miércoles, 17 de agosto de 2016

EL MAR Y EL TIEMPO

Jesús (Pepe Soriano), tuvo que huir de España al acabar la Guerra Civil, para ello se embarca hacia Argentina, país en el que se forja una nueva vida. Después de treinta años, anuncia su regreso a Madrid, su ciudad natal.
Su hermano Eusebio (Fernando Fernán Gómez), se apresta para recibirle. Eusebio trabaja como maitre en un restaurante sin demasiadas pretensiones. Tiempo atrás se separó de su esposa, Marcela (María Asquerino), le resultaba insoportable la convivencia con ella porque había buscado remedio para sus frustraciones en el alcohol. En la actualidad vive con su madre y con su hija Mer (Aitana Sánchez-Gijón) y tiene una nueva compañera en su vida, una mujer que regenta una tienda de modas, pero que en realidad es una alcahueta que se dedica a proporcionar droga y mujeres de compañía a personas de la alta sociedad.
La otra hija de Eusebio, Chus (Cristina Marsillach), está casada con un dibujante, Anselmo (Iñaki Miramón), un tipo algo inestable, con el que tiene una hija y del que decide separarse para irse con su nuevo novio.
Cuando llega Jesús, se encuentra con que su madre no le reconoce, piensa que se trata de un mal actor que Eusebio y sus nietas han contratado para quitarle la pena por su hijo perdido, de quien ella piensa que se ahogó en el mar y que jamás volverá a verle.


La película es una adaptación de la novela homónima de Fernando Fernán Gómez, así que éste autoadapta su obra, dirige el film y lo protagoniza. Todo queda en casa.
Con un buen plantel de actores, no todos están al mismo nivel, pero excepto alguna actuación puntual, es cierto que ofrecen un trabajo aceptable, en algunos casos fruto más de las tablas que tienen que de la brillantez de sus interpretaciones. Aunque muchos se fijan en el papel de Rafaela Aparicio que, aunque uno no quiera, recuerda al que hizo en "Mamá cumple 100 años", a mí me ha encantado la brillante actuación de María Asquerino, una única escena es suficiente para dar toda una lección de interpretación.


La película quiere ser un relato sobre el desarraigo de un personaje que vuelve a la ciudad que fue suya y ya no reconoce, de repente se da cuenta de que lo que añoraba ya no está, porque el tiempo pasó y tampoco él es el mismo y que su sitio está en lo que ha dejado atrás, la vida en Buenos Aires, la ciudad y el ambiente que ahora, al volver a la patria, echa de menos.
Es interesante también el retrato que hace sobre esa juventud progre del 68 (año en que está ambientada la película), sus contradicciones y la manera en que la ven los viejos luchadores, con una mezcla de nostalgia y desesperanza, pues ellos ya saben de sobra que aquello no lleva a parte alguna.
Es una película sin estridencias, que no busca lecciones morales sino que trata de dar fe de una realidad, la que se vivía en la España de finales de los 60, donde el palo y la zanahoria funcionaban y la situación política que, sin dejar atrás una cierta represión, había cambiado por mor de los tiempos y las conveniencias, te ofrecía una de cal y otra de arena.
El planteamiento de film ofrece una apariencia de sencillez en sus personajes y sus vidas, no hay héroes caídos, son personas normales que, a lo largo de su vida se han ido adaptando a las circunstancia para sobrevivir, pero en el fondo, las consecuencias y reflexiones morales que nos propone, son muy profundas.
Mi duda es si la gente de las generaciones nuevas sabe apreciar estas sutilezas sin haber vivido aquel momento.




2 comentarios:

  1. La gente de las nuevas generaciones es casi imposible que capte las "sutilezas" de la época en que se representa a los personajes. Es muy dificil comprender, y más con las propagandas, en sentidos contrarios, habidas por los políticos de cada color.

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