miércoles, 4 de noviembre de 2020

MI TÍO (MON ONCLE)

 


El señor Hulot (Jacques Tati) no tiene trabajo, su única ocupación es ir a recoger a su sobrino Gérard (Alain Becourt) a la escuela y traerlo después a la ultramoderna casa de su hermana, la Sra. Arpel (Adrienne Servantie), casada con Charles Arpel (Jean-Pierre Zola), quien intenta ocupar a su cuñado en la empresa de fabricación de tubos de plástico en la que trabaja.


Como otras películas de Tati, bebe directamente de los clásicos del cine mudo de humor (Chaplin, Keaton o Harold Lloyd), con apenas diálogos y en la que el sonido ambiente y la música, cobran gran importancia. Por supuesto también la puesta en escena; la composición de planos, a veces con muchos personajes en acción; la gestualidad de los actores y la fotografía, clara y nítida, que nos aporta todos y cada uno de los detalles, recurriendo mucho a la cámara fija, para que no perdamos un ápice de lo que ocurre en pantalla y de los elementos (decorados, vestuario, accesorios...) que también forman parte de la situación de la que se pretende hacer partícipe al espectador. 
Con un antecedente claro en la película Las vacaciones del señor Hulot, de la que es una especie de continuación, es casi imposible dejar de ver en ella una clara fuente de inspiración (sobre todo la escena de la fiesta en el jardín, pero también en otras escenas) para la película de Blake Edwards, El guateque. Para muchos es la mejor película de su realizador (también co-guionista y protagonista del film) y, desde luego, la más conocida gracias a su reconocimiento internacional de la mano del Oscar a la Mejor Película extranjera en 1958.


El film es una crítica cargada de sarcasmo e ironía sobre la vida moderna, las apariencias, la deshumanización, las servidumbres de esta modernidad y la supeditación a los modernos aparatos y tecnologías, algunas veces superfluas. Establece una clara dicotomía entre los barrios populares, como el de Hulot, que pinta con colores cálidos, vida abigarrada, trasiego constante de personas que se conocen, saludan, invitan y conviven en cierta armonía y, por otro lado, los barrios ricos, representados en el film por colores fríos, edificios de líneas rectas, calles vacías y deshumanizadas, vecinos desconocidos... El niño, Gérard, en cuanto puede, se va con su tío y en el barrio de éste, juega con sus amigos en calles y descampados, lo mismo que hace el perro de la familia que, a la menor ocasión, se va a los barrios populares a interactuar con los perros callejeros. 
Valiéndose de sus numerosos personajes, el film construye escenas divertidas e hilarantes que hacen de la película una obra muy fácil y entretenida de ver. 
Hay una anécdota que no me resisto a reproducir: Después de haber sido galardonado con el Oscar a la Mejor Película Extranjera por esta película, Jacques Tati fue invitado a una recepción de estado donde fue presentado al presidente francés Charles de Gaulle. A modo de broma y como referencia a la película, el ministro de Cultura, André Malraux, lo presentó como "mon oncle". De Gaulle, sin darse cuenta de quién era el director o qué película había hecho, le felicitó por tener un sobrino con tanto talento.




6 comentarios:

  1. Hola Trecce!
    Como bien apuntas en tu estupenda reseña hay muchas referencias a otros grandes del mudo. A mi el arranque de esta película me fascina, esa música y esos perros por el barrio me dejan absorto y pegado a la pantalla.
    No sabia nada de esa anécdota con De Gaulle, esta muy bien...jeje
    Viene muy bien reivindicar de vez en cuando a Tati, se lo merece.
    Saludos!

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    1. A mí también me encantan las primeras secuencias y las escenas de los perros, son geniales.

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  2. Esa anécdota bien podría haber sido una escena de la película jajaja. La cinta es una obra maestra con Hulot en un país demasiado moderno (y tonto) para él.

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  3. Su mítica banda sonora resulta tan deliciosa como la entrañable historia que nos cuenta.

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