martes, 16 de noviembre de 2010

INVICTUS

La cercanía de los acontecimientos, con los personajes de la misma aún vivos, la situación real del momento que nos resulta cercana y, sobre todo la manera de contar la historia, hacen que, al menos a mí, parezca durante buena parte de su metraje, un documental dramatizado.
Yo estoy seguro de que a muchos de los seguidores de Eastwood y no digamos a los detractores, les habrá decepcionado. Bueno, cada cual ve las cosas a su manera, pero creo que con el bagaje que tiene, tras haber firmado algunos de los títulos considerados imperecederos del cine y con ochenta años de edad (sobre todo esto último, que es casi un milagro que siga dirigiendo y lo haga como lo hace), poco le importará al actor y director lo que digan o dejen de decir y supongo que aquí, se dio un gustazo, porque seguramente le apetecía dirigir este proyecto que le presentó su buen amigo y, en este caso productor ejecutivo, Morgan Freeman.


Sin embargo está claro que en la peli falla algo, porque cuando acabamos de verla, no sentimos esa emoción que te hace decir: Algún día la volveré a ver, aunque después nunca lo hagas. Esta es de esas que con una vez, tienes suficiente, por más que en algunos momentos te emocione.


Y yo creo que esa emoción viene del personaje de Mandela, alguien con tanta fuerza que es imposible que te deje indiferente. A mí lo que me dio es mucha envidia, tener un lider de ese calibre, al que en los tiempos que corren no llega a la suela del zapato nadie conocido, ni siquiera Obama, que quizá, por circunstacias diversas sea el que más se le aproxima (o se le aproximaba, porque ha ido perdiendo fuelle). Y no hablemos de los nuestros, porque anda que hemos tenido cada joya, no quiero hacer comparaciones pero es que no puede uno por menos.
Siempre lo he dicho, un lider carismático hace que aflore lo mejor de las personas y en este país nuestro no barrunto a nadie que sepa concitar las inquietudes de la gente como lo hizo Mandela en unas circunstancias mucho peores que las que ahora tenemos aquí, que ya es decir y con las concomitancias que existen: También nosotros hemos ganado un mundial, precisamente en Sudáfrica; también nosotros estamos divididos (aunque no sea por problemas raciales, sino territoriales), pero aquí no tenemos un Mandela, sino una panda de mediocres sin ideas, o peor con una sola idea, la de seguir ordeñando la teta.


El guión, me parece un poco flojo y eso que, como digo, narra acontecimientos reales, pero se queda un poco a medias, no es capaz de transmitir emoción, es como si todo resultara fácil, cuando se nos está diciendo, al mismo tiempo, que no lo fue (y no lo fue ciertamente).
Eastwood que, como digo, supongo que deseaba participar en este homenaje a Madiba (nombre tribal de Nelson Mandela), pone todo su oficio y su saber hacer en la planificación y el rodaje, pero es como si la historia le fuese ajena, como si se hubiera limitado a coger el guión, echarle un vistazo y ponerse a filmar.
Creo que el trabajo de Freeman fue ímprobo a la hora de acercarse al personaje y su pronunciación, asemejándose a la de Mandela, todo un ejercicio de constancia que perdemos en la versión doblada.
Correcto el trabajo de Matt Damon, dando vida al capitán del equipo de Rugby, Francois Pienaar, con el que también mantuvo largas entrevistas.


A mí me han gustado especialmente las escenas de los partidos de Rugby, algo que no veo destacado en ninguna de las opiniones y críticas que he tenido la oportunidad de ojear, ni se mencionan, salvo para hablar de la recreación de la final y de cómo se consiguió dar la imagen de tener 62.000 espectadores en las gradas del Ellis Park (de tan grato recuerdo para nosotros)
Ahí sí que veo el trabajo de Eastwood, en las melees (scrum, que dirían los ingleses), algunas de las tomas que hace con la cámara a ras de suelo para dar mayor sensación de realismo, son magníficas; los placajes, con toda la violencia del choque entre atletas de más de noventa kilos (en alguno, casi sentí el daño en mis carnes) y el sonido con el que envuelve todas esas tomas que te transmiten la fatiga, la tensión, la agresividad y el subidón de adrenalina que sufren (o gozan) los jugadores.


