jueves, 25 de agosto de 2016

LA XV BANDERA (VOLUNTARIOS IRLANDESES EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA)

Ya hemos hablado alguna vez de los voluntarios extranjeros que combatieron en la Guerra Civil Española, hoy lo vamos a hacer de los irlandeses encuadrados en la XV Bandera de la Legión.
Voluntarios irlandeses hubo en ambos bandos, en el republicano, integrados en las Brigadas Internacionales, una de las tres compañías del famoso Batallón Lincoln, estaba compuesta por combatientes irlandeses y cubanos. En el bando nacional, formaron su propia unidad y vamos a contar someramente la historia de su aventura española que comenzó a fraguarse en agosto de 1936, apenas un mes después del llamado Alzamiento.
El general Eoin O'Duffy, es un veterano de la guerra de la independencia, durante la cual se destacó al lado del legendario Michael Collins, atraído por la idea de contribuir directamente a la lucha contra el comunismo, O'Duffy escribe a varios periódicos para expresar su convicción de que Franco "está defendiendo las trincheras de la Cristiandad" y, de paso, sugiere la posibilidad de reclutar un cuerpo de voluntarios. El eco es inmediato y de todos los condados afluyen cartas de aprobación por centenares. Muchos jóvenes se declaran dispuestos a marchar. Al general le gusta referirse a los soldados de la Invencible que vinieron a prestar socorro a Irlanda y también a los innumerables irlandeses que sirvieron al Reino de España, así los generales O'Donnell, O'Shea y O'Reilly, sin olvidar al arzobispo de Cashel, el Colegio irlandés de Salamanca y la Iglesia de los Irlandeses en Madrid. Por estereotipado y sentimental que pueda parecernos hoy, este lenguaje no deja al público irlandés indiferente.
Sin embargo, el empeño, no va a resultar fácil, el parlamento irlandés vota una ley que prohíbe a todo ciudadano irlandés que se aliste en España bajo pena de una multa (hasta 500 libras) y de encarcelamiento (hasta dos años). En Gran Bretaña el asunto también causa revuelo: invocando el Pacto de no-intervención, algunos diputados -los señores Manders, Roberts y Gallacher- exigen resueltamente que se impida a los voluntarios que salgan desde puertos ingleses. Estas dificultades no impresionan al general O'Duffy. Seis mil personas ya han respondido a su llamamiento y la Iglesia Católica le apoya casi oficialmente. Se sabe que miembros del IRA ya combaten con los rojos y, por eso, el argumento de la no-intervención resulta poco convincente. Lo que se conoce del bando republicano más bien sirve a la causa del general O'Duffy. Según el parecer del capitán McGuinness, quien desertó del bando republicano y volvió a Irlanda, "el gobierno de Madrid es 100% rojo y violentamente hostil a la Iglesia Católica" y "cada irlandés que combate o defiende este régimen, defiende al enemigo de su Fe" . Por el contrario, la iniciativa de O'Duffy parece estar en armonía con las convicciones profundas del católico pueblo de Irlanda y las aspiraciones de su clero.
Ante las dificultades para hacerse con un transporte, será finalmente Juan de la Cierva, uno de los hombres de Franco en Londres, quien con la ayuda de Nicolás Franco, solventará el asunto alquilando el barco "Domino". El día 16 de octubre de 1936, cerca de Waterford, el primer contingente deberá embarcar con destino a España. Sin embargo, una contraorden del propio Franco, aplaza sine die la operación. Contrariado, pero no desanimado, O'Duffy viaja a España para conocer los motivos de esta decisión y Franco, con el que se entrevista en Salamanca, le dice que los soviéticos están buscando una disculpa para denunciar el pacto de no intervención e intensificar su ayuda a los rojos. Invitado por Franco, visita varias posiciones del frente de Madrid y en Toledo se entrevista con cardenal Gomá. A su regreso a Salamanca, se le comunica que dada la afluencia continua de franceses y rusos a la zona republicana, el general Franco autoriza la venida de los voluntarios irlandeses.
O'Duffy regresa a Irlanda y el 8 de noviembre reúne a sus coordinadores a quienes pide que movilicen de nuevo a los que todavía quieren salir. Alistados por la duración de la guerra o por seis meses, los voluntarios formarán una o más banderas del Tercio; cada bandera se compondrá de unos 800 hombres, o sea 4 compañías; con excepción de los oficiales de enlace, los mandos serán irlandeses. Según el acuerdo firmado con Franco, los irlandeses nunca tendrán que enfrentarse con los vascos, y podrán conservar sus normas propias. Médicos, capellanes, incluso cocineros serán irlandeses
