sábado, 2 de marzo de 2013

SALAMBÓ

 

En Cartago, después de la primera guerra Púnica, los mercenarios contratados por los cartagineses para luchar contra Roma, que aún no han recibido su paga, constituyen una verdadera amenaza. Para ganar tiempo, logran convencerles de que deben retirarse a Sicca y esperar allí, pero como el dinero no llega, deciden asaltar la ciudad, guiados por Matho.
Spendio, el esclavo griego de Matho, persuade a éste para entrar de noche en Cartago y robar del templo el "zaimph" (el velo de la diosa Tanit), después se acerca hasta el dormitorio de Salambó, se lo enseña, y huye. De ese velo, según la tradición popular, depende la suerte de la ciudad, y se atribuye, a quien lo posee, el amor, la fuerza y la inmortalidad.
El rey nubio Narr'Havas se une a los insurrectos mercenarios, que ganan algunas batallas. Entonces Amílcar toma el mando de las tropas cartaginesas y triunfa en la batalla de Macar. Sin embargo, es derrotado poco después: Con el velo de Tanit la fortuna ha abandonado a Cartago.
Salambó, sacerdotisa de Tanit, persuadida por el gran sacerdote, va a la tienda del enemigo a implorar la devolución del velo. Matho se da por satisfecho al volver a ver a su amada (a quien sólo había visto una vez, pero había quedado prendado de ella), y Salambó vuelve a la ciudad con el velo. Cambia entonces la suerte para los cartagineses que, reforzados por Narr'Havas, que ha cambiado de bando al preveer que el triunfo final será para Amilcar, destruyen el campo de los mercenarios. Estos, sin embargo, ponen cerco a la ciudad y rompen el acueducto, para hacer morir de sed a los defensores de la ciudad. Después de sacrificar niños a Moloc viene finalmente la lluvia. Amílcar sale con algunas naves, rodea al enemigo, lo encierra en un desfiladero y allí sucumben por el hambre. Matho, con los últimos supervivientes es derrotado, hecho prisionero y crucificado para regocijo del pueblo, irritado contra el autor del sacrílego robo del velo de Tanit. Salambó, prometida en matrimonio a Narr'Havas, conservaba el amoroso recuerdo de Matho y ante tal visión muere de horror.
Salambó es una novela histórica, pues reconstruye un hecho real, la llamada Guerra de los Mercenarios, uno de los acontecimientos más sangrientos de la antigüedad, acontecida en el siglo III a.C, y que involucró a la ciudad de Cartago. Flaubert viajó a Túnez en la primavera de 1858 para visitar los escenarios reales en los que se desarrolla la historia que va a escribir. Describe pormenorizadamente costumbres y paisajes que desconocía, pero reconstruidos con una paciente labor de investigación, el estudio de autores clásicos como Polibio, Plutarco o Plinio, que le ayudó a reconstruir la civilización cartaginesa y algunas aportaciones de su imaginación.
Una novela muy interesante, llena de violencia y crueldad, todo un fresco histórico de una época poco conocida y de un mundo que nos queda tan lejano que a veces recuerda a los descritos en novelas de fantasía épica. A destacar las vistosas batallas con elefantes y máquinas de guerra (onagros, escorpiones, catapultas, helépolis, arietes...), y la increíble ambientación. La novela marcó el tono de los relatos de evocación arqueológica, preciosistas y artificiosos, muy del gusto de la época.
 
 

6 comentarios:

  1. Conozco otras obras de él como "La educación sentimental" ó "Madame Bovary". Buen comentario.

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  2. En las dos incursiones turísticas que he realizado al país tunecino, recoriéndolo todo en tren (desde Souse hasta Tunez+Cartago+ Souse-Monastir), en autobús (desde Souse a Kairuan, la tercera ciudad más santa del Islam) y en coche de alquiler (carísimo: 14000 PTS en 1995)para visitar Dougga y otras poblaciones como Tabarca, traté de leer Salambó (la primera parada del trenecito de Cartago que para en el TOFET, donde los cartagineses sacrificaban a sus primogénitos en honor a la diosa Tanit y al dios Baal)
    La novela de Gustave Flauvert, que la tengo en mi bibioteca, siempre me resultó infumable. Prefiero visitar el terreno y montarme la historia yo mismo.

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    1. No eres la primera persona a la que le oigo decir que no ha podido con Salambó, ello me ha hecho reflexionar sobre el asunto, siendo como es Flaubert un autor reconocido, me intriga que haya gente a la que no le guste este libro. Lo primero que he de decir es que a mí no me acabó de llenar, no estará entre mis lecturas preferidas y quizá sea la práctica ausencia de diálogos, las largas descripciones, o que no da con el punto para ensamblar épica y lírica... No lo sé, no soy un experto y sólo hablo de sensaciones.

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  3. Como siempre Trecce tus escritos nos hacen aprender cosa fina: Al menos a mí.

    Saludos.

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    1. Gracias Rafa, pero creo que no es para tanto.

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