Alexander (Erland Josephson), periodista, ex actor y filósofo, le cuenta a su hijo pequeño lo preocupado que está por la falta de espiritualidad de la humanidad moderna. La noche de su cumpleaños, estalla un conflicto bélico. En su desesperación, Alexander se entrega en oración a Dios, ofreciéndole todo para que la guerra no tenga lugar.
Como indica el título, la película gira en torno a la idea del sacrificio, el de un hombre que considera que hasta entonces su vida ha sido algo artificiosa y superficial y para darle algún sentido quiere ofrecer incluso su propia existencia, para salvar a su familia y a toda la humanidad.
En parte, que uno conecte con una película de Tarkovsky depende de si se identifica con el problema espiritual con el que lucha su personaje.
Una especie de avalancha de debate filosófico, en cierto modo desconcertante, entretejida con algunas de las tomas más alabadas de la historia del cine.



