miércoles, 20 de julio de 2011

DENTRO DE CIEN AÑOS

¿Cómo será el mundo dentro de 100 años? No lo sé, pero ya hay gente haciendo sus predicciones, es igual que acierten o no, pues de no ser personas preeminentes de nuestra sociedad, nadie sabrá pasado un siglo si acertaron o no.
La revista norteamericana The Ladies Home Journal, hizo una predicción de cómo sería la vida en el futuro, la fecha, diciembre de 1900, así pues sus previsiones se referían al año 2000. ¿Acertaron? Estas son algunas:

- No habrá C, X o Q en el alfabeto inglés.
- No existirán los mosquitos ni las moscas.
- Las comidas preparadas se servirán en establecimientos parecidos a las panaderías de hoy.
- No se podrá exponer la comida al aire libre, quien lo haga será arrestado.
- El carbón no se usará para cocinar o calefacción.
- No habrá carros en las ciudades más grandes.
- Los automóviles serán más baratos que los caballos.
- Habrá naves aéreas que serán solo para uso militar y para científicos que investigarán la Tierra desde el aire. No para uso comercial, pues no podrán competir con autos y barcos.
- No existirán animales salvajes más que en las reservas.
- Las compras en las tiendas serán despachadas a través de un tubo neumático directo a su casa.
- Algunas medicinas podrán consumirse tragándolas.
- Las fotografías serán telegrafiadas desde cualquier distancia. Si hay una batalla en China dentro de cien años, tomas de sus eventos más llamativos serán publicadas en los periódicos una hora después.
- Teléfonos sin cable y circuitos telegráficos se extenderán por el mundo. Un marido en el medio del Atlántico podrá conversar con su mujer sentada en su tocador en Chicago.

Y para quien tenga curiosidad por ver el original: Aquí.


martes, 19 de julio de 2011

APOCALYPSE NOW

Joseph Conrad es uno de los mejores escritores de finales del XIX, principios del XX, alguien cuyos relatos marineros están a la altura de Melville o Stevenson. Logró transmitir su peculiar y pesimista manera de entender la condición humana y el papel de la civilización. Una de sus obras, Heart of Darkness (El corazón de las tinieblas), describe los abusos y atrocidades cometidas contra los indígenas del Congo.
Ese es el punto de partida que toman John Milius y Francis Ford Coppola, para construír el guión de esta película, una adptación muy libre del relato de Conrad, cuya acción trasladan desde el continente africano a la Guerra de Vietnam a la par que lo despojan de su anticolonialismo para centrarlo en una especie de viaje iniciático en el que un hombre desciende a los infiernos en busca del compatriota a quien sus superiores le han ordenado asesinar.


Desde la primera escena, la enajenación está presente en todo el film. La guerra ha penetrado de tal modo en los espíritus que todo el mundo está tocado de una suerte de locura que a cada cual ataca de manera diferente.
Aquí asistimos a uno de los puntos fuertes de la película, el retrato de los personajes y la manera en que el conflicto ha alterado sus habitos, sus costumbres, su forma de ser y pensar, su vida...


La sensación de caos y desbarajuste, un mundo en el que parece que los señores de la guerra se han adueñado de sus pequeños ejércitos con los cuales siembran muerte y destrucción en el territorio que ocupan. El desprecio por lo que podríamos llamar normal, en un intento de superar los horrores diarios tratando de escapar de la realidad misma. La amoralidad, la única forma de derrotar a un enemigo cuya única salida es la victoria o la muerte.


Y en medio de este viaje por el río, como decíamos al principio, esta especie de descenso a los infiernos, el capitán Willard (Martin Sheen), que a medida que va enterándose de la peripecia vital del hombre con quien debe acabar, el coronel Kurtz (Marlon Brando), va desorrollando hacia este un sentimiento de admiración, a la vez que va estando más convencido de su locura.
Sus superiores le han ordenado eliminarlo porque ha sacado los pies del tiesto y le acusan de asesino, como dice el propio Kurt, juzgar a alguien por asesinato en esta guerra sería como poner multas de velocidad en la carrera de Indianapolis.