Una peli que nunca figurará entre las mejores de Eastwood, pero que supone un entrañable homenaje a una persona como Mandela, por cuyo ejemplo de tolerancia y perdón, todos debemos estarle agradecidos.
Para pasar un rato agradable y conocer algo de historia reciente del último refugio del apartheid, no está nada mal.




lunes, 15 de noviembre de 2010

FAVORITOS DE LA FORTUNA

Tercera entrega de la saga romana de Colleen McCullough y en nada desmerece de las dos anteriores.
Desde que leí su primera novela de la serie ("El primer hombre de Roma"), cada vez que encuentro algo referido a esta autora o alguna de estas obras sobre Roma, echo un vistazo y he leído alguna vez críticas que le achacan falta de épica o dificultades a la hora de seguir la evolución de los personajes, porque son muchos los que cita.
Bueno, sobre estos pareceres, ya sabéis que cada escritor tiene su estilo y sus preferencias, yo creo que las obras de McCullough, carecen en efecto de esa épica que buscan aquellos a quienes gustan las batallas, por ejemplo. Ella no se detiene especialmente en estos asuntos, le da lo mismo un enfrentamiento armado, que una reunión del Senado o los problemas familiares de tal o cual personaje, puede detenerse el mismo tiempo en explicarnos cualquiera de estas circunstancias tan diferentes.
Sin embargo, el conocimiento de la época y el entorno que tiene McCullough, es extraordinario, sus descripciones pormenorizadas de situaciones de todo tipo, hacen que, por momentos, nos olvidemos de los más de dos mil años que nos separan de los acontecimientos que nos está narrando.
En cuanto a lo de que tantos personajes resultan un lío a la hora de seguir la trama, yo creo que en ese asunto se trata de separar el grano de la paja. Si está narrando circunstancias de la vida de Sila, por ejemplo, que cite a Metrobio (su amante), a la esposa de turno, a Aurelia, a Cayo Mario, a Cinna, y a tantos otros nombres de personas o lugares, no debe distraernos de que se nos habla de Sila, lo otro, el resto, es acompañamiento, que da verosimilitud y datos concretos a la historia, pero es cosa de cada cual si pretendemos quedarnos con todos los nombres.
En definitiva, magnífica novela, con una recreación de la guerra en Hispania entre Cneo Pompeyo y Metelo Pío, por un lado y Quinto Sertorio, por otro, que ha sido la parte que más me ha gustado, quizá porque sea la que más de cerca nos toca.



domingo, 14 de noviembre de 2010

LA TRAMA

La última obra que nos legó el gran maestro y por ello no voy a sustraerme a decir algo de lo que se ha hablado aquí ya en otras ocasiones.
Me refiero al gran sarcasmo de calificar como obra menor este film. Yo soy el primero que tal digo, pero claro, eso es en el contexto de la filmografía de un director que, con sus altibajos, como todo hijo de vecino por genio que sea, tiene a lo largo de su carrera muchos más altos que bajos y él mismo situó la línea tan elevada que es lo que nos induce a calificar como menores películas que bajo la firma de cualquier otro estarían mucho más consideradas.
Así que dependiendo de la óptica desde la que se miren las cosas, no deja de ser todo un elogío.
Desde luego, para quien se acerque por vez primera al cine de Hitchcock, no deja de ser un buen comienzo, porque si algo tiene la peli, es que resulta la mar de entretenida.


El director nos plantea situaciones que tienen que ver con la codicia humana, porque las diversas tramas que convergen para formar la TRAMA de la peli, parecen una competición de ambiciosos que a través de todas las trampas habidas y por haber desean quedarse con todo lo que puedan de los demás, en una sensacional muestra de lo que supone mezclar géneros tan dispares como son thriller y comedia.


En algún lugar he leído que esta película es como una precuela del cine de los Coen. Yo no sé si me atrevería a decir tanto, pero desde luego si uno recuerda filmes como "Fargo" y salvando un monton de distancias, no crean que va desencaminada la apreciación.


Envuelta en una buena banda sonora de John Williams ("Star Wars"), el film se basa en la novela "The Rainbird Pattern", de Victor Canning y el guión lleva la firma de Ernest Lehman ("Con la muerte en los talones") y aunque cuenta con un buen reparto, ninguno de los actores es de los que llevan el apelativo de "estrella", algo que no deja de ser habitual en muchas de las películas de Hitchcock.


