miércoles, 1 de diciembre de 2021

QUERIDOS CAMARADAS

 


Novocherkask, Unión Soviética, 1962. Lyudmila (Yuliya Vysotskaya) es dirigente del partido comunista local. Defensora de los ideales del régimen comunista, enfermera del Ejército Rojo en la II Guerra Mundial, desprecia todo tipo de disidencia y cualquier sentimiento antisoviético, convencida de que el comunismo conseguirá una sociedad mejor. Durante una huelga laboral en una fábrica de motores de la localidad, ve cómo el ejército, por orden del Gobierno, dispara contra los obreros y comete una masacre. Ese suceso cambiará su visión de las cosas. Con la ciudad destruida y agitada por las revueltas, hay mucha gente herida y desaparecida. Una de las desaparecidas es la hija de Lyudmila y a pesar del bloqueo de la ciudad, las detenciones masivas y los intentos de las autoridades de encubrir la masacre, Lyudmila busca a su hija en medio del caos.


El guión toma como base acontecimientos históricos conocidos como La Masacre de Novocherkassk, ocurrida en 1962 bajo el mando de Khrushchev. Los obreros de las fábricas convocaron una huelga por la subida de los precios de los productos básicos, al tiempo que se bajaban sus salarios. Aquella huelga, que debería haber sido escuchada y tomada en cuenta, fue reprimida. No hubo cargas policiales, hubo disparos y una masacre que terminó con 30 obreros muertos y un centenar de heridos en la ciudad de Novocherkassk, de apenas 180.000 habitantes. Una localidad al sur de Rusia que vivió en sus carnes la represión y la ira frente a aquellos que se atrevieron a protestar. Pero las consecuencias llegaron más lejos, pues el gobierno y el KBG persiguieron a los instigadores y se aseguraron de que nadie que participó o tuvo consciencia del suceso dijera nada. Hasta finales de los años 80 fue un secreto de estado ocultado a todo el mundo.


Andrei Konchalovsky nada a favor de corriente y es que su película, más que una crítica al régimen comunista, que también, lo es al periodo en que Nikita Krushchev fue máximo mandatario de la Unión Soviética. Hay una frase, en un diálogo entre madre e hija, que da la clave, cuando la madre defiende que si viviera Stalin la situación económica no estaría tan deteriorada, la hija le reprocha que defienda al líder georgiano haciéndole ver que Krushchev ha destapado todas las muertes que provocó, a lo que la madre le responde: ¿Y por qué no lo hizo cuando estaba vivo y ha esperado a su muerte para airearlo?
Y es que, aún hoy, los nostálgicos de régimen de los soviets, creen que el principio del fin de la URSS comenzó con la muerte de Stalin y califican de ineptos, traidores y entregados al capitalismo, a quienes le sucedieron. Hasta el mismo Valdímir Putin se permite hacer algún guiño a la figura de Stalin cuando la ocasión se presenta propicia para ello.
Juicios históricos aparte, la película es un ejercicio de maestría técnica y de guión. La historia que nos acerca Konchalovsky, llena de dramatismo, consigue impregnarnos de la tragedia de la protagonista que, hasta ese momento, se ha negado a plantearse las contradicciones del régimen que son las suyas propias, para encerrarse en un dogmatismo acérrimo. Todas las actitudes que poblaban la sociedad soviética del momento, están muy bien representadas: Lyudmila es la militante convencida, que cuando las cosas van mal, lo achaca a una mala racha; su hija, la generación nueva que tiene una visión crítica e incluso combativa contra los desmanes del poder, unos jóvenes a quienes ya no basta aquello de que hay que sacrificarse para seguir adelante, sino que son conscientes de todas y cada una de las contradicciones del sistema; y, por fin, el abuelo de la joven y padre de la protagonista, una persona ya de vuelta de todo que guarda en su baúl su viejo uniforme (posiblemente del ejército zarista) y el icono familiar con el retrato de la Virgen, porque se pueden acallar las ideas y la expresión de las creencias y sentimientos, pero no se pueden sacar del interior de cada cual. Cuando la Unión Soviética cayó, la religión, como expresión de la libertad aplastada, no regresó por las buenas como creen algunos, estaba allí, mantenida su llama en lo más recóndito de las familias y los hogares, escondida, pero latente, como lo estaban valores de otro tipo, que el régimen creyó destruidos y olvidados para siempre.
Todo eso, junto a la sorpresa y la perplejidad que despertaban en las autoridades situaciones como estas, una huelga de trabajadores en un país socialista, la máxima expresión de la contradicción, algo para lo que no estaban preparados porque les parecía inconcebible y la única salida que encontraban era la represión y negar la evidencia, borrar su rastro, aquello era un fallo de guión y, como en las películas, se arreglaba en la sala de montaje, donde el KGB se encargaba de dar el oportuno tijeretazo aún a costa de matar a los figurantes. Lo malo es que en esta película, los figurantes eran personas de carne y hueso y cuando les clavaban la tijera salía sangre.
 



