lunes, 9 de mayo de 2016

LA CIUDAD Y LOS PERROS

En el Leoncio Prado de Lima, colegio militar de la capital de Perú, las condiciones de vida son tremendamente duras, tanto por la obligación y observancia del código castrense como por la asunción de otro código no escrito impuesto por los cadetes, alumnos del internado, que no es otro que el de la ley de la selva: devorar para no ser devorado. El sistema genera un universo de traiciones y lealtades donde el machismo y la brutalidad surgen como valores principales. El asesinato de Ricardo Arana (Eduardo Adrianzén), una de las víctimas –tanto de los alumnos como del sistema militar– genera un enfrentamiento: el del honesto teniente Gamboa (Gustavo Bueno) con sus superiores, que pretenden evitar cualquier investigación que pudiese poner en tela de juicio el buen funcionamiento del colegio. Alberto (Pablo Serra), el protagonista, observa los hechos y actúa como narrador de la historia que se centra en el robo de un examen de química que acaba siendo descubierto, por lo que los muchachos que estaban aquella noche de imaginaria son castigados sin salir los fines de semana.
Arana no puede soportar la situación y acaba delatando al culpable que será expulsado del colegio. Los miembros del Círculo, El Jaguar (Juan Manuel Ochoa) y sus secuaces El Rulos (Toño Vega) y El Boa (Aristóteles Picho) desatan la caza del soplón para vengar al compañero expulsado.


Basada en la novela homónima del Nóbel de Literatura Mario Vargas Llosa, se dice que comenzó a escribirla en otoño de 1958 en Madrid, en una tasca de Menéndez y Pelayo llamada «El Jute», que hoy es un restaurante con el nombre de Arzábal y está junto al Retiro y la terminó en el invierno de 1961, en una buhardilla de París.
Tras diversos y fallidos intentos con editoriales españolas e hispanomericanas, que rechazaron la obra, esta fue publicada por Seix Barral (entonces una pequeña editorial) en Barcelona en 1963.
La película respeta prácticamente de forma íntegra el texto original y, a pesar de la juventud de la mayoría de sus protagonistas, creo que está bastante bien interpretada.


Aunque la historia gira entorno al sistema educativo autoritario y violento del Leoncio Prado; el amor, la hipocresía, la sexualidad y el militarismo (o el antimilitarismo), tienen cabida como temas secundarios, pero de gran importancia en el contexto.
La película recoge bastante bien la crítica social que Vargas Llosa desarrolla en su novela y que es un trasunto de los problemas del Perú de la época.
Al final, tras lo aparente, el argumento principal es el retrato que hace del autoritarismo, de las jerarquías, del conflicto de las razas, que ilustran bien lo que es la sociedad latinoamericana, cultura de odios, donde el débil vive subyugado bajo el poder del fuerte que no encuentra sino en el uso desproporcionado de la violencia el mejor mecanismo de control.




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