viernes, 31 de mayo de 2013

EL PROCESO

Josef K está esperando en su cama, la cocinera de la señora Grubach, su casera, que le llevaba todos los días a eso de las ocho de la mañana el desayuno a su habitación, no había aparecido. Era la primera vez que ocurría algo semejante. Poco después, extrañado y hambriento, tocó el timbre. Nada más hacerlo, se oyó cómo llamaban a la puerta y un hombre al que no había visto nunca entró en su habitación. Era uno de los policías que había llegado a la casa donde vive para arrestarle, sin darle ningún tipo de explicación.
Situaciones similares se repetirán a lo largo de la narración, puesto que el proceso contra el señor K es una laberíntica e inútil búsqueda de la justicia que siempre se verá estorbada por los recovecos de la burocracia.
Estado opresor, burocracia infinita, ciudadanos acorralados, convertidos en insectos, no saber de qué hay que defenderse, esclavitud asumida sin saber por qué, quizá por cansancio,... no hay nada que hacer, has sido señalado y el Estado manda.
En principio, el ciudadano, la víctima, se burla del tribunal fantasmal ante el que comparece y niega necesitar los servicios de un abogado, sin embargo, poco a poco comienza a aceptar el rol que le han asignado... a aceptar su condena.
¿No es un poco lo que estamos haciendo ahora los ciudadanos, aceptar esa estupidez de que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades... hemos pecado" y, por tanto, estamos aceptando nuestra culpabilidad, nuestra condena?
 
 
 


jueves, 30 de mayo de 2013

LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA

Un representante de la corona británica viaja en misión diplomática para entrevistarse con Surat Khan (C. Henry Gordon), emir de Suristán, en el noroeste de la India, en el siglo XIX, territorio británico. Le escolta un destacamento de caballería al mando del capitán Geoffrey Vickers (Errol Flynn) y van a comunicar al emir la retirada de la ayuda económica inglesa tras la muerte del padre del emir.
Surat Khan tomará represalias y, unos meses más adelante, ataca al destacamento inglés de Chukati, produciendo una masacre de la que no se libran mujeres y niños. En la memoria del capitán Vickers, superviviente de la masacre y de todo el regimiento, quedará esta matanza de la que juran vengarse.
La ocasión se plantea tiempo adelante, en tierras de Crimea, donde Surat Khan ha huido y se encuentra junto a las tropas rusas, a las que se enfrentan los ingleses y sus aliados.



La película tiene dos partes, los 100 primeros minutos los dedica a recrear la época de la dominación inglesa de la India y a contarnos una historia de amor entre dos hermanos (los Vickers) y la mujer de la que ambos están enamorados, Elsa Campbell (Olivia de Havilland); además nos cuenta las difíciles relaciones entre los británicos y sus vecinos del Suristán. Estos episodios son retratados como si de un relato de Kipling se tratara, con su épica imagen del imperialismo británico y su presencia en la India como lo más natural del mundo, con unos soldados que representan la civilización, el honor y la cortesía y unos nativos brutales y traicioneros.


El último cuarto de hora, nos traslada a Crimea, en pleno conflicto entre el Imperio Otomano y Rusia, en el que los aliados europeos, principalmente Francia e Inglaterra, se alinean, por razones de estrategia geopolítica, del lado turco. Allí tiene lugar un hecho bélico totalmente histórico, la carga de la Brigada Ligera, una metedura de pata debida a órdenes confusas y poco concretas que lanzaron a la muerte a 600 hombres en la llanura de Balaklava, una acción tan heroica como estúpida. Alfred lord Tennyson cantó esta gesta en un poema con el mismo título. El film se basa en esa composición que alcanzó gran fama. La película interpreta los hechos históricos muy, pero que muy libremente.


