miércoles, 10 de agosto de 2011

LA CHAQUETA METÁLICA

Supongo que Kubrick tenía ganas de dar su particular versión sobre el conflicto vietnamita, pues aunque su postura ante la guerra y los militares había quedado clara con Senderos de Gloria, esta guerra supuso tal fractura social en EE.UU. que no podía dejar pasar la ocasión.
Supongo también que ante las películas que se iban sucediendo, algunas de ellas de profundo calado y gran calidad con esta temática, decidió esperar el momento y mientras tanto, para delicia de muchos, nos regaló El resplandor, como para que los simples mortales fuéramos pasando el rato.
Así que cuando lo creyó oportuno, cogió la novela de Gustav Hasford (que también colaboró en el guión) y nos legó esta magnífica peli que por más que la veas siempre te arranca alguna sonrisa, entretiene y, sobre todo, te hace pensar sobre un asunto tan tremendo como es la guerra.

Al igual que el libro, la peli está dividida en dos partes claramente marcadas: El periodo de instrucción y la guerra en sí.
Algunos (no pocos) hacen notar su preferencia por la primera parte del film, como digo siempre, no voy a ser yo quien llame al orden, cada cual tiene sus gustos.

Es claro que la primera mitad es mucho más efectista, más original y más impactante, cuando el tiempo transcurre es lo que queda en nuestro recuerdo, así que evidentemente algo tendrá cuando es así. Pero la segunda mitad no desmerece en absoluto, lo que ocurre es que resulta más convencional mirada en conjunto, por más que Kubrick nos de una visión de Vietnam algo particular, centrándose en conflictos urbanos y no en la selva, por ejemplo y poniendo el acento en las personas más que en el conjunto del ejército. Pero como digo, películas de guerra con escenas bélicas hay muchas y hay que reconocer que lo que hace diferente a este film es el tiempo que transcurre en el campo de entrenamiento.

Ahí, una vez más, Kubrick nos enseña lo que opina de los métodos militares, los pone en solfa y los ridiculiza al tiempo que nos muestra el choque que supone para estos hombres que acaban de llegar allí. Van a sufrir un buen lavado de cerebro, todo rasgo de humanidad se verá relegado por el fin primordial: Convertirse en máquinas de matar. Sólo que el objetivo, en lo que al recluta Patoso se refiere (buena interpretación interpretación de Vincent D'Onofrio), se consigue antes de lo previsto.

Si nos damos cuenta, todo este segmento del film transcurre sin apenas diálogos, todo son voces, monólogos del sargento Hartmann (¿por qué no fue nominado como mejor secundario aquel año R. Lee Ermey?), cánticos típicos de marine para la instrucción e imágenes, muchas imágenes que nos van mostrando las características de cada personaje y el cambio que se va operando en ellos.

Es esta, también, la película de las frases, muchas de ellas tomadas del libro, son muchas las que hay, de esas que se citan en los libros de frases de cine y algunos diálogos que rayan a gran altura, en ocasiones intercambios ingeniosos entre Bufón y algún otro personaje y que nos dan pie a la reflexión o son directamente chanzas e ironías para ridiculizar al estamento militar.

La segunda parte del film, como queda dicho es menos efectista, pero no menos descarnada. El descontrol, la aparición del instinto primitivo entre los combatientes, el afán de supervivencia como principal objetivo, la crueldad, la muerte, todo eso va quedando patente y también la perplejidad de los soldados norteamericanos al descubrir que la población no les quiere, ellos que había ido convencidos de que iban a ayudarles, a luchar por su libertad, se encuentran con el odio palpable en una guerra cuyo objetivo último han dejado de intentar comprender.

La banda sonora no es nada del otro mundo en el aspecto creativo, sin embargo recopila algunas maravillosas canciones de los 60, Wooly Bully, de Sam the Sham & the Pharaohs, también suena Nancy Sinatra, The Dixie Cups...

Desde luego, yo nunca dudo en recomendarla, de nuevo el maestro Kubrick nos deja otro film para la historia, de los que marcan época y, encima, a casi todo el mundo que la ve, le gusta.