Para el traslado en España, O'Duffy decide que se utilizarán las líneas existentes. Los voluntarios saldrán de Dublín para Liverpool y de ahí proseguirán hasta Lisboa con enlace semanal. El resto del viaje se hará por carretera. Los hombres viajarán de paisano, cada uno comprará su billete, y sólo en España se alistarán de manera individual. El 13 de noviembre de 1936, una primera decena de voluntarios sale de Dublín, una semana más tarde, el general O'Duffy acompaña a un segundo grupo; el 27 de noviembre, un tercer grupo de 84 voluntarios sale de Dublín; antes de que su barco zarpe del puerto, Monseñor Byrne, deán de Waterford, les ha remitido rosarios y Agnusdei. Evocando la partida en su homilía dominical, Monseñor Ryan declara: "Han salido para tomar parte en la batalla de la Cristiandad contra el comunismo. Muchas dificultades les esperan y sólo los héroes pueden emprender tal combate". El 4 de diciembre, 100 hombres más salen de Dublín y dos días después, otros 500 se embarcan de noche en un buque que ha venido de España, secretamente reunidos en Galway y llevados a alta mar por un barco irlandés (el "Dun Aengus"), estos hombres atraviesan un temporal antes de acceder al buque español. Desembarcados en El Ferrol y llevados a Salamanca, siguen hasta Cáceres, donde radica el cuartel de la tropa irlandesa que se somete a una preparación intensiva bajo mando del capitán Capablanca. La unidad que conforman se llama "XV Bandera de la Legión" y recibió el apodo de "La católica". Lleva el uniforme del Tercio (con arpas célticas en las solapas).
Prevista para la noche del 6 al 7 de enero de 1937, la travesía siguiente no tendrá lugar. A la hora fijada, más de 700 voluntarios, que deberían formar la bandera de relevo, se presentan en Passage East y esperan en vano al buque español que debía transportarles. Requerido en el último momento para tomar parte en una operación naval cerca de Málaga, el navío no arribará.
En Cáceres, los irlandeses son objeto de innumerable atenciones: El coronel Luis de Martín Pinillos, gobernador militar, manda izar la enseña irlandesa sobre todos los edificios públicos de la provincia, e interpretar el himno irlandés en las ceremonias oficiales. El Obispo permite que durante los oficios, a los que asisten regularmente, se despliegue el estandarte de la brigada. El 3 de enero, el coronel Pinillos invita a todos los oficiales a visitar el monasterio de Guadalupe. Enarbolando banderas irlandesas, la pequeña localidad cacereña acoge de manera triunfal a los irlandeses y el Prior del monasterio les habla con mucho afecto. Algunos días después, la Bandera desfila para celebrar la toma de Málaga, y el 6 de enero, el mismo general Franco viene a pasar revista.
El 16 de febrero de 1937, la Bandera irlandesa recibe la orden de marchar que tanto esperaba. El destino es Ciempozuelos, donde 635 hombres de la Bandera irlandesa participarán en la Batalla del Jarama.
El 17 de junio de 1937 a las 10 de la tarde, el "Mozambique" se hace a la mar en Lisboa, a bordo viajan los supervivientes de la XV bandera, solo se quedan en Cáceres 8 heridos intransportables y dos enfermeras (MacGorisk y Mulvaney): para los irlandeses, la expedición a España ha terminado.
Constituida por personas privadas, desprovista de dinero y desaprobada por su gobierno, la brigada irlandesa no desempeñó un gran papel militar durante la guerra. Su presencia fue sobre todo simbólica. Como ha escrito O'Duffy: "Diez mil irlandeses habían contestado a mi llamamiento, pero no pudimos llevarles a España. No teníamos buques. A la inversa de lo que ocurría en Italia, en Alemania, en Francia y en Rusia, no teníamos ningún apoyo del gobierno; y a España le faltaban navíos". 15 muertos y decenas de heridos, dan fe de la presencia de estos hombres que, en palabras de nuevo del propio O'Duffy "eran verdaderos cruzados que dejaban casas confortables… No eran mercenarios sino idealistas. Para cada uno de ellos, ir a España era un verdadero sacrificio, y todos volvieron más pobres que antes"




