miércoles, 3 de agosto de 2011

IMAGEN Y SEMEJANZA

Rubalcaba quiere ser como Obama, vamos que confía en darle la vuelta a las encuestas y, al igual que hizo Barack con Hillary, imponerse a Mariano en la elecciones.
Es indudable que Obama despertó, no sólo en Norteamérica, muchas expectativas favorables, de hecho le dieron el Nobel de manera preventiva, no fuera a líar otra guerra, pasatiempo favorito de los últimos mandatarios de su país. Obama supo aparecer como el hombre nuevo, con nuevos modelos e ideas renovadas.
No veo yo muy reflejado a D. Alfredo en estas cosas, más bien todo lo contrario, incluso con pruebas en la mano, le pueden dar en los morros con mil y una cosas que ha dicho y hecho a lo largo de tantos años en el gobierno y que entrarán en contradicción con lo que nos vaya a prometer ahora.
Eso a él no le supone problema (lo de decir cosas que no piensa hacer), al fin y al cabo ya dijo aquello de "Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta" (ABC 13/03/2004)
De todas maneras, estos hombres (y mujeres), podrían haber sido un poco más discretos en su papanatismo "obamístico". Pasaron de no levantarse al paso de la bandera (que representa a todo el país y no a su presidente) norteamericana, a querer hacerse fotos familiares con el presi, sin pensar en las consecuencias (después tuvieron que arreglar lo de las niñas, pero todo vino de una paletada: Venid niñas, que papá que es muy amiguito de Barack, ha conseguido que le otorgue el privilegio de una foto con él)
Pasaron del europeísmo antiamericanista a babear con el nuevo mandatario estadounidense, de criticar las reuniones de "Ansar" con Bush a buscar desesperadamente a Obama.
Claro que ZP consiguió largas horas de antesala y Aznar, al menos, se pudo dar el lujazo de poner los pies sobre la mesa del amigo americano.

Bueno estos políticos son así, no os dejéis engañar, votadles o no, pero no os dejéis engañar. Ellos son capaces de lo que haga falta, si no, mira el Sr. Fabra, nuevo President de Valencia, que en el discurso de investidura, refiriéndose a su antecesor, soltó aquello de: "Su esfuerzo, tenacidad y vocación de servicio en favor de todas las personas que viven en nuestra Comunitat son todo un ejemplo para mí.
President, tienes el aprecio y el cariño de la gente, de tu grupo parlamentario, de tu partido y el mío propio.
Siempre serás Molt Honorable, como sólo pueden serlo aquellos que han defendido los intereses de los valencianos con entrega y dedicación"
Vamos a ver, tío, cómo puede ser un ejemplo para ti un personaje que está imputado por un delito.
En fin, como diría un conocido mío de aquella bendita tierra: Val che, no diguis més.


martes, 2 de agosto de 2011

RAN

Si esta película la ves con la única perspectiva del que presencia el desarrollo de una historia, no merece la pena que pierdas tanto tiempo ante la pantalla, porque no vas a sacar de ella sino una pobre conclusión, la de una historia enraizada en la misma naturaleza humana, la lucha por el poder, la ambición. Pero te parecerá demasiado aparejo para tan leve carga.
Y estás en lo cierto, jamás seré de los que lanzan anatema contra quienes no saben ver el arte que encierra una obra determinada, ¿por qué me va a tener que gustar el cubismo, o la ópera, o el teatro experimental?, ¿únicamente porque lo diga cierta élite iniciada? Me niego, si me gusta será porque he sabido ver en ello la belleza que lleva, independientemente de lo que digan otros. El cine de Kurosawa en general, y esta peli en particular, son para quienes tengan la suerte de ver algo más que una historia, porque esto es una ópera hecha cine.

El barroquismo presente en la imagen, con unos colores que nos llenan la retina, las nubes que cobran vida propia, los vestidos de los señores y de los guerreros... Todo es exceso, exceso medido que resulta bello por si mismo, cada fotograma es un cuadro, una obra de arte.

Algunas parcelas se pueden escapar al gusto occidental, incluso resultar inadecuadas, como la excesiva teatralidad de algunas actuaciones, tan de la antigua escuela japonesa.
Otras, incoprensibles, como las batallas, con ese portento de despliegue de masas, de colorido, pero en las que nos da la impresión de que los soldados van de un lado a otro sin enfrentarse, trazando pasos de de danza colectiva en el que una masa de guerreros se traslada de aquí hacia allá sin ninguna justificación que se nos haya explicado.