martes, 30 de noviembre de 2021

EL DIOS DE LA LLUVIA LLORA SOBRE MEXICO

 

No deja de resultar curioso que una de las mejores novelas sobre la conquista de México y la figura de Hernán Cortés, fuera escrita por un húngaro, László Passuth, un hombre de larga y prolífica trayectoria literaria que, sin tener ninguna relación especial con España, sin embargo, se ve que se sintió atraído por nuestra cultura.
Además de su interés como novela histórica, lo tiene también como obra literaria, está bien escrito y, en algunos pasajes nos regala un cierto tono poético muy conseguido que no resulta empalagoso en absoluto.
Como digo, no solo asistimos a la conquista del país azteca por los españoles, sino que acompañamos a la figura de Cortés desde sus tiempos de estudiante en Salamanca hasta su visita a la corte toledana de Carlos I para defenderse de los agravios que contra él arrojaban sus enemigos y poner a los pies del emperador los nuevos territorios conquistados llamados por entonces Nueva España.
No voy a meterme en discusiones, tan en boga en los últimos tiempos, sobre el carácter que la conquista de América despierta en algunos, ya saben, que si fue un genocidio, que si los españoles llevaron la ruina a los nuevos territorios descubiertos y todo eso. De verdad que respeto cuantas opiniones se tengan sobre aquel acontecimiento sin parangón, pero no es el objeto de esta humilde reseña meterme en esos caminos tortuosos.
Passuth nos retrata en su libro a un Hernán Cortés bastante humanizado, a medio camino entre el terrible guerrero y el excelso conquistador con que lo pintan otras crónicas. Este hombre que, pese a pertenecer a una sencilla familia hidalga, poseía cierta cultura para la época (alcanzó el grado de bachiller en Salamanca y en su mochila llevaba un ejemplar de La Biblia y otro de La Conquista de las Galias, de Julio César), tras una juventud nada pacífica, en la que más de una vez hubo de salir por pies tras ciertas aventuras galantes, llega a las tierras recién descubiertas, como tantos otros españoles de la época, en busca de fortuna, primero en La Española y más tarde en Cuba, donde obtiene algunas posesiones que se dedica a cultivar y comienza lo que podríamos llamar su carrera política, hasta el punto de organiza una expedición hacia las costas de lo que más tarde sería México que, por su enemistad manifiesta con el gobernador de Cuba, es suspendida a última hora, una orden que Cortés ignoró y, por su cuenta, asumiendo los riesgos que conllevaba desobedecer esas órdenes, emprende el viaje de lo que, a la postre, sería una de las gestas más increíbles y llamativos de la conquista americana.
Y a partir de aquí, se nos va narrando cómo, al mando de un reducido grupo de españoles y merced a una hábil política de alianzas con tlascaltecas, totonecas y otras tribus que se sentía sojuzgadas por la tiranía azteca y a una serie de casualidades que supo aprovechar, la conquista siguió adelante. Conocemos a los personajes que acompañaron a Cortés, sus capitanes, Malinali (bautizada como doña Marina por los españoles), la indígena intérprete y concubina del conquistador y también a sus enemigos, con los que hubo de enfrentarse en no pocas ocasiones. También nos acercamos a las culturas indígenas, tradiciones, supersticiones y el gran desarrollo que habían alcanzado en algunos aspectos y a las reacciones de sorpresa, incredulidad y admiración que despertaron en los españoles algunas de las grandes ciudades que encontraron, como Tenochtitlan o Tlatelolco, que superaban cuanto hubieran podido imaginar de quienes esperaban fueran unos seres salvajes y culturalmente atrasados y encontraban de buenas a primeras estos impresionantes tesoros urbanísticos.
La conquista se nos presenta como un hecho heroico, pero también encontramos el respeto de Cortés por sus enemigos, la tragedia que supuso la muerte de Moctezuma, llorada por los españoles por la bondad y generosidad que había mostrado con ellos y tantos otros episodios conocidos de la historia que salpicaron aquellas jornadas en las que gloria y dolor se entremezclan dependiendo de la perspectiva desde la que sean observadas. 
El libro no está exento de épica, pero también baja los pies al suelo para mostrar miseria, muerte, humillación y desconsuelo, tanto por parte de los indígenas, como de aquellos hombre, aventureros, pero humanos al fin y al cabo, que muchas veces pagaron con su sangre sus conquistas que, sin embargo, al emperador le saldrían gratis.
Un libro atractivo, sobre todo para quienes tengan interés sobre los relatos históricos o para los que quieran acercarse a algunos de los hechos y circunstancias que rodearon aquellos días. Las conclusiones de lo que supuso, tanto para sus protagonistas de un lado u otro, como sobre la posteridad, quedan a juicio de cada cual.



