viernes, 9 de diciembre de 2016

DÍAS CONTADOS

Días Contados es una historia de amor entre dos personajes que viven al límite. Ella, Charo (Ruth Gabriel), casi ha cruzado esa frontera irreversible de la droga y, a pesar del ambiente sórdido en el que ha crecido no puede ocultar la ingenuidad propia de sus dieciocho años. Él, Antonio (Carmelo Gómez), doce años mayor que ella, ha dedicado este tiempo a una causa en la que ya no cree y está atrapado en una dinámica de destrucción y muerte. En torno a ellos deambula una serie de personajes empeñados en apurar sus vidas al límite y que no se conforman con ser meros comparsas de esta historia en la que prácticamente todos tienen sus días contados.
Antonio es un miembro de ETA y está de vuelta de los principios que le llevaron a militar en la lucha terrorista. Cuando llega a Madrid para preparar un atentado, conoce a su vecina Charo, una heroinómana de 18 años y el entorno sórdido y marginal en que se mueve. Ambos inician una aventura amorosa que hará que Antonio se cuestione el rumbo de su vida. Pronto se verá obligado a elegir entre el amor o seguir matando.
La película adapta de manera muy libre, una novela del mismo nombre de Juan Madrid que se desarrolla en el entorno de la llamada movida madrileña, a la que aquí no se hace alusión, introduciendo por contra el mundo de ETA, que no está presente en la novela.


Un argumento interesante para un guión bastante mediocre (pienso yo) y un final bastante llamativo, pero antes has tenido que soportar muchos minutos de situaciones que o bien no aportan mucho a la historia, o no están muy bien planteadas y mucho menos conseguidas.
En fin que, en ocasiones como esta te das cuenta de lo que a veces encierran los premios y los intereses que hay detrás de ellos; nada menos que 8 Goyas (11 nominaciones), pero es que también se llevó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Y es que este film fue acogido en su momento, con gran regocijo, como una película osada y valiente que hablaba sobre el terrorismo de ETA, pero qué quiere que le diga, al menos vista hoy, da un poco de grima, tanto la manera, un tanto interesada y poco imparcial, de presentar el mundo de ETA, como la forma en que se desarrolla la historia, con una exhibición gratuita de pechos y pubis a mansalva, sin que venga mucho a cuento y unas actuaciones que no están muy allá que digamos.
Floja película que ofrece mucho, pero da poco.




jueves, 8 de diciembre de 2016

LA TRASTIENDA

El doctor Navarro (Frederick Stafford), es un médico muy conocido y con mucho prestigio en Pamplona, que se siente muy atraído por Juana Ríos (María José Cantudo), una enfermera con la que trabaja, que también está enamorada del médico. Navarro, sin embargo, movido por sus fuertes convicciones religiosas (de hecho, es un miembro numerario del Opus Dei) sigue siendo fiel a su esposa Lourdes (Rosanna Schiaffino) y trata por todos los medios de impedir que sus relaciones con Juana vayan más lejos, por lo que decide poner fin a su cercanía profesional. Para ello, ordena que la enfermera sea enviada a otro departamento del hospital. Esto impulsará a Juana a tomar la iniciativa y provocar al médico durante los San Fermines, en que ambos, como el resto de la ciudad, se verán envueltos en un ambiente de fiesta y distensión, que invita al desenfreno y a dejar a un lado los prejuicios.
La película, dirigida por Jorge Grau, está ambientada en los San Fermines del año 1975 y, además de otros aspectos que ahora comentaremos, con el paso del tiempo se ha convertido en un magnífico testimonio gráfico del ambiente sanferminero de mediados de los setenta.


Toda la posible carga ideológica y crítica que pudiera encerrar el guión del film, quedó sepultada por una escena, cuando apenas van transcurridos diez minutos de película, el famoso desnudo de María José Cantudo que ha hecho que la película pase a la historia menuda del cine español y que en su momento le vino muy bien para alcanzar buenos resultados en taquilla, pero a la larga se ha vuelto en contra de la película como tal, pues, como queda dicho, esos instantes (apenas unos segundos fugaces), han ensombrecido al resto de la película.
Además de lo comentado, la película es una crítica a la hipocresía de la clase acomodada, recogida en una frase de la esposa de Navarro: Si quería acostarse con esa mujer, que lo hiciera, pero con discrección, ahora nadie nos salva del escándalo. Y es que la clave está ahí, en guardar las apariencias y saber ocultar la porquería bajo la alfombra.
La crítica que se hace al Opus Dei, queda bastante descafeinada, como si no hubieran querido meter el dedo en la herida y todo es un tanto superficial. De cualquier modo, y aunque hace sus pinitos con la mencionada escena y un par de exhibiciones mamarias más, no es la típica película de destape, cuyo desmadre y apogeo vendría un poco después, ésta, al menos, tiene una historia un tanto seria detrás, con pésimos diálogos, es cierto, y de la que no han sabido, podido o querido, sacar todo el partido que encerraba.




