miércoles, 7 de julio de 2010

EL NÚMERO 17

Obra menor del maestro del suspense y no es por decirlo, él mismo dijo de la película: "¡Es un desastre!" Evidentemente estaba exagerando y tampoco es para tanto, aunque para él, con el paso del tiempo debía ser algo frustrante haberla hecho, al menos tal cual.
Vayamos con la parte positiva. Es de 1932 y el presupuesto, al parecer fue un tanto escaso y eso debe ser tenido en cuenta.
La parte final, tiene unas escenas de persecución en un tren bastante conseguidas. El final, nos depara, a base de enredos y vueltas de tuerca, una revelación inesperada de quién es quién en alguno de los personajes.
La peli está basada en una obra de teatro y entre esto y el bajo presupuesto ya mencionado, toda la primera parte de la misma tiene una estructura básicamente teatral, desarrollándose entre el rellano y la escalera de una casa de varios pisos, con entradas y salidas por las puertas laterales, como si estuviéramos asistiendo a una representación en un clásico teatro.
Al final la acción se vuelve frenética y se produce esa persecución a que hice mención. Prácticamente todos los trenes, las estaciones, etc., que aparecen, son maquetas, pero muy bien conseguidas y supongo que el público de la época disfruto con aquello que iban siendo innovaciones en el desarrollo de las películas.



La estructura se adecúa todavía, más al cine mudo que al sonoro, de hecho los actores siguen sobreactuando como si hubieran de transmitir su mensaje a traves de la gestualización. Hichtcock continúa "investigando" y "aprendiendo", son curiosos algunos de los efectos especiales que utiliza, sobre todo al principio, la sensación de viento fuerte, con el sombrero del protagonista deslizándose por la acera y las hojas de los árboles revoloteando. Muy curiosas también las imágenes de trenes que se ven pasar a través de las ventanas de la casa.
En algunas escenas es realmente infantil (¿naif, se dice?), como en las peleas, que resultan más falsas que un duro de plata. Pero tiene su encanto ver todo aquello, los principios del sonoro que te hacen sonreír pero también te enternecen.
La peli es muy corta para el metraje que se lleva ahora, apenas dura una hora, pero creo que es más que suficiente.
En fin, como película "stricto sensu", prescindible; como parte de la historia del cine y para ver su evolución y la del director, se pueden sacar buenas lecciones.






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