Cuando Charles Desvallées empieza a sospechar que su mujer lo está traicionando con otro hombre, contrata un detective privado para que la siga y averigüe quién es el amante. Una vez confirmada la infidelidad y descubierta la identidad de su rival, el celoso marido prepara su venganza.
Claude Chabrol indaga sobre algunos aspectos de la burguesía francesa en plena época de liberación sexual, una libertad y unas nueva forma de entender las relaciones que, al parecer, no ha ayudado a que la gente viva más feliz, a veces, todo lo contrario. En el caso de esta película, ni siquiera la estabilidad económica y sentimental evitan la búsqueda de la pasión fuera del matrimonio.
Ya desde el mismo título, el guionista y realizador galo deja de lado el misterio y va directamente al asunto que le interesa y se centra en los personajes y en los hechos, en una narración en que la ambigüedad y las falsas apariencias, cobran importancia.
Con elegancia e ironía, Chabrol nos cuenta una historia en la que explica, a su manera, algunas de las acciones de estos burgueses, con las que parecen querer romper la anodina indiferencia en que viven, aunque ello suponga emprender un camino en el que no se sabe qué nos espera.




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