lunes, 23 de noviembre de 2015

EL PEQUEÑO PRÍNCIPE

Su primer dibujo fue una boa constrictor que se había tragado un elefante y lo estaba digiriendo, sin embargo, cuando se lo enseñaba a los adultos, estos veían un sombrero, así que decidió representar al elefante dentro de la boa para que se viera bien, pero los mayores le aconsejaron que dejara los dibujos y se dedicara a estudiar. Con el tiempo, aquel niño, se convierte en piloto y en un viaje de pruebas entre París y la India, el aparato se avería, teniendo que hacer un aterrizaje de emergencia en pleno desierto del Sahara.
Cuando se dispone a tratar de arreglar el avión, ve a un jovencito vestido con una casaca y portando una espada al cinto, que le pide que le dibuje una oveja. Poco a poco, el piloto se va dando cuenta de que aquel niño tiene un encanto especial, algo que nota cuando desaparece y siente una especie de vacío, así que empieza a buscarlo, hasta que el niño reaparece y comienza a contar la historia de su vida y su peregrinaje por diversos planetas, donde ha conocido a los más variopintos personajes y vivido aventuras variadas.
Todo ello constituye una auténtica lección de vida, el piloto se da cuenta de que por primera vez, ha encontrado a alguien que puede ver el mundo de una manera diferente y no con los contaminados ojos de los adultos.


Basada en la conocida obra del francés Antoine de Saint Exupéry, un clásico de la literatura infantil que va más allá, pues no deja de ser un verdadero estudio sobre la naturaleza humana.
En principio, por la propia naturaleza del libro, puede considerarse una obra difícil de adaptar, sin embargo, pienso que Stanley Donen realiza un maravilloso trabajo, consiguiendo acercarnos a la esencia de la novela, aunque es cierto que algunos de sus capítulos quedan en el olvido.


La película es una pequeña joya que, en su momento, no alcanzó el éxito y que hoy permanece casi olvidada. Considero que es una de esas injusticias inexplicables, pues todo en ella es exquisito, desde los títulos de crédito del gran Maurice Binder, hasta la propia interpretación del encantador Steven Warner, pasando por la actuación magistral de Gene Wilder, interpretando al zorro, o las sensacionales escenas de Bob Fosse como la serpiente, con una coreografía que, por sí misma, es una obra de arte.
Si tienen ocasión, véanla, merece la pena.




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