miércoles, 24 de agosto de 2016

SI TE DICEN QUE CAÍ

En 1970, dos amigos de la infancia y compañeros de trabajo en un hospital, Ñito (Cesáreo Estébanez), un celador, y sor Paulina (Mercè Sans), una monja que presta servicio como enfermera, identifican el cadáver de una pareja que se ha ahogado en un accidente de coche. El muerto es Daniel Javaloyes (Jorge Sanz), conocido como 'Java', compañero de correrías durante la niñez.
Ante su cadáver, ambos rememoran recuerdos de infancia en el barrio barcelonés de El Guinardó, en los tristes años de la posguerra española. Allí aparecen sus primeras experiencias sexuales, sus fantasías y sus miserias. En un ambiente degradado y oscuro, los protagonistas cuentan sus “aventis” –historias inventadas por niños nacidos de la violencia y criados en la calle– que les permiten ir tejiendo una realidad fantástica y extrañamente cotidiana.
Basado en la novela del mismo título de Juan Marsé, el autor señaló que no era la peor adaptación que habían hecho de sus libros, lo que es decirlo todo sin decir nada.
Para mi gusto no es una buena adaptación, aunque tiene sus claroscuros. Por un lado refleja con acierto una parte de lo que fue la Barcelona de postguerra, la de las familias de los vencidos, pobreza, miseria e ingenio para salir adelante, pero se deja llevar por el ambiente prostibulario, que también existió (nadie lo duda), pero ahí encuentra Vicente Aranda su espacio para desarrollar ese particular manual de estilo tan propio de él, en que desata el voyeur que lleva dentro (al menos eso parece viendo algunas de sus películas).
Mal diferenciados los "aventis" de lo que pudiéramos llamar narración real, de manera que a medida que avanza el film, hay muchos momentos en los que uno no sabe si está viviendo una de las historias que cuentan los muchachos o pertenece a lo que de verdad ocurrió en sus vidas.
Hay algunas cosas curiosas, por ejemplo el papel de Javier Gurruchaga, que parece hecho a medida de este iconoclasta y carismático showman o el debut en el cine de algunos actores que más adelante serán muy conocidos en nuestra escena y aquí son apenas unos niños (Carlos Trsitancho, Juan Diego Botto...).
Tiene momentos interesantes, pero en general yo creo que no es una buena adaptación de la novela de Marsé, de la que se podría haber sacada más partido.




martes, 23 de agosto de 2016

HERIDAS ABIERTAS

Ann Nash y Natalie Jane Keen, dos niñas de apenas 10 años, aparecen muertas, con unos meses de diferencia, en la tranquila localidad de Wind Gap, en Missouri. Ambas han sido estranguladas y les han extraído todos los dientes, en ninguno de los dos casos hay evidencias de abusos sexuales.
Camille Preaker, reportera del Chicago Daily Post, es enviada por el director del diario para cubrir la noticia. Camille nació y vivió en Wind Gap y lo que su jefe piensa que va a ser una ventaja, se convertirá para la joven periodista en un problema. En su pueblo ha de enfrentarse a su pasado, una madre con un temible complejo que la lleva a tratar de alargar la dependencia de sus hijas hacia ella, hasta extremos peligrosos.
Al hospedarse en casa de su madre, Camille abrirá viejas heridas que ya creía cerradas y tendrá que convivir con Amma, su hermanastra, una lolita de 13 años muy inteligente y que gobierna a las adolescentes más populares de la pequeña ciudad.
Gillian Flynn nos ofrece un relato policiaco repleto de detalles, con diálogos bien construídos, pistas disimuladas, al tiempo que nos acerca a la desgarradora vida de las mujeres que lo pueblan, amas de casa desesperadas, aburridas, frustradas, en la mayoría de los casos por la falta de afecto que arrastran desde la infancia.
Un relato penetrante y efectivo, de esos que te atrapan desde el inicio, cuyo mensaje final, si lo piensas bien, resulta aterrador aunque con un resquicio a la esperanza.