lunes, 29 de noviembre de 2021

ARROZ AMARGO (RISO AMARO)

 


Perseguida por la policía, la cómplice de un ladrón se une a un grupo de jornaleras que se dirigen a las plantaciones de arroz del valle del Po. Una vez allí, se reúne con ella su amante que proyecta apoderarse de la cosecha con la ayuda de otros cómplices.


Silvana Melega (Silvana Mangano) es una de las cientos de mujeres que, como cada año, desde hace más de 400 o 500 años, acuden a trabajar a las plantaciones de arroz durante 40 agotadoras jornadas: Es cortejada por dos hombres, el respetable Marco (Raf Vallone), a punto de licenciarse como sargento del ejército y Walter Granata (Vittorio Gassman), un delincuente de poca monta perseguido por la justicia. Silvana elegirá a Walter, una decisión que resultará desastrosa, no solo para ella, sino también para sus compañeras. 
La película es una de las más importantes del neorrealismo italiano de posguerra y las escenas en los campos de arroz, tienen un alto contenido documental. La crítica fue prácticamente unánime a la hora de alabar sus valores, sin embargo sus palabras fueron prácticamente ignoradas por un público masculino que iba a ver la película con el único objetivo de disfrutar del físico arrollador de Silvana Mangano en medio de los campos de arroz, con sus pies sumergidos en el agua, enfundada en unos ajustados pantalones cortos.


Se comenta que con esta película, tanto el productor, Dino de Laurentis, como su realizador y co-guionista, Giuseppe de Santis, buscaban abrir un hueco en el mercado estadounidense para los films del llamado neorrealismo, por lo que además del retrato social y de los problemas del mundo obrero, introduce una trama criminal cercana al noir y envuelve la película en un tono melodramático. Sea como fuere, lo cierto es que, además de en Europa, el film triunfó en EE.UU., llegando a alcanzar una nominación para los Oscar de 1950.