En el plano visual, tiene muchas de las constantes que siempre fascinaron al maestro, entre ellas, una buena proliferación de escaleras.
Aunque es muy conocida entre los aficionados la escena final, con el guiño de la espiritista Blanche Tyler (Barbara Harris) al espectador, yo me quedo con el plano picado en el cementerio, durante el funeral del personaje que interpreta Ed Lauter, en el que la viuda de este y el taxista George Lumley (Bruce Dern), van caminado por distintos senderos, jugando al ratón y al gato, hasta converger en un punto.
Para mí esta peli es una pequeña joya, que no es de lo mejor de Hitchcock, evidentemente, pero tiene mucho encanto, resulta divertida (eso de que unos pillos anden persiguiendo a unos secuestradores es delirante), con un ritmo magnífico, buenas situaciones de suspense y, desde luego, entretenimiento garantizado.



miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL FLAMEN DIALIS

Los romanos no tenían una casta sacerdotal, ni un oficio o profesión, o llámesele como quiera para los sacerdotes, estos se elegían entre las familias patricias que controlaban esta parcela, como tantas otras, reservando sus funciones para ellos mismos.
Entre los sacerdotes más importantes, que eran tres, los llamados Flamines maiores estaba el Flamen Dialis, sacerdote de Júpiter Óptimus Máximus. Al igual que sus colegas, vestía la gorra blanca acabada en punta, el apex, muestra del carácter ancestral de su cargo.
Pero este, además, tenía una serie de peculiaridades que le hacían bastante diferente del resto de los sacerdotes mayores o menores.
Al ser de rango superior, tenía algunos privilegios, como sentarse en la silla curul (el antiguo trono de los reyes), poder asistir a las reuniones del Senado, caminar precedido por un líctor, o sentarse por encima de cualquiera excepto del Rex Sacrorum...
Sin embargo, también tenía un montón de prohibiciones y este apartado es el que le hace realmente peculiar.
Las patas de su cama habían de estar impregnadas de limo; no podía pasar más de tres noches fuera de su casa; no podía tocar hierro; no podía usar determinadas vestimentas, ni salir a la calle sin cubrir su cabeza, o despojarse de sus vestiduras al aire libre (se suponía que era una afrenta a Júpiter, pues era como presentase desnudo ante él); no podía llevar nada que tuviese nudos, ni anillos, a no ser que fueran abiertos y no rodeasen del todo su dedo.
No podía tocar hiedra o vides (plantas nudosas como se sabe); no podía tocar o comer habas, carne cruda, cabra, caballo o perro, pero es que ni siquiera podía pronunciar sus nombres, ya que eran animales o plantas que representaban la muerte y es que el Flamen Dialis no podía presenciar y mucho menos tocar nada que tuviera que ver con la muerte, ni cadaveres, ni armas, ni siquiera podía ver al ejército armado. De ahí que tuviera prohibido ingerir bebidas o alimentos fermentados (vino, alimentos que llevaran levadura...), pues este es otro símbolo de la muerte.
Si alguién entraba encadenado en su casa, era liberado inmediatamente de sus ataduras y las cadenas subidas al tejado y arrojadas a la calle (recuérdese lo de los nudos, de ahí venía este asunto) y si alguien era trasladado para sufrir algún castigo y cruzándose por la calle con el Flamen Dialis, se arrojaba a sus pies pidiendo clemencia, era perdonado (bueno, al menos por ese día).
Debía estar casado con una virgen, también de familia patricia y a través de la confarreatio, la forma más antigua y sagrada (y también la más difícil de disolver) de matrimonio romano. Ella era la Flaminica Dialis y también tenía sus funciones específicas y, claro, le afectaban todas las prohibiciones del marido, además de la de no poder subir más de tres escalones. ¿Creéis que era para que no se cansara? Pues no, se supone que era para que no pudieran verle los tobillos. Claro que eran otros tiempos y algo, aunque no tanto como pueda parecer, se ha avanzado.
Una última curiosidad, Julio César, fue nombrado Flamen Dialis cuando contaba 17 años, le casaron con Cinilla, que tenía 7 años y hasta que se pudo consumar el matrimonio, vivieron como hermanos por así decirlo.
¿Os imagináis a César, que había destacado en sus entrenamientos en el Campo de Marte, teniendo prohibido tocar armas? ¿Y sin poder acercarse a un caballo, él que era un buen jinete? ¿O pensando que no podía tener carrera política por el cúmulo de prohibiciones que se lo impedían?
¿Qué como se libró de aquello, siendo como era un cargo de por vida? Al parecer por un defecto de forma, pero hay diversas teorías, quizá algún día cuente la que más me gusta, pero esto me está quedando demasiado largo y no quiero ser pesado.

