En el Tokio de la posguerra, los miembros de una familia convencional llevan una vida tranquila y serena. Su única preocupación es la soltería de Noriko (Setsuko Hara), la hija mayor, que ya tiene 28 años. Pero la sociedad está cambiando, y Noriko, que trabaja en una oficina y en sus horas de ocio se divierte con sus amigas, no siente la menor necesidad de tener un marido. Sin embargo, su hermano considera muy imprudente la actitud independiente de la chica.
No es que la protagonista no quiera casarse nunca, pero no piensa mucho en ello. En el círculo familiar se sabe que el jefe de Noriko le ha entregado una fotografía de un amigo de cuarenta años, que cree que sería un buen marido para ella. Sin siquiera preguntarle qué es lo que quiere, todo el mundo tiene una opinión sobre si el hombre sería una buena pareja para ella, así que cuando Noriko toma una decisión por su cuenta sobre lo que planea para su futuro inminente sin pedir consejo a nadie, todos reaccionan dependiendo de la forma en que esa decisión les afecta personalmente, sin tener en cuenta la propia felicidad de la joven.
Una historia aparentemente sencilla, pero que se encuentra entre las más complejas emocionalmente de Yasujirō Ozu: un análisis matizado de los cambios de la vida a lo largo de tres generaciones, con temas relacionados con los problemas de entendimiento intergeneracional o el papel de la mujer en el Japón de posguerra.




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