Dejando de lado las inexactitudes históricas, el film cojea mucho en la parte que podríamos llamar romántica, con una historia que no acaba de atraer al espectador y como si la hubieran metido allí para dar cancha a Olivia de Havilland, indudablemente toda una estrella en el momento y un gancho que los productores desean aprovechar junto al de Errol Flynn; como no pueden mandarla a la guerra, se inventan este folletín bastante inconsistente.
Sin embargo el film gana muchos enteros en la parte que llamaremos de acción, en buena medida porque es la más vistosa y dinámica y la que nos deja los momentos más vibrantes, culminando en la espectacular escena final, muy bien filmada y corolario de todo el discurso previo que nos ha ido preparando para este canto apoteósico al valor.
Aquí Michael Curtiz luce sus habilidades, en esta carga que dura 9 minutos y que nos estremece y nos absorve, eso sí, con algunos planos que vistos hoy nos mueven un poco al sonrojo, pero que en la época supongo que propiciaron algún aplauso, como el del jinete que recoge la bandera de manos del compañero caído, o las lanzas clavándose sucesivamente en el cuerpo inerte de Surat Khan.


Un film en el que el aliciente principal son las estrellas que lo protagonizan (¡qué bien le sienta el uniforme a Errol Flynn!) y que a pesar de alguna escena prometedora al comienzo (las sombras gigantescas proyectadas en la pared del palacio del emir), en general carece de algunas de las cualidades que tienen los grandes films de Curtiz.
El ritmo del film se rompe con las escenas que reunen a Flynn con su hermano o su prometida, a menudo sin ningún propósito narrativo, como no sea asistir a los momentos un tanto cómicos que protagonizan Sir Benjamin Warrenton (Nigel Bruce) y su singular esposa.
 La épica desatada por la escena de la carga, pero también por el asalto a Chukati, es lo que quedará en la memoria del espectador.




miércoles, 29 de mayo de 2013

EL CASTILLO

Un hombre, al que en la novela se llama "K", ha sido contratado como agrimensor por las autoridades de una población a la que llega para incorporarse a su puesto. La aldea es gobernada desde el castillo, al que K tratará de llegar infructuosamente.
Publicada en 1922, para algunos es la obra más compleja de Kafka y en ella están presentes algunas de esas constantes que conforman el universo del autor checo y que han dado nombre propio a ese imaginario.
Se trata de una novela inconclusa plagada de simbolismo y consigue llenarnos de desasosiego ante una especie de callejones sin salida con los que se enfrenta el protagonista que insiste de manera casi irreflexiva en superar las dificultades para acceder al castillo ante las continuas trabas de los funcionarios y los consejos desfavorables de los vecinos de la aldea.
Además de esta inútil lucha contra la burocracia y la administración que salvaguarda al desconocido poder, se suceden las situaciones casi oníricas que hacen de su proyecto algo imposible.




martes, 28 de mayo de 2013

LA KERMESSE HEROICA

La historia nos lleva hasta el siglo XVII, cuando un destacamento de tropas españolas anuncia su llegada al pueblecito de Bloon, en Flandes en una época en la que ambos territorios (España y Flandes) pertenecen a la misma corona. Sin embargo, los españoles son tropas de ocupación y, como tales, los flamencos les tienen por enemigos.
Los regidores municipales se echan a temblar, imaginando que los españoles van a cometer todo tipo de atrocidades y a dejar la población arrasada, por lo que adoptan una estrategia defensiva que consiste en que el burgomaestre fingirá estar muerto y el resto de la población masculina, desaparecerá de la vista, dejando a las mujeres solas ante el peligro, en la confianza de que los soldados se “conformen” con alguna que otra violación que asumen como mal menor.
Ante esta actitud cobarde, las mujeres toman el mando de las operaciones y deciden dar a los españoles una bienvenida por todo lo alto. Sus encantos y su inteligencia, serán las armas que utilicen para poner a los soldados a sus pies.



La película de 1935, fue en aquel momento la más cara del cine francés, no se escatimaron medios y ello se plasma en la impresionante ambientación, con la construcción (muy bien hecha) en decorados del pueblo donde se desarrolla la acción, el cuidado vestuario y la contratación de cientos de figurantes.


A pesar de que, entre otros, obtuvo el Grand Prix du Cinema y de la buena aceptación de público, tuvo numerosos problemas para su exhibición. En España, por ejemplo, se estrenó en 1936 y luego estuvo prohibida por la dictadura. La Alemania nazi, también la prohibió; incluso Francia, país de producción, la tuvo retirada de las carteleras durante un tiempo, algo que se explica, sobre todo en tiempos de la ocupación alemana, porque se pensó que incita a la colaboración con los invasores.


