miércoles, 3 de junio de 2015

ALEJANDRO CASONA EN ZAMORA

El asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido por el seudónimo que utilizó en su andadura literaria como Alejandro Casona, aparte de su conocida faceta de escritor, sobre todo de obras teatrales, que le llevarían a obtener en 1932 el Premio Nacional de Literatura por su compendio de lecturas para jóvenes Flor de leyendas y en 1934 el Premio Lope de Vega, por su obra teatral La sirena varada, tuvo una amplia actividad como maestro y pedagogo.
Ambas facetas le llevaron a mantener una cierta vinculación con esta provincia, por un lado, su primera obra publicada, lo fue en Murcia, en la revista Polytechnicum y se trataba de un romance titulado “La empresa del Ave María”, premiado en los Juegos Florales de Zamora de 1920.
Por otro, en su labor pedagógica, como director del Teatro del Pueblo de las Misiones Pedagógicas creadas por Manuel Bartolomé Cossío durante la II República, Casona recorrió, entre otros lugares de la geografía española, algunos lugares de Sanabria.
Si a todos los misioneros les sorprendieron y preocuparon las condiciones de vida de los pueblos, al grupo que Casona llevó a Sanabria, en julio de 1934, le impactó tanto que volvieron en octubre para poner manos a la obra de atender a las necesidades materiales de los habitantes de esa zona. Entonces llevaron abonos, semillas, material escolar y sanitario, ropero, vajillas, cubiertos, vasos, jabón, dentífricos, etc., para repartir entre los habitantes, al tiempo que contribuyeron con su propio trabajo. En San Martín de Castañeda arreglaron la escuela (el maestro tenía la cama en la misma sala de clase), la desinfectaron y pintaron, abrieron un comedor escolar al que repentinamente acudieron 45 niños en lugar de la docena que iba a clase habitualmente. La atención sanitaria corrió a cargo del médico misionero, Germán Somolinos, quien atendió casos de anemia perniciosa, cáncer, reumatismo poliarticular, bocio —el comedor escolar servirá también para prevenir el bocio endémico en las nuevas generaciones—. En San Martín de Castañeda asistieron a la muerte de un niño. Allí dejaron un botiquín en la escuela y medicamentos. Por las tardes y las noches dieron charlas de divulgación higiénica sobre puericultura, alimentación, aseo personal, agricultura específica teniendo en cuenta las características climatológicas, orográficas, etc. de la región. A Ribadelago, Galende y Vigo de Sanabria llegó también la acción. Ejercieron de campesinos para mejorar el rendimiento de un suelo empobrecido, creando un campo de experimentación en una parcela lindante con la escuela de Ribadelago para “centrar en ella la vigilancia, el asesoramiento, la dirección inteligente de una obra larga en tiempo” y poder introducir la rotación de cultivos, dejando 60 kilogramos de una variedad americana de maíz, muy resistente al frío y productiva, y otros tantos de una variedad de centeno. Todas estas acciones se complementaron, lógicamente, con las habituales: proyección de películas mudas y sonoras, audiciones musicales, etc. En Galende y Vigo dejaron bibliotecas circulantes y en Ribadelago reproducciones de arte, una gramola y discos.
Esta Misión en Sanabria inauguró una nueva forma de trabajo y Casona afirmaba que con la labor realizada y con la memoria presentada habían “Puesto el dedo en la llaga y abiertos los caminos de la solución” y, por tanto, habían cumplido con su tarea pero no podían sostenerla económicamente. Así que en las consideraciones finales recogía que los comedores escolares estaban ya creados y regulados en las leyes pero sugería que quizá no se pudiera exigir a municipios de “extrema pobreza, como el de Galende” el apoyo económico y pedía —oficial y públicamente con esta memoria— que el Ministerio de Instrucción Pública y la Diputación de Zamora sostuvieran el comedor escolar de San Martín de Castañeda y creasen otro en Ribadelago.
El Teatro —dirigido inicialmente por Rafael Marquina— y el Coro, comenzaron sus actuaciones en Esquivias (Toledo), el 15 de mayo de 1932, y sus últimas representaciones fueron en Trefacio y Galende (Zamora), el 7 julio de 1936 y en Madrid, en agosto de 1936.
En 1935 el Patronato publicó la memoria de la Misión pedagógico-social en Sanabria (Zamora). Madrid, 1935 sin firma pero fue redactada por Alejandro Rodríguez, quien la publicó en Argentina con el título Una misión pedagógico-social en Sanabria. Teatro estudiantil. (Buenos Aires, Patronato Hispano-argentino de Cultura, 1941). Con esta edición quería evitar que se creyese que “la obra de las Misiones no pasaba de ser un alegre turismo artístico de estudiantes en vacaciones, movidos por un vago idealismo soñador, en que lo pintoresco primaba sobre lo socialmente útil”. No fue esa la primera vez que relató la experiencia pues en los números 12 y 13 de 1934 y 1935 de Escuelas de España. Revista Pedagógica Mensual, en la que era redactor, se publicó “Ensayo de Misión Pedagógico-Social en San Martín de Castañeda (Zamora), octubre de 1934 por Alejandro Rodríguez «Casona»”.
En la actualidad, en la capital de provincia, en reconocimiento a su vinculación con esta tierra olvidada para tantos, un grupo escolar ubicado en el barrio de Cabañales, lleva el nombre del insigne escritor y pedagogo.






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