jueves, 6 de septiembre de 2012

LA REBELIÓN DE LOS ACUÑADORES

Lucio Domicio Aureliano, emperador romano (270 - 275), fue el segundo de varios «soldados-emperadores» notablemente exitosos que ayudaron al Imperio romano a recuperar su poder durante la última parte del siglo III y comienzos del IV.
Durante su mandato, se vivió uno de los episodios más sórdidos de la historia del Imperio Romano: La rebelión de los acuñadores de moneda.
Para hacer economía y ahorrar, Roma llevaba años emitiendo moneda con porcentajes cada vez menores de oro y plata en la aleación, esta devaluación llegó a comerse hasta el 98% de la moneda. El resultado es que, en numerosas regiones del Imperio Romano, la economía monetaria se había desplomado, y había regresado al trueque. Aureliano acometió una reforma monetaria, intentando recuperar la solidez de la moneda, como única manera de salvar la economía imperial. Pero experimentó una inesperada resistencia: El rationalis Felicísimo, acuñador en Roma, se alzó contra Aureliano. La revuelta parece haber sido causada por el hecho de que los acuñadores, y Felicísimo, el primero de ellos, estaban acostumbrados a robar la plata usada para las monedas y producir monedas de calidad inferior (aún más inferior, cabría decir). Aureliano quería eliminar esta práctica, y sometió a juicio a Felicísimo. El rationalis incitó a los acuñadores a rebelarse. La rebelión se extendió por las calles, a pesar de que Felicísimo fue rápidamente asesinado, posiblemente ejecutado. La rebelión de Palmira en Egipto probablemente había reducido el abastecimiento de cereal a Roma, haciendo que cundiera la desafección entre la población respecto al emperador. Este levantamiento fue apoyado incluso por algunos senadores. Aureliano reprimió la revuelta con ayuda militar, ordenando a las cohortes urbanas, reforzadas por algunas tropas regulares del ejército imperial, que atacaran a la masa rebelde: La batalla resultante, que tuvo lugar en la Colina de Celio, marcó el final de la revuelta, aunque a un alto precio (algunos historiadores dan la cifra, probablemente exagerada, de 7.000 víctimas mortales en ambos bandos). La mayor parte de los rebeldes fueron ejecutados; algunos de los senadores rebeldes fueron muertos. La ceca de Roma fue cerrada temporalmente, y la creación de otras cecas hizo que la principal ceca del imperio perdiera su hegemonía.
La Historia nos enseña, una vez más, que la humanidad repite sus males una vez y otra. Ahora ya no hay problema con las fábricas de acuñación de moneda, otros ladrones han venido a sustituir a aquellos del tiempo de Aureliano. A base de activos tóxicos, jubilaciones blindadas, participaciones preferentes, hipotecas basura… Ya no les hace falta hurtar la plata, se la llevan cruda. Pero ahora, nadie les planta cara en la Colina de Celio.



2 comentarios:

  1. Estos romanos estaban también todos medio zumbados, así que no es para nada de extrañar que el Imperio Romano tuviese el final que tuvo. Interesante historia, y menudos sinvergüenzas los acuñadores de monedas. Pero vamos desde luego la revuelta se cobró un alto precio. Nada menos que 7.000 muertos. Si dura más se quedan todos tiesos. Muy bueno el párrafo tuyo final. Ahora sin acuñadores, hay muchos más mangantes, ladrones y mugre que en aquella época.

    Saludos Trecce.

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    1. Al final es lo de siempre, Rafa, encima los sivergüenzas protestan cuando les pone cortapisas al lotrocinio y pretenden hacerse pasar por mártires.

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