lunes, 22 de agosto de 2016

MONTOYAS Y TARANTOS

En la fascinante Andalucía, dos familias de raza gitana, una rica y poderosa, la otra sin más patrimonio que el baile, reviven antiguos rencores. E igual que en aquella otra historia de Romeo y Julieta de Shakespeare, en ésta, el joven y apasionado Manuel Taranto (Juan Paredes) conocerá y se enamorará perdidamente de la bella Ana Montoya (Esperanza Campuzano). Ese amor desbordado de los dos jóvenes será rechazado por igual por los Montoyas y por los Tarantos.
El rencor de ambas familias por una vieja historia de amores frustrados y teñidos de sangre, vuelve a revivirse de nuevo.
El film recupera la historia contada por Rovira Beleta en "Los Tarantos" (aún se recuerda el prodigioso baile de Carmen Amaya y Antonio Gades) dos décadas atrás, una película que, como esta, optó al Oscar representando a España, recupera asimismo a Vicente Escrivá para el cine, ya que no rodaba desde hacía ocho años, quien la dirigió por encargo.
En ambos casos, se inspiran en la obra "Historia de los Tarantos", que Alfredo Mañas estrenó en el teatro a principios de la década de los 60 de pasado siglo, una versión libérrima y modernizada del Romeo y Julieta shakesperiano, que en el film nos trae lejanos recuerdos de West side story.


Producida y fotografiada por Teo Escamilla, y con música de Paco de Lucía, los jóvenes Esperanza Campuzano y Juan Paredes, junto a Cristina Hoyos y Juan Antonio Jiménez, son los principales intérpretes de Montoyas y Tarantos.
Otros nombres conocidos completan el reparto, Sancho Gracia, Pepe Sancho, Mercedes Sampietro, Queta Claver o un joven Antonio Canales.


Mucho estereotipo a la hora de modernizar la antigua versión, en la que destaca sobre todo la maestría a la hora de manejar la cámara de Teo Escamilla, con estupendas imágenes de Isla Cristina o Matalascañas y sus habituales juegos con las sombras en las escenas que se desarrollan en escenarios urbanos.
Por lo demás es un film prácticamente olvidado, enterrado por el recuerdo de la versión anterior. En esta se cambia el barrio barcelonés de Somorrostro por un pueblo innominado de Andalucía y todo el drama, dentro de la tragedia con que concluye la historia, queda muy acaramelado y diluído por la conformación estética del film.




viernes, 19 de agosto de 2016

LA NOCHE OSCURA

Juan de Yepes Álvarez, de nombre religioso Juan de la Cruz (Juan Diego), reconocido poeta y fraile carmelita, es conducido prisionero hasta el convento de la Orden Carmelita, en Toledo. Corre el mes de diciembre del año 1577, y sus ideas reformadoras sobre la iglesia de la época no sientan bien. El prior de la Orden y el Visitador General, Fray Jerónimo Tostado (Fermí Reixach), son los máximos antagonistas de Juan de la Cruz. Ambos son los responsables del encarcelamiento de Fray Juan, que en su celda es sometido a todo tipo de torturas. Entre ellas una alimentación pésima, además, todos los viernes es disciplinado con azotes en su espalda. La misión de tal castigo es hacerle cambiar de opinión y olvidar sus descabelladas ideas, tenidas como un síntoma de orgullo por querer mostrarse ante los demás como un adalid de la pobreza a la búsqueda de que la gente le tenga por santo. Sin embargo, Juan de la Cruz no cesa en su empeño, mostrándose cada día más fuerte, sacando de sus casillas al prior de la Orden de los Carmelitas. El fraile recibirá una ayuda inesperada; su guardián le proporcionará papel y pluma para que escriba sus bellos poemas. Unos preciosos versos dictados, según el reo, por el mismo Dios.
Juan prepara la fuga de su encierro ante la complicidad de su carcelero que se abstiene de denunciar dichos preparativos.


Carlos Saura estuvo siempre interesado en la obra y la figura del santo de Ontiveros, de hecho hay películas suyas ("Cría cuervos", "Mamá cumple cien años"), en las que se citan versos del poeta. Supongo que esperó al momento oportuno para él para escribir el guión y llevar adelante su proyecto.
En lugar de una biografía al uso, se centra en uno de los periodos más oscuros y a la vez atractivos de la vida de San Juan, su reclusión en el convento carmelita de Toledo, en una de cuyas celdas escribió algunos de sus más grandes versos.
Rodada integramente en interiores, salvo las escenas del inicio y del final, cuenta con una soberbia fotografía de Teo Escamilla que juega de manera magistral con las luces y las sombras.
El papel principal es interpretado por Juan Diego que hace un trabajo meticuloso de expresión corporal, sin embargo, reconociendo su gran actuación, resulta tremendamente cansado para el espectador ver ciertos pasajes que parecen sobreactuados y después está la lentitud exasperante de los movimientos que quieres remarcar los intensos sentimientos y la dureza de la reclusión pero que a veces se hacen pesados.
Saura hace especial hincapié en las ensoñaciones del fraile con una monja que conoció tiempo atrás, interpretada por Julie Delpy y que parece provocarle un grave problema en la entrepierna, quizá este sea uno de los aspectos menos conseguidos del film por el abuso que hace de esta idea.