Todo ello forma parte de la coreografía de este minueto en el que cada paso está reglado y medido para que incluso pudiéramos prescindir de los diálogos, sin que el impacto visual del film sufriera el menor menoscabo.
¿La historia? Sí, está bien, Kurosawa ha sabido hacernos llegar lo que, según los entendidos, es su particular versión del Rey Lear, pero para ello no hubiera necesitado tanto tiempo. Porque pocos son los minutos que necesita para trasladarnos la caida de Hidetora Ichimonji hasta el abismo a manos de las envidias de sus propios hijos y de su propia imprevisión. Poco tiempo necesita Kurosawa para hacernos ver que Mieko Harada interpretando a Lady Kaede, logra una de las mejores malvadas del cine. O la magnífica interpretación de Shinnosuke Ikehata como el bufón Kyoami.
¿Y, entonces, el resto del film, para qué tanto metraje? El resto es regalo para los sentidos, una maravilla visual y una obra de arte del adorno, del cine como obra aparte del resto de las artes.

Encontraréis críticas de Ran para todos los gustos, desde el desprecio y la mofa, hasta rendidas pleitesías que ponen al maestro japonés como ejemplo de realizador para los jóvenes valores del cine.
Para mí, es uno de los grandes, pero entiendo que otros busquen otra cosa en el cine, cada uno tenemos nuestros gustos, todos respetables, yo agradezco que Kurosawa se cruzara en mi camino de modesto aficionado.




