada de esa especie de argumento que he escrito más arriba. Tranquilos, es lo que pretendía, de lo contrario, es posible que, sin quererlo, revelara parte de la trama.
Y es que la película, cuando se ve por primera vez, es difícil, tal vez imposible, de entender, porque David Lynch y su particular forma de hacer cine, son así, parece como si disfrutara con lograr que el espectador acabe extenuado al terminar de ver una de sus películas en su intento de entender lo que ha visto.


Mulholland Drive es la historia de un sueño, de lo que la protagonista está viendo en él y de cómo reconstruye la realidad de otra manera, como ocurre con cualquier sueño. Lo que pasa es que, al contrario de lo que sucede en otras películas, donde tiempo presente y pasado, futuro, o realidad imaginada, se deslindan para que el espectador pueda seguir la trama, aquí se nos dan sin separación alguna y con muy pocas pistas que ayuden a saber por donde transitamos.
Película complicada de entender cuando se ve por primera vez, aunque en el fondo, el argumento es sencillísimo, pero es, sobre todo, una obra con una gran calidad visual y unas buenas interpretaciones, otra cosa es que no te guste este tipo de films con el que algunos se sienten poco menos que estafados.
Además, Lynch nos regala algunas secuencias realmente brillantes, como la impactante del inicio o la divertida (humor negro, se entiende), del asesino chapucero que va a cargarse a uno y casi se cepilla a todo el edificio, escena a la altura, o incluso superior a cualquiera firmada por el mismísimo Tarantino.
Si quieren entenderla y no están por la labor de hacer un ejercicio de imaginación o, sencillamente, no se ven capaces, por ahí circulan multitud de explicaciones, sobre el argumento. Por cierto, más de uno de los que vienen a darnos lecciones, me da que tampoco la entendieron hasta que alguien les señaló la ruta del laberinto (yo el primero, aunque no pretendo dar ninguna lección).




jueves, 17 de enero de 2019

COLD WAR

Polonia, años 50, en plena Guerra Fría, aquellos días en los que en el Bloque del Este, en Europa, Stalin era el único dios al que no solo se podía, sino se debía alabar y glorificar. Unos momentos de ausencia de libertad, persecuciones políticas, espionajes y censura cuya existencia se alargó por décadas. Miles, millones de vidas fueron dirigidas, modificadas, falseadas y hasta sacrificadas. El terror y el pensamiento único invadieron cualquier ámbito, sin que existiera pared o muro impoluto. Todas las barreras estaban formadas por demasiados agujeros que aunque no se podían atravesar, sí que permitían investigar y atisbar lo que sucedía al otro lado.
En un país marcado por las heridas sufridas en la II Guerra Mundial, las nuevas autoridades comunistas promocionarán la creación de un grupo de músicos que, a través del folklore local, intentará llevar algo de alegría a los camaradas polacos, y de paso transmitir mensajes de alabanza sobre el camarada Stalin. Wiktor (Tomasz Kot) es un pianista que forma parte de este grupo coral. Será entonces cuando Wiktor se enamore de Zula (Joana Kulig) y juntos vivan un bello romance, que irá yendo y viniendo a lo largo de más de una década, entre Oriente y Occidente, donde suena el jazz y empieza a reinar el rock'n'roll.
La historia que se inicia en Varsovia, en una especie de internado creado por el régimen comunista, en el que se conocen los dos protagonistas, se torna en una historia viajera sobre la búsqueda del amor imposible, que va saltando por París, Yugoslavia y Berlín.
La turbulenta relación entre los dos protagonistas, se inspira en la de los propios padres del director, que se separaron y volvieron a reunirse en un par de ocasiones y se mudaron de un país a otro.


De una factura técnica exquisita, es una de esas películas que se suelen calificar como cine de autor y que no dan mucho juego en las salas comerciales, pues el público al que van dirigidas requiere determinado perfil que no casa con el cine que nos suelen ofrecer los trabajos que llegan a la gran mayoría en general.


