lunes, 25 de julio de 2011

GALLIPOLI

La película está estructurada en dos partes, en la primera se nos narra, con cierto aire costumbrista, la vida cotidiana de Archie, un joven australiano (Mark Lee), especialmente dotado para las carreras de velocidad, que ayudado por su tío, un amante del deporte, trata de desarrollar todo su potencial entrenando duramente a la vez que trabaja en el rancho de su padre.
En una carrera, disputa durante un festejo rural, traba amistad con uno de sus contrincantes, Frank (Mel Gibson), hasta el punto de que ambos deciden alistarse juntos en el ejército para combatir en Europa.
Al saberse que Archie no tiene más que 16 años, es rechazado y como todo su afán es ir a combatir contra los turcos y los alemanes, a instancias de Frank, decide ir hasta Perth, donde nadie le conoce. Por diversas circunstancias, el viaje en tren se ve truncado y comienzan una larga travesía por el desierto.
La segunda mitad del film es la parte bélica del mismo, donde se describe la estancia de los dos amigos en el campo de entrenamiento de Egipto y su posterior traslado a las playas de Gallipoli, donde participarán en la famosa batalla encuadrados en la caballeria ligera australiana.

El film cuenta con un magnífico trabajo de fotografía, a cargo de Russell Boyd, con impresionantes tomas del desierto y de la costa de la península de Gallipoli y una puesta en escena muy cuidada que nos transporta a esa época de principios del siglo pasado.

En todo momento, respiramos un aire intimista que trasciende a la propia historia. El sentimiento de amistad, el entusiasmo del joven Archie por servir a su patria en el frente de batalla, su alegría que contrasta con el pragmatismo de Frank, hacen que nos identifiquemos con él y con su vitalismo.

La banda sonora de la peli, a cargo de Brian May, cuenta con un experimento que puede parecer extravagante, cual es la inclusión en algunas tomas de fragmentos de Oxygene de Jean-Michel Jarre, que, sin embargo, quedan bastante bien, pero es sobre todo es con el Adagio de Albinoni, cuando alcanza los momentos más sublimes.

Muy cuidada en su elaboración, contada con mucho detalle visual, quien conozca la historia de lo que allí ocurrió, la verá magníficamente recreada en la película.
Aquello fue un verdadero desatre para las tropas de la ANZAC (Australian and New Zealand Army Corps) y aquí se nos narra con cierta sutileza que aleja a la peli de aquella otra que no podemos dejar de recordar por las similitudes en la toma de decisiones del mando y por lo absurdo del sacrifio de vidas humanas, me refiero a Senderos de gloria.
Y una escena final, que es de lo mejor que se ha rodado en el cine contemporáneo.



2 comentarios:

  1. Coincido con usted, peliculaza, que por cierto llevo unos añitos sin ver, a ver si me corrijo cuando termine con las obras del Escorial de mi pisito.

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  2. Qué final tan maravilloso, pura mezcla de imágenes y música que pone la piel de gallina.

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