Un gran proyecto de Coppola, tocado por la mano de los dioses en esta década de los 70, en la que nos ha dejado películas que, cada una por separado, vale por toda una carrera.
Ésta en concreto, supuso año y medio de rodaje en Filipinas, en unas condiciones no siempre sencillas, un huracán que asoló el set de rodaje y un infarto del protagonista.
Algunos episodios que han devenido en míticos, no en vano es la película bélica en la que mejor se han sabido utilizar los helicópteros, el sonido de sus aspas acompañando a la música de Wagner y The Doors y la figura de la moderna caballería, la que asusta y amedrenta al enemigo, como ocurría en la antigüedad con la caballería clásica.


La versión que he visto es la estrenada en 2002, a la que Coppola añadió casi 50 minutos de metraje que habían sido descartados, entre ellos todas las escenas correspondientes a la plantación de colonos franceses, en las que hace un poco de historia sobre las sucesivas derrotas de occidente en aquel país. Como dice uno de los colonos, si los vietnamitas son comunistas, serán comunistas vietnamitas, haciendo ver de este modo, que defenderán lo suyo con su propia vida, porque están orgullosos de ser lo que son.
En la escena de la comida en la plantación, acudimos también al discurso de los franceses sobre la ayuda americana al naciente Viet Minh durante la II Guerra Mundial, aquella organización, al mando de Ho Chi Minh, expulsó a los franceses de Vietnam y ahora los americanos luchaban contra un enemigo que ellos habían creado. Algo que se ha repetido a lo largo de la historia en el Golfo con Saddam o en Afganistan con los Talibanes.


Una profunda reflexión sobre el horror de la guerra, pero también una película de un altísimo nivel técnico y de una maravillosa belleza estética, con momentos que forman parte de la historia del cine, como el sadismo personaficado en la frase de Robert Duvall: ¿Hueles eso? ¿Lo hueles, hijo? Es el napalm. Me gusta el olor del napalm, sobre todo cuando amanece. Una vez bombardeamos una colina sin parar durante 12 horas y cuando acabamos de machacarla subí a ella. No encontré nada, salvo el cadaver de un viet. ¡Pero qué olor aquel! ¡Allí olía a victoria!O el vuelo épico de los helicópteros al compás de la Cabalgata de las Walkirias.
Como dijo Coppola al recibir la Palma de Oro en Cannes: Esta no es una película sobre la Guerra de Vietnam, esto es Vietnam



lunes, 18 de julio de 2011

LOS TRABAJOS DEL INFATIGABLE CREADOR PÍO CID

Para quien conozca un poco la biografía de Ángel Ganivet, salta a la vista que su personaje, Pío Cid es un alter ego del autor.
En esta novela, a través de los seis trabajos que nos plantea el autor, hacemos un recorrido por la manera de conducirse en la vida del protagonista, por sus ideales, y por su manera de pensar, tanto en su vida pública, como en la faceta privada.
Así pues, se trata, ni más, ni menos, que de la exposición novelada de la forma de pensar del propio autor.
Su desprecio por la clase política, su pesar por la incultura del pueblo, por el gusto de las clases pudientes por todo aquello de allende nuestras fronteras, sin pensar que aquí tenemos las soluciones y que el problema es que no se ponen los medios. Y en los asuntos privados, el disgusto que le producen ciertos convencionalismos sociales, el qué dirán, su forma de pensar en cuanto al papel de la mujer, o sus ideas sobre el matrimonio.
Pero además de esas cosas, el retrato, casi constumbrista que nos hace del Madrid de la época, su viaje a Granada capital y a la Alpujarra, cuando se postula como diputado, son un magnífico retrato de la sociedad de la época, de cómo eran nuestros paisanos de aquellos años, las clases inferiores y las pudientes.
No menos interesante, aunque ya lo conozcamos, cómo se desenvolvía la vida política, el caciquismo imperante, los arreglos entre los partidos turnantes...
Al final, cuando repasamos lo que Ganivet nos ha dicho por boca de Pío Cid, no sabemos muy bien dónde encuadrar a este hombre, no me extraña que haya controversias entre quienes se empeñan en adjudicarle una etiqueta y quién ve en él un socialista, mientras otros le tildan de conservador.
Ganivet no es una cosa u otra, él tiene sus ideas, cree que España está sumida en un atraso del que sólo saldrá cuando las clases humildes tengan acceso real a formación; reniega de la democracia representativa, pero no desea que nos gobierne un déspota; tiene sus ideas muy particulares sobre el matrimonio, en fin, una serie de cosas que, como él dice en su obra, nos pueden resultar extravagantes. Es consciente de que esa será la idea que saque más de uno.
Yo saco la mía propia y es que Ganivet toma cosas de aquí y de allá, unas que pueden ser tachadas de conservadoras y otras de progresistas, como nos ocurre a tantos que pensamos que nadie tiene la verdad absoluta y que unos y otros tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
Una obra muy interesante que, en lo puramente estilístico es considerada por algunos estudiosos, junto con Niebla, de Unamuno, el arranque de la novela moderna española.