lunes, 1 de agosto de 2011

EL QUIJOTE DE AVELLANEDA

En 1614, un tal Alonso Fernández de Avellaneda, saca a luz un libro que lleva por título Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Los expertos aseguran que el nombre es ficticio y también que no es de Tordesillas, como él asegura. Esto ha dado pie a numerosas reflexiones sobre su identidad, aunque ninguna aporta pruebas contundentes, sino meras suposiciones.
Lo que sí parece inducirse es que Cervantes debía saber quién era y probablemente más gente de la época, pero nadie dejó noticia escrita de este extremo y, a lo que parece, no hay visos de que se vaya a saber nunca.
Sea quien fuere el autor, no es un cualquiera en esto de las letras, ni un mero aprovechado que estropea con la continuación lo que fue la primera parte de la obra. Probablemente fuera un escritor en activo y se ve que es una persona versada, que conoce y ha leído la literatura de la época, pues cita pasajes y obras de varios autores y, desde luego, ha leído la primera parte del Ingenioso Hidalgo.
Sin querer justificar nada, pues no se trata de eso, por aquellos tiempos parece que no era del todo inusual escribir continuaciones de obras ya publicadas por autores que no lo eran del texto primigenio. No era extraño, por ejemplo, en el propio género de los libros de caballería y Avellaneda alude a alguna obra más en la que se había dado este uso cuando habla de La Celestina, pues en la misma época de este apócrifo Quijote, aparecía La hija de la Celestina, de Salas Barbadillo.
De cualquier modo, del prólogo no se desprende que haya un motivo económico, como pudiera ser aprovecharse del éxito de la primera parte, más bien parece haber algo personal en la actitud del fingido tordesillano, pues aunque no dice qué es ello, sí alude a que se sintió ofendido por Cervantes y se despacha a gusto con el alcalaíno: …viejo, manco, orgulloso, deslenguado…, a ver quién da más. También dice que ha ofendido, en clarísima alusión a Lope, …a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras. Esto ha dado pie a más de uno a adjudicar la autoría de la obra al Fénix de los Ingenios, pero sin mayores fundamentos.
A pesar de la inquina demostrada con el autor del genuino Quijote, se nota el respeto por la obra, puede parecer un contrasentido y, sin embargo, quien se aventure por las páginas del libro, verá tratados con cariño a los personajes, los lugares y los modos, que siguen, en todo momento, la estela marcada por Cervantes, como si Avellaneda se afanase por escribir tal cual escribiría el verdadero padre de la criatura.
Creo que uno debe acercarse al libro sin prejuicios y seguramente se llevará una sorpresa, el libro está bien escrito, es ameno, el personaje de Sancho, por momentos resulta incluso más gracioso que en el original, el hilo argumental está bien llevado y si no supiéramos lo que sabemos, podría pasar perfectamente por una continuación de la novela de D. Miguel.
Al igual que hace Cervantes, el desconocido autor introduce un par de novelitas en medio del conjunto, sirviéndose para ello de sendos relatos que hacen dos personajes en tanto descansan a la sombra de una arboleda.
A mí me llamó la atención uno de los cuentos, que ocupa un buen número de páginas, el conocido como Los felices amantes, que relata la historia de amor pecaminosa del primogénito de un caballero y de la priora de un convento, con algunas escenas de cierto contenido erótico, llamativo para la época y un final altamente moralizante, con milagro incluido y que me ha parecido que está muy bien escrito.
Aunque las alusiones a Dulcinea salpican el texto, sin embargo D. Quijote se muestra descorazonado y dolido por el rechazo y las chanzas de la moza de El Toboso y se introduce un personaje, el de Bárbara la mondonguera, a quien Quijano toma por la reina Zenobia, que da mucho juego en la novela, no sólo por los disparates a que da pie a Don Quijote, sino por las continuas puyas que le lanza Sancho y los dislates a que da lugar la mala relación que el escudero mantiene con la protegida de su amo.
El libro narra la tercera salida de Don Quijote, éste encamina sus pasos hacia Zaragoza con el fin de asistir a unas justas de cuya celebración ha tenido noticias por boca de un caballero, Don Álvaro Tarfe, que continuará apareciendo a lo largo de la novela, por un lado organizando burlas con el caballero Quijano como protagonista y, por otro, convirtiéndose en una especie de protector (sui géneris, claro, después de lo dicho), pues es el que le saca de algún que otro apuro y el que pone fin a alguna de las situaciones en que se ve el manchego cuando considera que las cosas pasan de castaño oscuro.
Tras la frustrada participación (en realidad llega cuando ha concluido) en el torneo zaragozano, el hidalgo se dirige a Alcalá y Madrid, para acabar rindiendo viaje en Toledo. Todo esto salpicado de aventuras en las que no faltan las ventas y otros elementos en los que la constante son las referencias a la primera parte del Quijote.
Aunque la memoria colectiva lo haya olvidado, El Quijote no tuvo siempre la fama de que goza en la actualidad (al menos no tan alta) y las ediciones pobres y descuidadas se sucedieron durante décadas, hasta que en el siglo XVIII, el fervor que los ingleses mostraron por la obra, alcanzó a nuestro país, donde comenzó a ser más apreciada, teniendo, por fin, una digna edición en la que hizo la Real Academia en 1780. Fue ganando la fama de cumbre de las letras españolas, hasta llegar al tercer centenario de la publicación de la obra (1905) en que la publicación de estudios y otras interpretaciones que, en ocasiones, tienen más que ver con la filosofía, acompañadas de la erección de monumentos, confección de placas conmemorativas, o ediciones de superlujo, más destinadas al adorno que a otra cosa, han devenido en la obra reconocida y alabada que todos conocemos.
Así, en ese sentido, Avellaneda fue uno de los primeros que apreciaron la novela cervantina y quizá sin quererlo, apremió al autor a que escribiera la segunda parte, pues estaba enfrascado en su Persiles y Segismunda, cuando cayó en sus manos esta obra apócrifa y se vio impelido a escribir la continuación de su puño y letra, publicándola en 1615 y muriendo poco después. Quién sabe si no nos la habríamos perdido de no haber sido por esta contingencia.
Animo al lector a que se atreva con esta obra que nació maldita, que aunque por momentos pueda parecer algo lenta y en la que se nota que la pluma es otra, no desmerece en absoluto, no olvidemos que está escrita en pleno Siglo de Oro español y se ve que aquello debía marcar carácter en los coetáneos. Encontrará nuevos personajes, saboreará la ironía y el ingenio presentes en muchos pasajes y verá que es un libro divertido, con una nada despreciable calidad literaria y que sigue perfectamente, a veces de manera sorprendente, la línea argumental del Quijote de Cervantes.

Reseña publicada en HISLIBRIS




domingo, 31 de julio de 2011

LOS GRITOS DEL SILENCIO

Curiosa la historia de este film que casi da para hacer otra película sobre las circunstancias que rodearon su rodaje, sobre alguno de sus personajes y los actores que los interpretan, sobre los apartados técnicos, la música...
Es una peli que a mí, particularmente, me deja un sabor bastante agridulce, reconozco, como no podía ser de otro modo, el esfuerzo y la ilusión que, sin duda, se pusieron en su preparación y rodaje, el espíritu que la anima, pero ¡qué quieren!, no me acaba de gustar, me parece que la primera mitad del film deja qué desear y que se desaprovecha, por un lado el elenco de actores que logra reunir, y por otro la historia en sí misma, que no logra transmitir más que una situación, el descontrol, la confusión que reinaba en Camboya durante los días previos a la toma del poder por los Jemeres Rojos. Quizá es que yo pienso que quiere enseñarnos algo más y no sabe hacerlo y resulta que lo que pretendía el realizador era sólo eso.