miércoles, 7 de diciembre de 2016

CANCIÓN DE CUNA

Una niña recién nacida, aparece abandonada en la puerta de un convento en la España de finales del XIX. Las monjas dominicas que allí habitan, encabezadas por la Madre Teresa (Fiorella Faltoyano) con el apoyo del resto de sus compañeras Sor Marcela (Amparo Larrañaga), la Madre Vicaria (María Massip), la Maestra de Novicias (Virginia Mataix), la Madre Juana de la Cruz (Diana Peñalver) y la Madre Tornera (María Luisa Ponte), toman la decisión de asumir su educación tras convencer a Don José (Alfredo Landa), el médico del pueblo, para que la adopte legalmente. Teresa (Maribel Verdú), que así llamaron a la criatura, crece entre los muros del convento y ya adulta, conoce al joven Pablo (Carmelo Gómez), del que se enamora y con el que termina contrayendo matrimonio y estableciendo una nueva vida en América.
La película se basa en una obra de teatro de Gregorio Martínez Sierra (pero en realidad escrita por su mujer, María de la O Lejárraga García), estrenada en 1911 y que, hasta la fecha, ha sido llevada a la pantalla hasta en cinco ocasiones. Antes de que Garci lo hiciera en 1994. Mitchell Leisen fue el primero en 1933, con el título de Cradle Song; el propio Martínez Sierra dirigió una adaptación en Argentina, ya después de la Guerra Civil, en 1941; Paulino Masip, en México, en 1953; y José María Elorrieta, en España, en 1961.


“Si no consigo que el espectador salga llorando del cine, habré fracasado”, había dicho Garci durante la fase de montaje. Había escuchado por primera vez Canción de cuna en la radio cuando era un joven adolescente, y enseguida se marchó a la Biblioteca Nacional a leer la obra. Desde entonces, siempre quiso llevarla al cine, pero se trataba de un proyecto tan ambicioso como arriesgado, ya que iba a contracorriente del cine que se estaba haciendo, no solo en España, sino en todo occidente. Afortunadamente, y a pesar de las advertencias de sus amigos, Garci logró poner en pie un proyecto delicioso, una pequeña joya del cine español, tanto desde el punto de vista de la puesta en escena como de la dirección de actrices. Canción de cuna se divide en dos partes bien diferenciadas, separadas entre sí por un lapso de unos dieciocho años, aproximadamente, que corresponden a los dos cuadros dramáticos de la obra original: En el primero, se nos presenta a las monjas y se hace un somero, pero suficiente, retrato de sus formas de ser; también vemos esa fascinación que don José, el médico rural –que apenas aparece en la obra de teatro pero que adquiere un peso fundamental en la versión de Garci–, magistralmente interpretado por Alfredo Landa, siente hacia la Madre Teresa y asistimos a la llegada la llegada de una niña recién nacida al convento y la reacción que provoca en las monjas y en el médico rural que las atiende casi a diario; en el segundo, se plantea la marcha de esa niña, que ya es una mujer, que va a casarse con su novio y va a emigrar a Cuba.
“Saber mirar es saber amar”, se dice en la película y pienso que esta película es para saber mirarla, porque si uno atiende a prejuicios, está claro que le va a salir por las orejas.


