miércoles, 25 de marzo de 2026

EL CUARENTA Y UNO

 


Un destacamento del Ejército Rojo, liderado por el comisario Yevsyukov (Nikolay Kryuchkov), se retira desde el mar Caspio hasta las arenas del Karakorum, entre ellos la mejor tiradora del destacamento, Maryutka (Izolda Izvitskaya). En el trayecto se cruzan con  una caravana en la que viaja el teniente del Ejército Blanco Govorukha-Otrok (Oleg Strizhenov), portador de un mensaje oral para el estado mayor de sus tropas, al que toman como prisionero. Los supervivientes de la travesía del desierto llegan a la costa del mar de Aral, donde María, Govorukha-Otrok y dos soldados embarcan para intentar cruzarlo, mientras el resto de sus compañeros seguirán el viaje por tierra bordeando el mar. Los dos soldados del Ejército Rojo mueren durante una tormenta, y María y el teniente quedan solos en una isla.


El guion adapta una novela del escritor y dramaturgo ruso Boris Lavrenyov, que ya había sido llevada a la pantalla en versión muda en 1927.


Grigori Chukhrai lleva a la pantalla esta singular historia en la que el amor y los ideales políticos se enfrentan en esta especie de drama romántico que vive la pareja protagonista. En tanto viven inmersos en el conflicto bélico que asola al país, son enemigos, pero cuando, como nuevos robinsones, quedan aislados, las diferencias ideológicas quedan aparcadas y se abandonan a la intensa pasión de dos jóvenes que descubren el lado humano del otro. 
El film hace gala de una fotografía que tiene algo de pictórica, con muchos primeros planos de los rostros de los soldados soviéticos que remarcan el sufrimiento de la dura travesía del desierto y en la que también se reflejan algunas circunstancias que acompañan a la narración principal, como el menosprecio con que tratan a los kazajos ambos ejércitos, mostrándose superiores a ellos.
Un film que alterna los momentos emocionantes con otros conmovedores, la crudeza de algunas secuencias, con otras que tienen algo de poéticas.
 



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