No estamos ante una película que se pueda llamar de cine histórico, en el prefacio del film así se reconoce explícitamente, cuando nos anuncia que los hechos que nos van a narrar no son históricos y que lo que se pretende es plasmar un relato heroíco-cómico.


Bajo la apariencia de una comedia, el film nos trae un alegato en toda regla a favor de la igualdad de sexos que cobra mayor relevancia por estar hecho en una época en que la autoridad y preeminencia del hombre no era objeto de discusión.


El realizador, nos acerca también a lo que debía ser la vida en una ciudad cualquiera de los Paises Bajos en aquellos tiempos, nada fáciles para ellos. Lo hace de una manera asombrosamente sencilla y para su forma visual se basa en las obras pictóricas de los grandes maestros flamencos, algo a lo que también hace alusión en la introducción del film.


Buenas interpretaciones, gran ambientación y destacable calidad técnica dan como resultado esta comedia muy divertida, uno de los pocos films donde se habla de los Tercios españoles, aunque el asunto bélico sea totalmente marginal. Y cuando digo que pocas películas tratan sobre los Tercios, es literal, se cuentan con los dedos de una mano y sobra alguno.




viernes, 24 de mayo de 2013

VIDA DE MARCO BRUTO

D. Francisco de Quevedo Villegas, glosa en este libro de reflexiones políticas, la obra de Plutarco sobre la vida del asesino de César.
El autor aprovecha para ir desgranando los pensamientos que enlazan con los asuntos políticos del momento.
Magnífico ejemplo de lo que en literatura se conoce como conceptismo y pródiga en depuradas y rotundas sentencias, de las que elijo, como muestra, un par de ellas:

- Ricos fueron los romanos en tanto que supieron ser pobres: Con su pobreza se enterró su obra.

- Y si tiene pereza nuestro celo y le damos lugar a que se corone, con las mercedes y cargos hará ministros y príncipes estos que hoy son delincuentes, y se embarazará el castigo de sus culpas en lo magnífico de sus cargos; que en el mundo los delitos pequeños se castigan, y los grandes se coronan; y sólo es delincuente el que puede ser castigado, y el facineroso que no puede ser castigado es señor.




jueves, 23 de mayo de 2013

REBELIÓN A BORDO

Estamos en 1787, el buque HMS Bounty, de la Armada Británica, parte del puerto de Portsmouth con destino a Tahití, donde deberá cargar plantones del árbol del pan y llevarlos a las colonias británicas de América, con el objetivo de obtener de ellos, una vez crezcan, comida para los esclavos.
Al mando del buque está el severo capitán Bligh (Charles Laughton), su trato inhumano y cruel con la tripulación acaba convirtiendo la situación en un barril de pólvora que acabará con el amotinamiento de parte de la tripulación, encabezada por el segundo de a bordo, el primer oficial Fletcher Christian (Clark Gable).
El capitán Bligh y quienes le apoyan, son reducidos y embarcados en un bote con comida y agua, abandonados a la ventura del océano. En tanto, La Bounty se dirige de vuelta a las costas de Tahiti.



¿Cuántas veces habremos visto esta peli, o la de Milestone de 1962 en la tele? Típico film de aventuras para la tarde del sábado, clásico entre los clásicos y del que nunca nos cansamos, por más que nos sabemos la historia del motín de La Bounty de memoria.


De nuevo gozamos de una magistral interpretación de Charles Laughton; el capitán Bligh es uno de los villanos más repulsivos que encontramos en la filmografía y buena parte de ese rechazo que nos produce es a causa de la genialidad de su intérprete que, además y para que disfrutemos más de su trabajo, está infinitamente menos histriónico de lo que en él suele ser habitual.


A su lado, un Clark Gable en un gran momento, seguramente en una de sus mejores interpretaciones y un elenco de secundarios que están maravillosos todos ellos, desde los que disfrutan de más minutos de metraje (Franchot Tone o Herbert Mundin, por ejemplo), hasta el último de los marineros/rufianes que componen la sufrida tripulación.