La noche oscura no llega a la altura de los grandes logros de Saura, con mejores intenciones que resultados, ya sea por el punto de vista adoptado por el cineasta a la hora de poner en imágenes una propuesta tan arriesgada, aunque es intachable su factura técnica y contradictorio el nivel interpretativo.




jueves, 18 de agosto de 2016

FINAL DE TRAVESÍA

El libro de Jesús Ulled, narra la vida de Antonio Altemir, un personaje de ficción tras el que se esconde el propio padre del autor, un hombre cuya peripecia vital le pareció siempre digna de una novela y, tras leerla, creo que no ha errado en el juicio.
El protagonista forma parte de una familia que vive la política con pasión y sus dos hermanos mayores, Pepe y Rafael, herederos del firme republicanismo paterno, se habían entusiasmado con las palabras de Alejandro Lerroux, aquel andaluz de verbo populista que en pocos años renovó el republicanismo tradicional, aglutinando en el Partido Radical a sus diversas familias, y en especial a las clases obreras.
La novela arranca a principios del siglo pasado y a través de sus páginas vamos a vivir en primera persona muchos de los acontecimientos que salpicaron la vida de la Cataluña del momento, con el auge de las ideas nacionalistas, enfrentado con el españolismo de sus oponentes políticos y la radicalización en el mundo laboral, con los dolorosos enfrentamientos entre los sindicatos de clase, anarquistas primordialmente, y la patronal que replicaba con no menos contundencia.
Distanciándose de la tradición familiar, vinculada al mundo de la abogacía, Antonio se decanta por el periodismo y pronto entra a trabajar como meritorio en El Liberal, periódico de tendencia republicana moderada y posibilista y donde aparte de vivir de cerca los acontecimientos más importantes de Barcelona, por haber sido destinado a la sección de espectáculos, tendría relación con el mundo de la boyante farándula de la Ciudad Condal y llegaría a trabar amistad, nada menos que con la divina Raquel Meyer o a conocer a Carlos Gardel.
Altemir se convierte pronto en un hombre conocido en los ambientes artísticos, pero también en el mundo de la apasionante política catalana del momento merced a su militancia en el radicalismo, algo que le llevará, siendo muy joven, a la cárcel y que le hará ausentarse durante muchos meses, en los que se refugia en Sariñena, localidad originaria de la familia, para ponerse a salvo tras la huelga revolucionaria del verano de 1917 que derivó en la suspensión de las garantías constitucionales.
A su regreso a Barcelona, funda el periódico La Aurora, que nace con vocación de servir de apoyo al Partido de Lerroux, y que sale a la calle el 2 de julio de 1918, siempre con baja audiencia, a pesar de lo que en la novela se da a entender, pero desde el que vivirá en primera persona aquellos convulsos años de pistolerismo y represión, conviviendo, fruto de su profesión, con personajes que forman parte de la historia reciente de España (Ángel Pestaña, Lluis Companys, Martínez Anido, Miguel Primo de Rivera, Unamuno o el mencionado Lerroux…).
Cuando las cosas se torcieron definitivamente en julio del 36, Altemir ha de salir por pies de Barcelona a través de la embajada de Francia, pues su hermano Rafael ya había sido detenido por los milicianos y llevado al Uruguay, un barco-prisión anclado en el puerto. Al ingenuo de Antonio Altemir, no se le ocurre otra cosa que presentarse, cuando se dio la ocasión, en Burgos, donde estaba el cuartel general de los golpistas. Allí se dio de bruces con la dura realidad, fue detenido sin más explicaciones, su pasado como Subsecretario de Trabajo durante uno de los gobiernos de Lerroux era mala credencial, y sólo la intervención personal del general Cabanellas, le salvó de males mayores, así que en cuanto pudo, regresó a Francia, desde donde embarcó hacia Argentina para reunirse con su esposa, a la que había tenido la previsión de enviar allá con su familia para evitar males mayores.
Con el protagonista de la novela vivimos el desgarro de quienes fueron repudiados por unos y otros, esa tercera España que se oponía al golpe militar, pero que había vivido con angustia los desmanes de la izquierda que dieron al traste con el sueño republicano tan largamente deseado.
Los acontecimientos que se narran, son de sobra conocidos por todos, pero la virtud de la novela es la cercanía con que lo hace. Salpimentada con la vida amorosa de Altemir que, según el autor, es la parte inventada del libro, la prosa sencilla y brillante de Jesús Ulled, nos permite vivir en primera fila y casi participar en persona, de unos hechos cruciales, un periodo convulso, del que somos herederos, con la novedad de que lo hace alejado de academicismos, dándonos una visión más cercana de los acontecimientos, al tiempo que acompañamos al autor por paisajes reconocibles de Madrid, Barcelona, la Costa Brava o París.