Dirigiéndola quien la dirige, es obvio que tiene unos cuantos planos destacables, podría enumerar unos cuantos, pero me quedo con el principio y el final. El plano del comienzo, en el que les están rapando es toda una alegoría del cambio que se va operar en la personalidad de los jóvenes.
Al final, se ve a un pelotón de soldados avanzando desplegado, con una magnífica iluminación en tonos cálidos, de noche, con los edificios incendiados alrededor y van cantando una canción infantil (Mickey Mouse song). A pesar de haber visto la muerte de cerca, el miedo está presente, como cuando somos niños.



martes, 9 de agosto de 2011

EL FUSILAMIENTO DE DOSTOIEVSKI

El 22 de diciembre de 1849, Fiódor Mijailovich Dostoievski y los demás condenados a muerte por su colaboración con grupos liberales y revolucionarios, fueron alineados ante el pelotón de fusilamiento. Después de un angustioso silencio, les fue leído el veredicto. Tras leer la sentencia de cargos y el nombre de cada condenado, resonaba la pena fatídica: ¡A muerte!
Y de pronto sobreviene el milagro, y una voz distinta a la que les condenaba dice: “En su infinita clemencia, su majestad el zar, les perdona la vida...”
Todos lloraban todos estaban abatidos después de la simulación de sus propias muertes, menos Dostoievski. No importaba ser condenado a trabajos forzados en Siberia, o el hecho de tener que andar con grilletes en los pies día tras día, nada importaba, tenían una vida nueva que les había sido regalada.
Aquellas gentes, aquellos intelectuales rusos, no eran grandes héroes, ni personas excepcionalmente valientes, ni siquiera convencidos revolucionarios. Como dijo Bakunin al respecto, eran unos “anodinos desocupados que hacen socialismo literario”.
Así que aquel hecho, aquella muerte simulada, un acto totalmente cruel, debió marcar sus vidas, desde luego marcó la de Dostoievski, a quien algunos critican su conversión a la religión, que proponía como única salida. Sin embargo, yo creo que esa transformación del genio ruso, solamente debe ser mirada bajo el prisma de una experiencia tan fuerte como la que vivió aquel día en el que el silencio de la madrugada, fue roto por aquella voz que le condeba a una muerte que creyó irremediable.



lunes, 8 de agosto de 2011

SALVADOR

Oliver Stone tiene esa fama de director controvertido por atreverse a denunciar en sus películas cosas que otros dicen de manera más suave o simplemente no dicen.
Otra cosa es su manera de hacerlo, que puede resultar más o menos atractiva y que, como cualquier obra de arte, es criticable legitimamente, pero sí hay que reconocerle esa cierta valentia que ha de tenerse para, desde el engranaje hollywoodiense, ser capaz de sacar los pies del tiesto.
Este film es de los que, cuando comienzas a verlo, te deja (a mí, al menos), un tanto descolocado, no es la manera de hacer cine que estamos acostumbrados a ver y no sabe uno muy bien cuál es el camino que está siguiendo el realizador. Por momentos parece todo un tanto deslabazado, e incluso hay algún matiz que no sabes ubicar demasiado bien hasta que en determinado momento alcanza su ubicación definitiva en la peli.

El film está hecho y concebido desde el punto de vista norteamericano, pero también está pensado para el público de ese país.
Eso tiene una parte en la que queda patente la valentía de Stone, que no tiene reparos en criticar incluso al propio Reagan cuando todavía era presidente, pero tiene otra vertiente bastante negativa.

Y es el poco cuidado en los detalles que vistos desde este lado chirrían un montón.
Para los norteamericanos, todo lo que está al sur, es lo mismo, les da igual México, Nicaragua o El Salvador, todos hablan igual y todos tienen las mismas inquietudes y sentimientos, deberían haber tenido un poquito más de cuidado a la hora de documentarse y eso a pesar de que es el propio coguionista, Richard Boyle, que estuvo como reportero en aquel país, el que cuenta su experiencia.

Los tipos están esteoritipados hasta el extremo, penosa la representación que hacen del pobre arzobispo Óscar Arnulfo Romero. Pero hay otras cosas que también suenan bastante mal, como la idea que expone el protagonista de cómo son las mujeres latinas.
En fin, se les ve el plumero de gringos.