domingo, 17 de julio de 2011

LOS NIÑOS DEL BRASIL

Ira Levin, fue un escritor norteamericano de cierto éxito con sus guiones, obras de teatro y, sobre todo, con dos de sus novelas: Rosemary's Baby (El bebé de Rose Mary), también titulada en España La semilla del diablo y The Boys from Brazil (Los niños del Brasil).
Como hizo Roman Polanski con la primera, Franklin J. Schaffner decidió llevar al cine la segunda, con un reparto encabezado por Gregory Peck y Laurence Olivier y con James Mason y Lilli Palmer en papeles secundarios.
La historia parte de un hecho real, la huida del médico nazi Josef Mengele a Sudamérica. A partir de ahí, comienza a novelarse lo que realmente sucedió.
Lo que nos dice el film es que Mengele, intenta llevar adelante un ambicioso plan, comenzado varios años antes, por el que pretende clonar nada menos que a Adolf Hitler, del que ha creado la friolera de 94 copias para asegurarse el éxito del proyecto, en previsión de que con alguno de los clones las cosas no salieran como estaban planeadas.


Las actuaciones son correctas, a secas, no en vano estamos hablando de grandes actores y, sin embargo, la peli no acaba de cuajar, a pesar de que la idea de partida supongo que podría haber dado para algo más. La intriga tampoco acaba de funcionar del todo y no es que nos pasemos todo el film esperando algo más, sino que ya desde el arranque vemos que aquello se va a quedar en un quiero y no puedo, como si no hubieran conseguido dar con la fórmula para hacérnosla más interesante, más atractiva.


No sé si sería por el bajo presupuesto que se debió de ir casi íntegro para pagar a los actores, pero los fallos de localización son apabullantes. Que te pongan a unos forçados corriendo toros, cuando se supone que estamos en Paraguay, es algo que te choca negativamente, hasta que al llegar los títulos de crédito finales, ves que se ha rodado, en parte, en Portugal y entonces se te cae el alma a los pies, se trata de un error monumental, de esos tan típicos de los yankees para quienes hispanoamérica, España y Portugal, son la misma cosa. Penoso.
Al igual que en la peli, ya en la novela, Ira Levin se tomó bastantes licencias ya que Mengele no estuvo en Sudamérica haciendo lo que le daba la gana, como se desprende de lo que nos cuentan, sino que estuvo bastante asustado y muy preocupado por huír de los agentes del Mossad.
El personaje de Ezra Liebermann, interpretado por Olivier, está claramente inspirado en el famoso cazanazis Simon Wiesenthal.


Una peli curiosa, sin que pase de ser una especie de producto de segunda categoría, con el aliciente de ver a Peck en uno de los escasos papeles de villano que ha interpretado y con un tema, el de la clonación, que sonaría a ciencia ficción en aquellos años y hoy nos parece totalmente creíble. De hecho hay unas escenas, quizá de lo mejor de la peli, en las que de manera muy didáctica y brillante, se explica en qué consiste la clonación, supongo que los espectadores de los años 70 las verían como si ahora te explican cómo se resucita a alguien que murió hace mil años y sin embargo, vistas en la actualidad, entiendes la explicación perfectamente, y sabes que lo que están diciendo es viable y no una mera fantasía.



