lunes, 2 de enero de 2017

EL PALOMO COJO

Aquejado de una larga enfermedad, llega un niño de diez años a la casona de sus abuelos, situada en Cádiz, herencia de pasadas glorias y éxitos económicos, para pasar los tres meses de verano que se anuncia triste y aburrido. Pero habitan o visitan la casa parientes y personajes a la vez desconcertantes y fascinantes que poco a poco irán perturbando su riguroso ritual de aparente austeridad con estrafalarias y misteriosas rarezas. El niño, privilegiado observador pasivo, lo husmea todo, lo aprehende todo con una sensibilidad, cada vez más cercana a la de esos elegantes parientes, que viajan, recitan poemas y se rodean de exóticos personajes, o de las intrigantes sirvientas que cuidan de él, o incluso a la del palomo que anda cojeando por los tejados…Los inesperados acontecimientos que lo alborotarán todo servirán para revelarle no sólo la tragicómica complejidad de las relaciones adultas, sino también la auténtica extraña naturaleza que ya apunta en él.
El film adapta la novela homónima escrita en 1991 por Eduardo Mendicutti y en él, Jaime de Armiñán, reduce todo el entramado de la novela muchísimo quedándose con algunos motivos e indicios de esa perentoria toma de conciencia de la homosexualidad del protagonista que no sé si se les escapó o tuvieron reparo sobre el tema pero queda casi ininteligible en la película.


Estamos ante una historia de aprendizaje y maduración de un personaje mediante el descubrimiento del mundo familiar y adulto. La historia contada se fundamenta en unos hitos argumentales y estructurales que tienen que ver con el movimiento de los personajes y con el juego de presencias y ausencias.
En cuanto a la estructura se refiere, el cambio más radical viene dado por el final. Parece como si Jaime de Armiñán haya pretendido en todo momento ofrecer un happy end, aunque con ello haya tenido que efectuar una doble permuta. Por un lado, transforma el desenlace de la relación entre la Mary (María Barranco) y el chico, y, por otro, aporta un viaje en barco, inexistente en la novela, del chico, tío Ricardo ( Francisco Rabal) y tía Victoria (Carmen Maura).
Ante el número de personajes de la novela, Armiñán opera por reducción. Se trata de un procedimiento conveniente para el cine, pues hubiese resultado una película deslavazada de haber pretendido dar cabida a tanto secundario mencionado en la novela, pero además en cierta forma este proceso de contracción está mediatizado por la presencia de actores ilustres. La entidad de algunos personajes literarios se desdibuja en la película y el protagonismo más compartido de la novela según el relato en primera persona del chico deriva hacia la focalización en tres actores célebres: Paco Rabal, María Barranco  y Carmen Maura.
La interpretación del entonces niño y debutante en el cine, Miguel Ángel Muñoz, no está muy allá y por ahí andan otros personajes con menos intervención. pero que cumplen con su papel, como Joaquín Kremel, Valeriano Andrés o Amparo Baró, entre otros muchos.


Un film que si se mira en clave de sugerencias, a veces poco explícitas y poco o nada claras, puede resultar interesante, pero creo que para el espectador medio, puede resultar incluso aburrido en muchos momentos y al que salvan unos actores con muchas tablas, pero que, en en fondo, creo que naufraga bastante.




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