jueves, 4 de abril de 2019

THE MULE (MULA)

Earl Stone (Clint Eastwood), un nonagenario, veterano de la guerra de Corea, tiene una pequeña granja donde cultiva y comercializa lirios, alcanzado el culmen del éxito cuando recibe la medalla de oro por una de sus variedades, en la convención anual de cultivadores. Pero a principios de este siglo, el negocio comenzó a no no ser rentable, sobre todo a consecuencia de que las ventas por internet le van quitando mercado, lo que le empuja a negociar créditos, cuyo impago le lleva a la quiebra y a perderlo casi todo, tan solo quince años después de haber obtenido aquel gran éxito..
Fue en ese momento cuando, a través de un conocido, entra en contacto con el cartel de Sinaloa y se convierte en uno de sus chóferes estrella, distribuyendo decenas de toneladas de droga a lo largo y ancho de los EE.UU. y hasta tal punto resulta rentable para los narcotraficantes, que se le asigna un controlador, una persona que le vigila, dada la importancia y el valor de los cargamentos que se le van encargando.
Stone aprovecha sus viajes con la droga a bordo de su furgoneta, para visitar amigos y viejos conocidos, al principio, solo sospecha cuál es su trabajo, aunque a partir del tercer envío, es plenamente consciente de lo que transporta en sus viajes. Pero no será únicamente el controlador de los narcotraficantes quien le vigile, la importancia de sus cargamentos, le pone en el punto de mira del agente especial de la DEA Colin Bates (Bradley Cooper), que ha viajado a Chicago con el encargo de descubrir quién está detrás del aumento de droga en la ciudad.
Cuando sus problemas de dinero comienzan a quedar atrás, el pasado de Stone regresa con más peso del que desearía, resultando incierto que  Earl tenga tiempo de corregir los errores que cometió en otros tiempos, antes de que los agentes de la ley o los encargados de hacerle cumplir sus compromisos con el cartel, caigan sobre él.


El guión se basa en un artículo de Sam Dolnick en el New York Times, sobre el caso de Leo Sharp, un veterano de la II Guerra Mundial, que luchó en la campaña de Italia, por lo que fue condecorado y que con 80 años, se convirtió en la mula (así se conoce en el argot a quienes transportan la droga de manera ilegal entre unos distribuidores y otros) más antigua y prolífica del cartel de Sinaloa.
Sharp fue detenido con un cargamento de droga en 2011, cuando contaba 87 años.
Antes de sus actividades ilegales, fue mundialmente conocido en el ambiente de la floricultura y los vecinos de Sharp en la ciudad de Michigan recuerdan cuando había autobuses llenos de clientes afuera de su puerta de entrada que esperaban para comprar sus flores exclusivas, casi todas con el nombre de su negocio, Brookwood Gardens. En el momento de su detención, se jactó de haber sido invitado una vez a la Casa Blanca, donde plantó flores en el Jardín de Rosas para el presidente George W. Bush.


El hombre de dos cara y el mundo del narcotráfico, esos son los dos ambientes en que, paralelamente, se mueve la película.
Earl es un tipo ingenioso, con un sentido del humor un tanto particular, trabajador, enamorado de sus flores y que cae bien entre quienes le frecuentan. Sin embargo, tiene a su familia poco menos que desatendida, su mujer se ha separado de él y su hija no le habla desde hace doce años, cuando no se presentó en su boda a pesar de que ella (y el resto de la familia), le esperaba para que la llevara del brazo al altar.
Casi al final de su vida, se da cuenta de todo lo que ha perdido y que el cariño y la entrega que dedicó a sus cultivos, debía haberlo repartido con sus seres queridos. Ahora trata de recuperar el tiempo perdido, aunque quizá sea demasiado tarde. Como le dice su esposa desde su lecho de muerte: No hacía falta que te hicieras rico para que te hubiéramos querido.
El narcotráfico lo vemos retratado de manera inteligente y bastante veraz. Tras la apariencia del dinero fácil y de un trabajo sencillo, al fin y al cabo, se trata tan solo de conducir, se esconde la dura, cruel, peligrosa y mortal realidad.
Por un lado estás contribuyendo a la ruina económica, moral y física de muchas personas. Jóvenes y familias enteras, caerán en el pozo de la droga sin posibilidad de remisión, por más que tú, que solo la llevas de un lado a otro, no quieras ver aquello en que estás participando y, por otro, lo que parece ser una forma sencilla y limpia de ganar ingentes cantidades de dinero, te convierte en esclavo de una organización criminal sin escrúpulos, que no entiende de amistades y que pone su afán de lucro por encima de vidas y lazos de sangre o afecto.
Stone, que podría ser el prototipo del americano conservador, se encuentra ahora trabajando para una banda de latinos. ¿Puede haber mayor contrasentido?


Es una historia que se hace amena y entretenida, con toques de comedia que, sin embargo, ni banalizan, ni tratan de hacerlo, el turbio mundo en que se mete el protagonista, sino que nos revela el camino que trazan estas empresas criminales para quienes trabajan para ellos: Todo es placer, comodidades y dinero fácil, hasta que te tienen atrapado y te aprietan el dogal.
El principal inconveniente de esta película, es también su mayor virtud, se llama Clint Eastwood, que llena toda la pantalla interpretando a uno de esos personajes en que ya le hemos visto otras veces, pero que reinventa con matices diferentes, dejando a los demás como meros figurantes. Sin llegar a la altura de Gran torino, aquí crea un personaje que nos recuerda al de Walt Kowalski, aunque es bastante diferente.
Pienso que, a pesar de que no está entre las grandes creaciones de Eastwood, es de lo más interesante que ha hecho en los últimos años y demuestra que su pulso sigue conservando la maestría y firmeza que nos lleva a confiar en que, todavía, nos puede dar la obra de arte que cada año esperamos.




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