Un trabajo notable, técnica y estéticamente, con buenas interpretaciones y una historia que resulta atractiva para el espectador y está narrada con buen ritmo, si bien es cierto que en algunos momentos, puede resultar un poco absurda, remontando con un final tan bello como triste y dramático.




viernes, 26 de noviembre de 2021

LA CLASE OBRERA VA AL PARAÍSO

 


Ludovico "Lulù" Massa (Gian Maria Volontè) es un trabajador entregado, por lo que es querido por los jefes y odiado por sus propios colegas. Los sindicatos deciden movilizarse contra la empresa, algo con lo que Lulù no está de acuerdo hasta que accidentalmente se corta un dedo y comienza a comprender las duras condiciones de trabajo de sus compañeros, entra en una especie de desvarío y participa en la huelga. Inmediatamente es despedido; luego es abandonado no solo por sus colegas sino también por Lidia (Mariangela Melato), la mujer que vive con él. Pero las reivindicaciones sindicales siguen, mientras la mente de Lulù comienza a dar señales de colapso.


Segunda parte de la "Trilogía de la neurosis" que también incluye Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha y El amargo deseo de la propiedad
La partitura del film va firmada por Ennio Morricone que tiene un cameo muy original en el film, apareciendo en primer plano como un obrero anónimo, que maneja un elevador hidráulico con ambas manos arriba y abajo, al final de la línea de montaje en la fábrica. Su gesto repetido activa inmediatamente la música "mecánica" mientras aparecen los créditos finales.
El film fue premiado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1972.


Aunque es un film militante y con un importante contenido social y político, como ocurre con otros trabajos del realizador romano, también es crítico con los postulados de la izquierda, al menos de cierta izquierda, quedando en el espectador la impresión de que las luchas de poder y las distintas visiones ideológicas y prácticas, sumen al trabajador en una serie de dudas que no ayudan precisamente a la hora de tomar postura. 
Y es que además de la alienación que sufren los obreros fabriles (un asunto que estaba muy presente en los años 60 y 70), nos plantea las diferencias entre los diversos sectores sindicalistas, desde el pactismo de los grandes sindicatos, que optan por el avance lento y seguro de conseguir mejoras que a veces, con el tiempo, quedan olvidadas o incumplidas y el radicalismo de otras organizaciones que buscan la ruptura del sistema, pero que no está claro que supieran qué hacer si ello se produjera. Hay una escena, en la que la pareja del protagonista, la peluquera Lidia, les dice que no saben lo que quieren y que si no fuera por los empresarios, ellos no tendrían trabajo. 
Este es un punto de vista de muchos trabajadores que dudan a la hora de ejercer medidas de presión extrema porque temen quedarse sin empleo y lo seguimos viendo en la actualidad, que si no se vieran empujados, incluso coaccionados por sus compañeros, no irían a la huelga, prefiriendo sentirse explotados, pero con la seguridad del sueldo mensual. Así que el film, a pesar de lo que se diga, no está tan obsoleto como algunos quieren ver, quizá sus planteamientos y la forma de exponerlos, algunos de ellos, hayan quedado un tanto anticuados, pero no se crean que tanto.




jueves, 25 de noviembre de 2021

SOY CUBA

 


A través de cuatro historias se describe la lenta evolución de Cuba, del régimen de Batista a la revolución de Fidel Castro. Son cuatro narraciones que refuerzan el ideal comunista frente al capitalismo. Cuba se libera de sus dependencias políticas para reafirmar su identidad, singular e independiente, con sus contradicciones y esperanzas. El film examina los diversos problemas causados por la opresión política, así como por las grandes diferencias entre pobres y ricos, mientras vemos cómo los extranjeros, particularmente los norteamericanos, contribuyeron a la prostitución y la pobreza de La Habana.


Coproducción soviético-cubana, cuyo guión fue escrito, en parte, por el renombrado poeta Yevgeny Yevtushenko (que sabía hablar castellano y tenía una especial relación con el mundo hispano) y redescubierta y dada a conocer al gran público por Martin Scorsese y Francis Ford Coppola en los años noventa.
Por encargo de la Unión Soviética, el realizador Mikhail Kalatozov, llegó a Cuba la semana después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, cuando aún el pueblo cubano albergaba optimismo sobre su futuro gracias a la revolución y continuó en plena crisis de los misiles.
Las autoridades soviéticas, que pretendían un film de propaganda, quedaron defraudadas y acusaron a Kalatozov de "formalismo" y de centrarse demasiado en el arte por el arte. 