Cold War es una historia de amor y desamor, de continuos desencuentros y reencuentros en el que dos personajes con una personalidades básicamente independientes, no encuentran, sin embargo, la manera de llegar a olvidarse uno del otro.
Con el fondo de la situación que se vivió en los países de la órbita soviética, que queda bastante bien retratado en pocas secuencias, aunque sin profundizar demasiado en ello.
Narración romántica con un punto de originalidad, algunas secuencias realmente valiosas y un arranque que recuerda al cine documental y que resulta muy llamativo.




miércoles, 16 de enero de 2019

PERSÉPOLIS

Marjane 'Marji' Satrapi, es una joven iraní hija de una familia de clase alta de ideas progresistas.
A finales de los setenta, Marjane presencia los acontecimientos que ocurren en su país a través de sus ojos infantiles y los de su idealista familia, que ve cumplido un sueño largamente acariciado en la derrota del odiado Shah tras la Revolución iraní de 1979.
Sin embargo, a medida que Marji crece, es testigo de cómo el nuevo Irán, ahora gobernado por fundamentalistas islámicos, se ha convertido en una tiranía represiva por sí misma. Con Marji negándose peligrosamente a permanecer en silencio ante esta injusticia, sus padres la envían al extranjero, a Viena, en parte para protegerla de los bombardeos que sufre la población del país embarcado en la guerra contra Irak, pero también para librarla de los problemas legales en los que podría acabar de continuar con su conducta, que no siempre se ajusta a las costumbres propugnadas desde el gobierno islámico.
Este cambio supone una prueba igualmente difícil para la joven que se encuentra en una cultura diferente cargada de personajes extraños y algunas decepciones que la preocupan profundamente. Incluso cuando regresa a casa, Marji descubre que tanto ella como su país natal han cambiado demasiado y que la joven y su amada familia deben decidir a dónde pertenecen realmente.


Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, realizadores del film, son también los autores del guión de esta película de animación, basada en el cómic escrito y dibujado por la última, publicado originalmente en Francia en cuatro entregas, reunidas posteriormente en un volumen recopilatorio.
Catherine Deneuve (admiradora confesa del trabajo de Satrapi) y su hija Chiara Mastroianni, ponen voz a los personajes de la madre de Marjane y de esta misma respectivamente.
La película fue galardonada con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 2007.


La película es la experiencia vital de la autora que, en ella, nos cuenta su propia vida y la manera en que ha sentido los acontecimientos de que ha sido protagonista. Al tiempo es una lección de historia, de la historia reciente de un país que pasó de una régimen unipersonal, en el que todo pensamiento político no aceptado era duramente reprimido y castigado con saña, a una encorsetada sociedad regida por la ley islámica, si cabe, aún más intransigente con lo que consideran cualquier desviación.
Satrapi ofrece una dura crítica de la situación de la población iraní en general y de la mujer en particular que no deja de ser la realidad misma, crítica de la que tampoco se libra occidente y esa especie de nihilismo existencial que parece haberse adueñado de una parte de la población.
La crudeza del relato queda rebajada por algunos toques de humor liviano que no oscurecen en absoluto una realidad bastante difícil de entender desde los países de nuestra cultura: Cómo un país de aparente modernidad, rico, por el petroleo que posee, con las mujeres asistiendo en igualdad de sus congéneres a la universidad, ha regresado a una suerte de edad media en que todos estos avances se han perdido y además de la mano de buena parte de la intelectualidad que, está claro, calculó muy mal la deriva que iba a tomar la revolución.
Eso es lo que nos acerca Persépolis en forma de dibujos en blanco y negro, muchas veces esquemáticos, pero que le vienen muy bien al fondo de la historia que narra.