Garci se esmera en el cuidado de los detalles, nos regala elegantes movimientos de cámara y un par de secuencias de esas que valen por toda una película, la despedida del médico y la Madre Teresa y el travelling final que recorre los rostros de las monjas, son inolvidables.
Posiblemente, la segunda parte desmerece respecto a la primera, con una Maribel Verdú que tampoco es que haga uno de sus mejores papeles y la presencia casi testimonial de Carmelo Gómez.
Se rodó en el Monasterio de Silos y en el monasterio de la Vid, en Burgos y es un film de emoción y sentimientos, de creación de atmósferas. Y es que, al fin y al cabo, lo que se presenta es una historia de mujeres que no pueden ser madres, pero a las que la vida les ofrece la posibilidad de serlo. La maternidad es, desde luego, uno de los temas centrales de la película.




martes, 6 de diciembre de 2016

COSTA BRAVA

Hay muchos lugares en nuestra geografía cuyos nombres se pierden en la noche de los tiempos o evocan tiempos muy antiguos, porque se les conoce así desde siempre o desde hace siglos.
En el caso de la costa catalana que va desde Port de la Selva y Llansà hasta la misma Barcelona, es conocida como Costa Brava. Sin embargo esta denominación no es tan antigua, tiene fecha de inicio y este apenas se remonta cien años atrás.
El 12 de septiembre de 1908, el periodista y poeta catalán Ferran Agulló, publicó un artículo en La Veu de Catalunya, en el marco de una amistosa polémica entablada con Lluís Duran i Ventosa. El artículo lo concibió admirando el paisaje desde el mirador de Sant-Elm, junto a la ermita del mismo nombre, en Sant Feliu de Guíxols y se titula "Per la costa brava", así, con minúscula, pero parece que el topónimo, contenido otra vez dentro del artículo con la hiperbólica frase «Oh, la nostra costa brava, sense parella al món!», cobró fortuna, consagrando el nombre.



lunes, 5 de diciembre de 2016

CADENA PERPETUA

Andy Dufresne (Tim Robbins), vicepresidente de un importante banco en Portland, Maine, es detenido y acusado del asesinato de su esposa y del amante de esta.
Aunque Dufresne asegura que es inocente y que tiró la pistola al río sin haber efectuado un solo disparo, todas las evidencias le señalan como culpable: Tenía un móvil (la infidelidad de su esposa) y la policía encontró, frente a la casa del amante, donde se produjo el doble asesinato, casquillos de bala con las huellas del acusado, una botella de licor, también con las huellas de Dufresne y las marcas de los neumáticos de su automóvil y de sus zapatos. En el juicio es condenado a dos cadenas perpetuas, una por cada uno de los homicidios.
Durante su estancia en presidio, Dufresne habrá de recurrir a toda su fortaleza interior para soportar el clima existente, mientras su anterior trabajo en la vida civil le reporta cierta cercanía interesada con el alcaide, quien le encarga de llevar las cuentas de sus turbios negocios, aunque sigue tratándole con desprecio. Dufresne no deja de pensar en la manera de escapar.
Basada en un relato de Stephen King, Rita Hayworth y la redención de Shawshank, que a su vez formaba parte de una colección de cuatro historias titulada Las cuatro estaciones publicada 1982.
La película es uno de esos raros casos en los que el tiempo hace justicia, pues en su momento fue un fracaso en taquilla. Empezó a remontar cuando los Oscar de aquel año presentaron en sus candidaturas esta casi desconocida película y, de repente, la gente comenzó a descubrir la joya que no habían sabido apreciar.


Con un apabullante duelo de interpretaciones entre Robbins y Morgan Freeman, que logran dos excelentes trabajos, unos diálogos magistrales, como lo es la narración de Freeman, que no se hace pesada a pesar de lo reiterado del recurso a la voz en off y algunas escenas realmente inolvidables. El tiempo, como decimos, ha situado este film en el puesto que se merece, siendo considerado hoy día como uno de los mejores dramas carcelarios de todos los tiempos, una película que, a pesar de la dureza de algunas de sus escenas, se revela como todo un canto a la amistad, a la lealtad, al amor, en el sentido más puro del término, entre dos hombres que aprenderán y tomarán fuerzas uno del otro para seguir su lucha en pos de una esperanza que se antoja imposible.
De esos films que no te cansas de ver, realmente bien construído con ese crescendo a lo largo de narración que remata en uno de los finales más conseguidos que yo haya visto, y no me refiero sólo al emotivo reencuentro de los dos hombres en la playa de Zihutanejo. sino a toda la media hora final, en la que va encajando cada pieza y nos relata de manera sensacional la fuga del protagonista.
Una anécdota para finalizar, Stephen King, vendió a su amigo Frank Darabont los derechos sobre el relato que da origen al film por 5.000 dólares, pero jamás cobró el cheque y cuando en 1994, Darabont (guionista y realizador del film), vio estrenada su película, recibió devuelto el cheque, con una nota de King, en la que decía: "Para el caso de que alguna vez necesite dinero para la fianza".




