martes, 21 de diciembre de 2010

LA MUJER DEL OBISPO

He leído en algún lugar que esta peli es un remedo de "¡Qué bello es vivir!" No lo sé, pero no creo que sea así, la peli de Capra es de un año antes y supongo que, sencillamente, se trata de que cada año, alguna productora saca una peli para Navidad, con historias que tengan que ver más o menos directamente con ese asunto o con temas familiares, hogareños, etc.
De cualquier modo, aunque en las dos hay un ángel de por medio, no logra conectar con el espectador del mismo modo, ni de lejos y desde luego, no sería porque no buscaron nombres con tirón.
A pesar de que la peli se ve con agrado, de que las interpretaciones son más que correctas, de que el ritmo es bueno y de que el director, Henry Koster, nos ofrece algunos planos que no tienen que envidiar a nadie, no acaba de llegarnos nunca esta comedia, con algo de melodrama, típica de estas fechas navideñas.



Demasiado edulcorante, diría yo, con toquecitos que le dan un aire "Disney", y eso que tiene su toquecillo morboso en la historia entre el ángel (Cary Grant), la señora del obispo (Loretta Young) y los consiguientes celos de este (David Niven), son sin duda los momentos más conseguidos del film, en los que las insinuaciones y las situaciones de doble sentido, dan pie a la sonrisa. Claro que todo queda solucionado al final con declaraciones de castidad y pureza, como debe ser en este tipo de films.



Interesante la lección sobre la doble moral y el egoísmo de las capas pudientes de la sociedad, aunque con exceso de moralina.
Peli demasiado previsible, en la que lo mejor es el trío protagonista.
Suponía, cuando la estuve viendo, que la militancia católica se frotaría las manos ante los problemas del obispo para conciliar su vida familiar con sus obligaciones de pastor, parece un canto a la conveniencia del celibato.
Desde luego en España, nadie pudo decir nada al verla, porque no se estrenó, me imagino que ver a la señora de un obispo, aunque sea de otra confesión, poniéndole caritas a un ángel, debia ser todo un escándalo en aquel 1947.



lunes, 20 de diciembre de 2010

LA TIERRA SE SECA

A estas alturas, negar que el clima cambia, es negar la evidencia, otra cosa son las teorías sobre la causa de este cambio, ya sabéis, que si la intervención del hombre, que si el natural movimiento pendular entre épocas de calor y glaciaciones... En eso yo no entro, doctores tiene la ciencia.
Lo que sí está claro es que lo que no se había desarrollado hasta hace pocos años, es el negocio alrededor del cambio climático, porque negar ese negocio, es también negar la evidencia.
Y es que lo nuevo es eso, el negocio, lo otro, las advertencias, vienen de antigüo, a las pruebas me remito con este artículo aparecido en el número 535 de la revista "Madrid Científico", nada menos que en 1906. Todo un siglo nos contempla.


LA TIERRA SE SECA

Es esta una noticia algo más grave que la de la subida más fuerte que el termómetro haya podido presentar en los pasados días. Hay muchas gentes, que medio ahogándose o empapados en sudor, preguntan con gran interés por la altura de la columna termométrica, queriendo darse cuenta de la razón de sus sudores o de su sofocación. Sin embargo, hay todavía algo que debiera preocupar más a los terrícolas. Los recrudecimientos térmicos son más soportables que la calamidad de que se señalan los preliminares. ¡Se seca la Tierra!

Suponemos que este desecamiento ha de ser suficientemente pausado para que no suframos nosostros las consecuencias en toda su terrible fuerza; pero pensando en nuestros biznietos alguna inquietud es natural que tengamos ya desde ahora. ¡Y quién sabe! ¿Quién sabe si nosotros no vamos a sentir más pronto de lo que pensamos los efectos del agotamiento hidrológico? Ello es que no vemos muy explicable el fenómeno, pero numerosos testimonios lo certifican. La cantidad de lluvia caída sobre la superficie terrestre, es de año en año menor. La corona de nieve que cubre muchas crestas montañosas parece también en decrecimiento: el hecho se ha comprobado en Suiza muy especialmente, porque sus ventisqueros son objeto de constante observación y estima, ya como elementos decorativos del paisaje, ya como generadores de ríos y de saltos de agua aprovechables en producción de energía eléctrica.

