martes, 11 de octubre de 2016

NO ES ELEGANTE MATAR A UNA MUJER DESCALZA

En el trastero de una vivienda madrileña aparece el cadáver casi momificado de una mujer muerta hace unos veinte años. A pesar de que el crimen puede estar prescrito, la policía tiene interés en investigar el caso, para lo que el Jefe de Homicidios rescata a un policía de probada solvencia que abandonó el cuerpo a causa de un expediente (se enfrentó a alguien con mucho poder) y ahora reparte su tiempo entre la pesca, la recolecta de setas y disfrazarse de alabardero en un restaurante del viejo Madrid para turistas que se emborrachan con sangría. En el ambiente es conocido por sus iniciales con marca de whisky, JB (Juan Belalcázar) y se comporta como un detective singular. Aplica la teoría de la cebolla, que manda ir descubriendo capas hasta llegar al bulbo central. Así se va recomponiendo la cadena de sucesos y de personajes implicados en la historia. La misteriosa mujer muerta era Dúrsila Nézval, una exiliada checoslovaca, confidente y ligona mezclada en líos amorosos desde su matrimonio con un viejo reportero hasta sus encuentros clandestinos con un antiguo militante de la progresía madrileña aficionado a perversiones sadomasoquistas. Como suele suceder en los modelos de la novela negra, al final todo se aclara por medio de la explicación policial a cargo de JB, aunque el tiempo transcurrido puede hacer que todo resulte inútil a la hora de que el autor sea castigado.
Con reminiscencias de los clásicos (Baroja, Galdós...) que describieron el Madrid de su época, el tiempo transcurrido desde que se produjo el crimen (1978), hasta que se está investigando (1998), sirve al autor para hacer un repaso, entre desengañado y melancólico, del tiempo pasado, en el que tendrán cabida las reflexiones sobre una ciudad que ha cambiado, igual que han cambiado sus gentes, la situación del país, los políticos y la propia policía.
Raúl del Pozo escribe una novela en dos planos, por un lado la intriga policiaca, bastante bien construída y, por otro, el retrato de una época, la de la transición, tan rica en acontecimientos.
Algunos consideran que la novela está escrita como con cierta prisa y que podría haber profundizado más en los personajes y en las situaciones, pero para mí esto es una virtud que le da dinamismo al relato. Que te quedes con ganas de más es un buen síntoma.



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