martes, 20 de diciembre de 2016

UN BAILE EN NAIROBI

El señor Malik, un tipo bajito, gordo, de piel oscura y con calvicie incipiente, lleva tres años enamorado secretamente de Rose Mbikwa, una viuda, como lo es él mismo. Este año ha decidido invitar a Rose al baile del Club de Caza, un acontecimiento social al que acude lo más granado de la sociedad de Nairobi, para ver y dejarse ver.
De forma inesperada, aparece Harry Khan, un antiguo rival de sus tiempos escolares, bien parecido y con mucho éxito en sus relaciones sociales, especialmente entre las señoras, gracias a su encanto personal, su simpatía y su charla amena y divertida. Un día en el que se encuentran tomando unas copas en el Club Asadi, del que Malik es miembro, Harry manifiesta su intención de telefonear a Rose para invitarla al baile, a lo que replica Malik, en un arranque del que enseguida se arrepiente, que él ya ha comprado las entradas y que también pensaba invitar a Rose.
Antes de que se den cuenta, ambos se ven envueltos en una competición para ser el acompañante de la bella dama al baile y es que los socios del Asadi, han tenido la idea de establecer un desafío entre ambos: El que sea capaz de avistar más especies de pájaros en una semana, llevará a dama al baile.
Nicholas Drayson construye una historia divertida, dulce, humana y más profunda de lo que el lector puede imaginar no sólo al enterarse del argumento, sino tras leer las primeras páginas. Tras la cómica imagen de esta batalla ornitológica por la mano de una bella dama, en la que, desde el primer momento las simpatías del lector están con Malik, a quien vemos perdedor, nos encontramos la sorpresa de que el libro nos va resultandon más atrayente a medida que avanza y no es sólo por la empatía con el poco probable vencedor, sino porque vamos conociendo su cara oculta, pues tras su apariencia de hombre tranquilo se esconde un escritor de sátiras políticas que, de forma anónima, publica en el periódico local, al tiempo que descubrimos que tiene un remordimiento que trata de expiar de manera casi heroica.
El libro es dulce y amable, pero en absoluto soso o aburrido, con una denuncia explícita a la corrupción del gobierno, la violencia urbana o el SIDA y otras cuestiones que afronta como un desafío el continente africano; todo ello sin ensañarse ni destilar una gota de veneno. El autor consigue mezclar muy bien los asuntos serios con el humor y puede que además de una sonrisa, a algún alma sensible le haga asomar una lágrima (no más), pero sobre cualquier otra cosa, lo que nos queda es un relato relajado y bondadoso a la vez que sutil, y un vívido retrato de una parte de África, el más vivo de los continentes.



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