martes, 17 de marzo de 2026

LA BESTIA

 

Dos niñas aparecen muertas en el trastero de un sótano. Cuatro años después, su asesino escapa de la cárcel y los peores temores se hacen realidad: otra pequeña es asesinada con signos de haber sido violada. La situación escapa a todo control. En un ambiente de histeria colectiva provocado en gran parte por los medios de comunicación, Fredik Steffansson, el padre de la última víctima, decide vengarse tomándose la justicia por su mano. Pero la brutalidad resulta contagiosa y las consecuencias son devastadoras. La caza del asesino desencadena una ola de violencia sin precedentes que obligará a los ciudadanos a enfrentarse a preguntas escalofriantes: ¿Quién debe morir? ¿Qué vida es más valiosa? 
La novela escrita por los suecos Anders Roslund y Börge Hellström, no es policiaca al uso y de hecho, la investigación dirigida por su protagonista, el policía Ewert Grens, aunque es indudable que tiene su peso, no deja de tener un valor relativo, la verdadera trama está en otra parte, en el dilema moral que plantea con la actuación del padre de la última niña asesinada. Cuando confiesa su actuación entra en juego lo que de verdad los autores plantean al lector: ¿Ha sido lícita la actuación del padre o debe ser condenado por haber cometido un asesinato? 
El fiscal tratará de hacer ver que ha incumplido la ley al tomarse la justicia por su mano y que estuvo cuatro días preparando la muerte del pederasta, por lo que estamos ante una actuación premeditada. La abogada defensora, intentará hacer valer un párrafo del Código Penal en el que se indica que no es delito una acción cometida en legítima defensa o en defensa de los demás que utilice una fuerza razonable. Como quiera que el acusado consideró que si se entretenía en dar aviso a los policías que estaban en el lugar daría tiempo al pederasta para escapar (ya se había escapado de la policía anteriormente, incluso con grilletes), decidió actuar para salvar la vida de otras dos niñas de las que le había oído pronunciar su nombre y que asistían al parvulario alrededor del que merodeaba. La opinión pública lo considera un héroe, pero si es declarado inocente, se van a producir linchamientos al estilo del Viejo Oeste Americano, por parte de ciudadanos que se van a aferrar a este antecedente para deshacerse por su cuenta de violadores y pederastas que se encuentren fuera de prisión. 
Al final, en la novela no triunfan los policías sobre los delincuentes o los buenos sobre los malos, porque en este caso, aunque los hay, el planteamiento va por otro camino y está construido a modo de denuncia social, la de que algo en las leyes no acaba de encajar bien cuando una persona que ha salvado a dos niñas de ser torturadas, violadas y asesinadas y a sus respectivas familias del sufrimiento a que se verían sometidas, puede se condenado a verse privado de libertad, es decir, castigado. La novela plantea también otros asuntos, como la vida carcelaria con algunas de sus peculiaridades, o de la prensa, de su carácter investigador y de denuncia y del poder que tiene a la hora de movilizar a la opinión pública (para bien o para mal), no olvidemos que de los dos autores, Roslund es periodista y Hellström era un exdelincuente inmerso en el activismo por la reinserción de expresidiarios. 
Como dicen los autores, esto es una novela, pero no olvidemos que personas como Bernt Lund, el asesino pederasta, con sus sádicas emociones y su incapacidad para relacionarse a nivel emocional con los demás, recorren nuestras calles y pueblan las redes sociales.



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