El realizador, Fran Lloyd, consigue un trabajo bastante equilibrado a base de una dirección al estilo clásico, narrando los acontecimientos con buen ritmo, con un guión que contrapesa el drama y la tensión con sus bien dosificadas gotitas de humor, sobre todo de la mano de los personajes del cocinero o del borrachín médico de a bordo.


El film adapta algunos capítulos de la novela de Charles Nordhoff y James Norman Hall "Mutiny on the Bounty", basada, a su vez, en hechos reales que supusieron un cambio en la relación entre oficiales y marinería en los buques británicos, en los que, hasta aquel momento, eran tratados como gente sin derechos, prácticamente esclavos y dependiendo el mejor o peor trato del albedrío del capitán de turno.


La película aprovecha muy bien estas cuestiones, para estudiar las relaciones humanas, los conflictos y sus causas, provocados por esta situación de sumisión casi absoluta a la oficialidad y por la convivencia en ese mundo reducido de la embarcación a lo largo de días interminables.


El film condena las situaciones de injusticia, el abuso de poder, el trato inhumano a los subordinados, la corrupción, las vejaciones físicas y psicológicas, el menosprecio a los semejantes de inferior condición... Y por contra, enaltece la camaradería, el respeto al prójimo, la justicia, la libertad...
Ambos personajes principales (los interpretados por Laughton y Gable), representan esos valores contrapuestos, pero también lo hacen los dos mundos representados por el buque británico y la isla de Tahití y sus moradores.


El film obtuvo el Oscar a la mejor película y además de otras virtudes, resulta un film entretenido.




jueves, 16 de mayo de 2013

CANCIONERO (PETRARCA)

El Viernes Santo de 1327, Francesco Petrarca, el joven que había nacido en Arezzo en 1304, vio por primera vez a Laura (probablemente Laura de Noves), la mujer idealizada por el poeta, cuyo nombre inmortalizó a través de sus poemas líricos y que le inspiró una pasión que se ha convertido en proverbial por su constancia y pureza.
Petrarca escribió en latín e italiano varias obras, pero la que le daría fama es una colección de poemas en italiano titulada Rime in vita e morte di Madonna Laura, que el autor fue ampliando y retocando a lo largo de los años y que conocemos actualmente como Cancionero.
Aunque Petrarca, persona cultivada, utilizaba el latín para escribir, incluso las apostillas al Cancionero están en latín, sin embargo para los versos de esta obra, optó por la lengua vulgar, el toscano y son, en palabras del autor Rerum vulgarium fragmenta (Fragmentos de cosas en vulgar). La obra fue compuesta en el siglo XIV y publicada por primera vez en Venecia en 1470 por el editor Vindelino da Spira. Petrarca, a pesar de que suponía que su gloria poética le llegaría por sus versos en latín, y a pesar, también, de que calificaba estos versos en italiano vulgar de naderías, puso mucho cuidado en la elaboración del Cancionero, corrigiendo, reescribiendo, añadiendo y desechando durante años, de manera que la obra poética final se corresponde con un propósito perfectamente meditado y consciente del poeta.
El Cancionero influyó poderosísimamente en la poesía lírica europea, quizá donde menos en España, ya que nuestro autor más genuinamente petrarquista, Garcilaso de la Vega, debido a su prematura muerte, no tuvo ocasión de articular una obra de esta naturaleza. Encontramos también una fuerte influencia del poeta italiano en algunos versos de Lope de Vega e incluso en ciertos poemas de Quevedo.



miércoles, 15 de mayo de 2013

CAPRICHO IMPERIAL


Sofía Federica Augusta, una princesa alemana de menor rango, es educada por su familia para que un día llegue a ser una reina.

Ese momento llega cuando el rey Federico II de Prusia, siendo Sofía aún una adolescente, solicita a la familia que la entregue en matrimonio al zar de Rusia, Pedro I.
Tras el matrimonio, Sofía es bautizada y acogida en el seno de la Iglesia Ortodoxa rusa, tomando el nombre de Ekaterina Alekseyevna, la futura Catalina II, que llegaría a ser la mujer más poderosa de aquella Europa del siglo XVIII. 
Sin embargo, no todo fue un camino de rosas, la mente enferma de su marido, los manejos de la zarina Isabel, las dificultades con el idioma, las intrigas palaciegas, irán convirtiendo a Catalina en una mujer bien distinta de la niña inocente que era a su llegada.




