Pedro Bengoa (Federico Luppi) es un ex activista sindical que previa “limpieza” de su pasado consigue trabajo como dinamitero en unas minas de granito en el sur de Argentina, explotadas por la multinacional Tulsaco. En este nuevo destino se reencuentra con un compañero del pasado que le propone simular un accidente y hacerse pasar por mudo para demandar a la empresa y exigir una indemnización. Accidentalmente, en la explosión en que debía simular quedar afectado, Bruno di Toro (Ulises Dumont) muere y será Pedro quien ocupe su lugar en el plan llevando la demanda contra la multinacional hasta las últimas consecuencias.
El propio director y guionista del film, el argentino Adolfo Aristarain, comentó en una entrevista que siempre se había dicho que la película era una alegoría de lo que estaba pasando con la dictadura, pero él mantenía que no, que lo que hacía era seguir a los personajes y meterse en su piel, otra cosa es que funcionase como alegoría.
Lo cierto es que ya desde la frase que figura en el propio cartel del film ("Un hombre honesto es hoy, algo muy peligroso"), la película supuso un desafío para la censura y muchos aún no se explican cómo dejaron que se estrenara. El caso es que se estrenó y obtuvo muy buenas críticas y muchos premios en los siete festivales internacionales en los que fue exhibida.
Más allá de estas alegorías acerca de los presos políticos y los desaparecidos o de la persecución empresarial y sindical de la época, el film lanza un mensaje, si se quiere más universal, una crítica sobre el capitalismo despiadado y sus métodos. La Tulsaco ha cometido un fraude de esos de aúpa, en la mina no hay cobre, como ellos dijeron, solo granito, pero compraron a algún geólogo que hizo un informe a medida y el cebo del cobre permite a la corporación obtener elevados créditos bancarios, mientras tanto en la cantera mueren obreros porque no se cumplen las medias de seguridad mínimas y a la empresa no le interesará ir a juicio para que no se destapen los chanchullos, así que Bengoa decide tomarse venganza y extorsionarles.
Hasta aquí la historia resulta de lo más interesante, pero Aristarain se guarda un as en la manga y en la última media hora, aquello da un giro de esos que echan al espectador hacia adelante en su asiento. Bengoa, un viejo luchador que ha claudicado, de repente reflexiona, en parte por los reproches de su padre, que poco antes de morir le ha echado en cara que se haya plegado a los intereses empresariales, pero también por la mala conciencia por la muerte de su amigo y porque quiere vengarse de verdad del despiadado consorcio empresarial y toma una decisión que va más allá de toda lógica y pondrá en peligro toda su existencia y la de algunos otros.
Hasta entonces la lucha ha sido entre dos timadores, a partir de ahí, los conceptos morales entran en juego.




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