miércoles, 28 de agosto de 2013

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

Marco Aurelio (Alec Guinness), el último de los llamados cinco emperadores buenos (los otros cuatro fueron Nerva, Trajano, Adriano y Antonino Pío), reune a los gobernadores de sus provincias en Vindobona (Viena); tiene en mente anunciarles que nombrará como sucesor a su hijo adoptivo Cayo Metelo Livio (Stephen Boyd), en detrimento de su hijo legítimo Cómodo (Christopher Plummer), algo a lo que este último no se plegará.
Tanto Marco Aurelio como Livio, son partidarios de atraer mediante tratados a los pueblos de más allá de la frontera norte, la más inestable del Imperio, mientras Cómodo preferiría entrar a sangre y fuego, pues considera que esa es la única forma de someter a los bárbaros.
Cuando Marco Aurelio muere, Livio reconoce a Cómodo como nuevo emperador, sus actuaciones despóticas darán lugar a graves problemas tanto en la frontera norte como en la oriental, donde algunas provincias se alían con los persas, debido al descontento de los ciudadanos con los nuevos impuestos.



La película se rodó en los estudios Bronston de Madrid y en escenarios naturales de Sagunto y la sierra de Madrid y Segovia. Este paraje natural permitió pasar de un entorno brumoso y nevado localizado en los pinares de Valsaín como si estuvieran en Centroeuropa, a las áridas tierras de Siria, para lo cual las cámaras se trasladaron a la zona de La Pedriza.


Es muy interesante ver las maravillosas imágenes que, en parte gracias a este entorno, logró el director de fotografía Robert Krasker, algo que sólo se intuye en las ediciones del film en DVD y que causa verdadero goce a quien haya tenido la ocasión de ver la película en pantalla grande.


La película, en general, resulta bastante desigual, con momentos realmente brillantes, como la carrera de cuádrigas por un camino de montaña, con los caballos a galope tendido, toda una maravilla de planificación y realización, una escena muy difícil y meritoria; algunas partes del guión, sobre todo las intervenciones de Timónides (James Mason), o los soliloquios de Marco Aurelio; la escena inicial con la aparición de Lucilla (Sophia Loren), la hija de Marco Aurelio, muy evocadora; algunas de las escenas de masas, impresionantes por el despliegue de medios humanos y materiales (el decorado del foro romano sigue ostentando el record de mayor decorado jamás construído). Todo esto, como digo, se alterna con algunas fases un tanto anodinas y una historia de amor entre Livio y Lucilla que no acaba de tener mucho gancho.


Magníficas actuaciones de Alec Guinness y James Mason, incluso de un jovencísimo Christopher Plummer, que dotan al film de un especial sello de calidad, pues están bastante por encima del resto del reparto, por más que haya otros nombres de relumbrón, comenzando por el de Sophia Loren y las intervenciones casi decorativas de Omar Sharif o Mel Ferrer, entre otros.


Espectácular film que se aleja bastante de lo que los textos históricos nos relatan, pero que, a cambio, ofrece un grandioso espectáculo visual, con una puesta en escena tan esmerada como colosal, con algunas escenas muy interesantes, como queda dicho, y que nos hará pasar un rato entretenido a pesar de la pobreza de su guión.




4 comentarios:

  1. El espectáculo visual está muy bien y ver a éstos grandes actores también merece la pena. Buena crítica.

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  2. Quitando que el protagonista no se hace gladiador, la película "Gladiator" es una copia mala de esta superproducción de Bronston, para mí, superior a la protagonizada por Russell Crowe. Opino.

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    1. Sobre esto hay opiniones para todos los gustos. A unos les gusta más una, a otros otra, en fin, la eterna disyuntiva.

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