A pesar de todos los pesares, lo mejor del film y por lo que es recomendable, es por esa descarnada denuncia que hace de los manejos de norteamerica en los asuntos de estos paises en los que las personas se convierten en números y cualquiera con inquietudes sociales se convierte en comunista.
Acertado el retrato que hace la Iglesia, de la que sólo se acuerdan algunos para criticarla y que en El Salvador siempre, siempre, desde la primera autoridad, que perdió la vida por ello, estuvo al lado de los débiles, del pueblo sufrido que es el que ha cargado con la peor parte del terrible conflicto que ha costado más de cien mil vidas, en un país que apenas sobrepasa los 7,5 millones de habitantes.






domingo, 7 de agosto de 2011

LA GRAN MIGRACIÓN

Llegan en pateras a nuestras costas; arriesgan su vida agarrados a los bajos de los camiones para entrar en el continente europeo; se gastan el dinero que no tienen, quedando hipotecados para el resto de sus vidas, para que las mafias les traigan hasta aquí donde esperan encontrar un alivio a las duras condiciones de vida de sus países de origen…
¿Les suena, verdad? Inmigrantes africanos que llegan hasta el viejo mundo. ¿O quizá el viejo mundo es el de ellos?
Mira por donde, estas situaciones, estas migraciones que vivimos en la actualidad no son nuevas en la historia de la humanidad, por más que sean nuevos los métodos y diferentes las circunstancias.
Conforme a lo que los especialistas nos cuentan, todos nosotros somos africanos e inmigrantes. De eso va este libro, que estudia esas migraciones inconscientes que, producidas por cambios climáticos y ambientales, vienen empujando a algunas especies a salir de su hábitat africano hacia el sur y hacia el norte.
El libro presta especial atención a los últimos dos millones de años (sería la primera salida de nuestros antepasados) y nos lo cuenta en un lenguaje que trata de evitar (evitar, no eliminar) los términos especializados, aún a costa de utilizar expresiones incorrectas, todo ello en aras de que sea más asequible al lector medio sin grandes conocimientos específicos, pero con ganas de acercarse a este universo apasionante en el que nuestro país ocupa un lugar preeminente gracias a yacimientos como Atapuerca, Baza-Guadix y Vallès-Penedès, además de que equipos paleontoarqueológicos españoles investigan más allá de nuestra fronteras, es el caso, por ejemplo de uno de los autores, Jordi Agustí, que ha dirigido proyectos en el Norte de África y en el Cáucaso y forma parte del equipo de investigación del yacimiento de Dmanisi, en Georgia., donde se han descubierto los homínidos más antiguos de Eurasia.
Así pues, de la mano de los autores conoceremos las realidades y las teorías sobre las dos salidas de los homínidos de África hacia Asia, Europa y Oceanía; la disociación, hace unos 200.000 años de los grupos europeo y africano; cómo han ido cambiando estas teorías sobre la evolución de nuestra especie a lo largo de los tiempos; algunas controversias sobre temas determinados, como por ejemplo el leguaje de los neandertales que son vistos de manera diferente por científicos mediterráneos y anglosajones; si además de por el área de Oriente Próximo, pudo haber habido una colonización a través del estrecho de Gibraltar; la coexistencia y posible hibridación entre homo sapiens y neandertales (de los que conservamos alguna secuencia en nuestro genoma), coexistencia que en la Península se dio durante más de 10.000 años; la llegada del homo sapiens a Oceanía; la colonización de América…
Además conoceremos los argumentos sobre el por qué del éxito de nuestra especie, con la domesticación del fuego y el desarrollo del pensamiento simbólico como pilares. Cómo el hombre o sus ancestros se vieron influidos por los cambios ecológicos y cómo ahora somos nosotros quienes influimos en esos cambios, hasta llegar a la etapa actual en la que estamos empezando a influir sobre nosotros mismos.
Todo ello acompañado por sensacionales ilustraciones debidas a la mano experta de Mauricio Antón, especialista en reconstrucción artística y científica de la vida del pasado, que trabaja con el departamento de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y cuyas ilustraciones han acompañado textos de J.L. Arsuaga, J.M. Bermúdez de Castro o Alan Turner. Además, sus reconstrucciones de mamíferos fósiles se han reproducido en las más prestigiosas publicaciones científicas, desde National Geograpich o BBC Wildlife, hasta Geo o Natura. Todas ellas son magníficas, pero las láminas a todo color que recrean escenas con paisajes y animales prehistóricos son de lo más llamativo e impresionante.
Un viaje a nuestros orígenes enfocado hacia el gran público, pero hecho con seriedad y rigor, que no evita el lenguaje técnico cuando ello viene a cuento, pero sin abusar del mismo y sin caer, por otro lado en efectismos sin base científica. Una buena forma de acercarse a un mundo que es el nuestro, al fin y a la postre habla de nosotros mismos.

