viernes, 12 de febrero de 2010

CARTAS DESDE IWO JIMA

Una buena película, magnífica en muchos aspectos, pero de ahí a que sea una obra maestra, falta un trecho.
Dicho esto, que me apetecía decirlo, es cierto que la película subyuga, ya desde el comienzo te da la sensación de que vas a asistir a algo distinto, a un film de esos que vas a recordar a lo largo del tiempo, con esas imágenes tipo "colorín" de los años prehistóricos que son una excelente manera de subrayar el dramatismo de la obra y la acertada música (del propio Eastwood).
Al igual que ocurre con la primera parte de este díptico (Banderas de nuestros padres), se nos narran muchas de "esas otras cosas" que hay en una guerra y aquí es donde la película cobra, en algunos pasajes, caracter casi sublime.
Sentimos el miedo y la desesperanza de los que van a morir, plasmado desde la primera secuencia; pero también el inconsecuente heroísmo y espíritu de sacrificio de quienes van hacia ese final de buen grado y pensando que con ello consiguen alcanzar su destino supremo: Dar su vida por la patria y el Emperador. Esos códigos éticos y morales que desde occidente son vistos de otra manera. Y también es una gozada para quienes vimos "Banderas...", reencontrarnos con algunas escenas puntuales, vistas desde el otro lado y que son las que le sirven al director para enlazar una película con otra de forma sutil.
Fue osado Eastwood al hacer esta película, que como mínimo podemos calificar de diferente y no es poco en esta época en que lo comercial tiene tanta importancia.
Las escenas bélicas están muy bien, sin duda, pero me quedo con el resto, con la parte que nos habla de sentimientos, a través de los flashback de escenas familiares; con la manera de contarnos esas cosas tan manidas como son el heroismo, el honor, pero que consiguen emocionarnos precisamente por la forma en que se nos cuentan; con el miedo y la impotencia de algunos de los que luchan con el polvo y la miseria de aquella isla en la que saben que van a morir; con el general Kuribayashi, muy bien interpretado por Ken Watanabe y agradezco a guionista y director habernos sabido transmitir que los buenos y los malos los son o no los son dependiendo del lado desde el que se los mire y que la carta de una madre es la misma para un soldado japonés que para un norteamericano.


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