Sin embargo, la parte de la estancia del periodista camboyano en los campos de exterminio y su peripecia durante la huida, me parece que pone en valor todo el film, pero eso tarda en llegar muchos minutos que considero mal aprovechados.

Joffé tuvo a su disposición un reparto nada desdeñable, Sam Waterston, John Malkovich, Julian Sands y el hallazgo impagable de un actor no profesional: Haing S. Ngor. Éste consiguió el oscar al mejor secundario, algo que puede llamar la atención poderosamente, pero cuando conocemos la trayectoria vital de este hombre, entendemos buena parte de su magistral y convincente actuación.
Haing era un superviviente de los campos de exterminio, su historia es espeluznante (no más que la de los cientos de miles que por allí pasaron y muchos no salieron con vida de ellos) y lo que hace es revivir su propia vida y hacernos un regalo interpretativo, una lección viva de historia real.

La interpretación de Haing S. Ngor, es el soporte principal del film, después de que hayamos tenido que aguantar durante buena parte del film a un Sam Waterston que a mí se me llega a hacer desagradable, dando órdenes a diestro y siniestro, imagen del periodista occidental de periódico influyente que piensa que todo el mundo debe hacer lo que él desea por imposible que parezca y resulta que sus grandes éxitos informativos se deben a la pericia negociadora de su ayudante local, al que convierte casi en un mayordomo. Hay en esta relación una latente y oculta vivencia de tipo sexual, pero eso pueden ser visiones mías particulares.
Por otro lado, tenemos a un John Malkovich que parece que está perdido por allí, no porque lo haga mal, sino porque le toca lidiar con ese papel.
En el apartado musical, una partitura de un grande (Mike Oldfield), denostada no sólo por el publíco (en general) de la peli, sino por muchos entendidos que la ven como fuera de lugar y eso que el hombre se había estado documentando arduamente sobre el folclore camboyano y que cuando la tenía acabada, tuvo que reescribirla porque no gustaba al director, para, al final, acabar recomponiéndola porque se cambió el metraje. Resultado: Oldfield nunca más quiso saber nada de música para películas.

Así pues, un gran documento sobre el terror que imperó en la Camboya de Pol Pot y sus Jemeres Rojos, el mayor experimento de ideologización colectiva y esclavismo en bien del pensamiento único que ha conocido la historia y una primera parte del film bastante desigual. A pesar de ello, yo la recomiendo, sobre todo para quienes no conozcan este capítulo de la historia reciente y quieran aproximarse a él.



sábado, 30 de julio de 2011

PUBLICIDAD NEGATIVA






















Es de sobra conocido aquello de "que hablen de ti aunque sea mal"
Cualquier especialista en marketing sabe que no siempre la publicidad negativa es mala. Una mala crítica de un libro, de una película, de un producto cualquiera, afecta mucho en sentido negativo, cuando el destinatinario es alguien muy conocido, ya consagrado, para entendernos.
¿Qué ocurre cuando hablamos de un desconocido? Pues que es muy común que ese producto se venda, que mejore los resultados por el simple hecho de haber hablado de él. Después de un lapsus de tiempo, variable según personas y circunstancias, hay mucha gente que olvida que leyó algo negativo sobre tal o cual producto, pero no olvida que ha oído hablar de él y en un determinado momento, eso le impulsa a adquirirlo, así pues la crítica negativa ha beneficiado al producto por el simple hecho de hacerlo conocido.
En algunos aspectos de la vida, esa "fama" puede ser menos inocua. Todos conocemos casos de personas que están en la cresta de la ola gracias a críticas bastante negativas en general. Qué me decís de Belén Esteban, por poner el ejemplo más paradigmático del momento para los españoles.
Recuerdo que cuando Michael Jackson (que en gloria esté), anduvo metido en todos aquellos escándalos de pederastia, la venta de sus discos aumentó considerablemente.
Hay un caso bien cercano y que se repite en política de forma cíclica: BILDU. Es innegable que la coalición abertzale cuenta con muchos apoyos y que en circunstancias "normales", hubiera obtenido unos resultados que no siempre comprendemos desde otros lugares de España. Pero todo lo que precedió a su presencia en las elecciones, ha servido, a la postre, para engordar esos resultados que no hubieran sido tan brillantes de no existir esa publicidad negativa.
Los políticos conocen bien esas estrategias, se le llama victimismo. Si alguien te ataca, conviértete en víctima, el daño te lo han hecho ya, muchas veces con pruebas palpables, ahora trata de sacar el provecho que puedas y darle la vuelta a la tortilla, ya saben las frases típicas: "Es una persecución"; "Peor es lo que hicieron ellos"; etc. etc. Tenemos cierta tendencia a ponernos del lado de la víctima y estos "espabilados" tratan de hacernos creer que lo son y, saben, lo peor de todo es que hay gente tan tonta que se lo cree y salen ganando. Ahí tenemos todos esos casos inexplicables de quienes ganan de calle aún estando hasta el cuello de porquería: Gurtel, Faisán,...
Semos asin.


