Durante la ocupación alemana de Francia, en un internado católico para chicos regido por padres carmelitas, Julien Quentin (Gaspard Manesse), un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Jean Bonnet (Raphael Fejtö), un nuevo compañero que ingresa en el colegio después de iniciado el curso. Jean es judío y los sacerdotes lo están ocultando de los nazis. Cuando el Padre Jean (Philippe Morier-Genoud) descubre que el sirviente Joseph (François Négret) está robando provisiones para venderlas en el mercado negro, despide al joven. Pronto la Gestapo llega a la escuela para investigar a los estudiantes y a los sacerdotes que dirigen y trabajan en el internado.
Basada en un episodio que el propio Louis Malle, realizador y guionista del film, presenció de niño, cuando a la edad de 11 años asistía a un internado católico cerca de Fontainebleau. Un día, fue testigo de una redada de la Gestapo en la que tres estudiantes y un profesor judíos fueron detenidos y deportados a Auschwitz. El director de la escuela, Père Jacques, fue arrestado por albergarlos y enviado al campo de concentración de Mauthausen. Murió poco después de que el ejército estadounidense liberara el campo, tras negarse a abandonarlo hasta que se repatriara al último prisionero francés. Cuarenta años después, Yad Vashem, la institución oficial de Israel constituída en memoria de las víctimas del Holocausto, concedió al Padre Jacques el título de Justo entre las Naciones.
El protagonista, es el alter ego de Malle, de hecho, el realizador francés, contaba que cuando le ofreció a la actriz franco-canadiense Francine Racette el papel de Mme. Quentin y ella rehusó con el argumento de que ya no hacía cine, Louis Malle le dijo: "No puedes negarte a interpretar a mi madre".
Se dice que Louis Malle, al contrario de lo que ocurre en el film, no entabló amistad con Hans Helmunt Michel (el chico en que se basa el personaje de Bonnet) y que en ningún momento sintió simpatía por él, algo que quizá supuso, por el devenir posterior de los acontecimientos, una especie de trauma para Malle que en el film plasma una amistad que quizá pudo haber sido y no fue. Tal vez esa sea la razón de que la película que él consideraba el comienzo de todo su cine, solo fuera capaz de hacerla treinta años después de haber estrenado su primera película y cuando ya tenía 55 años y un más que contrastado prestigio en el ámbito cinematográfico. El caso es que aquel triste, tremendo y horrendo episodio dejaría en él como un sentimiento de culpa y como dice el narrador al comienzo del film: “Han pasado más de 40 años, pero hasta el día de mi muerte, yo recordaré cada segundo de esa mañana de enero” .
A pesar de que el film retrata a unos muchachos que, en ocasiones, no comprenden bien las decisiones que los adultos les imponen y que asistimos al proceso de maduración de los chicos, Louis Malle no los trata como seres cándidos e inocentes, dejando a un lado el ideal infantil de seres ingenuos que algunas películas construyen; por contra, sí que les vemos actuar con espontaneidad algo pueril.
Una sutil historia de camaradería en la que se contraponen el coraje y la cobardía que conducen al trágico despertar de estos niños en su transición a la vida adulta.
Me gusta que no trate a los chicos con ingenuidad. Un beso
ResponderEliminarSe acerca más a la realidad.
EliminarMuy emotiva. Muchísimo más que la trivial "Los chicos del coro".
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo.
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