sábado, 11 de abril de 2015

EL ORO DE MALLORCA

A finales de 1913, Rubén Darío es invitado por el pensador y mecenas mallorquín Joan Sureda Bimet a pasar unos días en la cartuja de Valldemosa, en la que muchas décadas atrás habían residido Chopin y George Sand.
Fruto de esa estancia, surge un libro publicado por capítulos en el diario La Nación, titulado El oro de Mallorca, escrito en parte en Valldemosa y acabado en París.
El protagonista y narrador es Benjamín Itaspes, un músico que acude a la antigua cartuja en busca de reparar su maltrecha salud, invitado por un amigo que en esos momentos ocupa el histórico edificio.
Casi todo en la novela es trasunto de situaciones o historias reales, comenzando por el evidente paralelismo del músico que va a curarse, como aquel Chopin que fue allí a tratar de recuperarse de su tuberculosis. Fuera de eso, Benjamín Itaspes es un retrato del propio Rubén Darío, cuando nos cuenta los problemas que vivió con la separación de sus padres y que fue criado por una tía, Darío nos está contando su propia infancia y primera juventud. También cuando nos relata, en unas páginas cargadas de suave erotismo, su encuentro con la mujer que acompañará los últimos días de su estancia en Mallorca, elige para ella el nombre de Margarita, un nombre que unido a Rubén Darío, es más bien un símbolo y una evocación de la mujer ideal, como lo es la propia Isla, convertida por mor de la ágil prosa del autor en un paisaje y un territorio casi mitológico.
En la novela también son reconocibles, además de los lugares, personajes reales que formaban parte del círculo de amistades del poeta, como Santiago Rusiñol, cuya compañía frecuentó en la Isla.



4 comentarios:

  1. Preciosa novela y precioso lugar, donde muchos, además de encontrar salud corporal, encontraron mucha paz espiritual, como rezan estos versos de Rubén Darío:

    ¡Y quedar libre de maldad y engaño

    y sentir una mano que me empuja

    a la cueva que acoge el ermitaño,

    o al silencio y la paz de la Cartuja!

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    1. No eligió mal sitio el nicaragüense para descansar.

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  2. Es que un lugar como aquel resulta muchos más fácil encontrar las rimas.

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