sábado, 16 de julio de 2011

BIOMIMÉTICA



















La biomimética o biomímesis (incluso ha recibido el nombre de biognosis o biónica) es, a grandes rasgos, un campo de la investigación que trata de imitar a los organismos (plantas, animales...), para lograr nuevos materiales y tecnologías.
Todos sabemos, por ejemplo, cuál es el fundamento del conocido Velcro.
Hoy hay muchas líneas de investigación basadas en esta idea, en la que la naturaleza pone el I+D y el hombre trata de que sea viable su fabricación y su uso.
Entre otras cosas, son conocidas las investigaciones fundamentadas en la tela de araña, para conseguir materiales resistentes y a la vez deformables. No en vano, la tensión de rotura (que mide la fuerza de ruptura dividida por la sección del hilo) del hilo que produce la Araneus gemmoides, puede alcanzar hasta 4.000 megapascales, mientras que para el acero y el kevlar 49 Dupont no supera los 3.000.
El ingeniero español Manuel Elices, del departamento de Ciencias de los Materiales de la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid, nos propone el ejemplo de los caracoles: Hagánse la idea de que un caracol, por ejemplo, construye su caparazón, que es una suerte de hormigón natural, a base de elementos normales que encuentra en su camino. Para ello no necesita la cantidad de energía que el cemento industrial precisa.
Otros ejemplos de este tipo de investigaciones son la configuración microscópica de los ojos de una mosca fosilizada en ámbar de 45 millones de años de edad que sugirió al zoólogo Andrew Parker, del Museo de Historia Natural de Londres, el diseño de un panel solar surcado por estrías que aumentan la captación de luz en un 10% o la forma de los élitros de un escarabajo del desierto del Namib, adaptados para recolectar la humedad de la niebla, se tradujo en un material óptimo para la condensación. Y en un campo como es el de la cosmética, la disposición de las escamas de las mariposas contribuyó al lanzamiento de pintalabios con efecto brillo.
Los científicos de la Universidad Northwestern (EEUU) se fijaron en los expertos en el arte de agarrarse a la roca contra viento y marea: los mejillones. Estos segregan un compuesto químico de proteínas para lograr una firme sujeción. Los investigadores sumaron las estrategias del geco y el mejillón para crear el geckel, una cinta adhesiva para la que ya se vaticina un futuro brillante como sutura quirúrgica.
Y para acabar con los cientos de ejemplos sobre investigaciones en marcha basadas en imitar a la naturaleza, el de las hormigas nanotecnológicas. El fundamento es el de las hormigas exploradoras, que reconocen nuevos terrenos donde el resto de la comunidad pueda aprovisionarse, detectando si es una zona provista de posibles alimentos, la existencia de peligros, etc. Pero es que estas hormigas tienen un modo de comunicarse, de tal manera que nunca pasa una hormiga por una zona que ya ha sido reconocida por otra, consiguiendo un alto grado de eficiencia.
Así, los robots creados por el hombre a semejanza de estos insectos, se comunican por infrarrojos, para no recorrer zonas ya inspeccionadas por otro robot, al tiempo que recojen una serie de datos del terreno, recopilando detalles detalles topográficos, climáticos, geológicos, geográficos y de toda índole.
Había (o hay, que no sé cómo está el asunto) un proyecto para explorar Marte con estos robots, a fin de que cuando el hombre llegue allí, sepa, con todo lujo de detalles, el terreno que pisa.
Todos estos son ejemplos de lo que podríamos llamar biomimética ingenieril, sin embargo existe un concepto más amplio de la biomímesis, del que quizá hable algún día, cuando tenga tiempo y ganas, que se fija no sólo en estos detalles, sino en lo que podríamos llamar biomimética ecológica, que busca ser más eficiente en todo aquello que relaciona al ser humano con la conservación del planeta.
La naturaleza es sabia, al fin y al cabo, como dijo el biólogo Frederic Vester, es la única empresa que no ha quebrado en 4.000 millones de años.