viernes, 2 de diciembre de 2016

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

El príncipe de Aragón, don Pedro (Denzel Washington), en cuyo séquito figuran Claudio (Robert Sean Leonard) y Benedicto (Kenneth Branagh), llega para visitar a Leonato (Richard Briers), gobernador de Mesina, padre de Hero (Kate Beckinsale) y tío de Beatriz (Emma Thompson). Claudio se enamora de Hero y se acuerda su matrimonio. La alegre y aguda Beatriz, y Benedicto, soltero impenitente e ingenioso, se encarnizan en atacarse con sus burlas; sus amigos deciden hacer que se enamoren y se las componen de manera que Benedicto sorprenda una conversación en que el príncipe y Claudio hablan de un pretendido amor secreto de Beatriz por él, y Beatriz sorprende una confidencia semejante acerca del amor que Benedicto parece alimentar por ella en secreto.
De este modo los amigos se imaginan ser artífices de la derrota de los adversarios del matrimonio, aunque ya en aquel acosarse estaba el germen de una secreta inclinación. Don Juan (Keanu Reeves), hermano bastardo del príncipe y recientemente reconciliado con él, es de carácter soberbio y perverso; envidioso del favor que Claudio goza cerca de su hermano, imagina un engaño para destruir aquel matrimonio: Borrachio (Gerard Horan), su criado, estará en la ventana de Hero, y a ella se asomará Margarita (Imelda Staunton), la doncella de compañía de Hero, que está enamorada de Borrachio; mientras ambos se aman apasionadamente, Borrachio se dirigirá a ella con el nombre de Hero para confundir al príncipe y a Claudio, que asistirán de lejos a la pasional escena, quedando profundamente impresionados, y el día de las bodas delatan la conducta de la joven en plena iglesia. Hero se desmaya. Por consejo de fray Francisco (Jimmy Yuill), que está seguro de la inocencia de Hero, Leonato hace correr la voz de que la joven ha muerto y Benedicto, inducido por Beatriz, desafía a Claudio por haber calumniado a Hero.
Borrachio, en estado de embriaguez, confiesa el engaño a un compañero y es oído por los guardias de la ronda nocturna, al mando de dos grotescos oficiales de policía, Dogberry (Michael Keaton) y Verges (Ben Elton), que dan lugar a unas escenas cómicas con sus bobadas y su pueril incompetencia. Borrachio es detenido y revela al príncipe y a Claudio el engaño de que han sido víctimas.


Basada en una comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare, fue escrita en la forma en que la conocemos en 1598, pero probablemente tuvo una primera redacción en la juventud del autor. Fue impresa en 1600 y en 1623.
La banda sonora fue compuesta por el colaborador habitual de Kenneth Branagh, Patrick Doyle, que hace un breve cameo en la película como Balthazar cantando Sigh No More Ladies y Pardon y Goddess of the Night.



Aún cuando el enredo parece centrarse en Hero y Claudio y el malicioso malentendido tramado por don Juan, los verdaderos protagonistas de la historia son Benedicto y Beatriz, pareja maravillosamente interpretada por Branagh y la que entonces era su esposa en la vida real, Emma Thompson. A pesar de que sus frases jocosas no sean propias del gusto moderno, su brío nos conquista y nos invita a seguir con interés esta especie de drama cómico. También son muy divertidas las escenas, cuyo carácter es de neta farsa, en que son puestos en ridículo los oficiales de policía; una frase de Dogberry, quien se queja de que el escribano no haya puesto en su informe que uno de los detenidos lo ha llamado asno, se ha hecho proverbial: "iOh, si él estuviera aquí para escribir que soy un asno!".