martes, 15 de enero de 2019

EBEN-EMAEL

Al inicio de la II Guerra Mundial, el principal arma de los alemanes era la superioridad armamentística y la rapidez, la llamada Blitzkrieg, la guerra relámpago, que llevó a los aliados en pocas semanas al borde del desastre y obligó a la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica en Dunkerque.
Antes de eso, los alemanes hubieron de cruzar el Mosa para desbordar las defensas belgas y a través de aquel país, bordear la Línea Maginot y los bosques de las Ardenas, que el alto mando francés consideraba intransitables.
Dentro del plan estaba acabar con la fortaleza de Eben-Emael, situada entre Maastrich y Lieja y que los belgas habían construido entre 1932 y 1935, con el fin de defender la frontera del país. La artillería del fuerte tenía a tiro los puentes con los que contaban los alemanes para cruzar el canal Alberto y el río Mosa y el bastión era considerado como un obstáculo que, en el peor de los casos, retrasaría el avance alemán dando tiempo suficiente a los aliados para responder a un eventual ataque germano.
Desde noviembre de 1939, hasta mayo de 1940, los soldados belgas de la zona habían sido puestos en alerta en cuatro ocasiones debido a falsas alarmas, con la consiguiente anulación de permisos, lo que unido a la vida bajo tierra en los subterráneos del fuerte, fue deteriorando tanto la moral como la capacidad de reacción de los soldados. Cuando a la 00:30 horas del 10 de mayo el fuerte recibió una nueva llamada de alerta por un posible ataque desde el otro lado del canal, nadie sabía si se trataba de otra falsa alarma. Realmente nadie esperaba una invasión, que era lo que se estaba produciendo, ya que grupos de hombres relativamente pequeños habían aterrizado a bordo de planeadores, cada uno con un objetivo concreto, que incluían acabar con las posiciones artilleras que apuntaban hacia los puentes y bloquear las salidas del fuerte para dejar atrapados a sus defensores. La rapidez era primordial puesto que los belgas tenían preparados explosivos para derribar los puentes en caso de extrema necesidad.
Debido a la indecisión y a las discusiones establecidas entre los defensores sobre si debían volar o no los puente, únicamente el puente de Kanne saltó por los aires, el puente de Vroenhoven y el de Veldwezetl, de 115 metros de largo y unos 9 de ancho, permanecieron incólumes.
A las 12:15 horas del 11 de mayo, los soldados belgas salieron de sus refugios bajo tierra enarbolando bandera blanca y entregando Eben-Emael a los alemanes. El 28 del mismo mes, el ejército belga al completo se rendía a los nazis.




lunes, 14 de enero de 2019

CELDA 211

Juan Oliver (Alberto Ammann) es un afable funcionario de prisiones que acude a su nuevo lugar de trabajo un día antes de lo previsto para conocer el centro y el ambiente penitenciario. La mala suerte quiere que sufra un accidente que le deja sin conocimiento. Para que se recupere, los compañeros le acomodan en la Celda 211, con tan mala fortuna de que en esos momentos se desencadena un motín en la cárcel y se ven obligados a abandonarle a su suerte. Cuando despierta, Juan comprende la situación en que se halla, está rodeado de los presos del sector FIES, los más temidos y peligrosos. Si no quiere morir, deberá valerse de mentiras y astucia, corriendo el riesgo de hacerse pasar por uno de ellos y participar en el motín, ganándose la confianza de Malamadre (Luis Tosar), el recluso que controla la cárcel.
Enredado en un destino tan caprichoso como trágico, que le obliga a utilizar al máximo los recursos de su inteligencia, este hombre va descubriendo que no es tímido, que no es débil, que quizá ni siquiera es un hombre bueno, como siempre había creído: es un superviviente nato al borde del abismo.
Mientras, en las oficinas del centro, José Utrilla (Antonio Resines), un funcionario sin escrúpulos, y el director de la cárcel, se debaten entre actuar de inmediato con los medios propios o esperar a los agentes especiales.
También viajamos a esa misma mañana para descubrir cómo de satisfactoria era la vida de Juan junto a su mujer Elena (Marta Etura), a punto de salir de cuentas.
Parece que los GEOS van a entrar en cuanto vean la mínima oportunidad y la vida de Juan volverá a su cauce de normalidad.
No obstante, el destino le depara una paradójica mala pasada que él aún desconoce.


El guión se basa en la novela del mismo nombre de Francisco Pérez Gandul, novela que me permito recomendar a los amantes de este tipo de lecturas, pues aunque hayan visto la película, disfrutarán de ella y de algunas cosas que difieren de la, por otra parte, magnífica adaptación que de la misma hacen el propio realizador, Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarría.