viernes, 15 de julio de 2011

EL CAZADOR

Entre El cazador y Noveccento, he tenido a Robert De Niro 10 horas metido en casa, así que ya casi me lo encuentro en cualquier rincón.
Cuando a cualquier aficionado al cine, sin ser muy ducho, le suena el nombre de Michael Cimino y lo recuerda como un gran director, cuando la única peli que ha hecho es esta, debe ser que la película tiene algo especial.
Cimino ha hecho más películas, por supuesto, pero ninguna es recordada y lo más importante que ha hecho en su carrera, aparte de este film, fue arruinar a la United Artists.
Así que retomo mi argumento anterior para preguntarme ¿qué tiene esta película para ser lo que es?
¿Por qué ha llegado a convertirse, no sólo en un film de culto, sino en una referencia cuando se habla de las pelis de guerra que tienen un mensaje que trasciende a la pura épica?
¿Por qué un director que logra sacar una película de esta factura, ganadora de 5 oscar y nominada, nada menos que a nueve, no vuelve a dar, ni de lejos, la talla?



Adelanto que para la última pregunta no tengo respuesta, no conozco lo suficiente la carrera del director, para acercarme a la solución del enigma, suponiendo que la haya.
Lo que sí es cierto que La Universal no quería estrenar este film en el que invirtieron el doble del dinero presupuestado y que, una vez acabado el montaje, duraba tres horas.
La peli arrasó en taquilla en las navidades del 78, en parte porque se promocionó como una película sobre la guerra de Vietnam, lo cual es cierto, pero es una de esas verdades a medias que tan bien saben transmitirnos los publicistas, porque la película va mucho más allá del retrato de esa guerra y, para algunos, ahora que ya se han hecho muchas pelis sobre aquello, sigue siendo considerada como la más compleja de las realizadas sobre el conflicto Vietnamita.


La película es una reflexión sobre la amistad. Nos relata la vida rutinaria de un grupo de amigos, de esos de toda la vida, que trabajan en una fundición de un pueblo imaginario de EE.UU. Suponemos que siempre hacen lo mismo, salir de la fundición e irse al bar a jugar al billar y a beber cerveza, gastarse bromas y cantar y, de vez en cuando, ir de caza a las montañas que rodean la ciudad.
Todo aquello se interrumpe de manera brusca cuando tres de ellos se van a la guerra, sus vidas nunca volverán a ser las mismas.


Fue de los primeros (si no el primero) filmes que puso sobre las conciencias del pueblo americano su intromisión en Vietnam, si bien procura hacerlo desde una posición neutra, sin manifestar explícitamente si está a favor o en contra del conflicto, pero sí refleja la desinformación que la gente tenía sobre lo que estaba ocurriendo y las condiciones en las que estaban combatiendo sus conciudadanos enrolados en las fuerzas armadas.
Aquí no hay soldados que se lamentan de estar allí, ni que se revelan contra sus jefes o los políticos que les han metido allí, de hecho esas cosas no suceden de tal forma, por más que filmes posteriores nos la hagan ver así, el soldado maldice, es cierto, pero se resigna a estar donde está y a salir como pueda del atolladero.


El film está lleno de metáforas, una de ellas se extiende a lo largo de toda la segunda mitad y es la de la ruleta rusa, una tortura a la que el Viet Cong, somete a los prisioneros y que por cierto, levantó no pocas protestas de las asociaciones de veteranos, pues no existió tal, es un invento de Cimino. Como digo, lo emplea como metáfora, por un lado de la situación general de los americanos en el conflicto y por otro de la del combatiente individual en esta y en cualquier otra guerra, sabe que hay cinco agujeros vacíos y confía en que no le toque a él el que lleva la bala.
La película refleja, sin victimismo, la situación en la que quedan las personas afectadas por la guerra. Las imágenes del caos del Saigón a punto de rendirse, son tremendas, pero también vemos a las familias de los muertos, a los propios combatientes en los hospitales y las secuelas que les quedarán para toda la vida.


Una de las críticas que se vierten sobre esta obra es la excesiva duración. Es cierto que hay escenas que podrían suprimirse sin que se resintiese el curso de la historia, en la primera mitad nos narra la boda de uno de los chicos que se van, con todo lujo de pormenores, en sus preliminares y en la ceremonia y posterior celebración, pero por otra parte, están tan bien filmadas y marcan tan espléndidamente el choque brutal con lo que va a venir después, que para mi gusto, están más que justificadas.