Esta reseña se publicó también en HISLIBRIS.




sábado, 6 de agosto de 2011

PLATOON

Platoon es, para casi todos, la mejor película de Oliver Stone y formaría parte de cualquier ciclo sobre la Guerra de Vietnam. El debate entre los aficionados es si se trata de la mejor peli sobre el conflicto o solamente una de las tres mejores, eso da idea del nivel que consiguió Stone con su historia.
Entrar ahora en los pormenores de lo que supuso este film, de las dificultades mayúsculas para conseguir llevarlo a la pantalla, las vicisitudes del rodaje, etc., sería hablar de cosas archisabidas, pues de ellas puede cualquiera encontrar información a raudales.
Pero sí deseo dejar testimonio de mi agradecimiento a su director por la constancia que demostró a la hora de llevar su proyecto a la práctica.
Oliver Stone, sirvió como soldado en Vietnam y cuando vio el panfleto que había hecho John Wayne con Boinas verdes, se molestó bastante y escribió el guión de esta historia y se lo envió a Jim Morrison, el cantante de The Doors. Aquí empezó la peripecia de esta peli que a punto ha estado de no llegar jamás a hacerse realidad, porque Morrison murió. Pero Stone persistió en su idea y remitió el guión a la Columbia, que no se atrevió a hacer nada con él, tenían miedo de las posibles repercusiones, estamos en 1976 y todo estaba muy reciente y las heridas aún supuraban; eso sí, a Stone le sirvió para que le contraran como guionista.
Cuando Stone volvió a la carga con su guión, la tortilla se había dado la vuelta y tras los estrenos y consiguientes éxitos de El cazador y Apocalypse Now, los ejecutivos de Columbia pensaban que el tema ya estaba muy trillado. Al final, consiguió el dinero y a punto estuvo de que la desdicha se cebara definitivamente con él, pues su llegada a la isla de Luzón (Filipinas), donde iba a transcurrir el rodaje, coincidió con el derrocamiento del presidente Marcos. Por fortuna para todos, el destino decidió que ya le había jugado sufientes malas pasadas y el rodaje no se vio afectado por esta contingencia.

Sin la plasticidad de Apocalypse Now, sin la carga emocional, sobre las consecuencias en las personas de El Cazador, sin embargo, Platoon nos lega otros valores en los que estas otras dos grandes obras sobre la misma temática, no profundizaron tanto. El día a día de la patrulla, los tuneles del Viet minh, las disputas entre los propios compañeros, las primeras imágenes sobre los crímenes (no excesos, sino auténticos crímenes) que perpetraron los norteamericanos, el miedo..., eso está magníficamente contado en Platoon.

El ritmo es trepidante y desde el primer fotograma, sin concesiones a la galeria, ni presentaciones: Llegada de los nuevos reclutas y ya ven que el vuelo de regreso del avión que los ha llevado hasta allí, será aprovechado para repatriar cadáveres. Bienvenidos a Vietnam, gilipollas.
A pesar de la presencia de Charlie Sheen, que da muy bien la imagen de niño bien que ha ido a luchar por su patria por propia iniciativa y que es el alter ego de Stone en la peli; a pesar de la presencia (gratificante), de actores que no eran nadie, pero llegaron a serlo después (Kevin Dillon, Forest Whitaker, Johnny Depp...); la pantalla se la meriendan dos tipos y dos personajes, los sagentos Elias y Barnes (inmensos Willem Dafoe y Tom Berenger), dos maneras de entender aquella guerra, los dos valientes, pero uno traspasando los límites y el otro sometido a ellos, es evidente que sus historias conforman lo mejor del film.

Una gran película, a la que acompaña una acertada banda sonora, sobre todo cuanto suena el Adagio para cuerdas (Adagio for strings), en realidad, un arreglo para orquesta del 2º movimiento del cuarteto para cuerdas nº 1, Opus 11, de Samuel Barber. Una de las músicas más tristes del mundo y que hace que se te ponga la piel de gallina, todo un acierto.
Hemos dado tantas patadas y a tanta gente, que ahora nos toca recibirlas (Sargento Elías, interpretado por Willem Dafoe).



