jueves, 1 de octubre de 2026

HABÍA UN PADRE

 


En una ciudad provinciana, un profesor viudo lleva una vida modesta en compañía de su único hijo. Cuando en un viaje escolar, un alumno se ahoga en un lago, él asume la responsabilidad del accidente y dimite. Decide entonces abandonar la ciudad y trasladarse a su pueblo natal. Durante el viaje, padre e hijo discuten sobre el futuro y entre ellos se establece una relación al mismo tiempo cercana y distante. Un día el padre le anuncia que tiene la intención de mandarlo a estudiar a un internado. Años más tarde, el padre trabaja en Tokio y el hijo es maestro, pasarán unos días juntos que para el hijo serán los más felices de su vida.


Con una narrativa muy simple, la película gira alrededor de uno de los temas recurrentes en el cine de Yasujirō Ozu: La comunicación, a veces complicada, en este caso entre un padre y un hijo.


El film cuenta con una cierta abundancia de tomas estáticas, prácticamente verdaderas postales, con escenas muy expresivas que muestran matices de amor y respeto, no solo del hijo al padre, sino de los alumnos hacia los maestros. De discurrir tranquilo y sutil, todas las características del cine de Ozu, están ya presentes en este film de 1942.