El cazador tiene algunas de esas escenas que se convierten en míticas. La elipsis maravillosa en la que pasamos de estar escuchando un nocturno de Chopin al piano, con todos los amigos en silencio, al ruido ensordecedor de las aspas del helicóptero que nos mete de lleno y de manera brutal en la guerra.
Los dos amigos jugándose la vida al cara o cruz de la ruleta rusa.
La boda por el rito ortodoxo.
El soldado contemplando desde la ventana del hospital las bolsas que contienen los cuerpos de los soldados muertos.
La evacuación de Saigón, o los antros donde se celebran las apuestas sobre los duelos a vida o muerte.
Y, sobre todas ellas, la escena en la que De Niro tiene en su punto de mira al ciervo y es incapaz de dispararle tras todas las muertes y las desgracias que ha tenido que presenciar.
No quiero dejar de mencionar el maravilloso acompañamiento musical, aparte del nocturno citado, las canciones tradicionales rusas o las populares God bless America o Can't take my eyes of you.
Y volviendo al principio, pensemos en que si esta es la única gran película de Cimino y seguimos pensando en él como un gran director, es todo un indicativo de la gandeza de este film.





jueves, 14 de julio de 2011

ALCABALAS

Que el autor debe cobrar por su trabajo, es algo que está fuera de toda discusión.
La cuestión no es el qué, ni el cuánto, eso es cosa de cada cual y de lo que el consumidor esté dispuesto a pagar, en fin, ya saben, eso de las leyes del mercado. La cuestión peliaguda es el cómo.
La SGAE nació como una sociedad destinada a proteger los derechos de los autores y a cobrar el dinero que les correspondía por sus creaciones. A partir de 1995, se reestructura y decide englobar a otros sectores: Distribuidores, editores...
Y entonces la cosa ya empieza a no estar tan clara, porque esa gente no crea nada, hace negocio con las creaciones de otros y no me refiero precisamente a los que menos interesados están en esta movida, a los editores que hacen esa gran labor por amor al arte y perdiendo dinero, yo hablo de los grandes tiburones de la edición y distribución.
La cultura en este país nuestro está subvencionada, salvo contadas excepciones, así que la pagamos entre todos. Las bibliotecas públicas se mantienen con nuestros impuestos y así sucesivamente.
Pues bien, el ciudadano de a pie paga por lo que consume y por lo que no consume, ya sabéis lo del famoso canon, por si acaso... Pero es que pagamos dos veces. Tu dinero vía impuestos, paga el mantenimiento de la biblioteca y la SGAE cobra por tener libros en ella.
¿Te parece sangrante?, pues eso no es nada, hay más. El otro día leía en el periódico que un escritor y periodista local, se llevaba las manos a la cabeza al enterarse de que una compañía de teatro aficionado, había tenido que pagar un puñado de dinero por representar una obra.
El dinero que cobra la SGAE en estos casos, lo calculan sobre el aforo total del teatro, después, en teoría, te devuelven en función de las entradas vendidas, eso sí, ellos ya han cobrado de manera preventiva y, a veces, según cuentan, lo de devolver la diferencia puede tener bastantes complicaciones.
Además, la obra se la había escrito ex profeso para ellos el articulista que denunciaba el caso, sin cobrarles un duro y para más inri, él no pertenece a la SGAE.
Estas cosas, las sabemos todos y todos intuíamos lo que podía pasar, con la connivencia de las autoridades que, por razones políticas se han plegado a las demandas de los poderosos grupos de presión (PRISA, PLANETA...) ¿Y, mientras tanto, qué dicen los autores? Pues algunos están que trinan, porque por todas estas movidas, la percepción que tiene la gente de la calle, el parado, el joven, el funcionario con el sueldo rebajado, el jubilado al que no alcanza la pensión, es que esta gente ha encontrado un filón que, en estos tiempos difíciles, cuando muchas empresas cierran y hasta algunos bancos están con la soga al cuello, les está reportando pingües beneficios, más que si hubieran encontrado un pozo de petroleo, porque este acabaría secándose.