viernes, 29 de julio de 2011

BAJO EL FUEGO

Curioso film el de este director, Roger Spottiswoode, antiguo montador de alguna de las pelis de Peckinpah, sin duda la mejor de sus obras, para mi gusto, a pesar de que durante toda ella sentía dentro de mí que le faltaba algo.
El film es una clara denuncia sobre los manejos del EE.UU. en América Latina, sus juegos de quita y pon que, muchas veces, se les vuelven injustificables, porque estos títeres que sentaron en la poltrona a cambio de mantener sus influencias, se pasaron de la raya y ya no había manera de justificarlos ante el resto del mundo.
La acción se desarrolla en los días previos al derrocamiento de Anatasio "Tachito" (porque "Tacho" en realidad fue su padre) Somoza, por parte del Frente Sandinista.
El otro aspecto, es el retrato que hace de los corresponsales de guerra y su particular mundo, las relaciones con sus medios y con la realidad misma que les toca vivir.

Cuenta con un buen reparto de actores, algunos no muy conocidos ahora, pero que en su momento fueron auténticas estrellas, cual es el caso del francés Jean-Louis Trintignant, en un curioso papel de un espía un tanto peculiar, el único que sabe hacer un claro diagnóstico de lo que está ocurriendo y de todas las implicaciones que aquellos suscesos tiene; también nos encontramos a un Ed Harris en uno de sus primeros papeles, como mercenario amoral, dispuesto a hacer cualquier cosa por dinero. En los papeles protagonistas, una actriz, Joanna Cassidy, que no acabó de dar el salto al estrellato a pesar de sus cualidades y la pareja estelar Nick Nolte y Gene Hackman.
Además, la banda sonora está a cargo, nada menos que de Jerry Goldsmith y la fotografía dirigida por John Alcott, colaborador habitual de Kubrick (La naranja mecánica, El resplandor o Barry Lyndon).

A la peli le falta algo de alma, pero sin embargo logra hacer un retrato de muchos aspectos no demasiado tratados por el cine sobre esta figura del corresponsal gráfico: Los amores inconstantes, muchas veces entre compañeros (Nolte y Joanna Cassidy, después de que esta haya roto con otro periodista, el interpretado por Hackman); la implicación de estos en el conflicto que cubren (aquí toman claro partido por los rebeldes); los dilemas morales que se les plantean; los peligros sin cuento a los que se ven sometidos...
Hay una frase, al final de la peli, que resume el espíritu de la película, por si no estuviera ya bastante claro (que lo está). Uno de los periodistas es asesinado (literalmente) por una patrulla del ejercito somocista, al poco, los sandinistas toman Managua y una guerrillera le pregunta a Nolte si conocía al periodista asesinado, mientras la noticia está siendo difundida por la tele y se ve que ha causado honda conmoción en Norteamérica, él responde que sí, y ella le dice algo así como: Desde que comenzó la guerra, han muerto 50.000 nicaragüenses y su país no ha hecho nada; ahora que ha muerto un estadounidense parece que por fin se resolverá todo. Quizá debimos haber matado a un periodista norteamericano hace 50 años.

