domingo, 17 de julio de 2011

LOS NIÑOS DEL BRASIL

Ira Levin, fue un escritor norteamericano de cierto éxito con sus guiones, obras de teatro y, sobre todo, con dos de sus novelas: Rosemary's Baby (El bebé de Rose Mary), también titulada en España La semilla del diablo y The Boys from Brazil (Los niños del Brasil).
Como hizo Roman Polanski con la primera, Franklin J. Schaffner decidió llevar al cine la segunda, con un reparto encabezado por Gregory Peck y Laurence Olivier y con James Mason y Lilli Palmer en papeles secundarios.
La historia parte de un hecho real, la huida del médico nazi Josef Mengele a Sudamérica. A partir de ahí, comienza a novelarse lo que realmente sucedió.
Lo que nos dice el film es que Mengele, intenta llevar adelante un ambicioso plan, comenzado varios años antes, por el que pretende clonar nada menos que a Adolf Hitler, del que ha creado la friolera de 94 copias para asegurarse el éxito del proyecto, en previsión de que con alguno de los clones las cosas no salieran como estaban planeadas.


Las actuaciones son correctas, a secas, no en vano estamos hablando de grandes actores y, sin embargo, la peli no acaba de cuajar, a pesar de que la idea de partida supongo que podría haber dado para algo más. La intriga tampoco acaba de funcionar del todo y no es que nos pasemos todo el film esperando algo más, sino que ya desde el arranque vemos que aquello se va a quedar en un quiero y no puedo, como si no hubieran conseguido dar con la fórmula para hacérnosla más interesante, más atractiva.


No sé si sería por el bajo presupuesto que se debió de ir casi íntegro para pagar a los actores, pero los fallos de localización son apabullantes. Que te pongan a unos forçados corriendo toros, cuando se supone que estamos en Paraguay, es algo que te choca negativamente, hasta que al llegar los títulos de crédito finales, ves que se ha rodado, en parte, en Portugal y entonces se te cae el alma a los pies, se trata de un error monumental, de esos tan típicos de los yankees para quienes hispanoamérica, España y Portugal, son la misma cosa. Penoso.
Al igual que en la peli, ya en la novela, Ira Levin se tomó bastantes licencias ya que Mengele no estuvo en Sudamérica haciendo lo que le daba la gana, como se desprende de lo que nos cuentan, sino que estuvo bastante asustado y muy preocupado por huír de los agentes del Mossad.
El personaje de Ezra Liebermann, interpretado por Olivier, está claramente inspirado en el famoso cazanazis Simon Wiesenthal.


Una peli curiosa, sin que pase de ser una especie de producto de segunda categoría, con el aliciente de ver a Peck en uno de los escasos papeles de villano que ha interpretado y con un tema, el de la clonación, que sonaría a ciencia ficción en aquellos años y hoy nos parece totalmente creíble. De hecho hay unas escenas, quizá de lo mejor de la peli, en las que de manera muy didáctica y brillante, se explica en qué consiste la clonación, supongo que los espectadores de los años 70 las verían como si ahora te explican cómo se resucita a alguien que murió hace mil años y sin embargo, vistas en la actualidad, entiendes la explicación perfectamente, y sabes que lo que están diciendo es viable y no una mera fantasía.



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