Aún recuerdo la repercusión que tuvo esta película, con una promoción que no fue nada del otro mundo, pero cuyo valor se fue transmitiendo entre el público, alcanzando uno de los mayores éxitos de taquilla del cine español. El film se llevó ocho premios Goya, incluyendo los apartados de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor, este último para Luis Tosar, cuya interpretación fue unánimemente alabada y reconocida como "culpable" en gran medida, del éxito de la película. La verdad es que todos los intérpretes rayan a gran altura, desde el mencionado Tosar, hasta el otro protagonista, Alberto Ammann, cuyo personaje va evolucionando a lo largo de la narración, pasando por un Antonio Resines que demuestra, una vez más, su calidad como intérprete, en esta ocasión fuera de sus registros habituales.


Creo que uno de los grandes aciertos de Monzón es no profundizar demasiado en las críticas que plantea sobre el sistema penitenciario o la ineptitud de los políticos para afrontar el problema que se les plantea, los asuntos quedan dibujados de manera que resulta suficiente para el espectador y el film se centra más en el propio conflicto y en los personajes que lo viven, dotando a la película de una favorable dinámica para involucrar al espectador hasta llevarle hasta el dilema moral en que nos sumerge el magnífico giro final de la película.
El rodaje se hizo en la cárcel de Zamora, entonces ya en desuso, y algunos exteriores se rodaron también en la misma ciudad (Mercado de Abastos y entorno y en la Plaza de Santiago). Mucha gente de la ciudad participó en el rodaje, bien como figurantes, o colaborando en otras tareas. Entre esos participantes, estaba Luis Angel Puente, un bombero zamorano que falleció poco después de finalizado el rodaje, cuando contaba 39 años, en un acto heroico, al intentar salvar a tres piragüistas de entre 15 y 22 años, cuando cayeron a las aguas del Duero, mientras practicaban su deporte; a él está dedicada la película.




viernes, 11 de enero de 2019

SUCEDIÓ UNA NOCHE

En Miami, la joven y caprichosa heredera Ellie Andrews (Claudette Colbert) está atrapada en el yate de su padre, un poderoso hombre de negocios de Wall Street, que la tiene encerrada a fin de impedir que se encuentre con el snob aviador King Westley (Jameson Thomas), con el que ha contraído matrimonio en secreto.
Empeñada en conseguir su propósito contraviniendo los deseos de su padre, Ellie salta por la borda y nada hasta la orilla. Andrews contrata a una agencia de detectives para encontrarla y ofrece una recompensa de 10.000 dólares por cualquier información sobre su hija. Pero Ellie empeña su reloj, compra algo de ropa y un billete de autobús a Nueva York para encontrarse con su amante.
En el autobús conoce al cínico reportero Peter Warne (Clark Gable), un tipo que, no obstante, resulta simpático y atractivo. Sin embargo, cuando un ladrón le roba su bolso con su dinero en una parada de autobús y Ellie no revela su verdadera identidad, Peter la reconoce y chantajea, pidiéndole que viaje con él. A cambio promete protegerla y escribir sobre su aventura en pos de reunirse con King Westley. A lo largo de su viaje, Ellie se enamora de Peter; pero cuando él desaparece del motel donde están alojados y se entera de que se ha puesto en contacto con su padre para tratar de un asunto económico, Ellie cree que solo estaba interesado en la recompensa. .
El guión se basa en el relato "Night Bus", de Samuel Hopkins Adams, publicado en la revista Cosmopolitan.


La película tiene en su haber unos cuantos records y un montón de anécdotas. Fue el primer film en ganar el llamado "grand slam" de los Oscar (mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actriz y mejor guión), algo que únicamente dos películas, Alguien voló sobre el nido del cuco y El silencio de los corderos, han conseguido posteriormente.
Al parecer, ni Colbert, ni Gable, estaban interesados en hacer el film, fueron prestados a la Columbia por sus respectivas productoras y, al menos en el caso de Gable, como una especie de castigo. Columbia, que no seguía el modo de actuar de las otras grandes productoras, no tenía intérpretes en nómina y perdirlos prestados cuando necesitaban una primera figura, era algo habitual. El éxito del film provocó que Columbia Pictures, hasta entonces una productora de segunda, entrara a formar parte de las llamadas "Majors" de la industria.
Clark Gable, todo un mito del cine, logró con esta película su único Oscar, también sería el único para su pareja protagonista.


