martes, 20 de septiembre de 2016

AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS

Aquella célebre frase que da título a la entrada, que es el santo y seña de la llamada Doctrina Monroe y que en el fondo quería decir (y así lo ha demostrado la Historia) "América para los norteamericanos", si tuvo un representante paradigmático fue William Walker, el último filibustero, un tipo nacido en 1824 en Nashville (Tennessee), que había viajado a Europa con el fin de estudiar medicina, para muchos un defensor del destino manifiesto de los EE.UU., la idea de que el país debía expandirse por todo el continente. En 1853 intentó invadir Baja California y Sonora con el fin de separar la región de México y fortalecer la posición estratégica de los estados esclavistas. Tras el fracaso de su intento, por el que fue juzgado por violar las leyes de neutralidad y absuelto por un jurado complaciente, Walker encontró un nuevo objetivo en Nicaragua, desde donde la facción liberal solicitó su ayuda en el transcurso de la guerra civil que vivía el país entre estos y los conservadores. A Walker le interesó Nicaragua porque su territorio constituía una de las rutas de tránsito entre California y el resto de los Estados Unidos, ya que antes de la construcción del ferrocarril transcontinental y del Canal de Panamá, dos rutas atravesaban el istmo, una a través de Panamá y la otra por Nicaragua (desde Nueva York se viajaba al puerto nicaragüense de San Juan del Norte para luego cruzar el Río San Juan, el lago de Nicaragua y el istmo por San Jorge y se navegaba por el Océano Pacífico hasta San Francisco).
A Walker lo encontramos el 8 de noviembre de 1855, dando la orden de que un pelotón fusilara al General y político conservador Ponciano Corral en la plaza central de la ciudad nicaragüense de Granada. Por supuesto, Walker no se marchó una vez conseguidos los objetivos por los que había sido llamado con sus tropas mercenarias, sino que decidió tomar el poder, consiguiendo el reconocimiento diplomático norteamericano, pero las protestas de España, Francia y países americanos como Brasil, Chile y Perú hicieron que el presidente Franklin Pierce no tuviese más remedio que desaprobar sus acciones. Declaró el inglés idioma oficial de Nicaragua y restableció la esclavitud, con la idea de incorporar Nicaragua a su país natal como un estado esclavista más, y así ayudar a alterar el equilibrio interno de Estados Unidos en favor de los estados confederados.
Sus intenciones no dejan lugar a dudas en una de sus cartas escritas en 1857: "El restablecimiento de la esclavitud del negro constituye el medio más rápido y eficiente para que pueda establecerse permanentemente la raza blanca en Centroamérica (...) ".
Sin embargo Walker se buscó dos enemigos peligrosos y muy poderosos: Inglaterra y Cornelius Vanderbilt.
Los ingleses, por un lado, vieron con recelo el sueño de Walker de construír un canal que uniera el Pacífico con el Atlántico, en el que ellos no tendrían participación. En cuanto a Vanderbilt, Walker expropió los bienes de la Accessory Transit Company, propiedad de Vanderbilt y que durante la Fiebre del Oro de California en 1849, ofreció transporte por medio de la ruta nicaragüense de la que hemos hablado, hacia California, eliminando 960 kilómetros del recorrido y un 50% sobre el costo de un viaje a través del Istmo de Panamá.
Vanderbilt puso el dinero y los ingleses las tropas y Walker tuvo que salir por pies de Nicaragua, pero no se resignaba a haber sido vencido por una gentes a las que consideraba inferiores y en 1860 desembarcó en Honduras, decidido a reconquistar el poder, pero la aventura estaba mal planeada. Tuvo que enfrentar deserciones de sus compañeros de iniquidades, y se terminó rindiendo a la Royal Navy.
Si Walker se hubiera presentado como ciudadano norteamericano quizás le hubieran protegido, pero se declaró presidente depuesto de Nicaragua en guerra por recuperar lo que le pertenecía, y entonces los británicos lo entregaron a las autoridades hondureñas. Una corte marcial le condenó a morir frente a un pelotón de fusilamiento.



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