viernes, 5 de agosto de 2011

LA BATALLA DE GALLIPOLI

Cuando buscaba documentación para hablar, hace unos días de la película "Gallipoli", de Peter Weir, me propuse hacer una entrada sobre lo allí ocurrido y aquí va.
Durante la I Guerra Mundial, como es sabido, el frente occidental europeo se estabilizó en Francia en la famosa guerra de trincheras, por lo que Francia solicitó la apertura de un segundo frente que aliviara tal situación y permitiera a las tropas de la llamada Entente, salir de aquel atolladero.
Los ingleses planificaron una serie de acciones contra turquía: Ataque a algunas posiciones y fortines, decomiso de barcos, etc. ¿Qué prentendía? Lo que consiguieron, que a los turcos se les hincharan las pelotas y atacaran a su vez a Rusia, y lo hicieron y ya tenía Inglaterra la disculpa para declararlos amigos de los teutones y por tanto enemigo a batir.
Se decidió un desembarco masivo en las costas de la Península de Gallipoli, para lo cual, previamente, cañonearon desde el mar las posiciones turcas, lo que permitió un exitoso desembarco de tropas francesas, británicas y de la ANZAC (Australia y Nueva Zelanda).
En los primeros momentos, la fuerza expedicionaria podría haber ocupado las posiciones elevadas frente a ellos, ya que su superioridad numérica era abrumadora, y los turcos no estaban demasiado bien preparados. Pero los mandos británicos juzgaron que instalarse en las colinas supondría aumentar mucho la extensión del campamento (lo que exigiría una mayor coordinación para la que, con razón, no se sentían preparados) y dificultaría el aprovisionamiento diario de agua.
Esto permitió que un general alemán, Otto Liman von Sanders, al frente de las tropas turcas, dirigiera el montaje de un entramado de trincheras y puestos artilleros (ya sabéis la típica eficiencia germana). Además, el comandante turco era un joven Mustafá Kemal, por aquel entonces aún desconocido, con gran capacidad para inflamar el espíritu patriótico de sus paisanos.
El resultado fue que durante varios meses las fuerzas británicas, francesas y de la ANZAC, se quedaron atrapadas en una batalla terrible, en condiciones durísimas, y sufrieron una escabechina. La batalla fue una variante macabra de la espeluznante guerra de trincheras que se libraba en Francia, porque a los demoledores efectos de la artillería, las ametralladoras y los obsoletos conceptos de los mandos (cargas suicidas, a pecho descubierto), se unieron las inclemencias del clima turco (sustituyendo el barro y el frío por un calor asfixiante y polvoriento), la particular disposición de los contendientes (las cargas contra las trincheras enemigas debían realizarse, esta vez, subiendo una pendiente bastante pronunciada), la imposibilidad de realizar un repliegue (la fuerza desembarcada estaba, literalmente, copada en la playa), y la escasez de agua (el suministro de agua se realizaba a través de las playas, en descubierta; los turcos, naturalmente, se encargaban de amenizar dichas excursiones).
Durante los meses que precedieron al definitvo repliegue, los británicos tuvieron casi un cuarto de millón de bajas (más de cincuenta mil muertos) entre los que hubo muchos australianos y neozelandeses. Los franceses tuvieron casi 50.000 bajas, con cinco mil muertos. Para los turcos, la campaña tuvo también un enorme coste: 250.000 bajas, con más de 60.000 muertos. Y encima el desprestigio consiguiente, porque perder contra los turcos era como hacerlo ante un enemigo armado con tirachinas.
Hubo algún efecto más, por ejemplo, sabéis quién estaba al frente del Almirantazgo cuando se tomó la decisión de atacar a Turquía, pues Sir Winston Leonard Spencer-Churchill, al que se hizo responsable del desastre. Claro que él, al contrario de lo que hubiera ocurrido en nuestra querida Ex-paña, dimitió de su puesto de Primer Lord del Almirantazgo, solicitó su reingreso en el ejército y se pasó el resto de la guerra al mando de una unidad en Francia, dando tiros en primera persona.
En la tradición británica, Gallípoli figura como una gran derrota. Para los turcos, fue una gran victoria. Para los Australianos y Neozelandeses fue, sencillamente, una catástrofe. Un desastre (la ANZAC tuvo cerca del 80% de bajas, entre muertos y heridos). Por eso Gallípoli sigue siendo, aún hoy en día, un lugar de peregrinación para muchos australianos cuando visitan Europa.