Sucedió una noche es una entretenida comedia que parte de un argumento sencillo, pero al que Frank Capra sabe dotar de dinamismo, con escenas realmente conseguidas, una fotografía que destaca sobre todo en las escenas nocturnas y, gracias a un guión bien escrito, aunque siga los parámetros convencionales, con diálogos chispeantes. Situaciones divertidas y unas espléndidas actuaciones, hacen de esta película, precursora de un género que sería explotado hasta la saciedad en adelante, uno de los grandes hitos de la comedia romántica divertida y amable.




jueves, 10 de enero de 2019

SEVEN (SE7EN)

En una ciudad estadounidense sin determinar, al detective de homicidios William R. Somerset (Morgan Freeman), que está a punto de retirarse, le es asignado como compañero el joven e impulsivo detective David Mills (Brad Pitt), recientemente trasladado.
Los detectives empiezan a investigar una serie de asesinatos relacionados con los siete pecados capitales. El primero de ellos es el de un hombre obeso que fue forzado a comer hasta morir y quien así representa la gula. En cada escena del crimen, Somerset y Mills encuentran nuevas pistas que les conducen al siguiente asesinato, razón por la cual creen que están tras un asesino en serie. El siguiente cadáver es el de un acomodado abogado que fue obligado a cercenarse una parte del cuerpo (inspirándose el asesino en una cita de El Mercader de Venecia de Shakespeare​) y desangrarse, que representa la avaricia. Un conjunto de huellas encontradas en la escena del segundo asesinato conduce a los detectives a un apartamento donde se topan con un hombre demacrado atado a su cama. Al principio creen que está muerto, pero pronto descubren que ha sido mantenido vivo e inmovilizado durante un año exacto; se trata de un traficante de drogas y abusador de menores que simboliza la pereza. Se ha mordido la lengua y su cerebro se halla en un estado tan frágil que un destello de luz le puede hacer colapsar, por lo que el hombre no puede hablar con los detectives. Estos concuerdan en que el asesino ha venido planeando todos estos crímenes a conciencia y detenidamente.
Después, Somerset conoce a la esposa de Mills, Tracy (Gwyneth Paltrow), que no está contenta con haberse mudado a aquella ciudad. El veterano detective se convierte en el confidente de Tracy, con quien intercambia algunos pormenores de su vida.
Por medio de los registros de una biblioteca, los detectives ubican a un hombre  que se hace llama John Doe (Kevin Spacey), (nombre que se utiliza en ese país para referirse a las personas no identificadas), quien frecuentemente ojea libros relacionados con los pecados capitales. Cuando Doe encuentra a los detectives llamando a la puerta de su apartamento, les dispara y huye. Mills le persigue, pero el perseguido consigue emboscar al perseguidor y encañonarlo con su pistola. No obstante, opta por dejarlo ileso y fugarse.


Con guión de Andrew Kevin Walker, David Fincher dirige con pulso firme este inquietante thriller que ya se ha convertido en un verdadero icono dentro del género y que, para muchos críticos y aficionados supuso una revitalización del mismo.


Durante toda la película domina un tono sombrío, acentuado por la lluvia constante en las escenas exteriores y que viene a remarcar lo turbio del argumento. Las actuaciones de los dos protagonistas y de Kevin Spacey, muy logradas.


La película plantea un dilema moral que va envolviendo al espectador hasta llegar al impactante final que nos deja totalmente perturbados. Por un lado asistimos a un historia que nos atrapa y en la que nada de lo que vamos viendo, por duro y desagradable que pueda parecer, resulta gratuito. El refinamiento del asesino es una especie de arte morboso, dañino y repugnante que sirve para dibujarnos su peculiar y enfermiza personalidad.
Al final todos parece que ganan, pero en realidad todos resultan perdedores, excepto el espectador, al que se le ha brindado la ocasión de ver un film de excelente calidad y con un magnífico y original planteamiento.