miércoles, 17 de agosto de 2016

EL MAR Y EL TIEMPO

Jesús (Pepe Soriano), tuvo que huir de España al acabar la Guerra Civil, para ello se embarca hacia Argentina, país en el que se forja una nueva vida. Después de treinta años, anuncia su regreso a Madrid, su ciudad natal.
Su hermano Eusebio (Fernando Fernán Gómez), se apresta para recibirle. Eusebio trabaja como maitre en un restaurante sin demasiadas pretensiones. Tiempo atrás se separó de su esposa, Marcela (María Asquerino), le resultaba insoportable la convivencia con ella porque había buscado remedio para sus frustraciones en el alcohol. En la actualidad vive con su madre y con su hija Mer (Aitana Sánchez-Gijón) y tiene una nueva compañera en su vida, una mujer que regenta una tienda de modas, pero que en realidad es una alcahueta que se dedica a proporcionar droga y mujeres de compañía a personas de la alta sociedad.
La otra hija de Eusebio, Chus (Cristina Marsillach), está casada con un dibujante, Anselmo (Iñaki Miramón), un tipo algo inestable, con el que tiene una hija y del que decide separarse para irse con su nuevo novio.
Cuando llega Jesús, se encuentra con que su madre no le reconoce, piensa que se trata de un mal actor que Eusebio y sus nietas han contratado para quitarle la pena por su hijo perdido, de quien ella piensa que se ahogó en el mar y que jamás volverá a verle.


La película es una adaptación de la novela homónima de Fernando Fernán Gómez, así que éste autoadapta su obra, dirige el film y lo protagoniza. Todo queda en casa.
Con un buen plantel de actores, no todos están al mismo nivel, pero excepto alguna actuación puntual, es cierto que ofrecen un trabajo aceptable, en algunos casos fruto más de las tablas que tienen que de la brillantez de sus interpretaciones. Aunque muchos se fijan en el papel de Rafaela Aparicio que, aunque uno no quiera, recuerda al que hizo en "Mamá cumple 100 años", a mí me ha encantado la brillante actuación de María Asquerino, una única escena es suficiente para dar toda una lección de interpretación.


La película quiere ser un relato sobre el desarraigo de un personaje que vuelve a la ciudad que fue suya y ya no reconoce, de repente se da cuenta de que lo que añoraba ya no está, porque el tiempo pasó y tampoco él es el mismo y que su sitio está en lo que ha dejado atrás, la vida en Buenos Aires, la ciudad y el ambiente que ahora, al volver a la patria, echa de menos.
Es interesante también el retrato que hace sobre esa juventud progre del 68 (año en que está ambientada la película), sus contradicciones y la manera en que la ven los viejos luchadores, con una mezcla de nostalgia y desesperanza, pues ellos ya saben de sobra que aquello no lleva a parte alguna.
Es una película sin estridencias, que no busca lecciones morales sino que trata de dar fe de una realidad, la que se vivía en la España de finales de los 60, donde el palo y la zanahoria funcionaban y la situación política que, sin dejar atrás una cierta represión, había cambiado por mor de los tiempos y las conveniencias, te ofrecía una de cal y otra de arena.
El planteamiento de film ofrece una apariencia de sencillez en sus personajes y sus vidas, no hay héroes caídos, son personas normales que, a lo largo de su vida se han ido adaptando a las circunstancia para sobrevivir, pero en el fondo, las consecuencias y reflexiones morales que nos propone, son muy profundas.
Mi duda es si la gente de las generaciones nuevas sabe apreciar estas sutilezas sin haber vivido aquel momento.