La película arrastra la rémora de su tono panfletario, en algunos momentos descarado. Podría rebatir los postulados en que se basa la narración, pues algunas de las cosas que denuncia, no voy a decir que estén peor, pero siguen parecidas hoy día en Cuba, sesenta años después de la revolución (prostitución, persecución política...), no voy a hacerlo porque resultaría prolijo y, probablemente, controvertido dependiendo de la óptica y las convicciones de cada cual. 
Los valores de la película, porqué hoy sigue teniendo interés verla, están en otra parte. El film es un prodigio técnico y artístico, con innumerables planos-secuencia de esos que dejan la boca abierta pensando en cómo lo hicieron, cómo lograron mover la cámara de aquella manera y trasladar al espectador la belleza y el arte que consiguen con las espectaculares composiciones, la luz, la espontaneidad de los actores, incluso las composiciones musicales que contiene. Una especie de poesía visual, técnicamente de gran nivel, con muchas tomas de maravillosa plasticidad que, a pesar de sus intenciones propagandísticas contiene algún relato en que han logrado un tono que sobrepasa esas intenciones por lo inspirado de su puesta en escena y la sensibilidad con que lo hicieron. 
Un prodigio de estética que se sobrepone a su contenido.




miércoles, 24 de noviembre de 2021

VIVAMENTE EL DOMINGO

 


Julien Vercel (Jean-Louis Trintignant), propietario de una agencia inmobiliaria, es el principal sospechoso del asesinato de Claude Massoulier (Jean-Pierre Kalfon), que aparece muerto cuando había ido a cazar patos y, como descubre más tarde, era amante de su mujer. La situación de Julien empeora cuando se le imputa el asesinato de su esposa, que aparece muerta en su casa tras haber discutido el matrimonio, lo que le obliga a desaparecer antes de que la policía le detenga. Será su fiel secretaria, Barbara Becker (Fanny Ardant), secretamente enamorada de él, aunque no del todo convencida de su inocencia, la que comience a investigar por su cuenta para descubrir al verdadero culpable, primero, tratando de aclarar lo que pudo ocurrir en la relación entre Massoulier y Marie-Christine, lo que la lleva a sospechar del hermano del difunto. Barbara, sin experiencia como investigadora, deberá enfrentarse a situaciones imprevistas en su afán por descubrir la identidad del verdadero asesino.


El guión se basa en la novela The Long Saturday Night, del norteamericano Charles Williams.
La fotografía, en blanco y negro, es de Nestor Almendros y en el film se mezclan diferentes géneros: comedia, intriga, policiaco...


Seguramente no es la mejor película de Truffaut, pero en ella, que a la postre sería su último trabajo como realizador, vemos muchas de las constantes de su cine, la sencillez y naturalidad con que transcurre la narración, el sonido directo, el recuerdo de que vemos una obra de ficción que nos traen los ensayos teatrales a los que acude la protagonista y la obsesiva presencia de la mujer, tanto como mujer fatal, como en el de ser inteligente por encima del varón. Como comedida tampoco es que sea realmente brillante, aunque tiene algún momento de cierto nivel; el misterio y la intriga apenas lo son y dejan de interesarnos como tales al poco de comenzado, cuando vemos que las pesquisas de los protagonistas avanzan mediante ocurrencias que nada tienen de brillantes o logradas, sino de casualidades introducidas de cualquier manera en un guión que da la impresión de estar deliberadamente descuidado. 
Y sin embargo, el espectador asiste a un film que le cautiva como obra de arte, en el que lo demás casi carece de importancia. Muchos han visto en la película un homenaje a Hitchcock, del que Truffaut, además de admirador, se convirtió en el mayor especialista de su obra y asistimos también a un explícito homenaje cinéfilo a Stanley Kubrick (Senderos de gloria), además de a un espléndido trabajo de interpretación de Fanny Ardant a la que la cámara sigue con delectación. 
Un film para disfrutar, como seguramente lo hizo el propio Truffaut, para ver una película en la que lo primordial es el arte que contiene, la maestría de uno de los grandes, una especie de regalo que el realizador francés ofrece a sus incondicionales.




