jueves, 15 de noviembre de 2012

EL DESASTRE DE NICÓPOLIS



A finales del siglo XIV, la expansión del imperio otomano estaba en pleno auge, amenazando las fronteras de los paises europeos. Ante la más que fundada amenaza que significaba el avance de las tropas del sultán Bayaceto, Segismundo de Hungría pidió ayuda al resto de monarcas cristianos en lo que se considera como la última cruzada, pero esta vez en territorio europeo.
Un conglomerado de tropas de varios paises que habían respondido a la llamada de auxilio se concentró en torno a Nicópolis, importante plaza fuerte a orillas del Danubio que había sido tomada por los otomanos.
Segismundo ya había desaconsejado que las tropas cristianas llegaran hasta allí, ya que opinaba que la incursión en terreno búlgaro, forzaría a servios y búlgaros a intervenir a favor de los turcos. Pero fue desoído, y la expedición partió hacia Nicópolis. El caso es que allí estaban, a las puertas de la ciudad, sin ningún apoyo de asedio ni nada que se le pareciese. Para chulos ellos y estaban convencidos de que con su fe irreductible tomarían la ciudad a base de "echarse p'alante". Pero resultó que una y otra vez, tan pronto llegaban arriba de la muralla, besaban de nuevo el suelo. Y como a cabezazos tampoco habrían brecha, dieron la posibilidad al sultán Bayaceto de acudir a la zona, escoger el mejor terreno y montar su estrategia.
Las tropas cristianas, ante la llegada del ejército otomano, quisieron echarse encima del infiel, y planificaron un ataque frontal. El sufrido Segismundo, de nuevo aconseja una táctica prudente y conocedor como era de la forma de combatir del enemigo que ponía en primera línea a tropas de los paises ocupados, normalmente soldados inexpertos, pura carne de cañón, para que detuviesen las primeras acometidas del oponente y permitieran después entrar en combate a tropas veteranas y leales. Así que Segismundo propuso poner en vanguardia a tropas de Valaquia y de Transilvania, pues en absoluto confiaba en ellas y así serían empujadas a la batalla por los flancos de la caballería pesada cruzada y por la retaguardia húngara.
Era una estupenda idea, pero los franceses decidieron ignorarla. El condestable d'Eu dijo: "Ocuparnos en la retaguardia es un deshonor y nos expondría al desprecio de todos". Además, consideraría como un insulto personal que él, todo un condestable, fuera precedido por otra persona.
Y así ocurrió lo que tenía que ocurrir, el día 25 de septiembre de 1396, el condestable lanzó a sus tropas a una carga cerrada apenas vio al enemigo turco. Batieron sin problemas a la primera fila de infantes otomanos, sólo para encontrarse con un muro de estacas, que servían de parapeto a los arqueros otomanos. Los caballeros franceses, acorralados, fueron acribillados a flechazos. La caballería ligera turca los rodeó, y aquello pasó de batalla a masacre. Cuando llegaron los húngaros a la batalla, fueron alegremente saludados por las tropas vasallas de los otomanos, los serbios, y rodeados por el resto de la caballería. Ante la imposibilidad de triunfo emprendieron una huida desordenada. Miles de cristianos fueron apresados en el campo de batalla, Segismundo logró huir por el Danubio en una barca.
Las consecuencias de esta derrota fueron enormes. La cristiandad no volvería a reunir a ninguna cruzada para liberar los lugares sagrados, ahora la lucha se había trasladado definitivamente a Europa, quedando los turcos a las puertas de Hungría, que durante siglos estuvo batallando y Constantinopla quedó definitivamente aislada como una ciudad estado. Los musulmanes se quedarían en los Balcanes amenazando el resto de Europa central durante más de cinco siglos.



6 comentarios:

  1. Sí; estos cristianos como siempre dando la nota. Siempre han pensado que en nombre de Dios ya lo tenían todo hecho, y en otros tiempos les han dando hostias para vender y regalar. Para que os creáis que ya estaba todo hecho: "Ahora vas y lo cascas". Muy interesante el artículo Trecce.

    Saludos.

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    1. Quienes en realidad la liaron fueron los franceses, cuya caballeria pesada era considerada la mejor de la época. Hubiera podido ganarse la batalla sino fuese por ese orgullo mal entendido que les hizo pensar que debían ir a la vanguardia de la confrontación.

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  2. Es que los europeos nos creemos superiores a todos los demás, no admitimos consejos y después
    viene lo que viene: que te llueven leñazos de todas partes.

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    1. Bueno, ahora, al menos en ese complejo de superioridad, nos ha tomado el relevo los yankees.

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  3. Dinámica entrada. Soy estudiante de Medieval, muy amena tu exposición. Importante dos aspectos del tema: la presencia real otomana en Europa y el aislamiento bizantino. Saludos.

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    1. Sí, la batalla marcó un antes y un después.

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