lunes, 8 de noviembre de 2010

FRENESÍ

Travelling aéreo que nos lleva sobrevolando el Támesis hasta el Puente de Londres, la música de Ron Goodwin acompaña nuestro viaje con una melodía que a mí me recuerda el "God save the King"
Y es que el rey ha vuelto, retorna a su Londres y lo hace por la puerta grande.
Tras los fiascos de sus últimos films, Hitchcock vuelve por sus fueros en una peli a la que le tengo especial cariño. No sé muy bien por qué, quizá fuera la primera que vi de él, quizá fuera la primera de las suyas que me enganchó, el caso es que está entre mis predilectas.
Algunas de las constantes del cine de Hitchcock están aquí, al menos algunas de las que le han dado fama.
Vuelve a bucear en una mente enferma, retorna a algunos momentos de suspense impagables, retoma la historia del falso culpable y se explaya a sus anchas con un humor que a veces es negro y otras incluso macabro, pero con una elegancia y un estilo que arranca sus buenas dosis de sonrisas.


Es quizá la película en la que más se apoya en los diálogos, contra costumbre, ya que solía preferir contarnos las cosas por medio de imágenes. Sin embargo les da un toque original, las teorías sobre el trastorno psicopático del asesino, se producen en la barra de un bar, donde también tienen lugar algunos otros intercambios verbales que tienen cierta importancia en el desarrollo del film. Y las actuaciones de la policía, nos la revela a través de las conversaciones del inspector Oxford y su esposa (Alec Mc Cowen y Vivien Merchant). Impagables, de lo mejor de la peli, consigue trasladarnos a un escenario de comedia con una ingeniosa y demoledora crítica a la "nouvelle couisine", de lo más divertido que he visto.


No obstante, la peli está llena de estos toques de humor tan geniales, que arrancan ya en el principio, cuando el político de turno habla sobre la limpieza del Támesis y aparece en sus aguas el cadaver de una mujer desnuda con una corbata al cuello.
Ni que decir de una de las mejores escenas (si no la mejor) en la que el asesino ha de rescatar un alfiler que ha quedado en la mano de su última víctima y ha de hacerlo chapuceramente a base de romperle los dedos. Un compendio de suspense y humor de ese que yo llamaba macabro.


Los actores son todos ellos desconocidos para el gran público. El protagonista (John Finch), no se nos presenta como nuestro favorito, ni mucho menos, sino todo lo contrario, es un personaje que puede llegar a ser desagradable, en la entrevista que tiene con su exmujer, rápidamente nos ponemos de parte de ella y algo parecido sucede en otros pasajes de la película.
Bastante digna la interpretación de Barry Foster como psicópata, el personaje central que llega a eclipsar un tanto al resto y buenas interpretaciones también del matrimonio antes mencionado del inspector y señora.


La peli tiene buenos momentos de suspense y los comentados de humor y aparte del tema del falso culpable y de la psicopatía, hace también referencia a lo engañoso de las apariciencias, al egoísmo de las personas y a la injusticia.
La fotografía, alcanza un nivel superior que el de sus anteriores filmes en cuanto a contrastes en el cromatismo.
Me gustó el plano en el que con la cámara al hombro (¿se llama Stedy-cam a esto?), nos hace bajar las escaleras de espaldas hasta salir al silencio de la calle, en una magnífica elipsis sobre lo que le espera a la pobre novia del protagonista que ha subido a casa del asesino.


Un homenaje de Hitch a su ciudad natal, con el retrato de sitios de sobra conocidos para él (Covent Garden, Oxford Street, Puente de Londres...) y que quizá ya no eran entonces tal y como nos los muestra, sino como los veía en su memoria.
Seguramente la última gran película que nos regaló el gran maestro, con un tramo final magnífico, combinando intriga, interés, momentos brillantes y situaciones de humor.




martes, 2 de noviembre de 2010

HUEVOCARTOOM

Con no demasiado dinero y un par de ordenadores, estas cuatro personas, Rodolfo Riva Palacio Alatriste, Gabriel Riva Palacio Alatriste, Rodolfo Riva Palacio Velasco y Carlos Zepeda Chehaibar, pusieron en marcha entre noviembre de 2001 y enero de 2002, una empresa de animación y producción, uno de cuyos primeros proyectos fue el sitio www.huevocartoon.com, un sitio de animaciones donde los personajes principales, unos huevos, realizan sátiras sobre diversos aspectos culturales y sociales de un modo humorístico e irreverente. El tipo de humor utilizado es de un estilo muy particular mexicano: pícaro, burlón y con una buena medida de doble sentido; y se hace burla de estereotipos como el borracho, el macho mexicano, el político, y muchos otros.
De los muchos sketchs que circulan por la red, he escogido este protagonizado por "Los huevos Rancheros", su título está basado en el plato de huevo mexicano llamado huevo ranchero. La historia consiste en dos rancheros, Chava y Chema, que son dos huevos de caracter notablemente homosexual, pero siempre fingiendo que son machos con su frase "somos machos, muy machos". Utilizan frases que el otro suele malinterpretar , por ejemplo, "vamos a chupar (tequila)" o "agarre mi pistola y yo le tomo el rifle".