martes, 23 de noviembre de 2021

EL ÚLTIMO ATARDECER

 


Brendan O'Malley (Kirk Douglas), un antiguo pistolero, llega a México en busca de Belle (Dorothy Malone), un antiguo amor que resulta estar casada con el alcoholizado John Breckenridge (Joseph Cotten). Éste le pide ayuda para conducir un rebaño a Texas. Tras los pasos de O'Malley va Dana Stribling (Rock Hudson), un vengativo sheriff que ha convertido su arresto en algo personal. Tanto O'Malley como Stribling se unirán al arreo de ganado y a medida que se acercan a Texas, aumentan las tensiones, sobre todo porque Stribling está empezando a cortejar a Belle y O'Malley se siente cada vez más atraído por la hija de esta, Melissa "Missy" (Carol Lynley).


El guión, de Dalton Trumbo, se basa en la novela de Howard Rigsby "Sundown At Crazy Horse". Un libro que no tiene especial relevancia, salvo por un personaje, el de Brendan O'Malley, un tipo con un pasado oscuro en pos de un amor de adolescencia al que quiere demostrar que ha cambiado y del que sigue enamorado, sin darse cuenta de que aquella niña del vestido amarillo, es hoy una mujer casada y con una hija de 16 años. El papel se lo reserva para sí Kirk Douglas, cuya productora estaba tras el proyecto y nos ofrece otra interpretación a la altura de las que nos tiene acostumbrados.
Aún con el éxito de Espartaco bien reciente, Douglas encarga el guión al mismo guionista, Dalton Trumbo y el resultado es otro gran trabajo, un guión de gran altura, con diálogos y momentos realmente conseguidos.
Y así tenemos una película cargada de nombres míticos, desde los ya citado hasta Robert Aldrich en la realización, Ernest Laszlo en la fotografía (qué maestría en general y particularmente en las tormentas cuando atraviesan paisajes casi desérticos), Michael Luciano como montador o Dimitri Tiomkin, autor de la canción que se repite en algunos momentos del film, "Pretty little girl in the yellow dress". 


Douglas, como queda dicho, está inmenso, pero el resto de actores no le van a la zaga, empezando por Rock Hudson, fuera de sus papeles habituales y la breve, pero gran interpretación de Joseph Cotten. Pero si hay papeles a destacar, son los de las dos mujeres, muy bien desarrollados por Dorothy Malone y Carol Lynley, magníficamente dirigidas, que nos ofrecen personajes fuertes que no renuncian para nada a su feminidad (todo lo contrario) al tiempo que son capaces de desempañar trabajos de hombres y de mostrar coraje y determinación ante las circunstancias, tantas veces adversas, del duro mundo que las rodea.


Un western atípico y muy curioso, con muchas cosas típicas del género (cabalgadas, tiroteos, peleas, arreo de ganado, bandidos...), pero con una fuerte carga de romanticismo y unos personajes bien dibujados y muy particulares. Ese pistolero aficionado a la poesía, impulsivo, salvaje, pero sensible por momentos. Una historia en la que todos pierden, con un final memorable, trágico pero también lleno de romanticismo. Una película, en definitiva, de esas que gusta a los amantes del género, pero también a quien busque otro tipo de cine, algo más que una simple película del oeste. 
Y Kirk Douglas atreviéndose a cantar el "Cucurrucucú paloma" en castellano, en una de tantas escenas memorables del film. No se la pierdan.