Lo que en Suiza se observa, puede igualmente observarse en otros países. África se nos ofrece en vías de desolación cada vez mayor, porque hay ríos de los que ya no puede decirse que corren, dado lo perezoso de su marcha. Y lago tan importante como es el Tsad, donde franceses y alemanes se miran aún más o menos recelosos, va dejando poco a poco de merecer el nombre de lago. Parece que cuanto más se habla en el mundo de regeneración hidráulica, tanto más se empeña el agua en esconderse y hacerse desear. Pero el último dato, el que más impresión ha causado, es el que una reciente expedición a las latitudes antárticas ha traído respecto a los glaciares que rodean el Polo Sur. La gran barrera de hielo contra la cual se estrellaron los arrestos de James Ross, asegúrase que se ha retirado a una distancia acaso de 50 kilómetros. Otro tanto ocurre en la Tierra Victoria. Y más o menos, lo mismo que del casquete antártico se puede afirmar con respecto al ártico.

Será, sin duda, intempestivo el preocuparnos con exceso de este peligro que se cierne sobre todos los seres que viven parásitos sobre el planeta Tierra. Nosotros no quisiéramos difundir el pavor entre nuestros queridos lectores, pero no podemos guardar silencio sobre estas cosas que ocurren, y que acaso merezcan ser objeto de alguna bien encaminada investigación. En efecto, hoy no es difícil reunir datos referentes a los fenómenos de que ligeramente hemos aquí tratado, pero al querer formar idea del conjunto, al buscar algún atisbo de teoría que explique, justifique o disculpe esas difíciles novedades, los ánimos se achican y el interrogante queda abierto sin saberse cuándo se podrá tener respuesta aceptable.



domingo, 19 de diciembre de 2010

DIAS SIN HUELLA

El tema del alcoholismo en particular y de otras adicciones enfermizas, en general, no es novedoso en el cine, ha sido tratado de las más diversas maneras y con variada fortuna.
Ahora que acaba de fallecer Blake Edwards, es pertinente recordar uno de los films señeros sobre el asunto, "Días de vino y rosas", allí Jack Lemmon y Lee Remick, nos ofecen unas interpretaciones inolvidables.
Aunque mucho menos reconocida y prácticamente olvidada, esta "Días sin huella", no creo que esté muy por debajo de la peli de Edwards, pero dejemos las comparaciones, ya sabéis lo que se dice.
Considerada generalmente como una obra menor de Wilder, sin embargo el film tiene una gran altura, consiguiendo sacar de una historia que no da más de sí, una película que causa impacto cuando se la ve, de esas que es imposible que te deje indiferente.
Sobriedad (quizá no se la palabra más adecuada para el asunto que trata), eficacia, buen hacer, sin estridencias ni golpes de efecto, sin buscar recursos fáciles, símplemente contándonos una historia de esas que, por desgracia, de cerca o de lejos, todos conocemos, porque conocemos a alguien que está o ha estado inmerso en esa espiral de desgracia.


Básicamente nos relata la vida de un hombre educado, bien parecido, de buena formación, pero sin oficio ni beneficio, que vive gracias al apoyo económico de su hermano y que es un alcohólico. Conoce por casualidad a una muchacha de la que se hace novio y que está dispuesta a cualquier sacrificio con tal de ayudarle.
Como digo, una historia que conocemos, sabemos de gente, de familias enteras que se han ido al garete por culpa de una situación similar, en la que, al final, el adicto muere o es dejado a su suerte porque ya no pueden más, no saben qué hacer o, en el peor de los casos, toda la familia se ve en situaciones harto desagradables por culpa de las deudas.


Wilder consigue hacernos vivir esas situaciones angustiosas, logra que sintamos por el protagonista una mezcla de pena y desprecio, lo mismo que deben sentir sus allegados, que tratan de ayudarle, pero para él sólo existe un objetivo, un único amor: La botella. Ese será precisamente el título de su novela, de la que nunca escribe siquiera una línea, pero que ya sabe cómo se va a llamar.
Asistimos con esa mezcla antes mencionada, a la degradación del individuo, a la pérdida de toda autoestima, es capaz de rebajarse ante cualquiera por conseguir unos dólares que le proporcionen más alcohol.


Película dura, con un final blando, o quizá esperanzador, a gusto del consumidor.
Magnífica la interpretación de Ray Milland, que hace un papel de esos que te deben llenar completamente y que se vio recompensado por el Óscar de la Academia. El resto muy bien, incluídos los secundarios, sobre todo el camarero del bar al que acude Milland, y una jovencísima Jane Wyman (la Ángela Channing de la tele). Unos diálogos por momentos brillantes, consiguen redondear un buena peli, con algunos planos muy buenos.


viernes, 17 de diciembre de 2010

TESORO BAJO TIERRA

Hace un par de meses, apareció en los noticieros (que dirían en Hispanoamérica), una noticia que copio de Wicked Magazine, tal cual se publicó (sólo he corregido una pequeña errata:

LONDRES, 11 octubre 2010 (UPI).- Eric Robinson era un pobre agricultor de 56 años de Cumbria que no conseguía que sus tierras rindieran. Tal era su desesperación que, por una cantidad módica, dejaba que estudiantes y cazatesoros anduvieran buscando cosas en sus propiedades, que se encuentran relativamente cerca del muro de Adriano.
Un buen día, uno de ellos desenterró un magnífico ejemplar de casco. Al parecer se trataría de un casco “de gala” usado por un jinete de la caballería romana.
Robinson llevó el casco a varios especialistas, que le dijeron que la pieza en cuestión podría tener unos 2.000 años de antigüedad y que, si lo llevaba a una casa de subastas, podría conseguir unas 20.000 Libras (unos 22.000 Euros) por él.
Ese dinero podría sacarle de más de un apuro, así que llevó el casco a la famosa casa de subastas Christie’s .
Sin embargo, algo pasó durante la puja. El precio del casco comenzó a subir y a subir, y en tres minutos había gente dispuesta a pagar hasta 2.300.000 libras (algo más de 2.600.000 euros). Finalmente la pieza ha ido a parar a un coleccionista anónimo para decepción de varias instituciones, incluída la Tullie House, un museo de la comarca donde fue encontrada.
El señor Robinson, que acudió a la subasta con su hija no podía dar crédito. Declaró que sintió cómo las piernas se le volvían gelatina y que no podía dejar de pensar que ese tesoro llevaba ahí debajo, en sus tierras, tanto tiempo.


Quiero asegurarme mi pensión de jubilación, si llego a ella, no me fío de los bancos (cualquiera) y sus planes de pensiones y mucho menos de los gobermangantes que nos han caído en desgracia, así que ya he comprado pico y pala y estoy dispuesto a perforar el jardín hasta llegar a Australia, me parece la opción más viable.

jueves, 16 de diciembre de 2010

PERDICIÓN

Cine negro con mayúsculas.
Mira que emplea uno los mismos adjetivos una vez y otra, pero es que las palabras son las que son y en ocasiones como esta no se debe tener recato en emplearlas aún a riesgo de caer en los tópicos.
Porque la peli es arquetípica, con las constantes del género, asesinato incluído. La diferencia está en el tratamiento que le da a la historia, en los logros visuales y en algunas de las perlas del diálogo. Todo esto unido a las maravillosas interpretaciones es lo que ha convertido a esta peli en un clásico, por más que en Hollywood se mostraran pacatos aquel año con las recompensas: Oscars recibidos, cero, a pesar de las siete nominaciones, entre ellas las más golosas. Pero claro, era mucho pedir que un relato tan explícito, tan explosivo en algunos pasajes y con la carga de sexualidad y transgresiones de la norma de las que está salpicado, no levantase los recelos de la Academia.


La fotografía de John F. Seitz, es otro de los apartados del film que ha pasado también a la historia. Los entendidos se quedan maravillados por la riqueza de cromatismos, algo que tiene mucho más mérito cuando estamos hablando de cine en blanco en negro, pero los que amamos esa época del cine y esa maravilla de películas de antes del color, sabemos perfectamente lo que quieren decir y la diferencia que hay entre buena y menos buena fotografía, por mucho que sea en blanco y negro.


El guión está basado en una obra de James M. Cain, el de "El cartero siempre llama dos veces" y fue confeccionado por el propio Wilder y Raymond Chandler. No sé qué intervención tendría cada uno, pero si el primero es brillante a la hora de escribir guiones, aquí se nota la mano de Chandler y mucho.


Los actores parecen tocados por una varita mágica, qué interpretaciones, sublimes todos ellos.
Fred MacMurray, impresionante; Barbara Stanwyck, seductora, toda una lección de cómo interpretar a una femme fatale. Pero yo me rindo ante Edward G. Robinson, es pura debilidad, lo confieso. Lo siento por él, pero doy gracias a que su físico fuera poco agraciado, de lo contrario nos hubiéramos perdido a unos de los 3 ó 4 actores de reparto mejores de la historia. Con esas poses tan suyas, los pulgares en el chaleco, su puro... Palabras mayores.


Wilder da otra lección de dirección, con escenas que, desde el comienzo, resultan inolvidables.
Ese gusto por el detalle: La pulsera en el tobillo de la Stanwyck, puro fetichismo, pero con elegancia; las cerillas que durante toda la peli enciende MacMurray de esa manera tan particular; los magnetófonos...