lunes, 1 de noviembre de 2010

TOPAZ

Esta es una película "rara" en la filmografía de Hitchcock. No por nada en especial, a mí me parece que tiene un ritmo desigual y una estructura un tanto peculiar. En fin, son apreciaciones.
En su momento fue contestada, no sin cierta dureza, y precísamente por aquellos que habían contribuído a dotar de prestigio a Hitchcock, son estos, ciertos sectores de la intelectualidad europea y entre ellos, de forma significativa, el grupo de Cahiers du cinema.
Supongo que la crítica hacia el régimen castrista, pero, sobre todo, poner en solfa la actitud francesa de aquel momento, no estaba bien visto en ciertos círculos de la progresía.
Algunas partes del guión no se pueden entender bien, o al menos no se les saca todo el sentido que tienen, si no se tiene cierta cultura de los vaivenes políticos de la época.
En aquellos años, Francia había abandonado la estructura militar de la OTAN, quería jugar un cierto papel de neutralidad y situarse, con matices, claro, en situación de equidistancia entre la URSS y los EE.UU. Todos estos movimientos estratégicos, levantaron los recelos propios entre los aliados y particularmente en la opinión pública norteamerica, que los veía con resquemor. Fue la época en la que el cuartel general de la OTAN se traslado desde suelo francés a Bruselas.
De cualquier modo, Hitchcock suavizó todo esto, a lo que no se hace ni siquiera mención, mientras en la novela de León Uris, en la que está basada, el varapalo a los franceses y particularmente a De Gaulle, es notorio. Así que no acaban de entenderse del todo bien tantas prevenciones hacia el film.



La película, que ha sido arrinconada durante años, está siendo reivindicada ahora y, yo creo, que con el paso de los años y la cicatrización de heridas que están empezando a cerrarse, se verá como lo que es.
Sí, un documento cinematográfico de la situación política que llevó a la llamada "Crisis de los misiles", pero también una buena película de espionaje.



Tiene algunas escenas de suspense dignas del mejor Hitchcock. Todo lo relacionado con la copia de los documentos secretos durante la visita de la delegación cubana a la ONU, es una buena prueba de ello. Igual que las escenas del principio, cuando la familia del diplomático ruso pretende huír, seguida de cerca por los agentes de su embajada y narrada sin palabras y sin música. Un magnífico principio para atrapar nuestra atención.



El film nos obsequia con algunos de los mejores planos de la filmografía del director británico.
Es mítico el de la muerte de Juanita de Córdoba, interpretada por Karin Dor, en el que vemos, desde una magnífica toma desde arriba, como su vestido va cayendo al suelo cual pétalos de flor color violeta. Plásticamente sin igual.



A mí, sin embargo, me encanta el de la despedida de André Devereaux (Frederic Stafford) de su esposa, cuando marcha a Cuba. Es un momento de alta tensión dramática, ya que la esposa sabe que, además de las circunstancias de su trabajo, él va a ver a una mujer. La escena se resuelve con el plano de la escalera tomada desde abajo y la sombra de ella reflejada en la pared, desapareciendo. Maravillosa.



No puedo dejar de mencionar la buena partitura de Maurice Jarre, creo que está a un buen nivel, algo esperado del compositor de bandas sonoras tan conocidas como Doctor Zhivago o ¿Arde París?, por citar algunas de las muchas que se deben a su batuta.
Esta es, quizá, la única peli que Hitch empezó a rodar sin tener el guión acabado y entre las muchas incidencias que la rodearon, citar los problemas que tuvo con el final. El que vemos, es el tercero que se rodó y hubo de hacerlo en plan chapucero, ya que necesitaba de nuevo a Michel Piccoli, para rodar las nuevas escenas, pero este ya estaba embarcado en otro proyecto. Una cosa un tanto rocambolesca.



A mí me parece que Topaz es una buena peli de espionaje, como ya he dicho y creo que su principal problema es que el clímax lo alcanza mucho antes del final, cuando acaba la parte de la visita del protagonista a Cuba, quizá porque la historia de amor entre Deveraux y Juanita de Córdoba y la escena de la muerte de esta, tienen tanta fuerza que eclipsan todo lo que viene después.