lunes, 9 de abril de 2018

ARRUGAS

Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, es internado en una residencia de ancianos por su familia tras sufrir una nueva crisis de Alzheimer. Allí, aprende a convivir con sus nuevos compañeros -cada uno con un cuadro "clínico" y un carácter bien distintos- y los cuidadores que les atienden. Emilio se adentra en una rutina diaria de cadencia morosa con horarios prefijados -la toma de los medicamentos, la siesta, las comidas, la gimnasia, la vuelta a la cama...- y en su pulso con la enfermedad para intentar mantener la memoria y evitar ser trasladado a la última planta, la de los asistidos, cuenta con la ayuda de Miguel, su compañero de habitación, que también será el encargado de enseñarle las instalaciones y de ponerle al día de la rutina diaria de su nuevo hogar: le muestra la sala de estar, que conocen como la pecera, el salón de televisión donde solo les ponen documentales de animales, y la piscina, que, le informa, es para impresionar a los clientes - los que pagan las facturas - pero no para los internos, ya que la mayoría necesitan ayuda incluso para ducharse.
Miguel y otros compañeros de residencia, ante la cada vez más evidente posibilidad de que su amigo Emilio sea trasladado a esa fatídica última planta, tratan de evitar que los enfermeros y médicos se den cuenta de sus despistes, evitando que le hagan las pruebas que puedan llevarle arriba. Para ello trazan un disparatado plan que tiñe de humor y ternura el tedioso día a día de la residencia, pues para ellos acaba de empezar una nueva vida.


La película está basada en Arrugas (Rides, en el original francés), una novela gráfica de Paco Roca, publicada originalmente en 2007 por la editorial francesa Delcourt.
El autor de la novela colaboró en el guión y en el diseño de los personajes.


Tenemos tanto miedo a la vejez, que la ocultamos.
Paco Roca, el genial historietista español, hace con su novela un ejercicio contrario, nos acerca a ese mundo por el que, si Dios nos da un poco de salud, todos habremos de pasar al final de nuestras vidas.
A la adaptación le faltan algunas cosas para ser una película redonda, yo he notado algunas transiciones bruscas en determinados momentos de la narración, pero todo se le perdona a esta historia por su calidad humana y su ternura.
El film huye de dramatismos exagerados, pero no renuncia a contar lo que todos sabemos, pero, como decía al principio, ocultamos, o simplemente no hablamos de ello. No nos cuenta nada nuevo, nada que no sepamos y, sin embargo, era necesario contarlo para poner a la vista ese mundo oculto en el que todos, unos por estar en él, otros por cercanía al tener familiares o amigos viviendo ese trance, estamos inmersos.
Me decía un profesional del cuidado a los mayores que cualquiera que trabaje en una residencia de ancianos, reconoce en aquellas imágenes el día a día de su trabajo y de aquellos para quienes trabaja. No es poco que la película haya sabido retratarlo sin caer, como he dicho, en excesos, ni en el aspecto dramático, ni en el humorístico con que salpica las escenas.
Dibujos animados para adultos, con los que sonreír y, posiblemente, llorar. Una historia que trata sobre la dignidad de unos seres a los que arrinconamos por improductivos y un retrato de uno de los temas olvidados en nuestra cruel sociedad.




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