jueves, 10 de abril de 2014

LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DÍAS

En ocasiones vemos a Julio Verne como ese autor visionario que adelantó avances de la humanidad que sólo se harían realidad en el futuro, o como ese escritor que "inventaba" artilugios que no existían, cosa inexacta de todo punto, pues lo que hacía era elucubrar sobre aparatos existentes y sus posibles aplicaciones, dotándoles, a veces, de propiedades que aún no estaban desarrolladas.
Pero hay otro Verne, el gran escritor, el novelista de gran capacidad literaria y de una técnica y estilo de primer nivel. Quiero imaginar lo que debió suponer esta novela en su momento, porque ahora tenemos una idea contaminada, por así decirlo, ya que todos la conocemos de sobra, sabemos de qué va, cómo acaba y, más o menos, las cosas que ocurren durante el viaje de los protagonistas, aunque sólo sea por la famosa serie de dibujos animados. Y es que estamos hablando de una de las dos obras más conocidas del autor francés de la que se han hecho todo tipo de adaptaciones a los diversos medios de expresión artística.
Pero si, por un momento, fuéramos capaces de sustraernos a lo que ya sabemos, podemos suponer lo que para alguien que no supiera nada de ella, supondría descubrir este relato que, como novela de aventuras, lo tiene todo. 
La historia es simple: Phileas Fogg realiza una apuesta con algunos de los notables y refinados miembros del Reform-Club, él sostiene sin titubear que es capaz de atravesar el mundo entero en apenas ochenta días, tiempo que para dicha época constituía una velocidad inusitada. Sus colegas de club aceptan gustosamente la propuesta, aún cuando les parece que juegan con ventaja, pues la consideran alocada e irrealizable, y de esta forma comienza el itinerario alrededor del mapamundi. Hay que destacar que el apostador ponía en juego la mitad de su fortuna, dado que preveía gastar el restante cincuenta por ciento en las vicisitudes del, para toda la sociedad londinense, “inejecutable proyecto”.
Los viajeros recorren lugares tan diversos y fascinantes como Suez, Bombay, Calcuta, la isla de Singapur, Hong-Kong, Yokohama, San Francisco y Nueva York, con los consiguientes apuntes geográficos y culturales que va introduciendo el autor y que demuestran, una vez más, sus amplios conocimientos.
Los dos protagonistas, Phileas Fogg y su criado Passpartout, son pintados por el autor a la manera cervantina, como el agua y el aceite, caracteres totalmente diferentes que enriquecen y dan dinamismo al relato. Fogg es un gentleman que habita en el Londres de fines del siglo XIX, un hombre metódico en sus actos, ordenado hasta en lo más ínfimo, enigmático y excesivamente puntual, flemático y distante, de vida sistemática y monótona, pero sobre todo, dueño de un corazón solidario y generoso que muchas veces le cuesta descubrir. Passpartout aparece como el personaje cómico que con frecuencia habita las novelas de aventuras. Con un pasado señalado por la multiplicidad de ocupaciones (cantor ambulante, artista de circo, profesor de gimnasia y sargento de bomberos), este francés es un verdadero trotamundos de carácter simpático, trato afectuoso y cortés, auténtico bonachón dispuesto a ser útil.
Verne logra ir contagiando al lector de la tensión propia, originada por la duda de si llegará o no a tiempo de ganar su apuesta, algo que nos pone sobre ascuas en más de una ocasión por las contrariedades que surgen en el camino. Además, realza esa intriga con la introducción de un personaje, Fix, agente de policía, que persigue a Fogg de manera implacable, en la creencia de que se trata del autor de un robo al Banco de Inglaterra y que, cuando el viaje llega a su fin, de regreso a Gran Bretaña, pondrá el último y definitivo obstáculo en la carrera del gentleman que creíamos concluída con éxito. Pero Verne se saca de la manga ese final maravilloso, última vuelta de tuerca de los acontecimientos increíbles que hemos ido viviendo y que proporcionan al relato el colofón que merece una novela de este nivel.




4 comentarios:

  1. No he leído el libro pero la película que protagonizó Cantinflas me pareció estupenda, por lo bien ambientada que está, y por las imágenes y paisajes que nos muestran. Además del excelente reparto de actores que trabajan en este film

    Saludos Trecce.

    ResponderEliminar
  2. Verne nunca defrauda, hace tiempo vi una agencia de viajes llamada Phileas Fogg, así que su huella como precursor de tantas cosas sigue presente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un clásico en el más amplio sentido de la acepción.

      Eliminar