jueves, 4 de agosto de 2011

LA VAQUILLA

Cuando vuelvo a ver a esta peli, algo que no hacía prácticamente desde su estreno, hay algo que sigue sin gustarme del todo, quizá porque recuerde las míticas películas de Berlanga y el humor y la ironía en que se desenvuelve esta, me resulta en algunos momentos de poca altura.
Pero he de reconocer que quizá este magnífico tándem del cine español, Berlanga y Azcona, no podía hacer otra cosa.
La película estaba entre los proyectos de los dos guionistas desde hacía treinta años, nada menos, supongo que en todo ese tiempo sufriría los cambios lógicos propiciados por el paso del tiempo, no sé lo que hubiera resultado de haberse rodado en los 50. El caso es que hubo de esperar hasta el 85, con la democracia ya casi asentada en la sociedad española y la espera no fue sólo por las dificultades que encontraran con el régimen de Franco, que seguramente las tendrían, sino también por las posibles reacciones del otro lado. Cuenta el propio Berlanga que cuando asistía a algún certamen más allá de nuestras fronteras, solía hablar con gente del exilio e intercambiar impresiones con ellos y cuando les hablaba de su proyecto y de que quería darle un sesgo humorístico, veía que los gestos se torcían.


Vista ahora, con la distancia de los años, con todas las cosas que ocurren en el cada día de nuestro país, viendo que en algunos momentos y circunstancias, aún somos incapaces de cerrar heridas viejas, uno acaba pensando que Berlanga y Azcona eran (y no sólo por este film), de las pocas mentes preclaras que supieron ver con altitud de miras las diferencias que separan a unos y otros y exponerlas en su justa medida. Como la ironía es la constante de Bienvenido Mr. Marshall, de La escopeta Nacional, de El Verdugo, de esta La Vaquilla, muchas veces lo tomamos a chirigota, pero lo que nos está transmitiendo Berlanga es tremendamente serio y está dicho con toda la seriedad que el humor da a estas cosas trascendentes.
Una de las lecciones que mejor transmite el film es que la culpa es de los de siempre y las consecuencias son para los de siempre. El marqués preocupado por recuperar sus tierras, con el hijo en Biarritz mientras los demás se matan y un grupo de soldados de ambos bandos que, en muchas ocasiones se preguntan qué hacen ellos allí, por qué sus mismas tropas han tenido que bombardear y destruír la plantación de manzanos de sus tierras y que, a pesar de que unos pasan por meapilas y los otros por ateos, al final escuchan la misma música, se divierten con los mismos entretenimientos y tienen sentimientos similares.
Muchas de las cosas que se cuentan, algunas veces caricaturizadas, son reales, ocurrían así en los frentes: El intercambio de papel de fumar por tabaco; los insultos o las bromas de una trinchera a otra; los paisanos que se encuentra uno a cada lado y se reconocen y se preguntan por la familia, los conocidos...
Y es que la guerras civiles tienen esto, es la misma gente, hermanos contra hermanos y esa situación hace que existan muchas situaciones chuscas, que estén plagadas de anécdotas que, contadas, mueven a risa. Por eso también, son más crueles, por eso y por que la otra cara de la moneda son las venganzas por asuntos personales que han ido sembrando el odio y la incomprensión que estallan de repente.


Hay que reconocerle a Berlanga esa capacidad (una vez más) para hacernos sonreír en medio de la tragedia y para saber transmitirnos con cierta dulzura esa lección final que se resume en el plano de la vaquilla, muerta de pena (como la canción que suena en ese instante, "La hija de Juan Simón"), en tierra de nadie (así se iba a titular la película) y devorada por los buitres, magnífica imagen cinematográfica de lo que fue nuestra contienda.
Además disfrutaremos de esa manera de hacer tan de Berlanga, los magníficos planos secuencia en los que algo está ocurriendo en cada rincón de la pantalla y en los que cada personaje tiene su protagonismo y ese elenco de actores, de lo mejorcito del momento, muchos de ellos amigos de D. Luis (Alfredo Landa, Santiago Ramos, Juanjo Puigcorbé, Guillermo Montesinos, José Sacristán, Violeta Cela, Mª Luisa Ponte, Adolfo Marsillach, Antonio Gamero...), acompañados de las gentes de Sos del Rey Católico que actuaron de figurantes.
La peli fue un éxito de público y la productora recupero el doble de los 250 millones invertidos y es que, yo creo, que esta peli hacía falta y la gente la esperaba, porque estamos un poco hartos de que nos den lecciones, sabemos todos que aquello fue una barbaridad y la mayoría no queremos que se vuelva a repetir jamás, pero Berlanga sabe despojar a la tragedia de los sones mitinescos y partidistas y eso es lo que hace grande a su manera de contar.