jueves, 22 de septiembre de 2016

EL ÚLTIMO CATÓN

Desde el archivo secreto de la ciudad del Vaticano, donde trabaja, la hermana Ottavia Salina, paleógrafa de prestigio internacional, se enfrenta a un extraño enigma: descifrar los tatuajes aparecidos en el cadáver de un etíope. Con la ayuda de Kaspar Glauser-Röist un capitán de la guardia suiza encargado de los trabajos sucios del Vaticano y de Farag Boswell, un arqueólogo de Alejandría, Ottavia tendrá que descubrir quién está detrás del robo, en las iglesias de todo el mundo, de las reliquias de la Vera Cruz, la Cruz de Cristo. Siete pruebas basadas en el purgatorio de La Divina Comedia de Dante Alighieri tienen las llaves para abrir las puertas. La expiación de los siete pecados capitales se realizará en las siete ciudades que ostentan la fama de practicarlos: Roma por su soberbia, Rávena por su envidia, Jerusalén por su ira, Atenas por su pereza, Constantinopla por su avaricia, Alejandría por su gula y Antioquía por su lujuria.
La línea entre realidad y ficción se difumina en la novela de Matilde Asensi, hasta el punto que en el prólogo de una reedición reciente, que es la que yo he manejado, la autora aclara que los staurofilakes no existen y la hermandad es un invento de ella, pues muchos lectores le han preguntado al respecto.
Vastísimo trabajo de documentación el de la escritora alicantina que en ocasiones abruma con los datos que va desparramando por la novela. Es cierto que en algunos tramos recurre a algunos trucos narrativos que resultan algo forzados, pero en general logra un trabajo ágil que atrapa al lector sumergiéndole en el interés por cómo se van resolviendo cada una de las pruebas a las que se ven sometidos los protagonistas.
El hilo argumental es bastante directo, sin desviarse más que lo justo en las tramas paralelas a las que no dedica demasiadas líneas, sino que más bien le sirven para perfilar la personalidad de los tres personajes centrales.
Es inevitable que quien los haya leído, recuerde, por ejemplo, los libros de Dan Brown, pero hay que señalar que El último Catón es anterior a la obra más conocida del norteamericano, "El código Da Vinci" y muy anterior a "Inferno" que también tiene a la Divina Comedia como eje.
No es, ni mucho menos, a mi juicio, una novela redonda, pero es una buena novela. Asensi ha conseguido vender más de tres millones de ejemplares de este libro, lo que la sitúa en el exclusivo club de escritores españoles autores de best sellers, algo que, por otra parte, despierta no pocas envidias que se dejan traslucir en alguna de las críticas que ha debido soportar.



6 comentarios:

  1. Me lo pasé muy bien leyendo este libro. Casi todos los libros de Asensi son muy entretenidos por las complicadas tramas muy atrayentes que monta. Excepto el último libro que ha publicado :"Historia de un Canalla" que me resultado ilegible por aburrido.

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    1. No he leído "Historia de un canalla", pero tampoco me atrae demasiado.

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  2. Muy interesante el libro aunque todo el mundo debiera de saber que las tramas masónicas asesinas no existen en la realidad, al estilo de los Illuminati de Brown.
    Luego publicó el titulado el "Regreso del Catón" en 2015 y también era muy de entregarse cada uno a su lectura por la intriga que siempre usa de maravilla la autora.

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    1. Hay gente que se lo cree todo, don Javier, incluso estas tramas seudohistóricas que sirven de base a novelas como esta.
      De cualquier modo, la autora la mezcla muy bien con los hechos con base histórica.

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  3. Me gustó mucho más este que la secuela, el "Regreso del Catón" es mucho más flojo, quizás por un tema comercial (¿Lo habrá escrito un negro de la editorial? quién sabe). En general los libros de Asensi me parecen mejores que los de Brown y otros autores internacionales de best sellers, lo que no acabo de entender es como la gente se cree todo lo que le cuentan en este tipo de libros.... por ejemplo si la mitad de las sociedades secretas que salen en los best sellers existieran todos tendríamos que ser miembros de alguna.

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  4. Pienso que lo que creen es que existe esa sociedad como tal, pero no con las características que la pintan en las novelas de este tipo.

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