jueves, 15 de junio de 2017

PARÍS TOMBUCTÚ

Michel des Assantes (Michel Piccoli), un prestigioso cirujano plástico francés con problemas de impotencia que está tratando de superar con llamativas terapias, está desencantado de la vida y decide poner fin a la misma arrojándose desde el balcón de su consulta parisina.
Sin embargo, en el último momento tiene una especie de inspiración cuando ve a un trotamundos que viaja en bicicleta y que está comprando fruta. El frutero y el viajero tratan de evitar el suicidio de Michel, aunque este ya ha desistido y, en su lugar, decide comprarle la bicicleta y emprender el viaje a Tombuctú, que se le antoja un lugar mítico por su exotismo, en busca del secreto de la felicidad.
Su viaje se ve interrumpido cuando sufre un accidente a la altura de Calabuch, un pueblecito de la costa levantina que se le muestra tan caótico como la existencia que pretendía dejar atrás.
Le acogen y le cuidan dos hermanas, la impetuosa Trini (Concha Velasco) y la mística visionaria Encarna (Amparo Soler Leal), ambas le ayudarán a curarse de sus heridas.
Coincidiendo prácticamente con el cambio de milenio, Michel vivirá una serie de delirantes situaciones, compartidas con los habitantes de la particular localidad mediterránea: Gaby (Javier Gurruchaga) el peculiar hermano de Trini y Encarna; Boronat (Juan Diego) un ácrata nudista; un sacerdote convicto de asesinato, inmigrantes desobedientes, políticos y empresarios corruptos.


Berlanga se rodea de un elenco de actores muy conocidos en la escena española, con el francés Michel Piccoli como protagonista, con el que ya había trabajado en Tamaño natural.
Seguramente estamos ante el testamento cinematográfico de Berlanga que sintió que había hecho la película que quería en aquel momento.
Durante los títulos de crédito suena la canción  "A ninguna parte", interpretada por Manolo Tena.


Mucha gente quedó descolocada con esta postrer película del director levantino, desde la crítica especializada, hasta algunos de los devotos de Berlanga y, probablemente, más de uno, por tratarse de quien se trataba, no se atrevió a decir que no les gustó la película.
A estas alturas, el valenciano podía hacer lo que quisiera más o menos, tenía crédito sobrado por su pasado en el cine español y se lanzó a esta aventura en la que recrea su universo personal, con un protagonista que, en algunos aspectos, parece su alter ego, descreído, desencantado, cargado de mala uva, que decide dejarlo todo atrás, pero que no puede sustraerse a la compañía de los demás cuando encuentra a gente sencilla y sin malicia, aunque estén más sonados que una olla de grillos.
Berlanga se da otro tipo de satisfacciones, saca a relucir algunos de los tópicos de su tierra, que a él le gustan y disfruta como un niño pequeño, allí están la paella, el pescado, las fiestas de moros y cristianos, las mascletás... Con ojos llenos de admiración, ve más allá de la simple representación, pues para él, este universo es la esencia de su pueblo, de su gente.
Aquí aparecen también circunstancias que forman parte de la esencia de Berlanga como hombre (fetichismos varios) y algunas de las preocupaciones que seguramente tenía en aquel momento, como la decrepitud física o el miedo a lo desconocido o a esa misma merma física.
A mi me parece que, sin dejar de lado algunas puyas que lanza a diestro y siniestro, es una película muy personal y que posiblemente su mayor defecto es que resulta excesiva y un poco embarullada en lo que pretende representar con los personajes que la pueblan.
El propio Berlanga decía que había pretendido hacer un modesto homenaje a la chabacanería hispana dando una intención lúdica al chiste verde, a la frase de doble sentido, a la ordinariez de la braga y el calzoncillo, pero no intentando dignificarlo, sino simplemente mostrándolo todo lo más cruda y soezmente que había podido. Y, sobre todo, para él suponía la única película a la que había añadido una aproximación a sus infiernos más profundos.




6 comentarios:

  1. Yo hubiera disfrutado como niño con Consola nueva viendo esa peli.

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que Berlanga se pudo permitir hacer lo que quería.
    Ahí tienes a Concha Velasco luciendo pectorales el año que cumplía los 60.

    ResponderEliminar
  3. No sé cuántas veces las habrá lucido, pero yo creo que a Concha Velasco tampoco le ha importado mucho enseñar las tetas. Que por cierto en esta película, a pesar ya de su edad, las tiene de muy buen ver.

    Salud Trecce.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo cierto es que en aquel entonces (ya hace casi veinte años), aún podía presumir de firmeza.

      Eliminar