martes, 15 de noviembre de 2016

DE LOS AMIGOS ME GUARDE DIOS, QUE DE LOS ENEMIGOS ME GUARDO YO

Un caso de tropelía que no tiene parangón, tuvo lugar en España durante la Guerra de la Independencia, cuando las tropas británicas, a través de Portugal, penetraron en España, en teoría para ayudar a los españoles a expulsar a Napoleón de nuestro suelo, en la práctica, ya sabemos que por motivos geopolíticos, en los que poco o nada tenía que ver el pueblo español.
De hecho las barbaridades sin cuento que cometieron los ingleses, en teoría aliados, tienen poca o ninguna explicación. Después de las cometidas en Ciudad Rodrigo, tras expulsar a los franceses de esta localidad fronteriza, en que se dedicaron durante tres jornadas al robo, al estupro y al asesinato, llegaron a Badajoz, donde arrasaron con todo, dedicándose a la rapiña y el pillaje. Cuenta un oficial británico en sus memorias, cómo unas mujeres, para que vieran las indignidades que habían tenido que soportar, les enseñaron la sangre que aún les goteaba por el cuello, por haberles arrancando los pendientes desgarrando las orejas, aquellos peores que salvajes que ni se molestaban en descolgárselos.
Otro oficial refería: Las atrocidades cometidas por nuestros soldados contra los pobres habitantes inocentes e indefensos de la ciudad, no hay palabras que basten para pintarlas. El hombre civilizado, si se deja ir y se suelta las trabas de la moralidad, es una fiera mucho peor que el salvaje, más refinado en su crueldad, más diabólico en sus actos; y ¡oh qué verdad es que nuestros soldados, hasta entonces nobles, se deshonraron, aunque los oficiales hicieron todo lo que estaba en su poder para reprimirlos, tanto que muchos que habían salido ilesos del enemigo, salieron heridos de su labor de misericordia!
No tengo muy claro que esos oficiales hicieran todo lo que estuviera en su mano y no mirasen más bien para otro lado por puro miedo, pues la tropa que le había sido enviada a Wellington, estaba reclutada entre lo peorcito del país, para muestra esta anécdota cierta: Un día Wellington pasó revista a los nuevos reclutas que le habían enviado desde Inglaterra para la guerra de España, y al verlos y mirarlos bien, exclamó: "No sé qué efecto harán en el enemigo, pero a mí me aterran".



9 comentarios:

  1. La frase de Wellington demoledora, y queda a las claras los individuos que serían; estos eran la flor y nata de Inglaterra.

    Abrazo Trecce

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    1. Me los estoy imaginando y a mí también me dan miedo.

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  2. Hombre, los ingleses siempre se han aprovechado de mala manera de sus conquistas. Y no solo eso: lo que rapiñaron, no hay manera de que lo suelten o lo devuelvan. Tenemos aún un ejemplo en suelo español

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  3. Tal y como nos fue el asunto ese de la guerra de la independencia, y viendo lo bien que se dedicaron los "amigos" británicos a destruir la industria y a arrasar el país, para luego potenciar la emancipación de las colonias americanas (devolviéndonos con creces el favor que les hicimos en USA).... casi hubiera sido mejor pertenecer al imperio francés.

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    1. No sé si nos hubiera ido mejor, pero a partir de cierto momento, parece que España siempre estaba en el bando equivocado.

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    2. A remolque no siempre se acierta. Y el no asumir los errores lleva a repetirlos infinitamente.

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  4. Hubo dos lugares en que destacaron, en esas fechas, los saqueos y atrocidades de las tropas de Wellington . Uno el que citas de Badajoz, y el otro en la ciudad de San Sebastián.
    Tras saquear toda la ciudad con sus iglesias incluídas, violar a la mayoría de las mujeres y despojar de muebles y enseres las casas, le PEGARON FUEGO a la ciudad.

    Para colmo venian con premeditación pues las tropas venian por tierra pero se trajeron por mar barcos de carga que llenaron con todos los muebles y joyas robadas.
    Por eso se conmemora cada año en San Sebastián la terrible noche del 31 de Agosto de 1815.

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