El guión es una adaptación libre de los diarios de Catalina II, se rueda bajo la dirección de Josef von Sternberg para la Paramount y fue estrenada en 1934. 
Sobre todo en la primera mitad, el film está salpicado de situaciones con un toque humorístico que suavizan un tanto el melodrama que se desarrolla.


La película narra hechos históricos, pero no se atiene a ellos, Stemberg hace "su" película y no le importa demasiado atenerse a la historia al pie de la letra, ni a que haya cosas que resulten poco creíbles, sus prioridades son estilísticas y visuales.
La utilización de cuadros de texto es el recurso que utiliza para economizar en la narración, a la vez que subrayan el paso del tiempo.


Y ahí sí que estamos ante un film de primera categoría, para algunos la obra cumbre del director austriaco, estilizada y barroca, en la que pone claramente de manifiesto su formación expresionista.


Decorados audaces a base de figuras diabólicas que remarcan la impresión de agobio y opresión que debió sentir Catalina en el palacio imperial.
Es muy interesante cómo describe la evolución del personaje, la chiquilla soñadora que arribó a Moscú, se transforma en una mujer ambiciosa que utilizará todas sus armas de seducción para hacerse con el poder, pero también para defenderse de las agresiones y las amenazas que la acechan.


Escenas para recordar hay unas cuantas, yo me quedo con la boda de Catalina y Pedro, con la pantalla plagada de objetos y personajes, ni un sólo hueco en escena, que plasma muy bien ese barroquismo al que hacía mención y otra, el ascenso de húsares y cosacos a caballo por las escaleras de palacio, una secuencia larga, impactante y de gran dificultad técnica.


La colaboración entre Sternberg y Dietrich nos ha legado unas cuantas obras inolvidables y esta es una de ellas, uno de los films más atrevidos y rompedores del cine norteamericano de la época, con el añadido del magnetismo del rostro de Marlene Dietrich magistralmente fotografiado por Bert Glennon.




sábado, 11 de mayo de 2013

LAS GUERRAS DE LOS JUDÍOS




El libro narra el levantamiento de los judíos contra los romanos, en una larga guerra dirigida primero por Vespasiano y, más tarde, por el hijo de éste, Tito. Por cierto, al mando de la Legio X, que participó en aquellas campaña, estaba el legado español Trajano, padre del futuro emperador del mismo nombre.
Flavio Josefo, el autor, pertenecía a una noble familia judía y había vivido y estudiado con las tres grandes corrientes del judaísmo de la época, a saber: Saduceos, fariseos y esenios.
En el año 64, Josefo fue encargado de ir a Roma con la misión de solicitar la libertad de dos fariseos detenidos por la autoridad romana. Josefo obtuvo éxito en su misión: sus compatriotas fueron puestos en libertad y, por añadidura, recibió de la emperatriz Popea algunos regalos. Se cree que de esa estancia en Roma provino su sentimiento, si no de lealtad inmediata hacia los romanos, por lo menos la convicción de que el poder de Roma era invencible, y desafiarlo constituía una locura para los judíos.
A pesar de esta convicción pro-romana, cuando se produjo el levantamiento del año 66 de nuestra era, se puso al serivicio de los revoltosos y aceptó lo que consideraba su deber, por más que estaba convencido de que aquella empresa era una quimera y se puso al frente de la defensa de Galilea.
El lector encontrará en estas páginas cómo fue sitiado por Vespasiano en la fortaleza de Jotapata y las tretas con que se defendió. La rendición fue en condiciones poco gloriosas, reputada más bien como vergonzosa por los patriotas judíos, y la acogida que encontró inmediatamente ante el vencedor nos hace comprender cuál era su estado de ánimo y la influencia que había recibido de su estancia en Roma.
Durante el sitio de Jerusalén, actuó como una especie de mediador, intentando convencer a sus compatriotas de la conveniencia de rendirse para evitar males mayores, pero, como sabemos por la historia, ellos prefirieron resistir hasta que la ciudad fue arrasada y su templo destruído.
La obra de Josefo ha sido tachada de manera reiterada de poco objetiva y de contener algunos pasajes que, posiblemente, estén demasiado adornados por su imaginación. Sea como fuere, todos los historiadores, a lo largo de veinte siglos y a pesar de las críticas, han acudido al relato de Flavio Josefo como una valiosísima fuente de información.


