martes, 5 de julio de 2016

SAN CAMILO 1936

Varios años llevaba sin publicar Camilo José Cela, cuando el 4 de diciembre de 1969, la editorial Alfaguara, con el número 24 de su colección Alfaguara Literaria, sacó a la luz "Víspera, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid", conocido por su título abreviado "San Camilo 1936".
Según el calendario católico, el 18 de julio se celebra la festividad de San Camilo, así que el título nos concede una pista definitiva para situarnos en un contexto muy determinado de nuestra historia reciente.
Pero San Camilo no es una novela sobre la Guerra Civil, sino un libro sobre personas que viven en el Madrid de la época, porque Cela lo que hace es acercarnos a una determinada sociedad en un momento determinado, una colectividad que él conoce perfectamente porque es aquella a la que pertenece: la clase media. Incluso la novela tiene esa parte autobiográfica que muchos autores defienden que impregna a cualquier narración de este tipo, en la que el autor deja una parte de sí mismo, porque es lo que conoce, de hecho, en uno de los personajes, Toisha, la novia del narrador, algunos aseguran ver a una novia que Cela tuvo por aquella época, un amor al que al parecer, nunca pudo olvidar y que murió destrozada por una bomba.
El libro es una obra que tiene bastante de experimento, de búsqueda de innovación, al menos en la forma, decenas de personajes y ausencia de puntos y aparte es lo que llama la atención del lector a primera vista, después hallamos reiteraciones y otra serie de figuras con las que el autor juega de forma intermitente a medida que la narración avanza.
En cuanto al contexto, los hechos políticos, el levantamiento militar y su contestación, conforman un telón de fondo sobre el que el autor trata de mantenerse neutral, dejando que los personajes se muevan en el escenario planteado. De forma espontánea tendemos a hacer una comparación con La colmena y resulta evidente que existen algunas relaciones, sobre todo por que ambas se desarrollan en Madrid, por la extensa galería de personajes que las conforman y porque en ambas se retrata a la sociedad del momento en que transcurren sus respectivas historias.
La novela resultó todo un éxito editorial, sin embargo parte de la crítica (no olvidemos el momento en que se publica), la recibió como una novela prostibularia y políticamente pornográfica.
El lenguaje es explícito, para algunos seguramente soez (no ahora, sino entonces), duro por momentos, incluso machista, pero su condición de documento reflexivo sobre el Madrid de julio del 36, es evidente, aunque para algunos resulte sesgado.
Novela muy interesante por lo que tiene de testimonial, por su friso de personajes representativos de un sector social y porque marca una encrucijada en la ficción sobre la pasada Guerra Civil, ya no hay que estar con un bando, se puede hablar, reflexionar, bien que con cortapisas, de lo que realmente ocurrió. Cela aquí trata de separar las connotaciones políticas y hablar de manera, por momentos, aséptica, de lo que supuso para una gran parte de la población, esa clase media a la que aludíamos, un acontecimiento en el que se vio implicada sin desearlo y sin acabar de creerlo, pues pensaban que, como tantas veces, no iba a pasar nada a pesar de la agitación social. La dedicatoria del autor resulta bastante esclarecedora de sus pretensiones:

A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia.
Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro.

Cela, nacido en 1916 (este año se celebra el centenario de su nacimiento), formaba parte de aquel reemplazo de 1937.




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