lunes, 13 de abril de 2020

2046


El escritor Chow Mo-wan (Tony Chiu-Wai Leung) que creía escribir sobre el futuro, en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. En su novela, un misterioso tren salía de cuando en cuando con dirección al año 2046. Todos los que subían a él lo hacían con el mismo propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decía que en 2046 nada cambiaba. Nadie sabía a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los que viajaron regresó jamás. Con una excepción, él estuvo allí y se marchó voluntariamente. Quería cambiar.


Una de esas películas que no te permiten sosiego.
Por un lado creo que está medianamente claro que es un film de narrativa nada sencilla, lo que para muchos ofrece dificultad para seguirlo y, por tanto, deja de resultar interesante, porque se cansan del esfuerzo. Y es que no sigue la tradicional línea temporal que en algunas películas se ve alterada, como mucho, por flashbacks más o menos largos y más o menos numerosos, pero que no impiden seguir el hilo con facilidad.
Aquí todo parece un poco revuelto, que no embarullado y es que la película habla de recuerdos y ¿cómo son nuestros recuerdos?, pues más o menos así, no siguen una lógica temporal, sino que el nexo son detalles comunes o, sencillamente, porque una cosa lleva a la otra y de este modo, pueden sucederse en nuestra memoria las últimas vacaciones, para continuar con nuestra época de colegio o instituto y pasar al recuerdo de un antiguo compañero de trabajo al que hace doce años que no vemos. Lo que quiero decir es que nuestro recuerdos son así también, se presentan mezclados.


Por otra parte está la innegable calidad artística de la película, con encuadres que la acercan al cine experimental, pero que, valga el aparente contrasentido, tienen poco de experimento, están muy estudiados y realizados con todo el detalle. Paredes en primer plano con la acción transcurriendo en el margen derecho y en un plano más lejano; contrastes de colores; luces y sonidos que provienen de fuera del campo visual; rostros que están distantes pero aparecen cercanos en el reflejo de un cristal y unas cuantas cosas más, casi todas las secuencias contienen planos llamativos, en ocasiones pueden provocar cierto choque, pero en otras muchas, nos llegan a subyugar.
Por cierto, una banda sonora que a mí me encantó, con interpretaciones de Xabier Cugat (Siboney o Perfidia), Dean Martin (Sway), Nat King Cole (The christmas song) o los cortes de música clásica (Polonaise, Casta diva...).
Una película diferente, llamativa, que entiendo que a muchos se les puede indigestar, pero quien consiga disfrutarla, descubrirá una auténtica maravilla.




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