Y de manera más general, los encuentros en el supermercado entre ambos cómplices, se convierten en momentos sublimes, con ese toque de suspense, por el peligro de ser descubiertos, que nos pone en tensión.
Un film, por otro lado cargado de erotismo, sin una sóla escena de cama, en el que hasta los besos nos parecen castos y, sin embargo, se respira alto voltaje en los encuentros iniciales de la pareja protagonista.
No sé si sería buscado o no, pero durante la peli se nos va inoculando la idea de que él es un instrumento y ella es la verdadera mala del juego, cuando ambos resultan ser un par de seres sin escrúpulos, bien que en el caso del prota sea por el deseo enfermizo que le produce la chica.


Un acierto de Wilder prescindir del final moralizante que tenía preparado (inlcuso rodada alguna escena) y dejarlo tal como lo dejó, con esa especie de declaración de amor de Fred MacMurray a Edward G. Robinson: "Yo también te quiero"
Una gran peli, entre los referentes del género.



miércoles, 15 de diciembre de 2010

BURRO A BORDO

Durante mucho tiempo han circulado chascarrillos sobre las "relaciones" entre los gitanos y la Guardia Civil.
Algunas veces las historias eran ciertas, pero sobre todo lo que se contaban eran chistes y anécdotas inventadas o, cuando menos, con añadidos u omisiones que cambiaban a gusto del narrador el sentido del hecho real.
Hay una anécdota, real, contada por uno de los protagonistas de la situación que por sí sola serviría para acabar con el mito de esta enemistad irreductible:

En un servicio en la carretera de Campaspero dimos el alto a un gitano que llevaba una yegua en el camión. Cuando le pedimos la documentación del animal nos presenta la documentación de un burro que iba con la yegua también en el camión. Nosotros le dijimos que nos tenía que presentar la documentación de la yegua y no la del burro, y él nos contestó: "Miren ustedes, es que al que llevo a casa es al burro, la yegua va de acompañante para que no esté solo". Nos echamos a reír, preguntamos si había alguna denuncia de robo de animales y le dejamos marchar.


martes, 14 de diciembre de 2010

CINCO TUMBAS AL CAIRO

Si tomamos la defición (si la hay) de cine bélico en su más amplio sentido, claramente estamos hablando de una película que se enmarca dentro de este subgenero. Pero como tantas cosas en esta vida, todo es relativo, cine bélico pero sin escenas de batallas. Oímos los bombardeos, vemos a las tropas desplazarse, carros de combate, uniformes, oficiales y soldados, pero la única escena de violencia, con muerte incluída, tiene más que ver con un enredo que podría pertenecer a cualquier film de espías.
Y sin embargo es cierto que es cine bélico, toda la trama se desarrolla en el marco del conflicto que enfrentó al Afrikakorps, con sus aliados italianos, por un lado y a las fuerzas británicas, por otro, entre las míticas batallas de Gazala, Tobruk y Mersa Matruh y la derrota de los alemanes en la segunda batalla del Alamein. En este periodo, Erwin Rommel, combatiendo en inferioridad de condiciones logró ir encadenando victoria tras victoria, ganándose el respeto e incluso la admiración del enemigo y el apelativo de Zorro del Desierto, con el que pasaría a la historia.


Wilder prescinde de todo intento de parecido físico y elige para el papel del Mariscal de Campo alemán a Erich von Stroheim. Lo considera como un privilegio, poder dirigir a alguien que para la gente del cine era un mito proveniente de la época del cine mudo donde ya había alcanzado un gran prestigio y así lo expresa el propio Wilder quien, cuando hablaba de esta peli, contaba anécdotas relativas a la intervención de von Stroheim en el film.


Se basa en una obra de Lajos Biro que estaba ambientada en la Primera Guerra Mundial y a la que Brackett y Wilder, autores del guión, dan forma para mostrarnos a un inglés que engaña a los alemanes, a estos que son tratados con cierto respeto, pero quedando claro que son los "malos" y a los italianos... Bueno, la figura del General Bonanova es ridiculizada por los guionistas hasta más no poder.


Casi toda la carga de humor, aparte de lo dicho sobre los italianos, recae en el papel que interpreta Akim Tamiroff, como dueño del hotel "Emperatriz de Britania", qué gran actuación, lo que hemos dicho en alguna ocasión de estos actores de reparto en las pelis antiguas, muy bien.
Anne Baxter y Franchot Tone son los protagonistas, pero, claro, la pantalla la llena von Stroheim, quizá no guste a los puristas de la historia, pero tiene escenas magníficas.


Me gustó mucho la escena del principio de la película, con el tanque británico vagando por el desierto.
Una peli de propaganda bélica, entretenida, con buen ritmo narrativo, pero que quizá no guste a quienes busquen cine acción, porque como dije al principio, no hay batallas, es como si viéramos la guerra desde la retaguardia, aunque ahí también se corre peligro.