lunes, 21 de mayo de 2018

EL MÉDICO

Rob J. Cole (Adam Thomas Wright y de adulto Tom Payne), un niño de nueve años que vive en la Inglaterra del siglo XI, queda huérfano al fallecer su madre, con la que vivía, siendo adoptado por un barbero que le enseña el oficio, aprendiendo a sacar muelas, entablillar huesos rotos y colocar los dislocados y a desinfectar y a curar heridas. Durante años recorren Inglaterra montando espectáculos para atraer al público.
El barbero, que se ha convertido en una especie de padre adoptivo para el muchacho, ha perdido casi la vista, a causa de las cataratas que nublan sus ojos y juntos van a visitar a un médico judío, Benjamin Merlin (Martin Hancock) que, a pesar de la negativa del barbero y ante la insistencia de Rob, acabará operando con éxito al enfermo. Rob se da cuenta entonces de que no aprenderá nada más con su patrón y seguirá en solitario. Determinado a convertirse en un gran médico, iniciará un emocionante viaje hacia Persia, donde se hará pasar por judío para poder estudiar en una escuela que no admite cristianos, la madrasa de Ispahan, donde recibirá lecciones del mejor médico de la época, Ibn Sina (Ben Kingsley).
En la escuela de medicina, Rob aprende el arte de sanar a partir de los textos antiguos griegos y practica en el hospital de la Universidad o maristán para convertirse en Hakim (título de médico).
Un brote de peste hace que Rob y sus compañeros de la madraza tengan que intentar curar la peste con remedios de las antiguas escrituras, la mayoría nada efectivos, pero aprenderán mucho sobre la enfermedad, hasta dar con el posible origen de su contagio y los mejores remedios para aliviar sus dramáticos efectos.


Poco fiel al libro, el guión toma como base la novela del mismo título del judío estadounidense Noah Gordon, un best seller del que se han vendido más de 21 millones de ejemplares.
Con una lograda ambientación cercana al hiperrealismo y un vestuario colorista, las actuaciones son irregulares, destacando la de Ben Kingsley.


Creo que al film le falta fuerza, se centra en retratar los conflictos entre la ciencia y la fe, criticando el fundamentalismo de las religiones y la actuación, muchas veces heróica, de los médicos en su búsqueda de remediar los males que aquejan a la humanidad, de fondo, la historia romántica de Rob y Rebecca (Emma Rigby), una judía de origen español a la que han casado con un destacado miembro de la comunidad de Ispahan y a la que Rob conoce durante el trayecto a esa ciudad.
La película está bien y es entretenida, aunque como adaptación es bastante decepcionante. Recuerdo que una de las cosas que más me gustó de la novela original, fue el viaje desde Inglaterra a Ispahan (aquí lo resuelven con un par de escenas), cómo el protagonista va conociendo nuevas culturas y cómo aprende (y de paso el lector), gracias a la colaboración de un judío con el que traba amistad, todos los entresijos de esta religión y sus peculiaridades, hasta el punto de que pasa por uno de ellos, sin que la comunidad lo note apenas. Todo esto y muchas otras cosas, queda totalmente desvirtuado en la película, cuando no se cambia radicalmente o, sencillamente, desaparece.




2 comentarios:

  1. Cuando se mezcla la ciencia con la religión, mal asunto; y ya no digamos si toma cartas el fundamentalismo. Y según dices más bien floja, ya que tiene muy poco que ver o casi nada con la novela.

    Salud Trecce

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A pesar de todo, la película resulta entretenida.

      Eliminar