lunes, 16 de diciembre de 2013

ARDE MISSISSIPPI

James Earl Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner, tres activistas pro-derechos civiles (dos blancos y uno de color), celebraron un acto propagandístico en la Iglesia Metodista Mount Zion en Longdale, en el que instaron a los miembros de la congregación, todos ellos negros, a que se registraran para votar. Fueron detenidos por las autoridades locales, alegando exceso de velocidad y retenidos en la cárcel para ser posteriormente puestos en libertad, ese fue el tiempo que necesitaba el grupo White Knights (una rama de Ku Klux Klan), para poner en marcha la conspiración que acabó con la vida de los tres activistas. El 21 de junio de 1964, desaparecieron y las autoridades federales, comienzan a investigar para hallar su paradero. Los agentes del F.B.I. Alan Ward (Willem Dafoe) y Rupert Anderson (Gene Hackman), encargados del caso, llegan al Condado de Neshoba (Mississippi), para comenzar las investigaciones. Puestos en contacto con la oficina del sheriff, comienzan a sospechar que las autoridades locales tienen algo que ver con el asunto, bien por omisión o, incluso, porque alguno de los agentes haya participado en la presumible muerte de los tres jóvenes.


La señora Pell (Frances McDormand), casada con un agente de la policía local, contraria al trato que está sufriendo la población negra, será la principal fuente de información con la que contarán los agentes, ella les pondrá sobre la pista del lugar donde están enterrados los cadáveres. Su colaboración dará con sus huesos en el hospital después de sufrir una brutal paliza de su marido, hecho que cambiará el método de trabajo de los investigadores que se vuelve más agresivo.


Todavía tenemos reciente el entierro de Nelson Mandela, su legado ha sido reconocido universalmente y su desaparición ha supuesto la revisión de lo que fue la política de aparheid del régimen sudafricano que a todos nos parece reprobable, injusta, retrógrada e incomprensible. Pero no mucho antes de que en Sudáfrica acabara este régimen nefasto, en algunos lugares del sur de los Estados Unidos, la población negra vivía en condiciones muy parecidas a la época de la Confederación, privada de sus derechos civiles y amenazada con represalias por el capricho de la raza dominante.


La película está basada en hechos reales, en 1964, la investigación llevada a cabo por la Oficina federal de investigación, desató una ola de incendios de iglesias, amenazas y ataques contra la población negra. Los integristas blancos, estaban en contra de cualquier avance de los afroamericanos en sus derechos civiles, sobre todo de las leyes escolares de integración que supusieron altercados graves en la propia universidad de Mississippi.


El F.B.I. se refirió al caso de los tres activistas como Mississippi Burning (Mississippi en llamas). El hallazgo de los cuerpos provocó la consternación del Presidente Lyndon B. Johnson, el cual ordenó a John Edgar Hoover, investigar el caso a pesar de la antipatía que sentía Hoover por los grupos proderechos civiles, algo que se pone de manifiesto en el film. Durante los rastreos, en los que participaron 150 agentes federales y hasta reservistas de la marina, fueron encontrados otros siete cadáveres de afroamericanos, los cuales llevaban desaparecidos desde hacia años sin que nadie los hubiera reclamado.
El asesinato de los tres activistas conmocionó al país a nivel nacional y fue el detonante para que se promulgaran la Ley por los Derechos Civiles de 1964 y los Derechos al Voto de 1965.


Con una magnífica fotografía de Peter Biziou, que le valió el Oscar, el único que ganó de las siete nominaciones que tenía, el film se acompaña de una banda sonora escueta compuesta básicamente de espirituales negros, eso sí, magníficamente interpretados y muy bien integrados en el film.


Alan Parker traslada con mano maestra a la pantalla un guión que desarrolla una dura historia, como sólo la vida misma es capaz de ofrecernos. La tensión, el miedo, el odio... todo ello queda patente en un film que intenta ofrecernos una mirada fría sobre los hechos, algo que por momentos resulta difícil, pues casi es imposible no tomar partido ante situaciones como la que se nos plantea. Queda muy bien plasmado el miedo de los negros a presentar denuncias ante las autoridades, sabedores como son de la implicación de todos los poderes que miran para otro lado ante las situaciones de injusticia racial y, al tiempo, los reparos de muchos blancos contra los afroamericanos, convencidos de que la política segregacionista es la mejor solución.


Magníficas actuaciones de todos los integrantes del reparto, con los dos personajes principales protagonizando un duelo interpretativo en las alturas, muy bien secundados por la entrañable Frances McDormand, que vive una historia de amor paralela al guión principal en la que le da réplica el personaje de Gene Hackman, un amor platónico lleno de sugerencias e insinuaciones que me ha parecido un contrapunto muy hermoso al tema principal.




6 comentarios:

  1. Buena, buena... un estupendo ritmo y una gran capacidad de los actores para trasnportarnos al profundo sur racista de los EEUU

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  2. Buena película, y los actores muy bien. Aunque fíjate y a pesar de que Gene Hackman es un actor extraordinario, a mí nunca me ha caído muy bien, será porque le toca casi siempre interpretar el papel de malo.

    Saludos Trecce.

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    1. En esta película hace una de sus mejores interpretaciones.

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  3. Esta película aborda de una manera magnífica uno de los grandes problemas de Estados , el racismo, que por supuesto, como tu dices, era tan gave como en Sudáfrica. Pero ahora, mira, tienen hasta un presidente negro.

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