 
 
 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

LA VIDA PRIVADA DE ENRIQUE VIII


Se narra la historia del Rey de Inglaterra Henry VIII Tudor (Charles Laughton), centrada en los años que transcurren entre el último día de su segundo matrimonio y su sexto y último enlace, un periodo que discurre desde 1536 a 1543.

Ana Bolena (Merle Oberon), es condenada a morir decapitada, el rey la acusa de adulterio. Sea o no cierto, el caso es que el monarca se libra de ella y en el mismo instante en que rueda la cabeza de la reina, contrae nuevas nupcias con Jane Seymour (Wendy Barrie), una mujer calificada por su esposo de tonta que fallecerá al dar a luz al único heredero varón del monarca.
Aunque está decido a no volverse a casar, razones de estado le llevan a unirse a Ana de Cleves (Elsa Lanchester); el matrimonio nunca se consumó y ella no llegó a ser coronada reina, bien al contrario se las arregla para, a cambio de permitir la anulación, recibir numerosas mercedes. El rey casa de nuevo con Catalina Howard (Binnie Barnes), decapitada en la Torre de Londres a causa de su infidelidad con Thomas Culpeper (Robert Donat). La última esposa, la única que sobrevivió a este hombre con fama de Barba Azul, fue Catalina Parr (Everley Gregg).


El retrato del rey que nos presenta, es el de una persona glotona, lividinosa, caprichosa, algo inestable y, en algunos aspectos, ingenua. Sin embargo, el tono de comedia ligera, desdramatizando las situaciones más desagradables y crueles, nos hace llegar a sentir simpatía por este peculiar monarca. La película tiene un especial encanto, en parte por la magnífica dirección del húngaro Alexander Korda, pero también por un guión que contiene chispeantes diálogos y una magnífica fotografía.


Se beneficia, asimismo, de un trabajo actoral de gran nivel, encabezado por el incomparable Charles Laughton, que gracias a este papel se llevó el Oscar a la mejor interpretación masculina. Descomunal, como siempre, sólo por verle merecería la pena ver el film. Disculpad si en próximas reseñas me repito, porque tengo en cartera varias pelis en las que actúa este hombre, pero es que es impresionante. Él sí que llena la pantalla, en todos los sentidos.


Un film que se ha convertido en un clásico, no es una película histórica al uso, sino que prefiere adoptar ese aire de comedia al que hemos aludido, pero que sabe insertar con acierto momentos dramáticos.
Película elegante, que va cogiendo aire a medida que avanza y con ese toque de humor británico que la hace muy divertida.




jueves, 9 de mayo de 2013

VEINTE MARES Y APUNTES PARA UN ATARDECER

Librito de poemas del escritor jienense Fernando Roberto Ortega, según palabras del propio autor en la introducción de la obra, escrito a modo de homenaje a las composiciones de Neruda recogidas en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.
El mar actúa como nexo de unión entre los distintos poemas, si bien en alguno de ellos no es sino una pura metáfora o una "disculpa" para adentrarnos en los sentimientos e inquietudes que el autor experimentaba en distintos momentos y lugares, porque la impresión que a mi me da es que fueron escritos en diferentes instantes y situaciones, conforme estas le sugerían lo que después ha plasmado sobre el papel.
Versos bellos, sugerentes y, en alguna ocasión, impregnados de un suave erotismo.



miércoles, 8 de mayo de 2013

LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO

El 21 de febrero de 1431, Juana de Arco comparece ante el tribunal que la juzga por hereje y bruja.
El proceso había comenzado el 9 de enero del mismo año, si bien a las sesiones preliminares no asistió la acusada.
Había sido puesta en manos de la Inquisición tras su apresamiento por las tropas inglesas y los miembros del tribunal tratan de hacer caer en contradicciones a la joven a través de preguntas tramposas y del lenguaje rebuscado de las mismas, en busca de una respuesta que pueda interpretarse como prueba de su culpabilidad.
Juana, a pesar de su origen humilde y de su juventud, deja en evidencia en más de una ocasión a sus doctos interrogadores que, a pesar de que alguno de ellos está plenamente convencido de su inocencia, acaban condenándola a morir en la hoguera.