La obra de Shakespeare está muy bien adaptada por todo un especialista, como es Kenneth Branagh, pero además, la película, como obra cinematográfica, es una delicia, con bellos planos y composiciones que se benefician de La Toscana y su paisaje, una ambientación muy atractiva y algunas tomas realmente espectaculares, como las secuencias del inicio, con la cabalgada del grupo que regresa de la guerra y ese remate con el espléndido travelling aéreo que nos enseña la alegre fiesta final.
Aún contando con un excelente plantel de actores y técnicos, es evidente que no es una película comercial y, aunque las críticas recibidas la califican con todos los adjetivos favorables posibles, y haber sido nominada para numerosos galardones, ni obtuvo ninguno, ni tampoco es que su rendimiento en taquilla sea para tirar cohetes, pero es todo un canto a la alegría y el desenfado y un gran estímulo para los sentidos.




jueves, 1 de diciembre de 2016

DOS HOMBRES Y UN DESTINO

La banda de Butch Cassidy (Paul Newman) y Sundance Kid (Robert Redford) está causando estragos por todo el estado de Wyoming. Su actividad no se centra solo en los bancos, el tren-correo de la Union Pacific es atracado tanto a la ida, como al regreso. Cuando la Ley y los cazarrecompensas comienzan a atosigar a los forajidos, Butch y Sundance deciden poner pies en polvorosa y huir del país.
La acción se desarrolla durante el cambio de siglo (del XIX al XX) y tiene como protagonistas a Robert LeRoy Parker y Harry Longabaugh, más conocidos por sus alias, Butch Cassidy y Sundance Kid, socios y posiblemente los proscritos más renombrados de la zona. A pesar de ser dos bandidos, son vistos como un dúo afable por quienes les conocen, incluso por muchos de sus llamados adversarios.
Tras uno de sus asaltos al tren, la pareja (no la banda al completo), es perseguida por un grupo de jinetes y encuentran la ayuda de una maestra, Etta Place (Katharine Ross), que es oficialmente la novia de Sundance. Los tres forman un peculiar triángulo. Tal y como se están poniendo las cosas para ellos, deciden que ha llegado el momento de poner tierra de por medio y, tras una breve estancia en Nueva York, se embarcan rumbo a Bolivia. Allí obtienen su primer trabajo honesto como guardias de nómina en una mina, dirigida por un estadounidense, llamado Percy Garris (Strother Martin). Sin embargo, en su primer día de trabajo, son atacados por bandoleros. Garris es asesinado, y Butch y Sundance se ven obligados a matar a los ladrones bolivianos.


Sobre una historia real de dos bandidos que asaltaban bancos y trenes, William Goldman escribió un guión en el que quitaba y ponía, alteraba o simplemente cambiaba totalmente lo que de verdad ocurrió con estos dos personajes, para crear dos figuras mitificadas.
Con dificultades para que ningún estudio adquiriese los derechos, al final fue Richard D. Zanuck el que lo hizo, por el doble de la cantidad que sus estudios habían autorizado.
La elección de Newman para uno de los papeles protagonistas, estuvo clara desde el inicio y entre unos cuantos candidatos, por unas u otras razones, al final se eligió a Redford para el otro papel, entonces era una estrella emergente y juntos formaron una de las parejas más míticas del cine. En aquellos años eran dos auténticos sex-symbol y lo cierto es que buena parte del éxito del film, reposa en su tremendo trabajo y esa química que destila la relación entre ambos.


El resto, que no es poco, el guión de Goldman, con un perfecto equilibrio entre western y comedia y con algunos diálogos realmente ingeniosos.
Bajo la dirección acertada de George Roy Hill, que consigue darle el ritmo acertado, el resto queda en un segundo plano, a pesar de que hay muchas más cosas interesantes, desde la participación de la mítica Edith Head en el diseño de vestuario, hasta la portentosa fotografía de Conrad Hall, retratando de maravilla esos espacios abiertos tan típicos del cine del oeste y las comentadas imágenes en sepia para el inicio, la transición central y el magnífico final.


Con el transcurso de los años, la película se ha convertido en uno de los films más reconocidos, con ese fondo de enaltecimiento de la amistad y camaradería, en el que los dos protagonistas piensan en todas la salidas posibles para salir del atolladero en que están metidos, excepto en la que sería más fácil: separarse. Eso no entra en sus cálculos y cuando ya están mal heridos, al final, incluso hablan de seguir juntos en Australia.
La película tiene de todo, tiroteos, persecución a caballo por esas zonas semidesérticas y pedregosas tan del western, asaltos a bancos y trenes y, sobre todo, mucho humor.
Para el recuerdo, la famosa escena de Katharine Ross y Newman, con éste haciendo equilibrios en la bicicleta, al son de la increíble "Raindrops Keep Fallin' on My Head" que Burt Bacharach nos regaló para la posteridad.