lunes, 13 de junio de 2016

MOMO

Momo (Radost Bokel) es una niña huérfana que tiene el don de saber escuchar y comprender los problemas de los demás, sus amigos Beppo (Leopoldo Trieste), el barrendero, y Gigi (Bruno Stori), una especie de artista, cuidan de ella que vive en un antiguo teatro romano. Un día aparecen en la ciudad unos extraños hombres grises que comienza a comprar el tiempo de la gente, y Momo se va quedando sola. Estos hombres pertenecen a una asociación que está haciendo su propio negocio con la gente: les quitan el tiempo libre a cambio de rentabilizar sus horas. La gente tiene cada vez menos tiempo libre. Momo es la única que no cae en la trampa y con la ayuda de la tortuga Casiopea, el Maestro Hora (John Huston), guardián del tiempo y las flores horarias, devolverá el tiempo a toda la gente.
El guión del film está basado en la novela del mismo título del alemán Michael Ende, autor también del conocido relato La Historia Interminable.
Con una estupenda banda sonora de Angelo Branduardi, las interpretaciones, que son algo desiguales, cuentan con una carismática Radost Bokel en el papel protagonista, cuya sonrisa cautivadora y su conseguida interpretación van muy acordes con el personaje y, como datos curiosos, la intervención de John Huston, que suena más como un capricho para darle tono a la película y la del propio Michael Ende, el hombre que en el tren, coincide con el Maestro Hora.
Los decorados, en los que el realizador, Johannes Schaaf, no quiso utilizar efectos digitales (como no lo hizo tampoco para el resto del film), subrayan las circunstancias de la historia: coloristas, con curvas, adornos y mucha luz en el que podríamos llamar el mundo de Momo y sombríos, de líneas rectas y duras, esquemáticos y desnudos de adorno, los que representan el mundo de los Hombres Grises.


La película es un canto a la amistad y la importancia de vivir una vida en la que las relaciones con el prójimo y el entorno, tengan más importancia que el dinero, el lujo o el éxito profesional. Un mundo sin prisas para esas cosas importantes, como escuchar y que lo demás pase a ser superfluo, porque en el fondo lo es. Una parábola sobre este mundo lleno de agobios en que vivimos que pretende que tomemos conciencia de lo importantes que son las pequeñas cosas y el cultivo de las amistades que, al final, tienen mucha más importancia que aquellos otros valores en que se asienta la sociedad de consumo.
La historia había nacido con vocación de ser llevada a la pantalla, pues tiene su origen en un encargo que la ZDF (la televisión alemana), le hizo a Ende para que escribiera una especie de guión para hacer una serie o una película.
De modo que escribió una historia para el cine de una hora de duración sobre Momo y los Hombres Grises, que roban el tiempo a las personas. La película nunca se rodó, pero la historia quedó metida en su cabeza. Al cabo de un tiempo su mujer se la recordó y así surgió el libro en su casa de Italia.
Pienso que, sin ser brillante, es una digna adaptación de esta especie de cuento que sigue las pautas típicas de este tipo de relatos: buenos y malos, peligros, engaños y final feliz.





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