martes, 13 de mayo de 2014

COSACOS

Aunque en el siglo XV ya son nombrados en documentos históricos, su momento estelar fue, sin duda, el siglo XIX, cuando formando parte del ejército ruso, derrotaron a Napoleón y entraron victoriosos en París, ofreciendo al mundo la imagen de tropas invencibles. El propio emperador francés lo había dicho: "Los Cosacos son las mejores tropas militares de todas las existentes. Si yo los hubiera tenido en mi ejercito, podría haber llegado a conquistar el mundo entero".
Los zares los emplearon como una especie de tropas de élite, pero también como elemento represor, recordemos, por ejemplo, el 22 de enero de 1905, el llamado domingo sangriento de San Petersburgo, en el que los cosacos utilizaron generosamente sus látigos y pisotearon a mucha gente con sus caballos; sin embargo también es cierto que lucharon con valentía en los frentes de la guerra ruso-japonesa y la Primera Guerra Mundial, algo que traería consecuencias nefastas a su pueblo, privado de los cabeza de familia, de los hombres que cultivaban la tierra y cuidaban de los ganados, la pobreza se enseñoreó de ellos.
En la época de la Revolución, una parte de los cosacos combatió con los blancos y otra se alineó en el Ejército Rojo y lo mismo sucedería durante la Segunda Guerra Mundial, pues si bien hubo muchos cosacos en el ejército ruso, una parte de ellos, sobre todo exiliados y habitantes de las regiones ocupadas, se vieron seducidos por la propaganda alemana y la promesa de crear un Estado independiente cosaco. Los dirigentes cosacos que habían luchado en el bando alemán —Krasnov, Shkuro, von Pannwitz y otros— fueron ahorcados en Moscú en 1947. A los prisioneros devueltos por los aliados, incluidas las mujeres, se les envió a los campos de trabajo forzado soviéticos. En 1955, los supervivientes fueron indultados. Vivieron y trabajaron en la URSS ocultando su pasado con esmero.
Cuando hablo de cosacos, mi memoria evoca las lecturas infantiles Miguel Strogoff de Julio Verne o Taras Bulba de Nikolái Gógol y otros relatos sobre esos míticos conquistadores y colonizadores de Siberia, estos temibles guerreros que mantuvieron a raya a los tártaros, a los chinos, a los polacos, a los franceses e incluso al propio pueblo ruso. Todavía hoy la palabra cosaco sigue infundiendo una mezcla de terror y respeto.
El recuerdo de los cosacos ha venido a mi cabeza después de ver el otro día la última película de Jorge Torregrossa, "La vida inesperada", en su prometedor inicio, Javier Cámara es uno de los actores de la zarzuela de maestro Pablo Sorozábal "Katiuska", que retrata muchos tópicos sobre el pueblo cosaco. En ella, Javier Cámara interpreta una canción de la mencionada zarzuela que siempre me ha hecho mucha gracia, os dejo la letra y un vídeo que no es de la peli, pero es lo más parecido a la forma humorística en la que interpretan y representan la canción en el film:

El cosaco en su brioso corcel
Va a la estepa siempre al trote,
Que del mundo es un azote, zote, zote, zote, zote,
Porque nunca va al cuartel
Y si fiero es en la guerra al vencer,
Al volver es más terrible,
Porque trae un hambre horrible
Y de genio está imposible
Y su encanto es el deber.
El deber, el deber, el deber y no pagar.
Cosacos de Kazán que sobre caballo van sin temor y sin desmayo.
Cosacos de Kazán que en la guerra son un rayo y en la paz un huracán.
¿Dónde irán? ¿Al asalto del caballo?
¿Dónde irán? ¿Cómo y cuándo volverán?
Volverán, que no les parta un rayo.
Volverán mediado el mes de mayo.
Volverán con más plumas que un gallo,
Los cosacos de Kazán






2 comentarios:

  1. Y si además de luchar bien, si no se trata de una leyenda urbana y es cierto eso de que beben como cosacos: cualquiera les tose.

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