Hay dos cosas en la peli que te traen la realidad al recuerdo de manera ineludible. Una es cuando Nolte ve el cadaver del lider guerrillero Rafael, una especie de alter ego del Che Guevara, imposible no recordar las famosas instantáneas del cadaver del Che tomadas en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta, en Vallegrande, donde fue expuesto. En la película vemos una escena en la que hasta la pose del guerrillero muerto está literalmente copiada de esas instantáneas reales.
Otra, la historia de Bill Stewart, un reportero de 37 años de edad de la cadena ABC que el 20 de junio de 1979, regresaba al hotel Intercontinental junto con su traductor Juan Espinoza, el técnico de sonido Jim Cefalo y el cámara Jack Clark a bordo de un vehículo de prensa. Una patrulla de la Guardia Nacional les ordenó que pararan para identificarse. Stewart y el traductor se dirigieron hacia el militar que estaba al mando mientras los otros dos periodistas observaban camuflados la escena y empezaron a grabarla. Pese a llevar en la mano una bandera blanca y una acreditación de prensa oficial extendida por el gobierno nicaragüense, y a que insistió en que no hablaba español sino que era periodista norteamericano, el guardia le encañonó, empezó a insultarle y le obligó a ponerse de rodillas primero y a tumbarse después. En el suelo, le dio una patada y luego le asesinó de un tiro en la nuca. Espinoza también fue asesinado por los soldados. Los otros dos periodistas, horrorizados, huyeron del lugar y lograron llegar al hotel donde contaron lo ocurrido. Fue precisamente el corresponsal de la Agencia EFE Filadelfo Martínez, el primero en lanzar la noticia al mundo en forma de teletipo urgente. Poco después, Clark y Cefalo transmitían las imágenes de lo ocurrido desde la habitación 307 del Intercontinental. Fueron las más emitidas durante toda la jornada: El triunfo póstumo de un corresponsal de guerra.
Esa historia, es reproducida con ligeras variaciones, en el film.




jueves, 28 de julio de 2011

MESALINA

El nombre de Valeria Mesalina, esposa del emperador romano Claudio, va asociado al de una mujer depravada, de la que se cuentan cientos de historias que hacen que tengamos de ella una imagen de persona de vida licenciosa.
Es conocida la apuesta que hizo con la prosituta más famosa de Roma a fin de establecer quién de las dos mantenía más relaciones sexuales seguidas. Cuando había alcanzado el número de 200 (a saber cuántas, pues cada cual cita un número), la prostituta romana se rindió, mientras Mesalina le gritaba que regresase para finalizar la apuesta, pero la mujer se retiró diciendo: "Esta infeliz tiene entrañas de hierro"
Sin embargo no debemos creer al pie de la letra lo que dicen las fuentes. En historiografía se sabe que ni Suetonio, ni Juvenal, de quienes provienen muchas de estas historias, son fuentes demasiado fiables.
Ellos se basaron más de una vez en los llamados libelos infamantes. Se publicaban en forma de quaderna, cuadernillos de 4 hojas hechos con recortes de papiro. Bajo esa forma se publicaban horóscopos, cotilleos, recetas... una especie de prensa rosa de la época.
Muchas veces, los escritores de libelos aprovechaban la caída en desgracia de una persona para practicar una damnatio memoriae popular, de modo que se le atribuían atrocidades desmedidas para agradar al emperador y legitimar sus acciones.
En el caso de Mesalina confluyen varias razones como para que los autores de libelos quisieran quedar bien con el emperador a costa de difamarla, así que la historia real de esta mujer es más que dudosa.
Entre otras, Claudio problablemente se había fijado en la bellísima Agripina (conocida como Agripina la menor o Agripinila) y quería tomarla como esposa, cosa que no podía hacer si no se deshacía de Mesalina. Es posible que tuviera algún amante, pero también que se le imputara y de esa forma dar a Claudio motivo para condenarla. Pero es difícil creer que una emperatriz, siempre fuertemente custodiada por escoltas a las órdenes del emperador, visitara constantemente los burdeles de Roma sin que este lo supiera. De haber sido así, los hijos de Mesalina hubieran sido marginados inmediatamente por sospecha de falsa paternidad y nada de eso ocurrió, su hija, Octavia, se casó con Nerón, y Británico cayó en desgracia sólo después de la muerte de su madre y por maquinaciones en su contra de su madrastra que de este modo consiguió que Nerón, hijo de ella, fuera nombrado sucesor en detrimento de Británico.
Fuera como fuese, Claudio la acusó de bigamia, al haberse casado en secreto con un antiguo amante, el cónsul Cayo Silio y eso le costó la cabeza a Mesalina y la posteridad la recuerda como prototipo de mujer lujuriosa e inmoral.