El guión se basa en las actas del proceso, que se conservan y que recogen de manera casi literal las declaraciones.
La película respeta bastante bien los hechos históricos, incluso en detalles que al espectador se le pueden pasar, o le pueden parecer parte del imaginario de los guionistas y, sin embargo, reproducen hechos, situaciones, circunstancias o escenarios que están recogidos en los textos históricos.
Por ejemplo, en más de una ocasión, tenemos la sensación de estar en espacios circulares y sabemos que Juana estuvo custodiada en una torre (que ahora lleva su nombre) en Rouen, que tiene planta redonda; la cruz que un religioso inclina hacia la mártir en la escena final, que penetra hacia las llamas, parece un recurso visual, pero refleja algo que aparece en las crónicas: Juana reclamó que los sacerdotes alzasen una cruz delante de sus ojos hasta que ella muriese, el hermano Isambard de la Pierre fue a buscarla a San Salvador, la iglesia más cercana y volvió bajo las risas de los ingleses, de la Pierre subió a la plataforma y alzó la cruz, y ya entre las llamas, ella todavía le pidió que bajara para que no se llevara ningún disgusto, pero siempre con la cruz alzada, para que fuese lo último que ella viera. De estos detalles hay muchos más en la peli, pero no quiero ser prolijo.


Sin embargo, aún respetando hasta en lo pequeño la historia (o la leyenda, a veces), lo que Carl Theodor Dreyer pretende y, a mi juicio, consigue, es transmitirnos el drama de una muchacha de 19 años que se enfrenta a un juicio parcial, sin ninguna defensa, ante un tribunal de sádicos prepotentes que se creen el brazo ejecutor de un Dios vengativo y sometida a la vigilancia de carceleros crueles que la someten a vejaciones, incluidos intentos de violación y toda una serie de maltratos físicos y psicológicos.
Lo que vemos en la película es la tragedia de una chica sencilla y humilde, no a la heroína guerrera enfundada en su coraza y exhibiendo la espada y la lanza. Una chica que dentro de su fragilidad, demuestra una capacidad casi sobrehumana para sobreponerse a lo que se le ha venido encima, sin que acabe de comprender por qué le tiene que ocurrir eso a ella.


Dreyer fue un tipo incomprendido en su época, aquellos experimentos que tanto le gustaban y que contribuyeron a cambiar el cine como tal, eran demasiado arriesgados. De hecho los productores se cogieron un cabreo fenomenal porque después de gastarse una pasta en decorados, estos apenas se aprecian en unas pocas secuencias del film, ya que el realizador danés se decidió por montar el film a base de una sobreabundancia de primeros planos que casi se hace asfixiante y con los que nos mete hasta el mismo alma de los personajes.


Dreyer mismo decía: Nada es comparable al rostro humano. Es una tierra que uno nunca se cansa de explorar.
En sus primeros planos se revela el carácter de los personajes que actúan, se ven sus reacciones, se captan sus pensamientos. Consigue desnudarlos y para ello no duda en presentarlos ante nuestros ojos sin maquillaje e incluso resaltando sus imperfecciones físicas.
Y aquí hay que hacer especial referencia al trabajo protagonista de Renée Jeanne Falconetti, una Juana de Arco que es todo expresividad, impresionante, sin dejar de lado al resto del reparto, que lo hace de maravilla, lo de esta mujer, en manos de este director, es inolvidable.


La sinfonía de los primeros planos, como ha sido apellidada esta película, que yo no he tenido ocasión de ver en pantalla grande donde me imagino que el rostro de Renée Falconeti tiene que impactar llenando todo el encuadre.
Uno de los ultimos films de la época muda y una auténtica obra maestra que te deja una sensación entre la fascinación y la inquietud.